"Bodas y prejuicios: Austen en Bollywood" por José Ramón García Chillerón
08/02/2008 - 13:30
"Bodas y prejuicios" supone la adaptación actualizada del novelón decimonónico de Jane Austen "Orgullo y prejuicio". Sin embargo, no hay sitio aquí para los vestidos blancos, ni para las damas de piel lechosa imprescindibles cuando se decide llevar una obra de Austen a la pantalla de forma más o menos fiel. No hay rastro del ambiente victoriano, por el contrario la tipología del film responde a la de un musical de Bollywood, aunque eso sí: apócrifo, occidentalizado y contemporáneo. Estamos, o deberíamos estar, en las antípodas de una adaptación ortodoxa de una novela de Jane Austen. Sin duda, las formas son distintas, pero la presencia del texto de base es imborrable y los matrimonios pactados, los amores difíciles y las enrevesadas relaciones entre los personajes están ahí.
Lo más curioso y lo que más interesa en este caso es que en los auténticos musicales de Bollywood sus argumentos también tratan sobre amoríos tendentes a la incompatibilidad de linajes que bien pudieran provenir de la imaginación de la novelista inglesa. Resulta pues ejemplar esa hibridación tan característica del poscolonialismo, no ya en esta película, que es una producción británica, sino en aquellas producidas en la India, en las que el poso de la cultura colonialista, en este caso del Reino Unido, les lleva a mimetizar sus modelos argumentales e incluso determinadas conductas sociales.
El hecho de que la anterior película de Gurinder Chadha, keniata afincada en Inglaterra, "Quiero ser como Beckahm" (2002), tratase en clave amable el tema de la diáspora india en Inglaterra, parece evidenciar la tendencia poscolonial del cine de esta realizadora. Si aquella era una comedia social a la maniera inglesa, "Bodas y prejuicios" mantiene el exotismo de Bollywood, sólo que se le ha privado de unas dos horas de metraje, se han quitado varios números musicales y se han añadido localizaciones en Londres y Los Ángeles, para que el público occidental pueda digerirlo más fácilmente.
Al igual que en "Quiero ser como Beckahm" la realizadora se centra en la tradición y en la familia, en el encuentro entre culturas divergentes que acaban encontrándose y mezclándose para formar una fusión cultural. Sin duda en su cine percibimos muchos de los rasgos que se han criticado a la teoría poscolonial: el hecho de obviar las clases sociales, la India que se muestra en "Bodas y prejuicios" está tomada del arquetipo bolllywoodiano caracterizado por el colorismo y la ausencia de pobres; la negación del pasado precolonial, no sólo eso en la película que nos ocupa aunque se infiera un discurso levemente nacionalista del personaje de Lalita, lo cierto es que el referente continúa siendo Londres y lo mejor que le puede pasar a una chica india es casarse con un hombre rico, indio y mejor si vive en el extranjero.
Los cineastas indios suelen recurrir al término masala (especies), como evocación metafórica de algo nuevo que se realiza a partir de ingredientes viejos para aportar la clave de su manera de hacer cine. "Bodas y prejuicios" utiliza ingredientes tan viejos como el cine de Bollywood y la obra de Jane Austen, pero lamentablemente el producto final no es para nada novedoso revelándose como una versión descafeinada y light de un auténtico “made in Bollywood”.
José Ramón García Chillerón
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