"Top 7: El Vampiro en el Celuloide" por J.P. Bango
02/12/2007 - 20:52
J.P. Bango nos ofrece, bajo su inconfundible sello, su particular Top dedicado a sus siete títulos favoritos centrados en la figura del vampiro.
1"Drácula" de Bram Stoker (Bram Stoker’s Dracula, 1992)
Preciosista y
romántica actualización de la novela de Stoker que rehúye alguno de sus tópicos
y estiliza todos los demás, ayudándose de unos decorados suntuosos (al estilo
Powell-Pressburguer) y de un maquillaje y vestuario esplendente que ornamentan
un entramado plagado de aventuras, amores imposibles, sexo soterrado e
instintos animales. El imperfecto guión de James V. Hart se convierte, en
manos de Coppola, en una obra esencialmente bella y gozosa, que se disfruta
con todos los sentidos gracias al talento de Wojceah Kilar o Eiko Ishioka y,
naturalmente, de este cineasta aficionado a los vinos que, haciendo las veces
de artesano, propicia una película profundamente sincopada que se adelanta
varios lustros a su época, casi tanto como el carácter contestatario de Mina
Murray.
"Vampiros" de John Carpenter (John Carpenter’s Vampiros, 1999)
Western de
terror de apostura insolente y ritmo endemoniado, Vampiros de John Carpenter
servirá de excusa al cineasta de Carthage para actualizar el mito llevándolo al
terreno que mejor conoce: personajes carismáticos, pocos diálogos, respuestas
cínicas y atardeceres hermosamente fotografiados… Todo ello reunido en rededor
de un argumento construido con vistas a converger en un clímax que a) por un
lado resuelva un duelo entre antagonistas con la claridad expositiva habitual
y, de otro, b) reafirme a Carpenter como el gran discípulo de Hawks que todos
sabíamos que era.
3
"Drácula, Principe de las Tinieblas" (Dracula, Prince of darkness, 1966)
Formato panorámico y una fotografía colorista pero siniestra, embebida de rojo,
hemoglobina y sexo, no solo se presentan como marcas definitorias del estilo
Hammer a mediados de los sesenta sino de un modo de redefinir las películas
sobre monstruos clásicos que se deshace del blanco y negro y de los apotegmas
morales que las delimitaban y, sobretodo, de los textos que eran origen de casi
todas las películas previas de Drácula (especialmente, la adaptación teatral de
Hamilton Deane que tanto lastraron anteriores trabajos) para forjarse un
recorrido propio y reconocible que, en la obra que nos ocupa, alcanza un cenit
incontestable, en su yuxtaposición de horror, transgresión, sexo y clímax.
4
"El Baile de los Vampiros" de Roman Polanski (The Fearless Vampire Killers or: pardon me, but your teeth are in my neck, 1967)
Una comedia definida por personajes estrafalarios
y un Principe vampiro gay con la forma de un relato de aprendizaje de aires
paródicos que culminará en un baile frente a un espejo delator; preludio
genialoide de una huida por los helados bosques de Transilvania. Polanski se
adueña de las texturas y color de las películas de la Hammer para construirse
un divertimento que no hace reír ni da miedo, sino todo lo contrario. Su final,
de inspiración wilderiana, se mantiene entre los mejores del género y Polanski,
a punto de parir alguna de sus obras más comerciales, afila su pluma y talento
al servicio de una historia cuya comicidad define incluso a su divertido título
alternativo.
5
"La Máscara del Demonio" de Mario Bava (La Maschera del Demonio, 1960)
Película gótica de
vampiros, brujas y otros muertos vivientes reunidos en torno a la consumación
de una maldición proferida contra los descendientes de una familia
aristocrática. Basada en la novela corta de Nicolai Gogol, El Vij, la cinta se
sostiene por la perturbadora presencia y los inmensos ojos de Barbara Steele
(magníficamente fotografiados por Mario Bava), y por una serie de secuencias
especialmente terroríficas (como su prólogo) y bien resueltas (como la
transformación de Ada), que adornan un entramado poliédrico que admite varias
lecturas subcontextuales, incluida la idea del doppelgänger.
6
"Nosferatu, el vampiro de la noche" de Werner Herzog (Phantom der Nacht, 1979)
El Nosferatu de
Murnau introducirá al personaje en el mundillo cinéfilo que La Universal, ya
con los derechos de la obra de Stoker en su poder, terminaría de elevar a la
categoría de icono del Siglo XX. Herzog no se olvida del Clásico de Murnau (en
especial, en algunos encuadres) ni tampoco Klaus Kinski en esta historia
tenebrista y bucólica, preñada de peste, ratas y desolación, que subvierten el
recuerdo de la obra de Stoker (y del original de Murnau) hasta convertirlo en
una película vampírica sólo en cuanto a personajes, deudora de un argumento
enfermo de desesperanza y tragedia, las mismas que definen y explican su
atormentado colofón.
7
"Los Viajeros de la noche" de Kathryn Bigelow (Near Dark, 1987)
Road movie existencial transmutada
en película de vampiros de aires desérticos y protagonistas juveniles. No busca
una actualización de los monstruos clásicos (Noche de Miedo) o trasladar sus
epítomes al cine núbil (Jóvenes ocultos), sino buscarse un sitio a medio
camino entre la aventura iniciática, la búsqueda personal, el relato de
iniciación amorosa y el cine de autor de bajo coste. Su resultado no es el que
la historia merece, debido a su condescendencia, pero la época en la que se
realizó (la década de los ochenta: absolutamente despreciable para con el
género vampírico) y sus texturas personalísimas hace que destaquemos esta
película que no habla de la naturaleza del vampiro ni de sus orígenes
depredadores sino de unos hombres convertidos en animales ávidos de sed que
buscan su lugar en el mundo.
J.P. Bango
Escribe un comentario
* = campos obligatorios