Cines del Sur 2010: "Independencia"
Lo que queda de una familia filipina se recluye en mitad de un bosque de apariencia hostil, en el justo momento en que los norteamericanos se aprestan a iniciar una invasión cuyo éxito último va a representar, sólo en términos numéricos, un millón de muertos, cientos de presos torturados, medio siglo más de ocupación colonialista…

Publicado: 12/06/2010
Pretende Independencia de Raya Martín inferir, desde la deconstrucción del lenguaje y de la forma, la historia reciente de la nación filipina; lo hace a través de los ojos de una madre y de un hijo que buscan, en mitad de un bosque, su propia identidad y paz internas, alejarse de todo y de todos, de la urbe y de las influencias que la corrompen, mientras tratan de alcanzar una plena armonía con su entorno y consigo mismos. No lo hace con grandes presupuestos ni paisajes pomposos, ni con escenas de tropas o empresarios ocupando las ciudades y sus campos sino dentro de un estudio, con las paredes pintadas de árboles, de acuíferos o de paisajes neblinosos, repitiendo una y otra vez los mismos escenarios y situaciones argumentales, reivindicando la idiosincrasia de un país en el lugar más extraño posible, en el interior de uno mismo, mientras vemos como los personajes cazan, pescan, tejen, desempeñan sus quehaceres afectivos, se cuentan historias de sus ancestros y mueren por seguir siendo lo que son, lo que quieren ser, incluso en el fin del mundo.
Tanto la huída como la reflexión se dirigen, sin embargo, hacia un pozo sin fondo. El joven que se ha convertido en hombre en mitad de la selva ahora es un padre de familia preocupado por el devenir de su hijo, al que quiere proteger de las influencias externas que puedan corromperlo; se muestra celoso, pues, de preservar su identidad (nacional) en mitad del infierno. Trata de seducirlo con historias de quienes los precedieron, de su lucha contra los elementos y la selva virgen, vestido con ropajes anacrónicos que utiliza para resguardarse de la intemperie en el corazón de la selva, o con el torso desnudo, refugiado en el calor de su hogar, dejando entrever al trasluz su crucifijo católico, fruto de otro colonialismo anterior, también cultural, sintiéndose parte de un pasado del que no podría desprenderse aunque quisiera; esa identidad que quiere proteger íntegra a toda costa, aunque eso mismo puede poner en riesgo su propio heredad, su supervivencia, y la de quienes le rodean.
Persigue Independencia, a través de las vivencias de sus personajes, una intención política, aun cuando su forma (planos fijos, blanco y negro ajado, dirección artística expresionista), su presupuesto y su estilo puedan sugerirnos que no estamos sino en presencia de una obra poética, singularmente entrópica. Las influencias de Raya Martin, seguramente inconscientes, no devienen tanto de Guy Maddin, como se dice, como del cine de horror existencial que pergeña Kaneto Shindo durante la década de los sesenta, incluyendo en su argumento visiones fantasmagóricas, sueños premonitorios, recuerdos del pasado de corte pesadillesco, demonios internos que aplacar en mitad de la tormenta. La regresión social, el ascetismo, que se insinúa como génesis de esta revolución/huida silenciosa va a tener su correlación en el ámbito técnico (la batalla solo se insinúa en un rumor lejano, siempre en segundo plano; los personajes entran y salen por diferentes puntos de un mismo escenario para resaltar lo que el propio escenario tiene de opresivo, de rutinario), lo cual nos sugiere un carácter metalingüístico. La obra de Raya Martin tiene, entonces, tanto de revisión historicista como de reflexión sobre el propio medio cinematográfico, lo que también va a servir para ubicar su trabajo en el campo del cine de autor (y eso es mucho decir para un director de apenas veinticinco años).
Una tormenta aparatosa servirá de colofón al relato narrado. La conclusión no puede ser más contraproducente para los intereses de todos. Los propios recursos naturales que hacen del archipiélago filipino una nación tan apetecible, en términos colonialistas, también van a suponer el principio del fin de quienes la habitan. La cumbre del Monte Apo se tiñe de rojo, igual que el vestido de uno de los protagonistas, ya casi al final, enfatizando lo que la propia historia de Raya Martin tiene de vaticinadora. En ese momento comprendemos que aún le queda mucha Historia por contar. Y que desearíamos estar allí para verla.
J. P. Bango
Este crítica se publicó en el boletín diario del Festival Internacional de Jóvenes Realizadores de Granada 2009 con motivo de la proyección de “Independencia” de Raya Martin.
Tags: Cines del Sur 2010 Festivales Reviews Independencia Raya Martin Filipinas Cine asiático
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