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"Viva" por David López

05/12/2007 - 22:24

En una entrevista que nos concedió hace meses el realizador norteamericano Jim Finn, éste venía a considerarse, por encima de todo, un consultor dedicado en cuerpo y alma a revisar mil y un archivos tras la pista de material que resultase “apto y atractivo para reutilizarlo bajo los cánones de nuestra estética postmoderna”. Posiblemente ello no difiera demasiado del trabajo realizado por Anna Biller en “Viva”, refrescante ejercicio de estilo que parte tanto de la arqueología cinematográfica como de su reactualización contemporánea.

Desde luego, la habitual comparación con la filmografía de Russ Meyer es cuanto menos desafortunada. Tal vez “Más allá del valle de las muñecas”, el título de 1970 que relacionó por primera y última vez el nombre de Meyer con un gran estudio, sea lo más parecido al imaginario de Biller, que realmente no comparte con aquélla ni su espíritu rockandrolero, ni su violenta teatralidad ni sus intenciones finales.

Por un lado, “Viva” bebe del conglomerado sociocultural de la época en la que está contextualizada, los setenta, pura efervescencia pop con suficientes dosis de magazines masculinos tipo PlayBoy, guateques picantes, sexo libre y delirio hippie como para igualmente densificar los colores, el mobiliario retro y el erotismo previo al “Garganta Profunda” de Damiano que inundaba el softcore de la década. La actitud de Biller circula de la pasión cinéfaga que en todo momento desea capturar y revivir el espíritu temático y la fisonomía de las producciones de finales de los 60 y principios de los 70 (con destellos inequívocos de Radley Metzger, Herschell Gordon Lewis y otras cabezas visibles de la era dorada del nudie y las sexploitations) a la farsa conscientemente exagerada de estereotipos, clichés y hallazgos culturales.

Sin complejos de ningún tipo, el cuento moral de Biller nos sitúa a comienzos de los 70 centrándose en Barbi, una mujer que tras este simbólico guiño al icono capitalista oculta las frustraciones de la ama de casa que responde al ideal de perfección femenino fomentado por el incipiente mercado del consumo feroz. Presa en un paradigmático hogar impoluto parido del catálogo de Richard Neutra e ignorada por un marido adicto al trabajo con el mismo porte físico que el compañero de la muñeca de Mattel, Barbi pasa la mayoría del tiempo en compañía de sus vecinos, el matrimonio compuesto por Mark (Jared Sanford) y Sheila (Bridget Brno), amantes de los cócteles al borde de la piscina, las barbacoas y las salidas de tono erótico-festivas, auténticas caricaturas desmedidas que representan perfectamente el concepto de esta película. El fracaso de ambas parejas conduce a Barbi y Sheila a sumergirse en la supuesta “liberación sexual” uniéndose a una casa de citas regentada por una vieja pícara, situación que permite a Biller dibujar con sarna un burlón retrato protagonizado por peluqueros gays que travisten al Z-Man de Meyer, lesbianas que se dedican a la moda, intelectuales que divagan sobre Freud y Marcuse, comunas hippies narcotizadas, artistas bohemios y toda la fauna del momento.

Junto a las interpretaciones estilizadas, la abundancia de desnudos y el descaro de las réplicas del libreto, el elemento que en primer lugar capta la atención del espectador es la dirección artística, realmente fantástica, hecho que la labor fotográfica de C. Thomas Lewis no hace sino realzar hiperbólicamente con texturas cromáticas expresionistamente saturadas y la plasticidad de los soleados ambientes californianos que habían climatizado todo una forma de vida.

No deja de ser pura pretensión fetichista, que en pleno revival del grindhouse, el American Ghotic, el burlesque o las biker movies (“Hell Ride” aún está por llegar) ansía recuperar un paradigma estético pero otorgándole un fondo pretendidamente femenino (que no feminista) que o se acepta como tal, cumpliendo las intenciones previas de su autora, o se contempla como la culminación actual de las obsesiones y las fantasías masculinas que predominaban en el corazón de aquellos títulos.

En cualquier caso, “Viva” nació destinada a lograr fulgurantemente el status de película de culto, consagrando la trayectoria cortometrajística de Biller, todo un cúmulo de referencias al melodrama y el musical del Hollywood clásico o la explosiva llegada del technicolor. Se amará o se odiará, pero "Viva" ya sitúa a su directora en la órbita de otros nostálgicos irremediables como Phil Mucci, si bien lo que en uno es rendida pleitesía al legado de Mario Bava, Russ Meyer, Jean Rollin y Jesús Franco, en el caso de Biller es una apasionada apología de todo lo que significa Something Weird Video: celuloide tan sexy como añejo en continuo estado de shock deseoso de despertar en manos de la sensibilidad avant-garde de nuestro tiempo.

David López

Anna Biller nos habla de "Viva"

05/12/2007 - 17:08

Ya podéis leer en nuestra sección "Entrevistas" o a través de este enlace la entrevista que mantuvimos con Anna Biller, realizadora a la que el festival dedicaba una completa retrospectiva en primicia nacional.

Y en breve, la reseña de "Viva" y el clip con la entrevista completa (por el momento, un pequeño adelanto).

"Viaje a Darjeeling" ("The Darjeeling Limited") por David López

03/12/2007 - 15:38

Como ese hombre de negocios que interpreta Bill Murray al comienzo de “The Darjeeling Limited”, y como más tarde comprenderán los tres hermanos a los que dan voz y porte ese trío inédito pero afortunado formado por Adrien Brody, Owen Wilson y Jason Schwartzman, para coger el tren de la vida es necesario abandonar por el camino el lastre inútil cuyo peso ata nuestro porvenir. El reconocimiento y el respeto que precisa la obra de ese poeta de la nostalgia que es Wes Anderson sólo será posible si nosotros, su público, olvidamos premeditadamente muchas maletas repletas de prejuicios cinematográficos y vicios racionalizadores que contaminan la mirada neutral del espectador.

Si algo ha demostrado Anderson desde los tiempos de “Bottle Rocket” es que el preciosismo artístico y la elucubración estética postmoderna no están reñidos con la vitalidad, la melancolía y la filantropía de sus retratos universales del outsider contemporáneo y del ciudadano de a pie inmerso en el intransigente paso del tiempo. Pocos realizadores han sabido combinar con tanta pasión la escenografía conceptual, la teatralidad formal, el barroquismo cromático y la preocupación exacerbada por lo micro, con la dedicación tenaz por los personajes, criaturas que derrochan ternura y por las que el padre parece profesar admiración y generosidad.

En todos ellos, incidiendo más allá de sus actos insólitos y actitudes chocantes, encontramos siempre la imperiosa obligación de cuestionarse su papel en el gran teatro de la vida, enigma que siempre requiere de un estadio previo: la reconciliación con los nuestros. Los interrogantes existenciales de hombres que han fracasado como padres y esposos (Gene Hackman y Bill Murray en “Los Tenenbaums” y “Life Aquatic” respectivamente) o que desean recuperar la amistad y la confianza de los que son sus lazos de sangre (Owen Wilson en este “Viaje a Darjeeling”) impulsan el leitmotiv de la obra de Anderson en la que finalmente siempre se abre una puerta a la esperanza no por ello exenta de añoranza. Los retratos de familia que pinta con extremo cuidado y cariño inevitablemente tienden a un último asalto, que una muerte o una pérdida no hace sino precipitar, redimiendo los errores del pasado y congratulándose con la vida.

Aunque en “The Darjeeling Limited” la estampa íntima esté dibujada con menor definición que antaño y no aspire tanto a conmover como a divertir, el viaje espiritual de los hermanos Whitman a bordo de un destartalado tren de pasajeros a través de la misteriosa y extravagante región india que casi caricaturiza Anderson con sus alusiones al turismo ciego por lo exótico, reinterpreta una vez más la metáfora vivencial que su autor defiende desde su primer cortometraje.

Francis, Peter y Jack son tres hermanos que han perdido el contacto desde el inesperado fallecimiento de su padre, un acontecimiento que ya dejaba entrever la disgregación del entorno familiar, cuando no sólo son incapaces de llegar a tiempo al funeral sino que su madre (una Angelica Huston capaz de comedir sus sentimientos hasta límites sorprendentes) ni siquiera asiste. Francis (Wilson) se convierte un año después en el precursor de la aventura que los conduce por ciudades frenéticas, templos bulliciosos y páramos inhóspitos. Un viaje que tiene mucho de iniciático pero también de redentor. Los tres deben recuperar la franqueza perdida mientras resuelven sus propios conflictos personales (en los que el amor y las relaciones de pareja están muy presentes) y asumen, no sin dificultades, un inminente encuentro con su progenitora, ahora consagrada a la contemplación y la consonancia pacífica del budismo.

Dispersos en tierra de nadie, estos tres solitarios desencantados tendrán tiempo suficiente para eliminar asperezas e iluminar lo mucho que en el fondo se parecen y se necesitan. Tiempo para el amor, la fraternidad y la compasión que les enseñará como el trayecto vital nunca es un sendero que recorremos en soledad, sino que siempre existe Otro que nos acompaña para bien o para mal.

Posiblemente alcancen conciencia de ello en uno de los momentos más hermosos y dramáticos del film, el mismo que remite a “El Río” de Jean Renoir y que permite a Anderson trazar uno de esos pasajes que tan fantásticamente bien ha sabido rematar a lo largo de su trayectoria, reduciendo la velocidad del tiempo cinematográfico lo suficiente como para que quede grabado en nuestra memoria mientras que el dulce travelling horizontal y el impacto emocional del “Strangers” de The Kinks propicien el resto.

No podría ser más oportuno en este instante volver a comentar como el entusiasmo melómano de su realizador ha hallado la perfecta sintonía entre planificación visual y protagonismo musical, hecho de especial relevancia que atestigua la perspicacia de la selección de temas en las bandas sonoras de sus proyectos precedentes y su precisa incorporación en momentos puntuales que una vez más, en “The Darjeeling Limited”, forma parte de esa totalidad de impresiones que el espectador debe experimentar. Aunque se eche en falta la originalidad marciana de Mark Mothersbaugh, The Kinks continúan como pozo sin fondo de inspiración, mientras que la función se redondea con la ensoñación parisina de Peter Sarstedt, la referencia cultural del clásico de Joshep Dassin o la contextualización que proporcionan los cortes de los films de Satyajit Ray Sí, la música es esencial en su arquitectura, como también lo son la detallista ejecución casi pictórica de sus planos y sus encuadres, la relación neovanguardista con el diseño “al gusto personal” de los objetos de consumo (toda una exquisitez las maletas Louis Vuitton reimaginadas por Marc Jacobs especialmente para la película), el idealismo rematadamente romántico (el “Hotel Chevalier” que prologa este viaje es su máxima ponencia) o la apelación a contusiones físicas como reflejo del alma vapuleada por el devenir de las circunstancias.

Tan perfeccionista tensión dinamiza su filmografía, tal vez demasiada exigencia para el que se acerque a “Viaje a Darjeeling” buscando una comedia o un drama, cuando realmente ni es divertida ni es trágica, sino la suma de todas las sensaciones que dominan la existencia: desde la alegría fugaz de los buenos instantes que recordar a la tristeza, que no pesimismo, que marca nuestra cotidianeidad, tan absorta en su gravitatoria velocidad que no nos podemos permitir reflexionar sobre el sentido hasta que nos enfrentamos cara a cara con el vacío.

Aún con sus lagunas, su exposición anárquica y sus altibajos que torpedean el ritmo inicial, “Viaje a Darjeeling” es una delicia, un radiante trabajo de orfebrería de brillante acabado, delirios creativos y lirismo contemporáneo que aporta su granito de arena al itinerario que poco a poco Wes Anderson ha ido labrando en su carrera, un universo enriquecido por sus referentes cinematográficos o literarios pero que brinda por los rasgos reconocibles y exclusivos de su artífice. Puede que carezca del rabioso talento que rezumaba el libreto de "Los Tenenbaums", de la narrativa épica de "Life Aquatic" o de la pasmosa ironía de "Academia Rushmore", pero nada debería impedirnos coger este tren.

David López

"Help me Eros", de la gloria al escándalo

03/12/2007 - 12:24

"Help me Eros" de Lee Kang-sheng se alzó el pasado sábado con el máximo galardón del Festival Internacional de Cine de Gijón.

Todos los medios se han hecho eco del "frágil consenso" que permitió que el segundo largometraje del actor fetiche de Tsai Ming-liang obtuviese dicho reconocimiento. Hubo discrepancias y opiniones encontradas aunque finalmente la ausencia de unanimidad condujo a una decisión de mínimos.

Ayer el film se proyectó en el Teatro Jovellanos donde el público la recibió con extrema frialdad, recordando la acogida que hace años tuvo la también premiada "Dog Days" de Ulrich Seidl, un título de los que no dejan indiferente que se saldó con absurdas críticas que la tachaban de "pura pornografía".

Por nuestra parte, más que satisfechos con el trabajo de Kang-sheng, no sólo os invitamos a ver su ficha o a leer nuestra entusiasta reseña, sino que os regalamos una imagen con su póster.

Está claro que para gustos los colores pero uno se pregunta muchas veces si la audiencia está preparada para digerir propuestas ajenas a la narrativa convencional en las que prima la poesía visual, otra conceptualización del tempo y la provocación inteligente como recurso metafórico.

[Esto no se acaba aún, pues todavía tenemos pendientes las reseñas de "Viaje a Darjeeling", "Viva" y "Ex Drummer", junto a la entrevista que mantuvimos con Anna Biller y Jared Sanford, contenidos que en breve podréis leer en este espacio]

David López

José Luis Guerín nos habla de sus dos últimos trabajos

03/12/2007 - 01:42

Ya podéis leer en nuestra sección "Entrevistas" o a través de este enlace la entrevista que mantuvimos con José Luis Guerín, realizador de "En Construcción" o "Tren de Sombras" que presentaba en el festival "Unas fotos en la ciudad de Sylvia".

"El silencio antes de Bach" por David López

02/12/2007 - 20:21

En un determinado momento de “El Silencio antes de Bach” se hace referencia a la belleza de los objetos artísticos que agradan a los sentidos y satisfacen a la razón. Con dicha premisa se construye igualmente la última aventura fílmica del prestigioso Pere Portabella, autor que cumple con el “nadie es profeta en su tierra” mientras que las bienales de medio mundo y las altas esferas institucionales y académicas internacionales se rinden ante su trabajo. Reconocimiento merecido que premia la genial madurez de una obra donde sensibilidad y entendimiento comparten el mismo espacio escénico.

“El silencio antes de Bach” no es simplemente una oda a la belleza de las ideas, a la magnificencia de los conceptos. Portabella las subraya en sugestivas reflexiones estéticas que sin embargo quedarían vacías sin la aportación intuitiva del espectador. Y esto es efectivamente así porque el lazo invisible entre sus distintos planos y escenas sólo lo hallaremos en la propia experiencia sensible e intelectual. La obra no puede vivir sin su público y Portabella siempre ha tenido muy presente esta realidad, manifestando y defendiendo la autonomía simbólica de la obra de arte, que una vez desprendida de los brazos de su autor, pertenece por derecho propio a un mundo de la vida en el que cada cual debe rellenar los huecos con pequeños retales de su existencia.

Al comenzar la película recibimos esta invitación, presentándonos un museo cuyas blancas paredes muestran la ausencia de manifestaciones artísticas hasta que una pianola recorre el espacio del mismo inundando su extensión de la hermosura de las notas musicales de Las Variaciones Goldberg. Nosotros sólo hemos de repetir la misma mecánica. Pero Portabella nos indica algo más: la música, que en esta caso proviene de un objeto de la era épica del simulacro, no tiene un papel secundario sino protagonista, fraguándose imagen y sonido como las dos caras inseparables de la misma moneda. Si la historia de Europa estaba sumida en el silencio antes de Bach, la obra de Portabella sólo cobrará vida en presencia de su destinatario.

Éste es el reto que el espectador debe asumir tras la sucesión de imágenes silentes y escenas levemente narrativas que configuran el film. Un grandioso relato de la Europa de la Modernidad en la que Bach ejerce el papel de epicentro cultural y humanista de un nuevo pensamiento político, económico y social. Una película histórica con apariencia de experimento indefinible y alma de meditación perfeccionista que no precisa de explicación o aclaración alguna, sino de la paciencia y el interés necesario para disfrutarla adecuadamente.

David López

"Fay Grim" por David López

01/12/2007 - 23:32

Muchos se preguntarán cual puede ser el propósito de retomar casi diez años después el universo y los personajes que Hal Hartley definió en “Henry Fool”, sin duda una de las mejores películas de su irregular filmografía. Posiblemente no era una necesidad pero no deja de ser perfectamente legítimo y los resultados, aunque dispares, son tan satisfactorios como cabría esperar de un divertimento como éste.

Lo sorprendente es que Hartley transforma esta inesperada secuela en un simpático thriller plagado de conspiraciones, traiciones y espionaje internacional que no sólo parodia las intrincadas tramas del género, sino que se permite una irónica reflexión sobre las tensiones políticas que emergen de eso que muchos han denominado (erróneamente) choque de civilizaciones.

En esta ocasión, Fay Grim se convierte en el eje de un film que bascula entre la comedia independiente estilizada y elegante, y el suspense paranoico de escala global. La carrera contrarreloj por hallar los manuscritos de Fool, una auténtica caja de Pandora de supuestas consecuencias devastadoras para la administración estadounidense, se traza como un complicado juego de alianzas de dudosa legitimidad, agentes dobles, intervencionismo en el mundo árabe y turbios pasados que cuanto más enrevesado y confuso resulta, más diversión garantiza al espectador.

El problema es que el asunto se le escapa a Hartley de las manos y su tramo final desequilibra el notable ritmo que abre la película por culpa de un puzzle que no acaba de encontrar su solución y unos personajes que pierden fuelle según el desarrollo del film deviene en la relación de Fool y Grim como único sostenimiento.

Sobra decir que la irresistible Parker Posey sigue demostrando por qué ha sido siempre unas de las musas del cine independiente norteamericano. Su presencia justifica por sí sola el visionado de la película, aunque no seré yo el que desmerezca a su atractivo reparto secundario, con pequeños pero agraciados papeles para Jeff Goldblum, James Urbaniak, Chuck Montgomery o D.J. Mendel. Todos piezas indispensable de este caótico y mordaz relato.

Entretenimiento con clase y el inconfundible sello estilístico de su autor.

David López

Ulrich Seidl nos habla de "Import/Export"

01/12/2007 - 18:37

Ya podéis leer en nuestra sección "Entrevistas" o a través de este enlace la entrevista que mantuvimos con Ulrich Seidl, realizador de "Dog Days" o "Models" que presentaba en el festival "Import/Export".

También podéis leer nuestra reseña del film aquí..

"Help me Eros", Mejor Película en Gijón

01/12/2007 - 18:08

El Jurado Internacional de la 45 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, integrado por Verónica Sánchez, Roser Aguilar, Hal Hartley y Martin Rejtman, ha concedido los siguientes premios a las películas participantes en la Sección Oficial:

PREMIO PRINCIPADO DE ASTURIAS AL MEJOR LARGOMETRAJE

"Bang Bang Wo Ai Shen (Help me Eros)" de Lee Kang-Sheng (Taiwan)

PREMIO PRINCIPADO DE ASTURIAS AL MEJOR CORTOMETRAJE patrocinado por Technicolor

"Liudi iz kamnya (Stone People)" de Leonid Rybakov (Rusia)

PREMIO AL MEJOR DIRECTOR

Aleksey Balabanov por "Gruz 200 (Cargo 200)" (Rusia)

PREMIO AL MEJOR ACTOR

Mathieu Amalric por "La question humaine" (Francia)

PREMIO A LA MEJOR ACTRIZ

Marie-Christine Friedrich por "Tout est pardonné" (Francia)

PREMIO AL MEJOR GUIÓN

Ariel Rotter por "El Otro" (Argentina/Francia/Alemania)

PREMIO "GIL PARRONDO" A LA MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA

Antoine Platteau por "La question humaine" (Francia)

PREMIO ESPECIAL DEL JURADO

"El Silencio antes de Bach" de Pere Portabella (España)

PREMIO FIPRESCI

El Jurado formado por Dennis West, Nil Baskard y Violeta Kovacsics ha concedido el premio "FIPRESCI" a la película "Cochochi" de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas (México)

El Jurado Joven de la 45 Edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, formado por 50 jóvenes, de edades comprendidas entre los 17 y los 25 años, ha otorgado los siguientes premios:

PREMIO CAJASTUR DEL JURADO JOVEN AL MEJOR LARGOMETRAJE

"Juno" dirigido por Jason Reitman (Estados Unidos)

PREMIO CAJASTUR DEL JURADO JOVEN, AL MEJOR CORTOMETRAJE

"Le Mozart des pickpockets" dirigido por Philippe Pollet-Villard (Francia)

Los jóvenes espectadores de la sección "Enfants Terribles" han votado para otorgar los siguientes premios:

PREMIO ENFANTS TERRIBLES AL MEJOR LARGOMETRAJE de la categoría 6 a 12 años patrocinado por EL COMERCIO para "Förortsungar (Kidz in da Hood)" dirigido por Catti Edfeldt e Ylva Gustavson (Suecia)

PREMIO ENFANTS TERRIBLES AL MEJOR LARGOMETRAJE de la categoría de 13 años en adelante patrocinado por Consejería de Bienestar Social del Principado de Asturias "This is England" dirigido por Shane Meadows (Reino Unido)

El Jurado de la sección "Día D'Asturies", Ruth Pombo, Víctor Guillot y José Ramón Pérez Ornia, ha concedido el premio "DÍA D'ASTURIES" al cortometraje patrocinado por RTPA (Radio Televisión del Principado de Asturias) a "De Alpargates y Orbayando" dirigido por Iñaki Ibisate

El Jurado formado por Miguel Angel Pérez, Angel Quintana y Michael Thornton ha concedido el premio "NO FICCIÓN / DOCUMENTAL" al largometraje patrocinado por KARMA FILMS a "A Very British Gangster" dirigido por Donald MacIntyre (Reino Unido) y mención especial a "M" dirigido por Nicolás Prividera (Argentina)

El Jurado del PREMIO NUEVOS REALIZADORES DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, convocado por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, a través del Instituto Asturiano de la Juventud, y Cajastur, y formado por Rosa Martínez, Alain Fernández, José Vega, Guillermo Martínez y José Luis Cienfuegos, ha concedido sus premios a los siguientes proyectos: "La Presa" presentado por Jorge Rivero (primer premio) y "Casa" presentado por Diego Llorente (segundo premio)

"Help me Eros" por David López

01/12/2007 - 16:39

Actor fetiche y alumno aventajado del maestro Tsai Ming-liang (productor ejecutivo de ésta), Lee Kang-sheng podría haberse limitado a apuntillar las coordenadas estéticas y temáticas de su mentor en un ejercicio de mero plagio en el que la autoría no fuese sino un encubrimiento de oportunismo propio de realizadores perezosos y conformistas.

Pero no es éste el caso de “Help me eros”, donde si bien Kang-sheng no disimula sus deudas con la mitología y los símbolos de Ming-liang, tampoco renuncia a relecturas y reinterpretaciones del imaginario del director de “Vive l’amour!” desarrollando con ingenio sus anotaciones y sus pies de página, de los que explota oportunamente su vena eminentemente trágica.

El desenlace feliz y armónico que por ejemplo presentaba “I don’t want to sleep alone” no podría tener cabida en esta historia en la que Kang-sheng concilia la sugerente puesta en escena de las tribulaciones del sujeto alienado contemporáneo con su reflexión más desesperada y amarga. Realmente ésta sería la lógica que alcanzaría el eterno Hsiao-Kang de los films precedentes de Tsai Ming-liang una vez reconducida su existencia por los derroteros de la progresiva desazón que produce, no ya la imposibilidad de amar, sino el escaso apego por la vida.

El retrato de Jie Ah en “Help me eros” es la fiel representación de alguien abocado a la soledad y la insoportable pesadez de las circunstancias para el que el suicidio es la única solución posible. Un tipo que lo ha perdido todo bajo el implacable azar de la Bolsa obligándole a arrojarse al vacío donde la única afirmación que ya le resta es la negación de la vida. Kang-sheng lleva al extremo su caracterización del aislamiento individual en la sociedad actual de las grandes urbes cosmopolitas que aquí representa Taipei. En el fondo no se trata del inquietante desconsuelo que provoca la falta de recursos económicos, sino del lento desgaste de nuestra alma, convertidos en autómatas que deambulan entre bloques de hormigón. Seres desdibujados plenamente solipsistas que ya no se comunican con palabras sino mediante el intercambio anónimo y frío de cuerpos y fluidos.

Aunque en este film haya más diálogo que en toda la filmografía de Tsai Ming-liang, el sexo sigue siendo el único lenguaje que une y deja en suspenso temporalmente el inevitable ocaso personal. Tanto Jie Ah como la chica del estanco erótico o la telefonista obesa del centro de ayuda aspiran al amor que aún no han localizado entre deslumbrantes neones, locales rayanos en el puro kistch, oficinas que no son más que laberintos de pequeños cubículos y habitaciones que recrean la más aséptica y minimalista de las arquitecturas funcionales.

Kang-sheng desborda la fantasía visual de su maestro y confiere estallidos de color, vestuarios imposibles y estrambótico surrealismo (sobre todo, en su poético final) a una narración donde los hipnóticos poderes de la marihuana ejercen igualmente sobre el espectador un efecto narcótico que queda reflejado en el erotismo provocador y estimulante de todas y cada una de sus imágenes.

“Help me Eros” no es sólo una historia de amor que jamás se podrá consumar, sino la asunción de la impracticable resolución de la felicidad, pues su ideología pesimista y escéptica no permite opciones alternativas ante tal callejón sin salida. Por ello, el segundo largometraje de Kang-sheng detenta una disertación personal sobre los sinsentidos de nuestras vidas traspasando el absorbente trabajo de texturas e impresiones de Ming-liang con el lirismo conscientemente exagerado de los relatos frecuentados por criaturas perdidas entre cataclismos emocionales.

Un goloso regalo.

David López

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