“CHAPTER 27”: Generación perdida y gente falsa.
24/05/2008 - 12:42
Hay una parte de la cultura popular norteamericana que, debido a su juventud, busca de una manera desesperada la oportunidad de crear mitos. Parte de la leyenda norteamericana se fundamenta en la figura del psicópata, algo inherente en la historia estadounidense, donde se eleva a más de uno a la categoría de mito. Uno de esos mitos es Mark David Chapman, el hombre.



La película del debutante Shaefer resulta arriesgada en su doble propuesta: por un lado, el análisis profundo a la desquiciada mente de Chapman (un poco convincente Jared Leto) y por otro, la vuelta de tuerca de presentar el incidente como fin de un tipo de inocencia y sueños de cambio, pasando de esas imágenes de Nueva York onírica a una pesada angustia y desesperanza, en cierto modo, recalca su mensaje poniendo en boca del propio Chapman las referencias a esa generación perdida que tanto anhela y que supuestamente, el mismo se encarga de destruir, viviendo una fantasía que ni siquiera es originalmente suya. Sin embargo, hay otro riesgo aún mayor, paralelo a los mencionados, que se salta el academicismo que una historia de este tipo suele acarrear, y es la reinterpretación del texto de Salinger, “El guardián entre el centeno” como la descripción de la perturbada mente de un futuro sociópata. Si bien es cierto que la obra de Salinger suele estar plagada de muy claros simbolismos e interpretaciones más libres, la gran hazaña de Shaefer es proponer una adaptación casi literal del comienzo de la novela en las primeras secuencias de la película, a partir del nuevo enfoque que supone cambiar al Holden Caudfield de la historia original por el perturbado Chapman.
Al margen de esta anécdota, la película discurre por lo que es una tensa y morbosa espera al suceso principal, el asesinato de John Lennon, recorriendo la mente de Chapman a través de un monólogo hecho de retazos de la novela de Salinger y de exagerados dejes de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1975), con descarado homenaje incluído. Los desvaríos de montaje lo transforman, por momentos, en un alargado tráiler, cargado de fundidos, flashforwards televisivos y planos excesivamente musicalizados a lo largo del insoportable monólogo de Leto, que, en uno de los momentos más absurdos de la cinta, su personaje se niega a ver una película porque le resulta un mundo falso. No es de extrañar, si se detiene a ver actuaciones como la de su compañera Lindsay Lohan, completamente anacrónica y abandonada a un tipo de white trash fan muy lejos de la más nostálgica y acertada “Casi famosos” (Cameron Crowe, 2000). Absolutamente bochornoso es el diálogo que relacciona “La semilla del diablo” (Roman Polanski, 1968) y otro mito psicópata como Charles Manson con la muerte de Lennon.
En definitiva, una cinta verbocentrista que, si bien proponía cosas interesantes, su desequilibrado tono y poco acertado casting le llevan a fracasar en lo que no deja de ser una vaga interpretación de un suceso popular, a todas luces evidente y previsible. No es de extrañar que el propio Salinger demostrase en la mentada novela favorita de Chapman, su odio por el cine; en realidad, se refería a este tipo de cine, el que de manera superflua pretende erigirse como ejemplo de la realidad y retrato fiel de épocas y sentimientos ajenos.
Por Henrique Lage: http://www.hlage2.blogspot.com/

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