"Tirador": segunda reseña
10/06/2008 - 18:07
“Tirador” es como ir a un restaurante filipino y que te pongan erizos en el menú, pero sin que les hayan quitado las púas. Erizos acompañados de medusas picosas y mantas rayas que transmiten electricidad, dada la contundencia de la propuesta fílmica filipina.
No me quedé al coloquio con el director de “Tirador”, un individuo llamado Brillante Mendoza, pero me habría gustado saber cómo afrontó la preparación de la película máxime porque, según parece, el tipo lleva filmadas siete películas en cinco años. Ésta, en concreto, transmite la sensación de que Mendoza se haya instalado en uno de los peores suburbios de Manila durante meses para conocer bien a sus habitantes, tramar amistad con ellos y, después, perfectamente encastrado en el paisaje, sacar discretamente su cámara para acompañarles en sus correrías como mudo testigo, sin juicios de valor de ningún tipo.
¿Cine documental? ¿Neorrealismo a la filipina? Por momentos, la historia del chico que debe dos letras del bicitaxi nos recuerda a películas como “Plácido” y “Ladrón de bicicletas”, sólo que, en vez de deslizarse por las vises cómica o dramática tradicionales, “Tirador” se lanza a tumba abierta hacia un tremendismo nihilista en que secuencias como la de la dentadura, sin ser truculentas, casi te obligan a esquivar la mirada de la pantalla.
A través de un reparto coral conformado por decenas de vecinos de un suburbio de Manila, auténtico protagonista de la película, y con un diseño de producción crudamente realista, la película de Brillante Mendoza es de las que sacuden conciencias y permiten al espectador occidental el reconciliarse con las cartas que, por suerte, el destino les ha repartido en el juego de la vida.
Una película que te deja decenas de imágenes grabadas en la retina: los furtivos encuentros sexuales, las peleas de gallos, las apuestas callejeras, los tirones, los robos con intimidación, peleas a pedradas... y todo el barullo y el caos de una capital caótica y enfollonada. Y, luego, el contraste con esos políticos vergonzosos que hablan de familia, Biblia y amor mientras compran los votos de la gente por un puñado de pesos.
Una película potente que, en las antípodas del cine facilón al que estamos acostumbrados, supone un ácido bocado de una realidad que no conocemos y que, sinceramente, nos cuesta trabajo comprender.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros
La última reseña: "Fujian Blue" de Robin Weng
08/06/2008 - 14:01
[extracto de la reseña publicada en el diario Ideal]
Por su parte, Robin Weng firma con “Fujian Blue” un prometedor debut en el largo que incidiendo igualmente en el retrato de maleantes de poca monta desde los parámetros de ese cine independiente chino de coartada urbana y contemporánea, concede espacio a problemas no menos escabrosos como la inmigración ilegal y el indiscriminado tráfico de personas en el contexto del llamado Triángulo de Fujian, la primera puerta que el gigante asiático abrió a Occidente. Tres localidades rigurosamente perjudicadas por la más nefasta influencia externa, cuyos jóvenes aspiran a una vida mejor para ellos y los suyos a costa de endeudamientos sofocantes.
A la espera de esa suerte fortuita que cambie sus vidas, la cuadrilla que Weng escoge como foco de su historia (interpretada por un acertado y aplaudible grupo de intérpretes no profesionales) disfruta de lujuriosas y desenfrenadas veladas a ritmo de drogas, alcohol y sexo barato que financian con la extorsiones con las que chantajean a mujeres casadas. Pero la decisión que toma uno de ellos de coaccionar a su propia madre los conduce inevitablemente a una intriga criminal que su realizador divide en dos relatos sabiamente interconectados aprovechando al máximo la inteligente utilización de sus localizaciones.
Personajes que transitan de la honradez y la austeridad a la mezquindad y el egoísmo conforman la galería de damnificados por la excesiva pujanza en la zona de los intereses del capital, mensaje que Weng trasmite con la energía y la precisión necesaria de la que otros adolecen. Un futuro nombre a tener muy en cuenta.
David López
"Jogo de Cena", lo femenino entre el documental y la ficción
07/06/2008 - 15:31
Sin abandonar categóricamente el género que mejor domina, el realizador brasileño Eduardo Coutinho propone una curiosa reflexión en torno a los equívocos de la interpretación así como sobre los mecanismos de la no ficción y su impacto sobre el espectador.
Inmerso parcialmente en el terreno de la ficción, el director se adentra en el proceso de desarrollo de un falso documental a través de los relatos de 23 actrices que hacen suyas otras tantas narraciones de mujeres reales que han desnudado su alma frente al objetivo de Coutinho respondiendo al anuncio publicado en un periódico.
Cuestionando constantemente un término tan ambiguo como “verdad”, “Jogo de cena” nos interroga acerca de las implicaciones emocionales y la empatía que los actores y el público pueden sentir a partir de discursos que previamente se identifican como falsos en el sentido de que aún apelando a lo real se exponen abiertamente como caracterizaciones o interpretaciones. Discursos que carecen de correspondencia lógica con el mundo real porque son realidad ficcionada que por otro lado se contamina por la idiosincrasia del intérprete, el cual se apodera de un rol en el que difícilmente no deposita su propia técnica o personalidad.
¿Puede la ficción ser más real que la propia realidad? Difícilmente cuando uno se enfrenta a otra obra como “He Feming: A Chinise Memoir” del chino Wang Bing, una cinta extraordinaria donde precisamente en riguroso tiempo real, a lo largo de tres horas de intenso metraje, una anciana rememora hasta el último detalle el lado más siniestro de la Revolución Cultural. Toda una exploración en plano fijo del tempo cinematográfico que exige una absoluta inmersión por parte del destinatario consciente del escandaloso verismo de las palabras de su protagonista.
En cualquier caso, una meditación que no podemos ignorar pero que una vez argumentada pierde su profundidad por su excesiva reiteración. Emocionante, como contrapartida, los testimonios en torno a lo femenino que profieren sus protagonistas, todo un palpitante anecdotario de sufrimiento, dolor y sinsabores.
David López
Sobre el palmarés
07/06/2008 - 14:57
Como ya hemos anunciado en nuestro apartado de noticias, "Jogo de Cena" del veterano realizador brasileño Eduardo Coutinho se ha alzado hoy con la Alhambra de Oro al Mejor Largometraje (50000 euros para el productor, 20000 para el distribuidor español) de la segunda edición del Festival de Granada Cines del Sur.
La última obra de Coutinho desde luego no es una mala película pero adolece sin embargo de reiteración. En cualquier caso, pronto le dedicaremos una reseña. Si el palmarés ha sido discutido (y las caras de los periodistas, servidor inclusive, así lo han reflejado) es porque había proyectos infinitamente superiores con mayor facilidad para cumplir la contraparte del premio que obliga a encontrar distribuidor de la cinta en España en un plazo máximo de seis meses. Díficilmente "Jogo de Cena" lo conseguirá. Evidente de todos modos el sector del jurado que ha propiciado su triunfo.
Las favoritas de esta casa, así como de otros compañeros de la prensa, eran la excelente "Frozen" (merecidísimo recocimiento a su director con la Alhambra de Plata) y el crudo "Tirador" de Brillante Mendoza, injustamente olvidada.
Claro, en dicha situación resulta asombroso que ese videoarte mediocre titulado "We went to Wonderland" haya obtenido el Premio Especial del Jurado, cuando posiblemente sea junto a "Confessions of a Gambler" la peor película exhibida a competición. Es lamentable que el film de Xiaolu Guo se haya impuesto a propuestas realmente satisfactorias como "Flower in the Pocket" o "The Aquarium". Una lástima.
Afortunadamente, con el Premio del Público, "Frozen" de Shivajee Chandrabhushan (pronto podréis leer nuestra entrevista) se ha convertido en la vencedora moral.
"The Aquarium": la sociedad y sus miedos
07/06/2008 - 01:44
Flashes de la intemperancia nocturna de la ciudad. Neones que se funden con el movimiento de peatones a la deriva y ráfagas de automóviles que se desplazan a toda velocidad. La noche y su seductora tentación circunda la vida urbana. Pero la voz en off va más allá y nos alerta: desde el anonimato alguien habla de miedo. De miedo a nuestros vecinos, al extranjero, al Otro. Miedo a vivir en este mundo, una pecera a punto de romperse en cualquier momento. Éste es el panorama desalentador que augura “The Aquarium”, lúcida metáfora de una sociedad presa de los temores más recónditos capaces de corromper desde la insolidaridad nuestra alma como la autoridad en venta de aquéllos que se rinden ante el vil metal.
En el contexto de una epidemia de gripe aviar casi apocalítptica, Yousry Nasrrallah, antiguo compañero de fatigas del maestro Youssef Chahine, reflexiona sobre el horror que ha originado una colectividad cuyos individuos tan solo son sujetos solitarios que bajo su apariencia fuerte y decidida esconden una terrible fragilidad causada por el recelo y la desconfianza más profunda.
Laila y Youssef parecen disfrutar respectivamente de sus profesiones, en las cuales el vouyerismo se ha convertido en un gozoso entretenimiento. Ella es locutora de un programa de radio que se emite de madrugada en el que aconseja a sus oyentes a partir de los relatos íntimos que confiesan. Él alterna su empleo como anestesista en un hospital con sus prácticas abortistas en una clínica ilegal donde disfruta de las revelaciones secretas de los pacientes a consecuencia de los efectos de la narcosis. La estabilidad y la seguridad que ambos parecen ostentar es una cortina de humo. Laila aboga por una imagen contemporánea del imaginario femenino pero incluso su maquillaje es una máscara que utiliza para camuflar la turbación que le producen los cambios. Flirtea con un hombre casado mientras se muestra incapaz de independizarse de sus vínculos familiares. Encadenada a la casa que comparte con su madre y su hermano, vive en una jaula llena de leones pero nunca ha sido capaz de aventurarse en el interior de las fauces de éstos. A Youssef le asustan esos lazos afectivos. A pesar de poseer su propio apartamento, prefiere dormir en su coche, obstinado en no asumir ninguna relación sentimental aceptando que sus encuentros esporádicos con su amante son suficientes. Le sobrecoge la idea de perderse en un laberinto del que no pueda escapar, un sinfín de muros y pasillos como el Jardín del Acuario que observa desde un segundo plano.
A través de claroscuros y símbolos, Nasrallah confronta paralelamente a estos dos personajes cuyo encuentro es inevitable desde el principio, guiándonos por una serie de flujos de pensamiento que exponen directamente ante la cámara los propios actores, gracias a toda una suerte de monólogos que desde el protagonismo de la conciencia examinan las intrigas personales de sus roles y, sobre todo, desnudan el alma herida de Laila y Youssef.
Éstas son las inquietudes de esta obra brillante y sutil. Una invitación de distinguida profundidad psicológica que reclama el tiempo y el interés preciso para apreciar los significados de sus imágenes y sus proposiciones.
"Night and Day": Hong Sang-soo suma y sigue
07/06/2008 - 01:38
En cuanto a “Night and Day”, pocas sorpresas para los que ya conozcan la trayectoria del realizador coreano Hong Sang-soo. Repitiendo preocupaciones, tono y estilo (inconfundibles zooms), el director de aquella agradable “Woman on the Beach” vuelve a volcar todo el peso de su trama en otro antihéroe que sufre un completo desbarajuste emocional que lo hace vagar en pantalla entre confusiones e indecisiones mientras nuestro maestro de ceremonias disecciona la neurosis propia de tantas relaciones de pareja.
Es por eso que Sang-soo selecciona a Seong-nam, un afamado pintor que para evitar la cárcel por consumo de marihuana huye a París dejando tras de sí a su esposa. Su refugio en la capital francesa se transforma en una especie de microcosmos ajeno al transcurrir cotidiano de la gran urbe que nos aísla prácticamente de las estampas más famosas a escala planetaria (si exceptuamos el Museo de Orsay). Es a partir de aquí cuando se establece el conflicto entre la noche que representa Seúl y la vida marital, y el día que refiere a París, ese otro mundo en el que se verá constantemente asaltado por las dudas y los desafíos a su presunta madurez que generan una serie de personajes femeninos a través de situaciones en las que drama y comedia se confunden.
Las mentiras y las posibilidades de infidelidad crecen según las llamadas de la esposa resultan cada vez más distantes, forzando la aproximación de Seong-nam a Yu-jeong, una joven estudiante de Bellas Artes que sufre igualmente auténticos colapsos afectivos. Una relación en la que la torpeza de las insinuaciones amorosas va dando paso a elucubraciones sobre las barreras generacionales, la responsabilidad conyugal, el proceso creativo artístico o la visión que sus compatriotas tienen de su propio país y el extranjero. Así, a la manera de un diario narrado cronológicamente, se rescata esa errabunda búsqueda del sentido vital a través de las interacciones entre sexos (casi siempre alrededor de la mesa repleta de variopintos manjares) sin que sus problemáticas jamás hallen una esperanzada respuesta, remarcando las discusiones y las reconciliaciones con un guiño tan grandilocuente como irónico acompañado la trivialidad de lo que vemos con las sinfonías de Beethoven.Por supuesto, su maquiavélica hilaridad explota cuando Seong-nam reta a un pulso a un ciudadano de Corea del Norte, que vencido sin paliativos, exige repetirlo pero con la mano izquierda.
Dotado de esa supuesta ligereza otoñal del cine de Eric Rohmer, especialmente en el prototípico viaje a las playas de Deauville, Sang-soo apenas si se aparta de lo que a estas alturas cabría esperar de un film suyo, superando, eso sí, la marca de metraje que hasta ahora evitaba la pérdida de nuestra atención, logrando que sus 145 minutos por primera vez nos parezcan excesivos en todos los sentidos.
David López
"Tirador": Manila a través del objetivo de Brillante Mendoza
07/06/2008 - 01:32
Más próximo al “Tambolista” de Adolfo Alix Jr que a ejercicios desquiciados como la polémica “Autohystoria” de Raya Martin, “Tirador” eleva a su realizador, Brillante Mendoza, a la categoría de maestro de ese pujante nuevo cine filipino que festivales como Cannes ha considerado merecedor de optar incluso a la Palma de Oro. Un honor que no se repetía desde hace 24 años pero que refuerza esa imagen que envuelve una industria emergente donde la modestia de presupuesto no coarta el frenesí creativo de estos jóvenes directores cuya breve pero prolífica trayectoria augura todavía ríos de tinta.
La Manila de Mendoza es una ciudad prácticamente en estado de sitio , un infierno de miserias humanas donde la única ley posible es el carpe diem, una persistente lucha diaria por la supervivencia fomentada por la corrupción gubernamental y el inexorable monopolio de violencia que ejerce con mano dura su cuerpo policial. Pobreza y sordidez moral que obliga a subsistir a través de la delincuencia callejera, la picaresca y los negocios turbios.
Desde su mismo comienzo, la obra muestra sus cartas: aquí no hay florituras, sino vértigo, anarquía y desasosiego. Cámara en mano con espíritu de sangrante cinema verité, el realismo descarnado de su autor no tiene protagonistas ni héroes, sólo seres anónimos aferrados a la urgencia de las circunstancias en una boca del lobo en la que confluyen el ciego furor religioso y la fraudulenta autoridad de políticos que compran a pie de urna los votos de las clases marginales. La brutalidad sexual y las orgías narcóticas en desvencijadas viviendas se alternan con redadas al margen de la legalidad y escenas de pavoroso fervor cristiano.
Sin abogar por la deconstrucción del montaje y la narrativa no lineal de otros compañeros de generación, Mendoza prefiere no centrarse en el drama individual en pos del shock que resuena de la tragedia colectiva, desviando su objetivo, cuando lo estima oportuno, hacia nuevos roles que azarosamente se introducen en el campo de visión de sus asfixiantes planos. Desde senadores que sentencian como oradores la necesidad de la Biblia como fuente de la institución familiar y la educación integral mientras detentan una ética de la depravación, hasta adolescentes descarriados que han perdido prematuramente su inocencia a golpe de indigencia y barbarie.
Para que redundar más: el cine de Mendoza cumple con nuestras expectativas de hallar aire fresco y temerario en el texto fílmico del siglo XXI. Y sigue resultando escalofriante que la ficción con ansias de realidad del filipino se halle en las antípodas del más rudo de los documentales de denuncia, pequeños noticiarios del mundo que difícilmente llegarían a zambullirse en las entrañas del averno a las que nos arroja el director de “Foster Child”.
David López

Apuntes: "Confessions of a Gambler", "Frozen", "We went to Wonderland"
04/06/2008 - 22:43
[extractos de las reseñas publicadas en el diario Ideal]
CONFESSIONS OF A GAMBLER
Como el descarado sensacionalismo de su título hacía prever, “Confessions of a Gambler” (“Confesiones de una jugadora”) es prácticamente un telefilm de sobremesa nulo en su interés cuyo máximo atractivo reside en la nacionalidad de la producción (Sudáfrica) y su debida aportación a la cuota cinematográfica que nuestro continente vecino proporciona a la sección oficial de Cines del Sur.
La historia de esta mujer que tras perder a su hijo desciende a los infiernos de la ludopatía sacrificando todo lo que antes amaba y destruyendo su entorno, causa estupor por los derroteros que conlleva, tan obvios y recurrentes, sin que en ningún momento se profundice en los personajes y sus relaciones, ni resulte mínimamente creíble la caída en picado de esta jugadora empedernida. Sin calidad específicamente artística, a mantener el tipo no ayuda la molesta narración en off ni los flashbacks del todo innecesarios, que cuanto más aspiran a despertar la chispa dramática de la trama, peores son sus consecuencias. Inspirándose en su propia novela, Rayda Jacobs opta por controlar hasta el último detalle de una película que se hunde en tópicos y temibles moralinas (“soy culpable porque he preferido amar a las máquinas más que a Dios”). La debacle y posterior redención de Abeeda resulta vergonzante, jugando en última instancia al perdón divino y a la segunda oportunidad en el seno familiar que su directora no duda en emparejar con el milagro de la vida. Absolutamente olvidable.
FROZEN
No nos equivoquemos. Aunque en la última década el cinéfilo occidental ha identificado la industria india exclusivamente con esos musicales de proporciones babilónicas que constituyen el firmamento Bollywood, lo cierto es que, ajeno a las vías de lo comercial e incluso del realismo social de otros realizadores coetáneos, ha emergido un reducido grupo de directores poseedores de un indudable talento artístico para volcarse plenamente en obras que responden a los preceptos del cine de autor.
Por eso podemos acoger con júbilo “Frozen”, debut en la dirección de Shivajee Chandrabhusban, un film que bien puede jactarse poseedor de una inusual poesía fílmica y un impecable análisis del plano estético. Situando la acción en Ladakh, un sobrecogedor paraje del Himalaya indio entre China y Pakistán, Chandrabhusban firma una incuestionable lección de dirección impensable en un realizador novel demostrando continuamente un dominio evidente del lenguaje cinematográfico y sus instrumentos (sus primeros planos y sus travellings no permiten disensión al respecto). El guionista Shanker Raman fotografía mediante un soberbio juego de contraste de tonalidades blancas y negras el relato en primera persona de Lasya, una joven en pleno viaje hacia la madurez que en principio vive idílicamente en esta desoladora región en compañía de su anciano padre y su hermano pequeño. A través de los ojos y las palabras de Lasya conocemos los pormenores de una historia que, como en toda tradición oral, se permite sus manipulaciones subjetivas y adiciones a posteriori, tal y como nuestra protagonista reconocerá en su tramo final.
La exposición de Lasya, provista de numerosas vías de escape que iremos descubriendo gradualmente, refiere sutilmente a la crónica de unas personas que deben adaptarse por imposición al progreso moderno, víctimas accidentales de conflictos armados que les son ajenos y mártires del implacable empuje de los cambios sociales y culturales. Karma, el padre de Lasya, un veterano fabricante de mermelada de albaricoque, no puede evitar que la tímida llegada de la técnica arruine su humilde negocio asfixiado por las intransigentes reclamaciones de prestamistas sin escrúpulos que lo acosan con proposiciones bochornosas. Una situación que empeora con la aparición del ejército que solicita sus posesiones de tierra para construir un puesto fronterizo. En el centro mismo del belicismo injustificado, Karma asume estoicamente una batalla perdida de antemano.
Su insólita imaginería (siempre en los límites de lo fantástico y lo mágico a la hora de plasmar la distante hostilidad de la zona) y su atípica y anacrónica banda sonora en los prolegómenos del rock alternativo de regusto occidental, refuerzan la impresión que nos provoca una película en la que el trasfondo social y la lírica inocencia de nuestra interlocutora forjan un ejercicio rotundo que merece un espacio único en el palmarés del próximo sábado.
WE WENT TO WONDERLAND
En tales circunstancias, “Frozen” ha eclipsado por completo el pase de la mediocre “We went to Wonderland”, otra fallida incursión cinematográfica de la escritora Xiaolu Guo que afortunadamente no alcanza la tediosa autocomplacencia de su anterior trabajo.
Este documento que registra la travesía europea de los padres de Guo, con sus continuos conflictos socioculturales, tal vez se libre del descarado egocentrismo de “How is your fish today?”, pero tropieza nuevamente en los peores vicios del videoartista, plagando el metraje de mensajes, pensamientos y montajes fotográficos de una calidad que deja bastante que desear con ciertas ínfulas de profundidad e inquietud cuando lo que se muestra es simple y llanamente banal. Claro, excusarse en la independencia artística y la falta de presupuesto para solventar la crítica del amateurismo que exhibe desde el primer minuto, no permite en ningún caso defender el acomodamiento y la ausencia de riesgo por parte de su autora.
David López
"Déficit", el debut como realizador de Gael García Bernal
03/06/2008 - 23:53
Gael García Bernal debuta como realizador con “Déficit“, un film que cuenta con una amplia trayectoria por festivales, y que ahora podemos ver a competición en Cines del Sur 2008.
Contada de forma más intuitiva que analítica, como aseguró su autor en la rueda de prensa, “Déficit” nos sumerge en la vida de un joven, Cristóbal, interpretado por el propio Gael. Un veinteañero acomodado, hijo de un político corrupto, que decide dar una fiesta de fin de semana en su casa e invitar a sus amigos, todos pertenecientes a la alta sociedad. Chicos consentidos que lo quieren todo y ahora.
Durante este encuentro se pondrán en evidencia conceptos como la amistad o la lealtad. A medida que avanza la reunión se irá haciendo manifiesta la vacuidad y la superficialidad de los jóvenes, cuyos estilos de vida son totalmente “primermundistas” y aspiran a ingresar en las mejores universidades estadounidenses, aunque sólo sea por complacer a sus progenitores. Por una parte se exponen las vidas y las relaciones que tienen entre sí estos niños ricos, y por otra se presenta otro estrato social, el de los empleados de la casa, los obreros, que tienen que atender a las peticiones caprichosas de estos chicos prepotentes. De esta manera su autor confronta dos mundos, donde cada uno ocupa un lugar específico, sin dejar por ello de lado la complejidad de las relaciones subyacentes. Una confrontación que no está exenta de conciencia de clase, donde unos son los opresores y otros los oprimidos. Por parte de ambos bandos se evidencia el desprecio, se evitan los acercamientos, son indiferentes los unos para los otros y las miradas son tensas.
Los temas que se ponen de relieve son las diferencias sociales, la pobreza, el racismo, la droga, la corrupción política. Problemas que no sólo pertenecen a la realidad social mexicana, sino que son extrapolables a otras sociedades pero con la particularidad de venir presentado desde la idiosincrasia mexicana, donde en definitiva el perdedor es el indio, al que únicamente le queda la servidumbre. Aunque en el fondo todos los personajes son víctimas de la sociedad y del orden de las cosas. “Déficit” posee cierto nivel de crítica y en ese sentido Gael García Bernal aborda la realidad de una manera particular y personal en su primer trabajo tras la cámara.
María José López Navarro
Breves apuntes: "Waiting for Pasolini" - "Chouga"
03/06/2008 - 23:51
[extractos de las reseñas publicadas en el diario Ideal]
WAITING FOR PASOLINI de Daoud Aoulad-Syad
Entrañable y rematadamente nostálgica, “Waiting for Pasolini” del realizador marroquí Daoud Aoulad-Syad no sólo dirige su melancólica y taciturna mirada hacia la industria cinematográfica de otra época en la que el viejo celuloide parecía desprender un espíritu de autenticidad y esplendor que el paso del tiempo ha difuminado. Esta cordial tragicomedia rinde veneración y respeto, no sólo a la memoria del gran cineasta italiano que le da título, sino también a todos esos profesionales u ocasionales del medio que forman parte de esa otra historia entre bambalinas. Anécdotas y recuerdos vivos que configuran ese otro relato repleto de secretos, curiosidades y estrellas que para nada respondían a la mitificación que el devenir les ha impuesto.
Thami es ese hombre arrastrado por la añoranza que recuerda aquellos gloriosos años en los que trabajaba como extra para producciones extranjeras como el “Edipo Rey” de Pasolini. Evocaciones vivaces e íntimas del maestro trasalpino que debe desempolvar cuando un equipo de rodaje italiano se presenta en la zona para filmar una espectacular epopeya bíblica. Con espíritu casi berlanguiano, la noticia altera por completo la inhóspita cotidianeidad de los lugareños, entusiasmados con las promesas de bonanza económica y trabajo seguro que los más veteranos narran desde su optimistas alusiones al pasado. Sus ilusiones y anhelos los depositan precisamente en Thami, el eterno amigo de Pasolini, el mismo incapaz de aceptar el impune asesinato del director de “Saló” hace ya décadas atrás. Empujado por el status que le otorga en su comunidad su vínculo con éste, Thami acaba por asumir la mentira como una verdad deseada, convenciendo a sus paisanos de la venida de éste con tintes casi mesiánicos.
Aoulad-Syad no sólo abraza con cariño y cierta sarna los lamentosos pormenores del cine de productor, con sets que se quedan paralizados por falta de fondos o los tejemanejes de cuestionables autoridades locales que o solicitan su propia comisión o censuran todo aquello que no estiman pertinente. A su director esto le sirve de eje para gozar desgranando toda una suerte de crónicas individuales y memorias colectivas en las que las fantasías de los que aspiran a algo mejor y las quejas de los que sueñan con el brillo pretérito se alternan con pasajes amorosos y familiares, comedia costumbrista y ácidos reproches sobre la autoridad y la religión.
Una propuesta cuya modestia engrandece aún más su valor.
CHOUGA de Darejan Omirbaev
En cuanto a perspicacia se refiere, “Chouga” de Darejan Omirbaev es un trabajo en el que lo explícito del mensaje no evita un cuidado examen a varios niveles, sean éstos el valor de objetos en apariencia insignificantes (las flores que trufan con su presencia el metraje), las insinuaciones metalingüísticas (cine dentro de cine) o la huella de los sueños impresa en nuestros actos.
Omirbaev reinterpreta “Anna Karenina” en un Kazajstán contemporáneo en el que se nos presenta a la selecta élite social presa de pasiones confusas y carencias emocionales, tal y como el propio Tolstoi retrataba a la aristocrática sociedad de su época. Seres que persiguen el cumplimiento de la visión que del amor trazó Platón pero que siempre chocan con la hosca verdad de los acontecimientos. Infidelidades, matrimonios rotos, promesas fallidas y sentimientos que no siempre se pueden esquivar. Ésa es la lógica con la que se mueven los personajes de una trama que como otros films provenientes de las antiguas república soviéticas (y pienso en el realizador tajikistaní Djamshed Usmonov), no puede impedir plasmar la violencia que palpita bajo la coraza de una comunidad en la que lo instintivo y lo primitivo aún conserva su peso originario por encima de las racionalizaciones que supuestamente describen nuestro mundo.
En el fondo, breves apuntes de un drama contenido de sobresaliente interés.
David López