<?xml version="1.0" encoding="iso-8859-1"?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[Séptimo Vicio, cine y ocio inteligente]]></title><description><![CDATA[Art&iacute;culos]]></description><link>http://www.septimovicio.com/</link><copyright><![CDATA[Copyright Séptimo Vicio, cine y ocio inteligente]]></copyright><generator>sNews CMS</generator><item><title><![CDATA[William Gibson, Chuck Palahniuk y John Verdon en Gutun Zuria 2012]]></title><description><![CDATA[ <p> Porque todos tenemos secretos, y todos, en alguna ocasi&oacute;n, hemos contado mentiras,&nbsp;Gutun Zuria&nbsp;tratar&aacute; este a&ntilde;o de desvelar los grandes&nbsp; <em> Secretos y mentiras&nbsp; </em> que parecen relevantes en el marco de los acontecimientos sociales, culturales y pol&iacute;ticos de estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Entre los participantes destacan los escritores y periodistas americanos, dado que la presente edici&oacute;n tiene como pa&iacute;s invitado a Estados Unidos, y la aportaci&oacute;n de dos de las figuras que encabezan el pensamiento en torno a la denominada &ldquo;primavera &aacute;rabe&rdquo;: Tahar Ben Jelloun y Lina Ben Mhenni. </p> 
  
 <p> Chuck Palahniuk conversar&aacute; en&nbsp;Alh&oacute;ndigaBilbao&nbsp;con su traductor, el escritor Javier Calvo, mientras que Bill Keller ser&aacute; entrevistado por el tambi&eacute;n periodista I&ntilde;aki Gabilondo. El padre del ciberpunk, William Gibson, hablar&aacute; sobre vigilancia, seguridad y tecnolog&iacute;a con Rofrigo Fres&aacute;n; el siempre interesante Hans Magnus Enzensberger se encontrar&aacute; con el f&iacute;sico Anton Seillinger para conversar sobre el universo cu&aacute;ntico&hellip; Las citas se multiplican esos d&iacute;as en Bilbao gracias a&nbsp;Gutun Zuria, que adem&aacute;s cuenta con dos d&iacute;as a modo de &ldquo;pr&oacute;logo&rdquo;, en los que Manuel Rivas y Almudena Grandes presentar&aacute;n sus nuevas novelas ( <em> Todos es silencio </em> &nbsp;y&nbsp; <em> El lector de Julio <a href="http://www.estandarte.com/noticias/libros/novela/el-lector-de-julio-verne-de-almudena-grandes_982.html">   </a> Verne </em> , respectivamente) y se programar&aacute; tambi&eacute;n una mesa redonda en torno a la literatura adaptada al cine con la participaci&oacute;n de Enrique Urbizu, Agust&iacute; Villaronga, Jorge Guerricaechebarria y Fernando Mar&iacute;as. </p> 
 <p> Las entradas para&nbsp;Gutun Zuria&nbsp;estar&aacute;n a la venta a partir del pr&oacute;ximo 1 de marzo, y podr&aacute;n adquirirse en Infopuntua y Ticket Box. Todas las sesiones de &ldquo;En Conversaci&oacute;n&rdquo; tendr&aacute;n un precio de 2&euro;, y cada una de las proyecciones del ciclo de cine, 4 &euro;, 3 &euro; con tarjeta H&oacute;. El resto de las propuestas del programa son de entrada libre. </p> 
 <p> A&ntilde;o tras a&ntilde;o,&nbsp;Gutun Zuria&nbsp;se va consolidando como una de las mejores citas literarias de Espa&ntilde;a, colocando a Bilbao y el mes de abril en el calendario de los amantes de la literatura y el pensamiento. En tan solo cuatro ediciones ya ha tra&iacute;do a nuestro pa&iacute;s a nombres tan interesantes como Hanif Kureishi, Elena Poniatowska, Salman Rushdie, Jorge Sempr&uacute;n o Slavoj Zizek. </p> 
 <p> M&aacute;s informaci&oacute;n en&nbsp; <a href="http://www.alhondigabilbao.com/programacion/gutun-zuria-festival-internacional-de-las-letras" target="_blank"> www.alhondigabilbao.com/programacion/gutun-zuria-festival-internacional-de-las-letras </a> . </p> 
  ]]></description><pubDate>Tue, 03 Apr 2012 11:13:15 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/tendencias/0304112-william-gibson-chuck-palahniuk-y-john-verdon-en-gutun-zuria-2012/</link><guid>http://www.septimovicio.com/tendencias/0304112-william-gibson-chuck-palahniuk-y-john-verdon-en-gutun-zuria-2012/</guid></item><item><title><![CDATA[Millenium]]></title><description><![CDATA[ <p> Si bien como ya comentaba, ha sido un  acierto su elecci&oacute;n, tambi&eacute;n ha sido del todo punto l&oacute;gica, ya que  este film no deja de ser, en muchos aspectos, una prolongaci&oacute;n de  sus dos thrillers m&aacute;s puros, &laquo;Seven&raquo; y &laquo;Zodiac&raquo;, dos catedrales  del g&eacute;nero que vienen a formar junto a &laquo;Millenium&raquo; un tr&iacute;ptico  perfecto en el que fondo y forma se dan la mano en un viaje a los  infiernos de la psicopat&iacute;a. </p> 
 <p> Fincher hace suyo el material desde  unos t&iacute;tulos de cr&eacute;dito fascinantes que ya son toda una declaraci&oacute;n  de intenciones. A ritmo de &laquo;Inmigrant song&raquo; de Lez Zeppellin,  adaptados por Trent Reznor y Atticus Ross y ya desde los primeros  planos deja bien claro que por mucho que estemos ante una obra muy  reconocible por el espectador que haya podido leer la novela o ver el  anterior (tele)filme sueco, esta es una pel&iacute;cula 100% Fincher,  impregnada a todos los niveles por su sentido de la est&eacute;tica y del  ritmo. Uno no puede por menos que quedar completamente alucinado por  el dominio de la imagen del director. Desde Kubrick, nadie ha sido  capaz de pintar con mano maestra los ambientes como &eacute;l, desde la  impresionante fotograf&iacute;a de interiores que var&iacute;a en funci&oacute;n de  cada uno de los personajes, pasando por la saturaci&oacute;n de la imagen  que ba&ntilde;a cada uno de los incre&iacute;bles y medidos flash backs y  llegando a la magistral secuencia de la persecuci&oacute;n final (Todo esto  ya quedaba patente en la extraordinaria &laquo;Red Social&raquo;, pero en  &laquo;Millenium&raquo; llega a la m&aacute;s absoluta perfecci&oacute;n). </p> 
 <p> El control sobre la historia a nivel  t&eacute;cnico resulta impecable en todos sus aspectos sin dejar que el  estilo tan propio del director fagotice en ning&uacute;n momento su  contenido ni sus personajes. El casting se revela acertad&iacute;simo y la  qu&iacute;mica entre el dueto protagonista absoluta, siendo en este aspecto  la direcci&oacute;n de actores mod&eacute;lica. Raro es que un director adem&aacute;s  de tener un estilo tan reconocible como el de Fincher, adem&aacute;s re&uacute;na  la cualidad de sacar lo mejor de sus actores. Resulta complemente  imposible echar la vista atr&aacute;s y encontrar una sola interpretaci&oacute;n  en la filmograf&iacute;a del director en la que alguno de sus actores haya  estado fuera de tono. La elecci&oacute;n de Rooney Mara para interpretar a  un icono literario como Lisbeth Salander resulta como m&iacute;nimo  impecable. Era todo un reto interpretar un papel que Noomi Rapace  hab&iacute;a hecho suyo de una manera tan cre&iacute;ble y potente en la versi&oacute;n  Sueca, convirti&eacute;ndose de hecho en lo &uacute;nico destacable de la  funci&oacute;n. La prueba se supera con nota, Rooney compone una Lisbeth en  la que dureza y vulnerabilidad se funden de forma cre&iacute;ble,  resultando muy dif&iacute;cil no caer finalmente rendido a sus pies. </p> 
 <p> Menciones especiales tambi&eacute;n por una  lado para el tit&aacute;nico y preciso montaje de la pel&iacute;cula que hace que  sus m&aacute;s de dos horas y media de metraje no solo pasen como un  suspiro, sino que sean apasionantes, tensas e hipn&oacute;ticas (atenci&oacute;n  a la impresionante secuencia que alterna el momento en que los dos  personajes principales llegan, cada uno por su cuenta, a deducir cual  es la identidad del asesino, una muestra de c&oacute;mo conseguir una  tensi&oacute;n in crescendo sin que en ning&uacute;n momento se pierda el hilo de  lo que est&aacute; sucediendo)  Por otro lado Trent Reznor y Atticus Ross  (ganadores del oscar por la &laquo;Red Social&raquo; y que si existe justicia  deber&iacute;an repetir), que componen una banda sonora at&iacute;pica que se  ajusta como anillo al dedo al devenir cada vez m&aacute;s tenebroso de la  historia. </p> 
 <p> Esperemos que Ficher no tenga reparos  en hacerse con las riendas de las dos siguientes pel&iacute;culas que  conforman la trilog&iacute;a &laquo;Millenium&raquo;, ya que en caso contrario no  cabe duda que la calidad cinematogr&aacute;fica bajar&aacute; demasiados enteros.  Si no es as&iacute;, mejor que decidan dar carpetazo y cerrar con este film  perfecto que a pesar de toda la cantidad de cine con may&uacute;sculas que  encierra, ser&aacute; injustamente ninguneado por una parte de la cr&iacute;tica  y de los encargados de otorgar premios anuales por considerarla una  mera adaptaci&oacute;n de un best seller sin m&aacute;s pretensiones que  entretener al personal. Ellos se lo pierden. Arte en el sentido m&aacute;s  puro de la palabra, h&aacute;ganme caso, no se la pierdan. </p> 
 <p>  <strong> Carlos Polite </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Wed, 18 Jan 2012 11:57:53 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/1801112-millenium/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/1801112-millenium/</guid></item><item><title><![CDATA[Las mejores películas de 2011 (según David López)]]></title><description><![CDATA[ <p>  <strong> 20. ANOTHER EARTH  </strong> (Mike Cahill) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/cahillmikeanotherearthpicpoc1.jpg" alt="" width="650" height="482" />  </p> 
 <p>  <strong> 19. OSLO, AUGUST 31ST  </strong> (Joachim Trier) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/osloaugust31stpicpictrier1.jpg" alt="" width="650" height="433" />  </p> 
 <p>  <strong> 18. LE HAVRE  </strong> (Aki Kaurism&auml;ki) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/lelehavrepicpicaki1.jpg" alt="" width="650" height="431" />  </p> 
 <p>  <strong> 17. NADER Y SIMIN, UNA SEPARACI&Oacute;N  </strong> (Ashgar Fahardi) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/naderysiminpicfahardipic1.jpg" alt="" width="650" height="347" />  </p> 
 <p>  <strong> 16. TWO YEARS AT SEA  </strong> (Ben Rivers) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/twoyearsatseapicbenrivers1.jpg" alt="" width="650" height="367" />  </p> 
 <p>  <strong> 15. PLAY  </strong> (Ruben &Ouml;stlund) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/playostlundrubenpicpic1.jpg" alt="" width="650" height="361" />  </p> 
 <p>  <strong> 14. TATSUMI </strong> &nbsp;(Eric Khoo) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/tatsumikjootatsumierickhoopic1.jpg" alt="" width="650" height="366" />  </p> 
 <p>  <strong> 13. CODE BLUE  </strong> (Urszula Antoniak) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/urszulantoniakcodeblucpicpic1.jpg" alt="" width="650" height="421" />  </p> 
 <p>  <strong> 12. GUILTY OF ROMANCE  </strong> (Sion Sono) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/guiltusionsonoromancepic1.jpg" alt="" width="650" height="433" />  </p> 
 <p>  <strong> 11. MARTHA MARCY MAY MARLENE  </strong> (Sean Durkin) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/mmmmpicseandurkinpic1.jpg" alt="" width="650" height="366" />  </p> 
 <p>  <strong> 10. EL FUTURO&nbsp; </strong> (Miranda July) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/elfuturopicpicmirandajulypic1.jpg" alt="" width="650" height="434" />  </p> 
 <p>  <strong> 9. LES CONTES DE LA NUIT  </strong> (Michel Ocelot) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/ocelotmichellescontesdelanuitpic1.jpg" alt="" width="650" height="432" />  </p> 
 <p>  <strong> 8. TRABALHAR CANSA  </strong> (Marco Dutra y Juliana Rojas) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/cansatrabalharcansadutrarojaspic1.jpg" alt="" width="650" height="431" />  </p> 
 <p>  <strong> 7. EL TOPO  </strong> (Tomas Alfredson) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/eltopotinkertailorpicpic1.jpg" alt="" width="650" height="432" />  </p> 
 <p>  <strong> 6. ALPS  </strong> (Yorgos Lanthimos) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/alpslanthimospicyorgos1.jpg" alt="" width="650" height="324" />  </p> 
 <p>  <strong> 5. HUGO  </strong> (Martin Scorsese) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/hugomartinscorsesepicpic1.jpg" alt="" width="650" height="358" />  </p> 
 <p>  <strong> 4. DRIVE  </strong> (Nicolas Winding Refn) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/drivenicolasrefnwindingpic1pic.jpg" alt="" width="650" height="432" />  </p> 
 <p>  <strong> 3. THE TURIN HORSE  </strong> (B&eacute;la Tarr) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/turinhorsepicpictarrpic1.jpg" alt="" width="650" height="365" />  </p> 
 <p>  <strong> 2. TARGET  </strong> (Alexander Zeldovich) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/zeldovichpicpictargetmishenpic1.jpg" alt="" width="650" height="433" />  </p> 
 <p>  <strong> 1. EL &Aacute;RBOL DE LA VIDA  </strong> (Terrence Malick) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/malickpictreeoflifepic1.jpg" alt="" width="650" height="433" />  </p> ]]></description><pubDate>Fri, 30 Dec 2011 12:00:17 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/noticias/3012111-las-mejores-peliculas-de-2011-segun-david-lopez/</link><guid>http://www.septimovicio.com/noticias/3012111-las-mejores-peliculas-de-2011-segun-david-lopez/</guid></item><item><title><![CDATA[Las mejores películas de 2011 (según JP Bango)]]></title><description><![CDATA[ <p>  <strong> 20. ATTACK THE BLOCK </strong> &nbsp;(Joe Cornish) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/attackblockpicpo1.jpg" alt="" width="650" height="462" />  </p> 
 <p>  <strong> 19. ANOTHER EARTH  </strong> (Mike Cahill) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/anotherearthpicmikepic1.jpg" alt="" width="650" height="399" />  </p> 
 <p>  <strong> 18. MARTHA MARCY MAY MARLENE  </strong> (Sean Durkin) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/marthadurkinmaypic1.jpg" alt="" width="650" height="433" />  </p> 
 <p>  <strong> 17. UN GATO EN PAR&Iacute;S  </strong> (Alain Gagnol y Jean-Loup Felicioli) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/chatparispic1.jpg" alt="" width="650" height="379" />  </p> 
 <p>  <strong> 16. LE HAVRE  </strong> (Aki Kaurism&auml;ki) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/lehavrekaurismakipicpic1.jpg" alt="" width="650" height="424" />  </p> 
 <p>  <strong> 15. GUILTY OF ROMANCE </strong> &nbsp;(Sion Sono) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/guiltysionsonoromancepic1.jpg" alt="" width="650" height="433" />  </p> 
 <p>  <strong> 14. TATSUMI  </strong> (Eric Khoo) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/tatsumikjoopic1.jpg" alt="" width="650" height="366" />  </p> 
 <p>  <strong> 13. THE FUTURE  </strong> (Miranda July) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/futurejulypicpic1.jpg" alt="" width="650" height="410" />  </p> 
 <p>  <strong> 12. SUCKER PUNCH  </strong> (Zack Snyder) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/suckerpunchpic1.jpg" alt="" width="650" height="366" />  </p> 
 <p>  <strong> 11. SUPER 8  </strong> (JJ Abrams) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/super8abramspic1.jpg" alt="" width="650" height="355" />  </p> 
 <p>  <strong> 10. EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS  </strong> (Rupert Wyatt) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/origenwyattpic1.jpg" alt="" width="650" height="364" />  </p> 
 <p>  <strong> 9. THE WOMAN  </strong> (Lucky McKee) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/womanmckeepic1.jpg" alt="" width="650" height="487" />  </p> 
 <p>  <strong> 8. C&Oacute;DIGO FUENTE  </strong> (Duncan Jones) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/sourcejonespic1.jpg" alt="" width="650" height="366" />  </p> 
 <p>  <strong> 7. LES CONTES DE LA NUIT  </strong> (Michel Ocelot) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/nuitocelotpic1.jpg" alt="" width="650" height="365" />  </p> 
 <p>  <strong> 6. TRABALHAR CANSA  </strong> (Marco Dutra y Juliana Rojas) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/trabalhardutrapic1.jpg" alt="" width="650" height="432" />  </p> 
 <p>  <strong> 5. TINT&Iacute;N Y EL SECRETO DEL UNICORNIO  </strong> (Steven Spielberg) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/tintinstevepic1.jpg" alt="" width="650" height="366" />  </p> 
 <p>  <strong> 4. DRIVE </strong> &nbsp;(Nicolas Winding Refn) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/driverefnpic1.jpg" alt="" width="650" height="432" />  </p> 
 <p>  <strong> 3. HUGO </strong> &nbsp;(Martin Scorsese) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/hugoscorsesepic1.jpg" alt="" width="650" height="433" />  </p> 
 <p>  <strong> 2. TARGET  </strong> (Alexander Zeldovich) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/targetzeldovichpic1.jpg" alt="" width="650" height="276" />  </p> 
 <p>  <strong> 1. EL &Aacute;RBOL DE LA VIDA  </strong> (Terrence Malick) </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/malicktreepic1.jpg" alt="" width="650" height="349" />  </p> ]]></description><pubDate>Tue, 27 Dec 2011 20:25:10 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/noticias/2712111-las-mejores-peliculas-de-2011-segun-jp-bango/</link><guid>http://www.septimovicio.com/noticias/2712111-las-mejores-peliculas-de-2011-segun-jp-bango/</guid></item><item><title><![CDATA[Primeros episodios de &quot;The Obvious Secrets of aurA Hodor&quot; de Pater Sparrow]]></title><description><![CDATA[ <p> La primera temporada nos sumerge en un universo kafkiano lleno de personajes extra&ntilde;os y situaciones surrealistas, recurriendo para ello a un humor saturado de iron&iacute;a, a la espiritualidad y al simbolismo m&aacute;s cr&iacute;ptico.&nbsp;Cada episodio tendr&aacute; una duraci&oacute;n de cuatro o cinco minutos y se podr&aacute;n ver en la web oficial del proyecto (en breve se anunciar&aacute;). </p> 
 <p> &iquest;Su argumento? Vocaci&oacute;n experimental y fotograf&iacute;a en blanco y negro para esta historia centrada en un personaje llamado Aura Hodor (a la que interpreta Hermina F&aacute;tyol), una hero&iacute;na que por encima de todo es una observadora del mundo circundante, un cosmos grotesco y decadente. Aura se expresa a trav&eacute;s de un lenguaje eminentemente visual, pues la comunicaci&oacute;n verbal origina ins&oacute;litas reacciones. No es una gran sinopsis pero es toda la informaci&oacute;n de la que disponemos en este momento. </p> 
 <p> "The triangle", "The lipstick" y "The magnet" son los t&iacute;tulos de las primeras entregas de esta serie estrenada el pasado 24 de diciembre con subt&iacute;tulos en ingl&eacute;s, con el objetivo de hallar inversores y compradores extranjeros. Por otra parte, Sparrow ya est&aacute; enfrascado en la pre-producci&oacute;n de su adaptaci&oacute;n de "El arrancacorazones" del novelista y dramaturgo franc&eacute;s Boris Vian. </p> 
 <p> Pod&eacute;is&nbsp;leer nuestra rese&ntilde;a de "1" a trav&eacute;s del siguiente&nbsp; <a href="http://www.septimovicio.com/criticon/1207110-1/"> "enlace" </a> . </p> 
 <p> 
 <object width="640" height="360" data="http://www.youtube.com/v/a7wDscMy-Lo?version=3&amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash"> 
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 </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p> 
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 </p> ]]></description><pubDate>Mon, 26 Dec 2011 20:29:17 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/noticias/2612111-primeros-episodios-de-the-obvious-secrets-of-aura-hodor/</link><guid>http://www.septimovicio.com/noticias/2612111-primeros-episodios-de-the-obvious-secrets-of-aura-hodor/</guid></item><item><title><![CDATA[Eugenio Martín, un cineasta granadino muy versátil]]></title><description><![CDATA[ <p> Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1953, comienza a participar activamente en la UGR y obtiene el benepl&aacute;cito de la instituci&oacute;n, que le ofrece un proyector de 35 mm y una sede, el sal&oacute;n de conferencias de la Universidad. Las exhibiciones f&iacute;lmicas se suced&iacute;an y comenzaron a generar una riqueza cultural que qued&oacute; plasmada en revistas coet&aacute;neas en las que se rese&ntilde;aban las cintas y en las hojas de sala. Como era de esperar, los problemas no tardaron en hacer acto de presencia. Tanto que hizo suyo el lema "con la Iglesia hemos topado". Los jesuitas lo citaron en La Cartuja para aconsejarle que las criticas y los comentarios sobre las pel&iacute;culas precisaban de supervisi&oacute;n, y eso no significaba m&aacute;s que censura. Este altercado le produjo tal enojo que pens&oacute; que ser&iacute;a mejor abandonar antes que sufrir la correcci&oacute;n eclesi&aacute;stica. As&iacute; que el cine- club tuvo que esperar a mejores tiempos. </p> 
 <p> El director granadino, autor de una filmograf&iacute;a copiosa y heterog&eacute;nea, as&iacute; como cineasta de obra polimorfa y heterodoxa, sin consumirse en un solo registro, ha sabido trabajar y crear desde todos los g&eacute;neros y casi para todos los gustos. De su extensa producci&oacute;n y de toda una vida consagrada al cine y trabajando para el s&eacute;ptimo arte desde distintas posiciones (realizador, asistente de direcci&oacute;n, guionista...) cabe resaltar la etapa de las coproducciones de los a&ntilde;os 60/70, caso de "Hipnosis", de producci&oacute;n italo-germana, que adem&aacute;s supuso la incursi&oacute;n de Eugenio en el thriller psicol&oacute;gico con reminiscencias de terror hitchcockiano. Tambi&eacute;n "P&aacute;nico en el Transiberiano", premiada en el festival de Sigtes, una cinta de ciencia ficci&oacute;n que cuenta con un reparto de lo m&aacute;s internacional, destacando el t&aacute;ndem m&aacute;s popular de la Hammer, por entonces, el imponente Christopher Lee y el aterrador Peter Cushing, junto a una joven y bella Helga Line. El tiempo la juzgar&iacute;a como obra de culto. </p> 
 <p> Pero el debut de Eugenio vino de la mano de un cortometraje, "Viaje rom&aacute;ntico a Granada" (1954), un documental de creaci&oacute;n y con trazas experimentales que le sirvi&oacute; para plasmar en 16mm una serie de grabados y estampas de una ciudad m&aacute;s pr&oacute;xima a la leyenda que a la realidad. Recibi&oacute; el premio al mejor cortometraje en el Festival de San Sebasti&aacute;n. Una apasionada y emocionante aventura recreada a partir de litograf&iacute;as pertenecientes al archivo de la Alhambra mediante las cuales teje un paisaje narrativo que tiene como tel&oacute;n de fondo el monumento granadino. Fue su carta de presentaci&oacute;n para poder ingresar en la escuela de cine. Esta voluntad de ensalzar una ciudad en la que parecen filtrase los sue&ntilde;os la veremos en otro cineasta local Val del Omar en "Agua espejo granadino". Mart&iacute;n retomar&aacute; de nuevo el sur que le vio crecer en "Una vela para el diablo" (1973), pero esta vez para poner en primer plano las supersticiones de una Andaluc&iacute;a profunda que se hallaba inmersa en un fanatismo religioso. Y como no, tambi&eacute;n filmar&aacute; un ejemplar western europeo en Almer&iacute;a "El precio de un hombre" (1966). </p> 
 <p> En el panorama nacional recibir&iacute;a encargos de lo m&aacute;s variopintos, caso de "La vida sigue igual" (1969), con un Julio Iglesias que nadie conoc&iacute;a y al que le asustaban las c&aacute;maras; ese mismo a&ntilde;o tambi&eacute;n filmar&iacute;a "Las leandras", cuyo elenco no puede ser m&aacute;s aut&oacute;ctono: Juanito Navarro, Alfredo Landa y Roc&iacute;o D&uacute;rcal, entre otros; y, como colof&oacute;n, "Una se&ntilde;ora estupenda" (1967), en la que tuvo que dominar a una desbordante y arrebatadora Lola Flores. </p> 
 <p> La inquietud creativa que caracteriza a Mart&iacute;n lo ha llevado a no adscribirse ni enquistarse en ning&uacute;n patr&oacute;n est&eacute;tico. He aqu&iacute; la versatilidad de su producci&oacute;n, que solo responde a un af&aacute;n continuo por la experimentaci&oacute;n y la novedad de trabajar en proyectos de distinta &iacute;ndole. En resumen, Eugenio Mart&iacute;n es un artista inagotable que, a sus noventa y tantos, sigue pensando en el futuro, aunque la suerte no le sonr&iacute;o como se merec&iacute;a. </p> 
 <p>  <strong> Mar&iacute;a Jos&eacute; L&oacute;pez Navarro </strong>  </p> 
 <p>  <em> Bibliograf&iacute;a: "Eugenio Mart&iacute;n, un autor para todos los g&eacute;neros" de Carlos Aguilar y Anita Haas. </em>  </p> ]]></description><pubDate>Wed, 07 Dec 2011 16:13:24 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/cinema-retro/0712111-eugeniomartin-un-cineasta-granadino-muy-versatil/</link><guid>http://www.septimovicio.com/cinema-retro/0712111-eugeniomartin-un-cineasta-granadino-muy-versatil/</guid></item><item><title><![CDATA[Los mejores discos de 2011]]></title><description><![CDATA[ <p> Aunque a finales de mes publicaremos las habituales listas de nuestros colaboradores (las mismas que reflejar&aacute;n lo que ha dado de s&iacute; la temporada cinematogr&aacute;fica), calentamos motores y abrimos fuego con la n&oacute;mina de discos que, bajo nuestro criterio, recordaremos en a&ntilde;os venideros como lo mejor de la presente cosecha. </p> 
 <p> Una relaci&oacute;n de 75 bandas, 75 &aacute;lbumes y 75 clips. Tambi&eacute;n pod&eacute;is escuchar las mejores canciones de este top en  <a href="http://open.spotify.com/user/septimovicio/playlist/7u1OrwEzcWpPHWR7Au2Eg1" target="_blank"> Spotify </a> . </p> 
 <p>  <strong> 75. ANNA CALVI </strong>  Anna Calvi </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 74. AUSTRA </strong>  Feel it break </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 73. CONNAN MOCKASIN </strong>  Forever dolphin love </p> 
 <p> 
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 <p>  <strong> 72. COM TRUISE </strong>  Galactic melt </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 71. ZOMBY </strong>  Dedication </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 70. I BREAK HORSES </strong>  Hearts </p> 
 <p> 
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 <p>  <strong> 69. DUM DUM GIRLS </strong>  Only in dreams </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 68. WOODS </strong>  Sun and shade </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 67. ACID HOUSE KINGS </strong>  Music sounds better with you </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 66. THE DRUMS </strong>  Portamento </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 65. URSULA BOGNER  </strong> Sonne=Blackbox </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 64. DODOS </strong>  No color </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 63. CAT'S EYES </strong>  Cat's Eyes </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 62. SURF CITY </strong>  Kudos </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 61. BIOSPHERE </strong>  N-plants </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 60. ISOL&Eacute;E </strong>  Well spent youth </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 59. YUCK </strong>  Yuck </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 58. BEIRUT </strong>  The rip tide </p> 
 <p style="font-weight: bold;"> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 57. LOS CAMPESINOS </strong>  Hello sadness </p> 
 <p style="font-weight: bold;"> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 56. FEIST </strong>  Metals </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 55. US GIRLS </strong>  US Girls on Kraak </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 54. SEPALCURE </strong>  Sepalcure </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 53. HANDSOME FURS </strong>  Sound kapital </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 52. FUCKED UP </strong>  David comes to life </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 51. WILD FLAG </strong>  Wild Flag </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 50. THE RAPTURE </strong>  In grace of your love </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 49. BATTLES </strong>  Gloss drop </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 48. ZOLA JESUS </strong>  Conatus </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 47. FUTURE ISLANDS </strong>  On the water </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 46. HOORAY FOR EARTH </strong>  True loves </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 45. VERONICA FALLS </strong>  Veronica falls </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 44. NEON INDIAN </strong>  Era extra&ntilde;a </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 43. BALAM ACAB </strong>  Wander wonder </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 42. LITTLE SCREAM </strong>  The golden record </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 41. RADIOHEAD </strong>  The king of limbs </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 40. CRYSTAL STILTS </strong>  In love with oblivion </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 39. SLOAN </strong>  The double cross </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 38. CLOUD NOTHINGS </strong>  Cloud Nothings </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 37. WILD BEAST </strong>  Smother </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 36. ICEAGE </strong>  New brigade </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 35. ONEOHTRIX POINT NEVER </strong>  Replica </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 34. GANG GANG DANCE </strong>  Eye contact </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 33. JOHN MAUS </strong>  We must become the pitiless censors of ourselves </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 32. CASS MCCOMBS </strong>  Wit`s end </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 31. THE WAR ON DRUGS </strong>  Slave ambient </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 30. UNKNOWN MORTAL ORCHESTRA </strong>  Unknown mortal orchestra </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 29. TORO Y MOI </strong>  Underneath the pine </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 28. FLEET FOXES </strong>  Helpessness blues </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 27. SMITH WESTERNS </strong>  Dye it blonde </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 26. THE PAINS OF BEING PURE AT HEART </strong>  Belong </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 25. THE FIELD </strong>  Looping state of mind </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 24. THE ANTLERS </strong>  Burst apart </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 23. NICOLAS JAAR </strong>  Space is only noise </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 22. YOUTH LAGOON </strong>  The year of hibernation </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 21. JAMES BLAKE </strong>  James Blake </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 20. JULIANNA BARWICK </strong>  The magic place </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 19. DESTROYER </strong>  Kaputt </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 18. EMA </strong>  Past life martyred saints </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 17. KATE BUSH </strong>  50 words for snow </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 16. TIM HECKER </strong>  Ravedeath, 1972 </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 15. TWIN SISTER </strong>  In heaven </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 14. LYKKE LI </strong>  Wounded rhymes </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 13. CULTS </strong>  Cults </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 12. PANDA BEAR </strong>  Tomboy </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 11. WASHED OUT </strong>  Within and without </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 10. CUT COPY </strong>  Zonoscope </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 9. GIRLS </strong>  Father, son, holy ghost </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 8. DIRTY BEACHES </strong>  Badlands </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 7. REAL ESTATE </strong>  Days </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 6. ATLAS SOUND </strong>  Parallax </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 5. ST VINCENT </strong>  Strange mercy </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 4. TUNE-YARDS </strong>  Whokill </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 3. PJ HARVEY </strong>  Let England shake </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 2. BON IVER </strong>  Bon Iver </p> 
 <p> 
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 </p> 
 <p>  <strong> 1. M83 </strong>  Hurry up, we're dreaming </p> 
 <p> 
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 </p> ]]></description><pubDate>Mon, 05 Dec 2011 14:50:39 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/noticias/0512111-los-mejores-discos-de-2011/</link><guid>http://www.septimovicio.com/noticias/0512111-los-mejores-discos-de-2011/</guid></item><item><title><![CDATA[Séptimo Vicio publica en formato revista el especial Cannes 2011]]></title><description><![CDATA[ <p> Un compendio de las luces y las sombras del m&aacute;s notorio de los cert&aacute;menes cinematogr&aacute;ficos a trav&eacute;s de una mezcolanza de rese&ntilde;as y cr&oacute;nicas que, en &uacute;ltima instancia, no responde sino al estilo y el criterio subjetivo de las respectivas firmas. Desde l&uacute;cidas panor&aacute;micas de los entresijos del March&eacute; du Film hasta minuciosos ensayos que pormenorizan los hallazgos y los dislates de los highlights de la muestra, caso de los m&aacute;s recientes trabajos de cineastas del calibre de Terrence Malick, Aki Kaurism&auml;ki, Sion Sono, Pedro Almod&oacute;var o Lars Von Trier. </p> 
 <p> Aunque era nuestra intenci&oacute;n ofrecerlo como d&aacute;vida de aniversario a nuestros devotos feligreses (S&eacute;ptimo Vicio cumpli&oacute; cinco a&ntilde;os de vida digital el pasado mes de agosto), finalmente servir&aacute; como aperitivo o pistoletazo de salida a la estimulante temporada de eventos que se avecina (San Sebasti&aacute;n, Sitges, Gij&oacute;n), esos nichos que rescatar&aacute;n para el cin&eacute;filo espa&ntilde;ol algunos de los t&iacute;tulos que aqu&iacute; hallar&eacute;is comentados. En cualquier caso, la aspiraci&oacute;n se mantiene. Este informe jura fidelidad a aquella filosof&iacute;a primera que todav&iacute;a hoy ilustra nuestra web: nuestro compromiso para con el cine de autor, se&ntilde;a de identidad incontestable de un medio de comunicaci&oacute;n que, a contracorriente, a costa de transitar las periferias de esta industria desde la independencia militante, ha logrado granjearse el respeto y el elogio de una amplia base de incondicionales. </p> 
 <p> Lejano ya aquel modesto punto de partida, fruto de alguna conversaci&oacute;n exc&eacute;ntrica entre Rueben Paul Divall y quien esto escribe, hoy no podr&iacute;a entenderse la esencia de nuestro humilde espacio online en la era 2.0 sin el trabajo voluntarioso y fervoroso de J.P. Bango. Y sin el de Mar&iacute;a Jos&eacute; L&oacute;pez. O el de antiguos camaradas como Carlos Polite, Henrique Lage, Jordi Revert y otros muchos. Desde esta tribuna, mi m&aacute;s efusivo agradecimiento a todos ellos, por regalarnos textos inteligentes en los que siempre resid&iacute;a un denodado inter&eacute;s por convertir la cr&iacute;tica de cine en un (sub)g&eacute;nero literario de ropajes exquisitos y concienzuda prosa. Puede que ese apego nos condenase a cierto ostracismo (ese nietzscheano &ldquo;para todos y para nadie&rdquo; que repetimos con asiduidad), pero lo cierto es que no podr&iacute;amos estar m&aacute;s orgullosos del camino recorrido. </p> 
 <p> En los pr&oacute;ximos meses, nuevos retos auguran un ciclo de intensa actividad en el que nos volcaremos en imprevisibles aventuras profesionales. La mayor lacra de S&eacute;ptimo Vicio (los inevitables per&iacute;odos en stand by que sufre la web desde su nacimiento, consecuencia directa de nuestro calendario laboral) no ser&aacute; un impedimento a la hora de regresar de tarde en tarde a nuestra din&aacute;mica habitual (la misma que conoc&eacute;is bien: actualizaci&oacute;n diaria y puntual acorde al ritmo de las novedades). Volveremos. Siempre lo hacemos. Mientras tanto, quede este reportaje como s&iacute;ntoma de una a&ntilde;ada sumamente alentadora.&nbsp; </p> 
 <p> Pod&eacute;is descargarlo en  <a href="http://www.megaupload.com/?d=4SXNKNWU" target="_blank"> Megaupload </a>  o leerlo en  <a href="http://es.calameo.com/books/000892649cca57e152f06" target="_blank"> Calameo </a> . </p> 
 <p>  <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Fri, 16 Sep 2011 14:48:35 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/noticias/1609111-septimo-vicio-publica-en-formato-revista-el-especial-cannes-2011/</link><guid>http://www.septimovicio.com/noticias/1609111-septimo-vicio-publica-en-formato-revista-el-especial-cannes-2011/</guid></item><item><title><![CDATA[Cannes Reviews (3)]]></title><description><![CDATA[ <p>  <strong> HANEZU  </strong> (Naomi Kawase, Jap&oacute;n) </p> 
 <p> Decepcionante (y oportunista) incursi&oacute;n a trav&eacute;s de sendas apichatpongianas por parte de la directora japonesa Naomi Kawase, posiblemente en su obra m&aacute;s discutible (e inocua), y eso a pesar de repletar todo su argumento de alguno de los t&oacute;picos que mejor casan en su filmograf&iacute;a: paisajes buc&oacute;licos, personajes en perpetua purga existencial, continua (con)fusi&oacute;n entre hombre y naturaleza, madres a punto de serlo... Tomando como excusa una leyenda particularmente arraigada en la regi&oacute;n de Asuka, la que es considerada la cuna de Jap&oacute;n, acerca de dos monta&ntilde;as habitadas por dioses en pugna consigo mismas por el amor de una tercera, Hanezu se adentra en la dicotom&iacute;a existente en la relaci&oacute;n que une a una mujer y dos hombres, marido y amante respectivamente, que adem&aacute;s de antag&oacute;nicos (un hombre anclado al presente frente a otro anclado en las tradiciones) responden de manera diferenciada ante la noticia del embarazo de aqu&eacute;lla; tambi&eacute;n contrasta, siempre haciendo uso de la alegor&iacute;a visual, la pulsi&oacute;n interna que anida ambas relaciones: una definida en t&eacute;rminos decadentes; la otra capturada por la c&aacute;mara en el momento en que florece. Una y otra parece formar parte de una historia que se repite c&iacute;clicamente, en este contexto legendario, mientras unos y otros personajes se ven acosados por fantasmas que parecen provenir de otro tiempo, como si de alg&uacute;n modo, el hombre y &nbsp;el ecosistema (y todo lo que ello representa, incluyendo la preservaci&oacute;n de la memoria) estuvieran ligados entre s&iacute; de un modo inexorable. L&iacute;rica (sobre todo, en los momentos que llueve), bella (pues muchas de las im&aacute;genes que filma Kawase lo son) y (s&oacute;lo parcialmente) emotiva (tal es la frialdad con que se muestran las relaciones afectivas, ya sean de pareja o familiares), &nbsp;Hanezu pierde fuelle, sin embargo, cuando su dadora se empe&ntilde;a en aprisionar ideas ajenas como si fueran propias, y en mostrarlas impostadamente en un argumento que no las necesita, tal era la fluidez y la armon&iacute;a que impel&iacute;a el metraje en sus primeros compases. &nbsp;Una l&aacute;stima.  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/lesgeantsreviewscannes3.jpg" alt="" width="450" height="270" /> LES G&Eacute;ANTS  </strong> (Bouli Lanners, B&eacute;lgica) </p> 
  
 <p align="JUSTIFY"> Verano. Mientras aguardan estoicamente una llamada telef&oacute;nica de su madre, una funcionaria de la embajada belga que poco o nada parece interesarse por el devenir de sus v&aacute;stagos, los hermanos Zak y Seth residen en un destartalado&nbsp; <em> cottage </em> &nbsp;en la m&aacute;s absoluta soledad, como si se tratase de un ostracismo inexcusable, con la imperiosa obligaci&oacute;n de valerse por s&iacute; mismos durante unas vacaciones que se presumen interminables y tediosas. Prisioneros de la apat&iacute;a y la nostalgia, inmersos en una nueva travesura, conocen a Danny, otro joven lugare&ntilde;o que les brinda la posibilidad de zambullirse en un sinf&iacute;n de micro-aventuras: fuman tabaco de liar y beben whisky americano; se cuelan en una propiedad privada y desvalijan la nevera; se ti&ntilde;en de rubio y bromean tumbados bajo el sol; disfrutan de un paseo en barca y disparan sin demasiada punter&iacute;a a una botella; encienden una hoguera y comparten sus sue&ntilde;os y anhelos; huyen de la polic&iacute;a en un coche desvencijado a trav&eacute;s de los campos de trigo; y arrendan la vieja casa de su abuelo a un tipo repugnante para que la destine a la instalaci&oacute;n de una plantaci&oacute;n de marihuana. Tercer largometraje del veterano actor Bouli Lanners, &ldquo;Les g&eacute;ants&rdquo; preserva las constantes tonales (tragic&oacute;micas), visuales (la fotograf&iacute;a de Jean-Paul de Zaetijd, con predilecci&oacute;n por la luz natural y las gamas crom&aacute;ticas de efluvios estivales y melanc&oacute;licos), auditivas (la banda sonora de querencia indie, con temas de Joy Divison, Bony King of Nowhere o los espa&ntilde;oles Los Salvajes) y geogr&aacute;ficas (las localizaciones luxemburguesas, atemporales y descontextualizadas) de sus anteriores trabajos, en contraposici&oacute;n a las coordenadas estil&iacute;sticas del cine&nbsp; <em> teen </em> &nbsp;de la d&eacute;cada de los ochenta, enfrasc&aacute;ndose en un cuento opaco sobre la madurez y la amistad en el que encara la camarader&iacute;a de su c&aacute;ndido tr&iacute;o protagonista con la desfachatez de unos villanos obvios: los adultos, siempre violentos, irresponsables y desequilibrados. La ausencia de la figura materna se proyecta a lo largo de todo el relato y se manifiesta significativamente cuando los adolescentes son acogidos por una se&ntilde;ora encantadora y su hija discapacitada; un remanso de paz en el que Lanners, a trav&eacute;s de la sugerencia (una cortinas inmaculadas que huelen a perfume, un retrato que rezuma felicidad hogare&ntilde;a), explicita el d&eacute;ficit afectivo que padecen. Una obra cimentada sobre virtudes como la naturalidad, la comicidad y la complicidad con el espectador, cuyo &uacute;ltimo travelling es, ante todo, una declaraci&oacute;n de intenciones: un encomiable paneg&iacute;rico sobre la divinidad de la infancia en cuanto f&eacute;rtil ciclo de libertad e inventiva.  <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> 
  
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/marthareviewscannes3.jpg" alt="" width="450" height="225" /> MARTHA MARCY MAY MARLENE  </strong> (Sean Durkin, Estados Unidos) </p> 
 <p> Retrato de adolescente con mensaje al fondo, a trav&eacute;s de tres etapas diferentes, antes, durante y despu&eacute;s del paso de &eacute;sta por una secta integrista cuyos miembros defienden proclamas dadivosas s&oacute;lo en apariencia, lavados de cerebro auto-inducidos, culto exacerbado hacia su l&iacute;der, persuasiones coercitivas y exclusi&oacute;n social. Si bien la joven Martha (Elizabeth Olsen) consigue escapar, al menos en t&eacute;rminos geogr&aacute;ficos, de la influencia de la comunidad fan&aacute;tica ad&oacute;nde hab&iacute;a ido a parar voluntariamente, nunca logra hacerlo en el plano psicol&oacute;gico, qued&aacute;ndose a merced de sus propios recuerdos, temores y obsesiones, mezclados entre s&iacute;, todos provenientes de ese pasado que no puede olvidar y que, de forma a&ntilde;adida, la hace cuestionarse continuamente su presente, incluyendo los resortes &uacute;ltimos que sostienen la sociedad (familiar) que ahora la acoge. &nbsp;Ataques de ansiedad que, por momentos, se transforman en brotes de man&iacute;a persecutoria y p&aacute;nico, convivir&aacute;n desde entonces con ella, &nbsp;incluso cuando logra ponerse a salvo en casa de su hermana Lucy y de su cu&ntilde;ado Ted, ambos incapaces de comprender no ya el proceso de destrucci&oacute;n de la personalidad que ha sufrido Martha durante su estancia en aqu&eacute;lla granja comunal, como el modo en que deben proceder para que los mecanismos de resocializaci&oacute;n te&oacute;ricamente prescritos surtan efecto. Y es que el pasado de Martha acecha s&oacute;lo a unos pasos, y ni su familia ni su propia cordura parecen ofrecerle un consuelo h&aacute;bil al que poder aferrarse. Martha Marcy May Marlene (un t&iacute;tulo que resume las tres personalidades opuestas que convergen en el interior de la adolescente protagonista) se sostiene dram&aacute;ticamente por un afortunado uso del montaje, la elipsis y la narraci&oacute;n fragmentada (estructurada a base de flashbacks), capaz de transformar un argumento que, en sus primeros brotes, podr&iacute;a haber tornado a telefilmesco, en un extra&ntilde;o thriller de reminiscencias paranoicas, casi polanskianas, poseedor de una atm&oacute;sfera turbadora, malsana y abiertamente irreal, repleto de insertos sonoros y de planos que continuamente invaden el espacio que ocupan los protagonistas, tal es el nivel de fisicidad y carnalidad que propone el debutante Sean Durkin en cada una de las secuencias que filma. A trav&eacute;s de los claroscuros (tambi&eacute;n fotogr&aacute;ficos) que definen la vida de una comunidad sectaria, a su carism&aacute;tico (e inquietante) l&iacute;der (interpretado por John Hawkes), y a la familia pol&iacute;tica de Martha (que vive en un entorno aparentemente id&iacute;lico, junto a un lago), nos adentramos en una realidad pavorosa (Durkin, con cierta habilidad narrativa, respeta continuamente el punto de vista de la protagonista, que tambi&eacute;n coincide con el del espectador), inexorable adem&aacute;s de inescrutable, maniquea s&oacute;lo a partir del propio prejuicio que pueda tener el espectador respecto a este tipo de comunidades (o de familias idealizadas), poseedora, finalmente, de una moraleja escalofriante: &nbsp;una vez el cerebro queda infectado por el influjo sectario, ninguna escapatoria es posible. Una excelente &oacute;pera prima.  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/trabalharcansareviewscannes2.jpg" alt="" width="450" height="253" /> TRABALHAR CANSA </strong> &nbsp; </strong> (Marcos Dutra y Juliana Rojas, Brazil) </p> 
 <p> Aunque su fulminante cese vaticina un futuro oblicuo, Otavio acata a rega&ntilde;adientes la f&eacute;rrea decisi&oacute;n de su esposa Helena, obstinada en alquilar un cochambroso local comercial de Sao Paulo, abandonado durante d&eacute;cadas, en el que conf&iacute;a ciegamente para emprender su primera aventura empresarial como due&ntilde;a de una tienda de comestibles. Para atender los quehaceres diarios de su vivienda y cuidar de su hija peque&ntilde;a, contrata a Paula, una joven negra reci&eacute;n llegada a la capital. La apremiante crisis de Otavio, incapaz de admitir que ya no es la fuente de sustento de su manada, as&iacute; como los recelos que soportan el nexo de Helena con los empleados del supermercado o su nueva asistenta del hogar, a la que en ocasiones repudia cuando siente que su rol maternal queda en entredicho, corren en paralelo a una serie de ins&oacute;litos acontecimientos que, en &uacute;ltima instancia, parecen ser fruto de la exteriorizaci&oacute;n de las aberrantes deformaciones del subconsciente. Coherente con la l&oacute;gica y la devoci&oacute;n por el detalle de su laureado cortometraje &ldquo;Un ramo&rdquo;, la &oacute;pera prima de Marcos Dutra y Juliana Rojas no es sino un notable examen sociol&oacute;gico, cobijado en un di&aacute;logo inter-gen&eacute;rico poco frecuente en el cine brasile&ntilde;o, que propone una autopsia de la clase media, el sistema capitalista y el mercado laboral a partir de estilemas formales y conceptuales procedentes del  <em> fantastique </em>  (incluso de ciertos referentes del cine asi&aacute;tico contempor&aacute;neo o el desconcertante &ldquo;Kitchen Sink&rdquo; de Alison Maclean), haciendo hincapi&eacute; en la profunda deriva que carcome el n&uacute;cleo familiar y las relaciones interpersonales, en la patra&ntilde;a de un tejido social en el que la existencia es una cuesti&oacute;n burocr&aacute;tica, en la paranoia latente que subyace en el intercambio de roles y la rescisi&oacute;n de una estructura preestablecida, en el fr&aacute;gil muro que disgrega lo p&uacute;blico y lo privado, en el v&iacute;nculo hier&aacute;tico que todav&iacute;a hoy define la dial&eacute;ctica del amo y el esclavo (el antagonismo que mantienen Helena y Paula no podr&iacute;a ser m&aacute;s revelador, sin eludir un pasaje en el que una representaci&oacute;n teatral organizada por un grupo de escolares constata la monstruosidad de algunas formas de explotaci&oacute;n humana no tan remotas). Con tales pretensiones, la trama es fecunda en lo que se refiere a im&aacute;genes ic&oacute;nicas: relatos orales de corte fantaterror&iacute;fico al calor de la lumbre, permutas de personalidad, disparatadas pruebas de selecci&oacute;n de personal, narices que sangran sin previo aviso, museos de taxidermia que conservan criaturas horripilantes, extra&ntilde;as manchas de humedad en la pared, fluidos f&eacute;tidos y viscosos que emanan del pavimento, luces intermitentes y fallos el&eacute;ctricos impredecibles, plagas de cucarachas y colonias de lombrices, un can desafiante, sombras fantasmag&oacute;ricas en la penumbra e instant&aacute;neas que retienen en el tiempo un misterio del pasado. Su predilecci&oacute;n por la intimidad de los planos fijos y el score ambiental (siempre sonidos fuera de campo: martilleos insistentes, murmullos de vecindario, timbres telef&oacute;nicos, insectos nocturnos o ladridos espeluznantes), la aglutinaci&oacute;n de vi&ntilde;etas pre&ntilde;adas de simbolismo, sketches estramb&oacute;ticos e incidentes de naturaleza surrealista, o su inaudito reproche comunitario, no exento de salidas hilarantes, parecen explosionar en su cierre, una estridente met&aacute;fora que equipara el laberinto profesional con una jungla en la que, bajo nuestras  <em> m&aacute;scaras de cosmopolitas modernos </em> , se camufla una bestia salvaje y primitiva. Una insospechada sorpresa.&nbsp; <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Wed, 06 Jul 2011 11:22:47 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/0607111-cannes-reviews-3/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/0607111-cannes-reviews-3/</guid></item><item><title><![CDATA[La piel que habito]]></title><description><![CDATA[ <p> Con La Piel que Habito, Almod&oacute;var trata de incorporar a su filmograf&iacute;a una serie de modismos gen&eacute;ricos habitualmente exiliados de la misma, tomando como fuente una novela cuyos principales caracteres oscilan, precisamente, entre el thriller policiaco y el horror psicol&oacute;gico; unos caracteres que el director espa&ntilde;ol no tarda en pervertir con elementos directamente provenientes de su propia cosecha, tal y como despu&eacute;s analizaremos, hasta convertir dicha adaptaci&oacute;n en un melodrama hiperbolizado, rasgo que s&iacute; suele identificarse como "almodovariano". </p> 
 <p>  <strong> Tres veces cuatro </strong>  </p> 
 <p>  <em> Vos, creador m&iacute;o, me detest&aacute;is y me despreci&aacute;is, a m&iacute;, vuestra criatura, a quien est&aacute;is unido por lazos que s&oacute;lo la aniquilaci&oacute;n de uno de nosotros romper&aacute;n... (Fragmento de Frankenstein de Mary Shelley) </em>  </p> 
 <p> En el libro de Jonquet, un cirujano se venga de uno de los violadores de su hija con fruici&oacute;n, secuestr&aacute;ndole primero, &nbsp;y tortur&aacute;ndole despu&eacute;s, de una manera un tanto inusual en este tipo de reparaciones existenciales, a base de opio, hormonas y castigos extempor&aacute;neos (por ejemplo, &nbsp;oblig&aacute;ndolo a prostituirse una vez surten efectos las prescripciones anteriores). La narraci&oacute;n se hilvana a partir de cuatro puntos de vista (algunos de ellos narrados en primera persona, en forma de mon&oacute;logo interior) que, a su vez, coinciden con los de los cuatro personajes principales cuyos destinos parecen condenados a converger de una manera u otra. Lafargue es un respetado cirujano franc&eacute;s, poseedor de un pasado exitoso que su presente no logra compensar, de modo alguno: su mujer ha fallecido en un accidente de avi&oacute;n y su hija sufre un trauma insuperable provocado por una atroz afrenta sufrida en una fiesta. Vincent es un joven apuesto e inconsciente, v&iacute;ctima de un secuestro cuya causa no acierta a comprender, al menos ab initio, custodiado por &nbsp;un tipo, al que llama Tar&aacute;ntula, que ha hilado sobre &eacute;l una telara&ntilde;a inexpugnable, tambi&eacute;n en el plano psicol&oacute;gico. Alex es un portero de discoteca que desea abandonar su profesi&oacute;n; un ladr&oacute;n capaz de dejar sus huellas (y rostro) en el lugar del crimen; un asesino de polic&iacute;as, finalmente, gracias a una hu&iacute;da presurosa; un hombre sin escr&uacute;pulos que persigue el ingenuo ardid de cambiar su cara para evitar que lo reconozcan. &nbsp;Eva es una mujer que vive encerrada en la casa de campo de Lafargue y a la que &eacute;ste cuida con un extra&ntilde;o celo; &nbsp;a ambos les une una relaci&oacute;n de car&aacute;cter enfermiza, de claros tintes sadianos; especialmente pronunciada cuando el cirujano la humilla p&uacute;blicamente en las fiestas a las que ambos acuden, o cuando la obliga a tener relaciones sexuales con diferentes hombres, en un apartamento parisino, mientras &eacute;l observa su sufrimiento (prontamente transformado en conformidad) desde la habitaci&oacute;n anexa. </p> 
 <p> Estos cuatro personajes tambi&eacute;n son protagonistas en la pel&iacute;cula. Lafargue aqu&iacute; es Legrand, quien ha perdido recientemente a su mujer en un accidente de tr&aacute;fico; tambi&eacute;n ha pasado lo propio con la cordura de su hija, v&iacute;ctima de un trauma inconsolable cuya naturaleza, sin embargo, ha terminado de agravar su ya de por si lacerada personalidad (vio morir, entre las llamas, a su madre en un accidente de coche). Legrand (Antonio Banderas) es un cirujano rico, c&eacute;lebre, vanguardista, un miembro respetado dentro de una profesi&oacute;n que le permite el lujo de tener, en una de sus fincas, una cl&iacute;nica privada. Legrand no vive en Par&iacute;s sino en Toledo (un Toledo con acantilados y mar), fuma opio, como Lafargue y, al igual que &eacute;ste, vive impelido por un inextinguible deseo de venganza. Eva no es Eva (adi&oacute;s alegor&iacute;as nominales, entonces) sino Vera (Elena Anaya), una joven que vive enclaustrada en la moderna casa de campo del cirujano, continuamente vigilada mediante c&aacute;maras y miradas furtivas, despose&iacute;da de personalidad (y de intimidad), sin contacto aparente con el exterior, salvo por la l&iacute;nea telef&oacute;nica interna que la comunica con los sirvientes. Vera ha sido reconstruida a imagen y semejanza de la mujer fallecida de Legrand; &eacute;l parece despreciarla, tal y como desprende su relaci&oacute;n con ella, aunque sigue perfeccionando sus senos, rostro y apariencia, bistur&iacute; en mano; mucho m&aacute;s le cuesta doblegar su personalidad. Vicent espa&ntilde;oliza su nombre: aqu&iacute; ya no es tan apuesto ni tan condescendiente ni tan culpable (la violaci&oacute;n a la hija de Legrand no llega a consumarse), aunque s&iacute; parece serlo ante los ojos de su captor, que lo mantiene encerrado en un oscuro s&oacute;tano, con agua pero sin comida, siempre acechante. Alex &nbsp;se convierte en el hijo desaparecido de la asistenta de Legrand, tambi&eacute;n ladr&oacute;n, tambi&eacute;n huido, tambi&eacute;n buscado por la polic&iacute;a: si bien aqu&iacute; lo hace vestido de tigre (son carnavales en Madrid, "una fiesta de gran tradici&oacute;n en la capital"), ense&ntilde;ando su trasero a las primeras de cambio para que su madre lo reconozca (ella responde llam&aacute;ndole, cari&ntilde;osamente, "tigrinho", cuando &eacute;ste le desvela que ha pasado parte de su infancia extraviado en "favelas de Rio de Janeiro"...). A estas alturas, "Tigrinho" , ya resulta un personaje especialmente indigesto y aunque no tardan en conocerse algunas revelaciones substanciales que pudieran tener una cierta preeminencia dram&aacute;tica en el ulterior desarrollo del argumento, no tardan en despacharlo afanosamente (de forma contraria a lo que ocurre en la novela donde Alex ejerce de catalizador de la historia hasta casi al final). </p> 
 <p> Almod&oacute;var adiciona cuatro personajes m&aacute;s a un entramado al que, pese a lo que pueda parecer seg&uacute;n lo dicho, libera de la mayor&iacute;a de sus elementos turbios: la madre de Vicente, que busca diligentemente a su hijo durante el tiempo que dura su cautiverio; la empleada lesbiana de la tienda familiar que regenta la primera, pura adici&oacute;n al universo de su autor, gestos y di&aacute;logos incluidos (Barbara Lennie); Fulgencio (Eduard Fern&aacute;ndez, en uno de los papeles m&aacute;s prescindibles de su carrera), cirujano y amigo del protagonista, sin ninguna otra ocupaci&oacute;n distinta a las antedichas, tambi&eacute;n desde el punto de vista narrativo, &nbsp;y Marilia &nbsp;(Marisa Paredes), la asistente de Legrand, presente s&oacute;lo tangencialmente en la novela y que aqu&iacute; asume un gran protagonismo: de hecho, &nbsp;la relaci&oacute;n con Legrand, que al principio puede intuirse como de madre a hijo, adquiere una dimensi&oacute;n de mayor enjundia durante la pel&iacute;cula, aunque la propia idea no tarde en desvanecerse, precisamente, al mismo tiempo que desaparece el personaje de El Tigre... </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/pielhabitoreviews1.jpg" alt="" width="450" height="282" /> Retorcimiento </strong>  </p> 
 <p> La retorcida historia que propone Jonquet en "Tar&aacute;ntula" se transforma, en manos de Almod&oacute;var (autor tambi&eacute;n de la adaptaci&oacute;n), en una parodia involuntaria a costa de forzar situaciones y comportamientos, estereotiparlos o adaptarlos a su particular universo de ficci&oacute;n (casi siempre de manera forzada). En algunos casos, como ocurre con la hija de Legrand (Blanca Su&aacute;rez), el arquetipo (demente) roza el paroxismo, dando como resultado una actuaci&oacute;n dramatizada en exceso, rid&iacute;cula de pura hip&eacute;rbole. En otros, sin embargo, los personajes parecen directamente extra&iacute;dos de otra pel&iacute;cula (siempre de Almod&oacute;var), impostados en un relato solo casualmente trufado de elementos noir (nunca aprovechados de forma conveniente; quiz&aacute; eso explique que el propio Almod&oacute;var contin&uacute;e neg&aacute;ndose a etiquetar gen&eacute;ricamente sus pel&iacute;culas). Unos y otros personajes parecen no importarle demasiado como tampoco parecen hacerlo las interpretaciones del elenco actoral (la mayor&iacute;a de ellas necesitadas de una segunda toma). &nbsp;Si le importa la relaci&oacute;n que une a Legrand con Vera, en cuyo rostro y cuerpo trata de reconstruir a su propia esposa, fallecida en un accidente de coche, no tanto a la manera de Victor Frankenstein, cuya m&aacute;s evidente aspiraci&oacute;n bien podr&iacute;a intuirse como la creaci&oacute;n de vida a partir de un cuerpo muerto, como evocar a un muerto usando como molde el cuerpo de una persona viva, a la manera de V&eacute;rtigo de Alfred Hitchcock (o de Doble Cuerpo de Brian de Palma). Como ocurre en aqu&eacute;lla(s), el creador acaba enamor&aacute;ndose de su obra (en el caso de la pel&iacute;cula de Hitchcock, de su propio recuerdo idealizado), olvidando el motivo &uacute;ltimo que originara la reconstrucci&oacute;n. Tanto en la pel&iacute;cula como en la novela, la criatura finaliza encar&aacute;ndose con su hacedor, aunque las circunstancias que propician dicho enfrentamiento se revelan diametralmente opuestas entre una y otra: si bien en ambas termina perpetu&aacute;ndose el ideal vengativo, cambia el sujeto del mismo; no en vano, tambi&eacute;n son diferentes y opuestos los grados en que uno (Jonquet) y otro (Almod&oacute;var) consideran las diferentes culpabilidades de sus personajes. </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/pielhabitoreviews2.jpg" alt="" width="450" height="299" /> Cuando el apellido se convierte en subg&eacute;nero </strong>  </p> 
 <p> En t&eacute;rminos cinematogr&aacute;ficos las comparaciones con las cintas de Hitchcock o De Palma le quedan demasiado lejos. Tambi&eacute;n ocurre lo mismo en el caso de Los ojos sin rostro de George Franju, cuyo parecido, &nbsp;aparte de lo anecd&oacute;tico (el talante justiciero del mad doctor, un cirujano especializado en injertos de piel; la protagonista tambi&eacute;n porta una m&aacute;scara durante algunos segmentos, etc) es meramente circunstancial; m&aacute;s similitudes advertimos con uno de los remakes de &eacute;sta, Faceless de Jes&uacute;s Franco, incluidos algunos de los motivos y objetos fetichistas (tambi&eacute;n en cuanto al escaso partido que se termina extrayendo de su extenso casting) que conforman sus respectivas puestas en escena. </p> 
 <p> En el plano narrativo, Almod&oacute;var abusa, m&aacute;s que generosamente, de los subrayados de todos y cuantos elementos intervienen en la narraci&oacute;n (algo de lo m&aacute;s habitual en el cine de su autor) contraviniendo el dictado de muchas de las claves gen&eacute;ricas que trata de incorporar a su historia, tradicionalmente c&oacute;modas con las soluciones el&iacute;pticas. Los saltos temporales (el argumento se completa mediante numerosos flashback, un m&eacute;rito tambi&eacute;n atribuible al original de Jonquet), son continuamente rotulados, con una reprochable ausencia de sutileza. As&iacute; las cosas, puestas en escena magn&iacute;ficamente trabajadas en el plano visual y conceptual (como son casi todas las secuencias de interiores en las que comparten plano Elena Anaya y Antonio Banderas) languidecen en los espacios abiertos, casi siempre fotografiados de una manera fr&iacute;vola, sin apenas significaci&oacute;n dram&aacute;tica. Las secuencias que exigen una mayor pericia expositiva, de forma a&ntilde;adida, rezuman un cierto halo de desidia, que en algunos momentos se convierte en invencible (el accidente de moto parece rodado por un cineasta amateur), restando no ya credibilidad dram&aacute;tica al relato narrado, sino saboteando la percepci&oacute;n &uacute;ltima del espectador (no hay que olvidar que entre los cr&iacute;ticos presentes en Cannes hay quien encontr&oacute; motivos en dicha narraci&oacute;n para comparar el trabajo de Almod&oacute;var con el de Ed Wood). </p> 
 <p> Hay veces que una novela mediocre da como resultado una pel&iacute;cula vibrante. &nbsp;Por desgracia, este &nbsp;no es el caso. La venganza en formato hiperb&oacute;lico contenida en la novela, se transforma aqu&iacute; en una extra&ntilde;a historia de amores impostados, thriller arquet&iacute;pico (al menos lo es en su tramo final), drama familiar de perfil bajo (de ra&iacute;ces culebrenescas), ciencia ficci&oacute;n (de bajo presupuesto y menores pretensiones cient&iacute;ficas), sin que ninguno de todos estos subg&eacute;neros logre imponerse por encima de los otro, m&aacute;s bien ocurre lo contrario, dando como resultado una mixtura simbi&oacute;tica particularmente rara, adem&aacute;s de identificable con el cine de su autor (en algunos tramos, recuerda a "Kika"). El argumento, entonces, trufado de caracteres necr&oacute;filos, venganzas rimbombantes y giros sorprendentes ma non troppo, sobre el papel, apenas si deja en la pantalla grande, tras su visionado, las sensaciones de una comedia irreflexiva, lejanamente inspirada, siempre ampulosa. &nbsp; </p> 
 <p> En declaraciones recogidas por el diario El Pa&iacute;s el pasado 20 de mayo, Almod&oacute;var declaraba que su pel&iacute;cula hablaba de un gran tema, "de alguien con enorme poder que est&aacute; tratando de cambiarte de identidad, y en el fondo, no lo consigue. Hay algo intangible, ll&aacute;malo alma, esp&iacute;ritu, que la ciencia no llegar&aacute; a cambiar". Esta frase, que adem&aacute;s de anticipar el final de la pel&iacute;cula al mismo tiempo que lo impregna de caracteres dogm&aacute;ticos, muta (y transgrede) la esencia &uacute;ltima de la novela (que no en vano representa el ep&iacute;tome de El S&iacute;ndrome de Estocolmo) nos sirve, a su vez, para reflexionar sobre &nbsp;el propio cine de su autor, habitualmente pre&ntilde;ado de ese "algo intangible, &nbsp;llamadlo alma, o esp&iacute;ritu", que ni todos los estilemas del cine de g&eacute;nero pueden llegar a cambiar. Ni a&uacute;n haci&eacute;ndolo aposta... </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/pielhabitoreviews3.jpg" alt="" width="450" height="255" /> En resumen </strong>  </p> 
 <p> Pel&iacute;cula autocomplaciente e impulsiva, s&oacute;lo estilizada en algunas secuencias, almodovariana en toda la expresi&oacute;n del t&eacute;rmino, como se ha dicho, hiperbolizada en la mayor&iacute;a de sus situaciones dram&aacute;ticas, inconscientemente hilarante (auguramos que as&iacute; ser&aacute; en suelo patrio), poseedora de alguno de los di&aacute;logos y secuencias menos afortunadas de su filmograf&iacute;a (la org&iacute;a del jard&iacute;n, la b&uacute;squeda del lubricante...), al lado de otras que rezuman no poca genialidad &nbsp;y apostura autoral (sus asociaciones pict&oacute;ricas, su valent&iacute;a argumental, la personalidad manifiesta que destila en su conjunto...), asaz reconocible dentro de su propio universo de ficci&oacute;n, menor en cuanto a su progresi&oacute;n dram&aacute;tica, &nbsp;pero muy divertida (quiz&aacute; sea la m&aacute;s divertida de su carrera), &nbsp;surrealista y exagerada (aunque a veces no busque este prop&oacute;sito). Una pel&iacute;cula fallida pero dif&iacute;cil de olvidar en la que el director de Los Abrazos Rotos, cada vez m&aacute;s consciente de si mismo, acomoda clich&eacute;s subgen&eacute;ricos y otras desviaciones especialmente relevantes dentro de contextos cin&eacute;filos m&aacute;s pr&oacute;ximos a la serie B, a su particular manera de entender las cosas (como hace Tarantino &uacute;ltimamente); una cinta, en fin, que satisfacer&aacute; a p&uacute;blico liberado de prejuicios anal&iacute;ticos (como parece serlo buena parte de la platea que comparti&oacute; proyecci&oacute;n con nosotros), tambi&eacute;n a &nbsp;un espectador dispuesto a dejarse llevar por el car&aacute;cter estrafalario que rezuma el Todo. Pod&iacute;a haber sido peor, desde luego. </p> 
 <p>  <strong> J.P. Bango&nbsp; </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Thu, 30 Jun 2011 17:49:46 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/3006111-la-piel-que-habito/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/3006111-la-piel-que-habito/</guid></item><item><title><![CDATA[Cannes Reviews (2)]]></title><description><![CDATA[ <p>  <strong> MISS BALA  </strong> (Gerardo Naranjo, M&eacute;xico) </p> 
 <p> Ejercicio de estilo, precisi&oacute;n y acci&oacute;n a la mayor gloria del talento expositivo de su director, Gerardo Naranjo, cuyo trabajo y pulso narrativo reivindicamos desde este mismo momento, &ldquo;Miss Bala&rdquo; se revela como una agradable anomal&iacute;a dentro del tradicionalmente estereotipado relato de frontera mexicano, singularizado en la relaci&oacute;n que une a una joven aspirante a convertirse en Miss Baja California, y a un narcotraficante arribista que la acoge bajo su protecci&oacute;n, naturalmente en contra de la voluntad de aqu&eacute;lla. Mientras los deseos y ambiciones de la protagonista tratan de abrirse paso en un contexto social continuamente mancillado por la corrupci&oacute;n, la violencia y el narcotr&aacute;fico, la realidad le va trazando un camino opuesto, saboteado por las circunstancias, &nbsp;opacando su perspectiva vital hasta convertirla en inexorable; y es que a medida que la joven va introduci&eacute;ndose en aqu&eacute;l submundo, oscuro y abyecto, menores son las posibilidades de que pueda escabullirse de &eacute;l, quedando finalmente atrapada en una espiral de incertidumbre y violencia que pondr&aacute; en riesgo no ya su propia salubridad, sino tambi&eacute;n la de su entorno. Intransigente pero arquet&iacute;pica desde un punto de vista argumental, poseedora adem&aacute;s de un final dilatado en exceso, Miss Bala logra alcanzar la excelencia, sin embargo, en el plano t&eacute;cnico, gracias a una impagable colecci&oacute;n de planos-secuencias &nbsp;(abrumadoramente portentosos), una fotograf&iacute;a afanosa (y deslumbrante), y unas interpretaciones singularmente destacables (sobre todo Stephanie Sigman, que soporta sobre sus hombros &nbsp;y busto el peso dram&aacute;tico de todo el film). &nbsp;Es, en fin, una representante m&aacute;s que digna en el cada vez m&aacute;s sofisticado cine actual mexicano que anticipa una &ldquo;nueva ola&rdquo; autoral de robustez incontestable (y a la que tambi&eacute;n podr&iacute;an adscribirse la violenta &ldquo;D&iacute;as de Gracia&rdquo; de Everardo Valerio Gout o la turbia &ldquo;Somos lo que hay&rdquo; Jorge Michel Grau, entre otras) al mismo tiempo que ofrece una particular radiograf&iacute;a (deseamos que hiperbolizada) de la realidad social mexicana. Mientras esto ocurre, ya podemos aventurar que Alfonso Cuar&oacute;n ha encontrado sustituto.  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/lafindusilencecannesreviews2.jpg" alt="" width="450" height="243" /> LA FIN DU SILENCE </strong>  (Roland Edzard, Francia / Austria) </p> 
 <p> Otra vuelta de tuerca a la pugna irresoluta entre progenitores y herederos (uno de los  <em> hot topics </em>  de la temporada como relevo del cine de la crisis que distingui&oacute; el discurso autoral del pasado ejercicio). Co-producci&oacute;n franco-austr&iacute;aca, &ldquo;La fin du silence&rdquo; constituye, tras cuatro cortometrajes de porte austero y conclusi&oacute;n afilada, la &oacute;pera prima de Roland Edzard; una suerte de thriller rural, arisco y brumoso, singularmente impersonal y vacilante en sus intenciones &uacute;ltimas, plagado de interludios auditivos y fragmentos et&eacute;reos, que se desliza, no sin dificultad, por los m&aacute;rgenes de territorios fronterizos, bajo el peso del western agreste de sensibilidad contempor&aacute;nea y la tragedia soterrada relativa a la ineluctabilidad del destino. &iquest;Una panor&aacute;mica del trance que conlleva el aislamiento del individuo que se desliga de la manada en cuanto garante de sentido y legalidad? &iquest;Una cr&oacute;nica de la descomposici&oacute;n de un n&uacute;cleo familiar como consecuencia del odio y los lazos adulterados? &iquest;Un lienzo impresionista consagrado a la irreductibilidad del salvaje? &iquest;Un relato de terror que confronta criaturas sitiadas y amenazas en la sombra? Un escabroso episodio dom&eacute;stico, siempre sugerido, nunca manifiesto categ&oacute;ricamente (esa rotura a la que alude el t&iacute;tulo de la pel&iacute;cula), es la equ&iacute;voca fuerza motriz que nos permite, en &uacute;ltima instancia, dilucidar la naturaleza de la conducta violenta y furibunda de Jean, el hijo menor del clan Klein. Un joven hura&ntilde;o e impetuoso, alentado exclusivamente por el consumo de tabaco y la rima acerada del hip hop (un desangelado retrato de la pubertad no exento de t&oacute;picos), que, tras una trifulca matinal de consecuencias imprevisibles, y respaldado por el confuso cobijo fraternal que le brinda un matrimonio vecino, se desvanece, como un depredador, en la espesura del bosque, armado con un rifle y cegado por un prop&oacute;sito desafiante. La trama m&iacute;nima que edifica el debut de Edzard, arropada con un envoltorio funesto y contextualizada en un marco de adversidad (significativo el inquietante papel protag&oacute;nico de la flora, la lluvia y la niebla), exhibe sin dilaci&oacute;n (apenas 78 minutos de metraje) los engranajes de su tesis mientras encadena coacci&oacute;n cotidiana, privaci&oacute;n sexual y disoluci&oacute;n de un ideal identitario de ascendencia tradicional, justo hasta su forzoso t&eacute;rmino, finalmente, una moraleja que alega peligro cuando irrumpe en escena un animal (an&iacute;micamente) herido. <strong>  David L&oacute;pez </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/killistcannesreviews2.jpg" alt="" width="450" height="348" /> KILL LIST </strong> &nbsp;(Ben Wheatley, Reino Unido) </p> 
 <p> Drama dom&eacute;stico trufado de efluvios paranoicos, thriller de acci&oacute;n cimbreante (repleto de estilemas formales directamente heredados del cine de Guy Ritchie y Matthew Vaughn), &nbsp;y retazos de cierto cine de terror de los setenta influenciado por liturgias paganas (con &ldquo;The Wicker Man&rdquo; como ineludible referente), unas partes de otras convenientemente separadas entre s&iacute;, como si de compartimentos estancos se tratara, definen el grueso argumental de Kill List, la segunda pel&iacute;cula de Ben Wheatley (tras Down Terrace), &nbsp;y tambi&eacute;n la m&aacute;s interesante. Sustentada por la inquietante presencia (y mirada) de Neil Maskell, particularmente (compro)metido en su personaje, un ex-militar sin empleo que bien podr&iacute;a ser &nbsp;un padre de familia afectuoso, un asesino a sueldo o un encarnizado justiciero, seg&uacute;n las circunstancias, &nbsp;Kill List basa toda su fortaleza en su mixtura gen&eacute;rica, en los consiguientes giros argumentales de los que presume la narraci&oacute;n, y en su decidida voluntad por realizar de ese conglomerado de referencias variopintas de las que se alimenta, un producto original adem&aacute;s de sin&eacute;rgico. Ninguno de los tres segmentos que conforman la pel&iacute;cula, empero, logra trascender m&aacute;s que someramente su propia significaci&oacute;n sub-gen&eacute;rica, qued&aacute;ndose como una obra epis&oacute;dica (aunque no pretenda serlo), a ratos olvidable (pese a sus numerosos aciertos r&iacute;tmicos), parcialmente fallida, pero tambi&eacute;n como una eficaz muestra de este nuevo cine de terror y acci&oacute;n brit&aacute;nico singularmente ninguneado por la cr&iacute;tica (de forma contraria a lo que ocurre en tierras francesas, con un inexcusable sentido de la oportunidad), siempre funcional y briosa; un c&oacute;ctel explosivo, &nbsp;adem&aacute;s de l&uacute;dico, en forma de pel&iacute;cula compartimentada que revela sus mejores bazas en un tramo final despose&iacute;do de di&aacute;logos, reglas y &nbsp;mesura (twist &uacute;ltimo incluido).  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/elveladorcannesreviews2.jpg" alt="" width="450" height="253" /> EL VELADOR </strong>  (Natalia Almada, M&eacute;xico / Estados Unidos) </p> 
 <p> Aquel esp&iacute;ritu de perseverancia y lucha que abanderaba la afanosa comunidad de Willets Point frente a la rentabilizaci&oacute;n insaciable del paisaje urbano neoyorkino en la entra&ntilde;able &ldquo;Foreign Parts&rdquo;, parece reverberar en el coraz&oacute;n de Mart&iacute;n, centinela y cuidador de El Jard&iacute;n, una fantasmag&oacute;rica necr&oacute;polis enclavada en la regi&oacute;n de Culiac&aacute;n, una <em>  zona de guerra </em> , asolada por el horror de los carteles de la droga, en la que se da cobijo y sepultura a v&iacute;ctimas y verdugos. &ldquo;El velador&rdquo;, tercer largometraje documental de Natalia Almada, apadrinado por el Sundance Institute y la prestigiosa Jan Urijman Fund (todo un referente en la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n del cine de lo real), evita, en todo momento, ahogarse en los tics y las miserias del reportaje de investigaci&oacute;n, una filosof&iacute;a primera ya razonada en el meritorio fresco fronterizo &ldquo;Al otro lado&rdquo;. No ficci&oacute;n de sobrecogedor y mustio calado l&iacute;rico, aborrece cualquier tipo de informaci&oacute;n directa (textual o no), respaldada por su diligente exigencia de no mostrar ni juzgar con panfletos sensacionalistas, de optar por el testimonio silencioso antes que por la cruda denuncia, por el gesto metaf&oacute;rico (las mariposas, los cirios en la penumbra, el poso dram&aacute;tico de su &uacute;ltima escena) en detrimento de la carnalidad del miedo. As&iacute;, decant&aacute;ndose por el car&aacute;cter silente de tomas largas y est&aacute;ticas o la insondable vehemencia de los primeros planos, por la iluminaci&oacute;n vespertina y la ausencia sistem&aacute;tica de interlocutores, la mexicana, empecinada en  <em> evidenciar la violencia sin violencia </em> , bosqueja sutilmente los meandros de este desapacible microcosmos y describe sin di&aacute;logos la realidad de lo que otros denominan da&ntilde;os colaterales, mientras las grabaciones de audio nos sit&uacute;an en la consumaci&oacute;n del estado de derecho: pomposos mausoleos, protot&iacute;picos del sincretismo cultural, cuya envergadura rubrica la autoridad de los difuntos, antiguos caudillos de la jerarqu&iacute;a mafiosa; enormes murales, colmados de fotograf&iacute;as de j&oacute;venes con nombre y apellidos, que evocan la fugacidad de la vida en territorio hostil; obreros que, asumiendo con resignaci&oacute;n y sentido mec&aacute;nico su responsabilidad consuetudinaria, se aferran al presente, conscientes de que ma&ntilde;ana alguna de aquellas tumbas podr&iacute;a ser su morada perpetua; noches eternas en las que intimida el rumor distante de la &uacute;ltima  <em> balasera </em> ; ni&ntilde;os candorosos y perros abandonados que retozan en los velatorios; melod&iacute;as de Jalisco que perduran en la memoria, familias que lloran fuera de campo y vendedores ambulantes que resisten las embestidas de la existencia gracias al dolor ajeno. Como si el tiempo quedase moment&aacute;neamente suspendido, extra&ntilde;o a la corrupci&oacute;n institucionalizada y las ejecuciones extrajudiciales que detallan sin rubor los medios de comunicaci&oacute;n, este cementerio, ubicado en las entra&ntilde;as del mismo infierno y retratado con tanta modestia como consideraci&oacute;n, no es sino otro s&iacute;ntoma de un sistema enfermo parapetado a conveniencia de criminales sin reparos y pol&iacute;ticos que disfrutan de su poltrona mientras los muertos se convierten en variantes cuantitativas de estad&iacute;sticas que hielan la sangre. Una propuesta humilde, sin alardes, tal vez ensimismada en su idiosincr&aacute;tica vocaci&oacute;n de ser  <em> para todos y para nadie </em> , pero concienzudamente concluyente.  <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/envillecannesreviews.jpg" alt="" width="450" height="301" /> EN VILLE  </strong> (Valerie Mr&eacute;jen y Bertrand Schefer, Francia) </p> 
 <p> Un grup&uacute;sculo de adolescentes del extrarradio de una peque&ntilde;a ciudad costera francesa elucubran conclusiones filos&oacute;ficas acerca de la vida, la existencia o la revoluci&oacute;n (mejor dicho, de la ausencia de la misma), mientras dejan atrapar sus rostros (cariacontecidos, solo aparentemente ocupados en cambiar el estado de las cosas) y miradas por un fot&oacute;grafo de pose desnortada y actitud contemplativa, sumido en una crisis existencial (un car&aacute;cter de lo m&aacute;s contagioso en seg&uacute;n qu&eacute; contextos cinematogr&aacute;ficos) que parece imparable&hellip; &nbsp;Tardo-nouvelle-vague, pre&ntilde;ada de formas amaneradas (y afrancesadas), &nbsp;resuelta con cierta desidia narrativa por parte del fil&oacute;sofo Bertrand Schefer y de la escritora (y ocasional videoartista) Valerie Mr&eacute;jen (para ambos representa su &oacute;pera prima en formato largo), En Ville perfecciona el resto de su metraje con di&aacute;logos pretenciosos, personajes absurdos (o, directamente, prescindibles: la mujer del fot&oacute;grafo, la amiga de la protagonista, etc.) y paisajes industriales fotografiados de manera protot&iacute;pica; tambi&eacute;n de un tr&iacute;o de actores protagonistas substancialmente inh&aacute;biles (en especial, Lola Creton) en su faceta interpretativa, con la sola intenci&oacute;n no tanto de capturar el momento en el que una adolescente en edad de dejar de serlo se encuentra de bruces con el mundo de los adultos, como completar una duraci&oacute;n estandarizada que les permita competir en alg&uacute;n que otro festival de renombre sin la etiqueta corta. Trivial y estereotipada hasta el hartazgo (su retrato de la crisis adolescente es poco menos que hilarante en la mayor&iacute;a de los pasajes), resulta no s&oacute;lo la peor pel&iacute;cula de todas y cu&aacute;ntas vimos en la pasada edici&oacute;n de Cannes, tambi&eacute;n la m&aacute;s estomagante y pretenciosa. Un fiasco incontestable.  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/uglyduckingcannesreviews2.jpg" alt="" width="450" height="244" /> THE UGLY DUCKING </strong> &nbsp;(Garri Bardin, Rusia) </p> 
 <p> Extraordinario largometraje de animaci&oacute;n urdido, con gran paciencia, por el genial cineasta ruso Garri Bardin (ganador de la Palma de Oro en Cannes en 1988 por Vykrutasy, pura delicatessen animada protagonizada por un rollo de alambre con facultades omnipotentes), que toma como sustento argumental el cuento ep&oacute;nimo de Hans Christian Andersen, por un lado, y los ballets &ldquo;El Cascanueces&rdquo; y &ldquo;El lago de los cisnes&rdquo; de Tchaikovski, por otro, siguiendo la l&iacute;nea estilosa (mezcla entre animaci&oacute;n stop motion y cine musical, con ropajes infantiles pero sofisticada puesta en escena) &nbsp;esgrimida ya con anterioridad, con gran acierto, en &ldquo;Grey wolf and little red riding Hood&rdquo; en 1990, una s&aacute;tira pol&iacute;tico-musical en formato clay-motion que utilizaba como excusa contextual el cuento de Perrault, &ldquo;Caperucita Roja&rdquo;. Barrin se enfrenta a esta obra, la m&aacute;s larga en cuanto a duraci&oacute;n de toda su carrera, &nbsp;en plena madurez como autor (tras el &eacute;xito de su trilog&iacute;a "Chucha"), &nbsp;sabi&eacute;ndose capaz de dar vida a cualquier &nbsp;utensilio o personaje, por muy esquem&aacute;tico (o insustancial) que &eacute;ste se presente. &nbsp;The Ugly Ducking se puebla, as&iacute;, de gallos que se hacen, literalmente, &ldquo;caquita&rdquo; cuando un zorro cuestiona su autoridad delante del resto de los suyos y de otras aves de corral, todas investidas de una personalidad arrolladora: faisanes que ejercen de maestros de ceremonias, urogallos animados con trazos desp&oacute;ticos, gallinas ponedoras sin voluntad alguna como para dejar de serlo, gansos que aleccionan a sus imberbes polluelos sobre la necesidad existencial de ir paso a paso en su per&iacute;odo de aprendizaje, &nbsp;patos en continua competencia consigo mismos y un peque&ntilde;o cisne, feo y torpe, sobre todo en territorios cercados, subsumido en un ambiente que parece no pertenecerle, miembro de una familia adoptiva que no solo no lo reconoce como tal sino que adem&aacute;s lo cuestiona y repudia p&uacute;blicamente (el momento en que el huevo pasa a formar parte de la &ldquo;familia&rdquo; es singularmente hilarante), incluso cuando se apresta a salvarlos de las amenazas externas que acechan al corral. &nbsp;Unos y otros dan empaque y (no poca) solidez (melo)dram&aacute;tica a una obra embebida de sensibilidad, emotividad y ternura (y tambi&eacute;n de crueldad, no queda otro remedio), a partes iguales, que saca al trasluz lo mejor de una filmograf&iacute;a habitualmente pre&ntilde;ada de trazos delicados y soluciones art&iacute;sticas portentosas (tambi&eacute;n es &eacute;ste el caso). La perfecta sincronizaci&oacute;n entre el movimiento de la c&aacute;mara, los propios personajes y el score musical que reviste la pel&iacute;cula (algo que ya anticipa en su cortometraje &ldquo;Adagio&rdquo; en el a&ntilde;o 2000) se convierte en el principal est&iacute;mulo de una narraci&oacute;n articulada en torno a la importancia que adquieren los gestos o los detalles y en &nbsp;la que el punto de vista del espectador lo representa una lombriz de tierra que, desde las trincheras, ejerce de testigo de todo y cuanto acontece en el corral. Tem&aacute;ticamente ofrece un retrato particularmente siniestro de la exclusi&oacute;n social y la no pertenencia (ya presente en el original de Andersen) a un colectivo. Desde el punto de vista aleg&oacute;rico, adem&aacute;s (y no es poco en un producto aparentemente concebido para un mercado infantil), enfrenta el car&aacute;cter sumiso y marcial (izamiento de la bandera comunitaria, marchas militares, per&iacute;odo de instrucci&oacute;n para los m&aacute;s j&oacute;venes, etc) que define la cotidianidad de los habitantes del gallinero, ex&eacute;getas de un viejo orden recalcitrante, con la libertad, no exenta de riesgos, que promete el mundo exterior, m&aacute;s a&uacute;n cuando uno se sabe rodeado de los suyos. &nbsp; En el recuerdo deja dos de las elipsis m&aacute;s bellas y mejor ejecutadas del cine de animaci&oacute;n contemp&oacute;raneo (ambas relacionadas con la metamorfosis que sufre el protagonista), una colecci&oacute;n de himnos (y coreograf&iacute;as) recurrentes (m&aacute;s que tronchanes resultan los que acompa&ntilde;an el diario izamiento de la bandera) y un trabajo artesano &nbsp;virtuoso por parte del equipo t&eacute;cnico de una pel&iacute;cula que parece no pertenecer a esta &eacute;poca, tales son los riesgos narrativos que asume, la brillantez est&eacute;tica &uacute;ltima con que se presenta su resultado. Es, en fin, una gozosa filigrana rodada en stop-motion concebida para paladares exquisitos; si has llegado hasta aqu&iacute;, tambi&eacute;n es el tuyo.  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Mon, 27 Jun 2011 15:17:33 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/2706111-cannes-reviews-2/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/2706111-cannes-reviews-2/</guid></item><item><title><![CDATA[Guilty of romance]]></title><description><![CDATA[ <p> La inviabilidad de los tradicionales lazos afectivos y geneal&oacute;gicos, una tesis que no pocos cineastas asi&aacute;ticos han convertido en t&oacute;pico iterativo (en algunas ocasiones, con denodada inspiraci&oacute;n, caso de la aguda conclusi&oacute;n de &ldquo;Samaritan girl&rdquo; de Kim Ki-duk), adquiere tintes grotescos e incisivos en este thriller imp&uacute;dico y c&aacute;ustico; pink cinema empapado en hemoglobina, parafilias bizarras, violencia descarnada y citas pretenciosas (Ibsen, Kafka), dotado de un c&iacute;nico sentido del humor de trazo grueso e insertos melodram&aacute;ticos puntualizados por instrumentos de cuerda. Con tal imbricaci&oacute;n de materiales, Sono, todo un especialista a la hora de desarmar entramados familiares (con los <em>  tours de force </em>  &ldquo;Strange Circus&rdquo;, &ldquo;EXTE&rdquo; y &ldquo;Love Exposure&rdquo; como hirientes arquetipos), articula sin condescendencia su particular venganza contra la figura paterna (la lascivia enajenada de una hija como consecuencia de un amor sin contrapartida focalizado en un padre falto de escr&uacute;pulos). </p> 
 <p> Como eje de su ficci&oacute;n, el de Toyokawa toma partido por Izumi Kikuchi. Esposa devota de sonrisa perenne y perfecta ama de casa consagrada a costumbres ceremoniosas. Su marido, aut&eacute;ntico pr&oacute;cer del star-system literario nip&oacute;n (el t&iacute;tulo de su obra m&aacute;s afamada, &ldquo;The midnight zoo&rdquo;, no podr&iacute;a ser m&aacute;s oportuno),  <em> puntual como un estudiante </em> , regresa todos los d&iacute;as a altas horas de la noche, consciente de que le espera una morada impoluta, presidida por un orden intachable. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. La soledad del hogar espolea su silente frustraci&oacute;n profesional y sexual, intensificando su acuciante insomnio. Aunque, ir&oacute;nicamente, considera que no existe dedicaci&oacute;n m&aacute;s elevada que la de venerar a su c&oacute;nyuge, movida por su gesto de consentimiento, se lanza a la calle con la determinaci&oacute;n de contraer una responsabilidad laboral. Tras cosechar malos resultados en su primer ensayo, ofreciendo salchichas a los clientes de un supermercado, conoce fortuitamente a Eri, una mujer, de apariencia sofisticada, que le ofrece trabajar como modelo de desnudos; en realidad, un preludio de su coqueteo con la pornograf&iacute;a. En su odisea d&eacute;lfica, transita de la timidez y la inacci&oacute;n a la desinhibici&oacute;n y la praxis insolente. Sono se revela explosivo al respecto: en una misma secuencia, vincula el descubrimiento de su propio cuerpo frente al espejo y una escena de sexo en la que comparte lavabo con un desconocido, y la exaltaci&oacute;n verborreica de su esposo durante la presentaci&oacute;n de una novela. Todo bajo control hasta que se interponen en su camino dos personajes extravagantes. Por un lado, Karuo, un tipo enigm&aacute;tico, de empaque circense y carcajada compulsiva, co-propietario del Club Hechizado, un rec&oacute;ndito burdel en el que no impera precisamente la cordura. Por otro, Mitsuko Ozawa, profesora asociada del departamento de Literatura de la Universidad de Toto en horario diurno, prostituta desvergonzada en los trasnoches; hu&eacute;rfana de padre, la relaci&oacute;n con su madre dista de ser convencional y engendrar&aacute; alguno de los pasajes m&aacute;s caricaturescos de la pel&iacute;cula. Para enrarecer un poco m&aacute;s esta atm&oacute;sfera de perversidad, el japon&eacute;s, que, como Bataille, parece sugerir que erotismo y muerte son signos intercambiables, encaja tentadoras dosis de misterio (de inspiraci&oacute;n ver&iacute;dica) en su retorcido puzzle, a rebufo de la intriga criminal de &ldquo;Suicide Club&rdquo; (el rol de Miki Mizuno rememora algunos tics del detective que interpretase Ryo Ishibashi), conectando el itinerario de Izumi con la investigaci&oacute;n policial que rodea la aparici&oacute;n, en un ruinoso  <em> hotel del amor </em>  ubicado en el distrito de Maruyama, de un cad&aacute;ver brutalmente mutilado y reconstruido como si se tratase de un maniqu&iacute;, invocando inconscientemente la c&eacute;lebre  <em> mu&ntilde;eca </em>  del surrealista Hans Bellmer. </p> 
 <p> Revestida con una fachada de p&eacute;rfida irrealidad (la estilizaci&oacute;n rococ&oacute; de los primeros trabajos de Sono ha cedido terreno ante ilusorias gamas crom&aacute;ticas que propician el temple fant&aacute;stico de la cinta), tan hiperb&oacute;lica como viene siendo habitual en su autor (algo desdibujado en esta ocasi&oacute;n), mientras da cuenta de todo tipo de excesos chocantes y subterr&aacute;neos (hipoxifilia, voyeurismo despiadado, juegos s&aacute;dicos, autopsias expl&iacute;citas, descuentos para estudiantes adictos al sexo ocasional), pormenoriza sin tapujos la amenaza de autodestrucci&oacute;n que corroe nuestro v&iacute;nculo m&aacute;s b&aacute;sico y el cariz sombr&iacute;o de una colectividad cautiva de una sexualidad tecnificada, capaz, incluso, de infectar al lenguaje (&ldquo;las palabras tienen carne&rdquo;, enfatiza Mitsuko). </p> 
 <p> M&aacute;s af&iacute;n a &ldquo;Cold fish&rdquo; que a cualquiera de sus precedentes, esta historia sobre malas semillas y maldiciones que discurren por las venas, aun constituyendo una radiograf&iacute;a comunitaria extenuante y desproporcionada, lejos de los mayores logros de la filmograf&iacute;a de su director, no consiente un visionado sin fruici&oacute;n. Un  <em> guilty pleasure </em> , en sentido estricto, surtido de sorpresas (previsibles) y provisto de la procacidad que fomenta el formato digital (en un viraje hacia la libertad creativa sin restricciones, similar al viaje emprendido por el coreano Hong Sang-soo), que se divierte jugueteando con el espectador a trav&eacute;s de su desmedida picard&iacute;a y su alambicada bifurcaci&oacute;n argumental (una arquitectura narrativa que ya tante&oacute; en &ldquo;EXTE: Hair Extensions&rdquo;). Y es que, la imagen de Izumi, poco o nada nos recuerda a la <em>  belle de jour </em>  bu&ntilde;ueliana. </p> 
 <p>  <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Thu, 23 Jun 2011 14:53:21 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/2306111-guilty-of-romance/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/2306111-guilty-of-romance/</guid></item><item><title><![CDATA[Cannes Reviews (1)]]></title><description><![CDATA[ <p>  <strong> HOBO WITH A SHOTGUN </strong>  (Jason Eisener, Canad&aacute; / Estados Unidos) </p> 
 <p> Es f&aacute;cil reconocer las intenciones &uacute;ltimas de la cinta de Jason Eisener, Hobo with a Shotgun; &nbsp;su croma saturado, sus gui&ntilde;os a los cl&aacute;sicos videojuegos recreativos tipo beat'em up (por ejemplo, Double Dragon) y sus continuos homenajes a cierto cine setentero con Charles Bronson de protagonista (por ejemplo, "Mr. Majestyk"), &nbsp;jjusto lo que pretend&iacute;a hacer Clint Eastwood en "Gran Torino" desde una vertiente crepuscular; su tono es m&aacute;s de un c&oacute;mic underground que de una pel&iacute;cula al uso, a&uacute;n trat&aacute;ndose de una parodia en toda regla, si bien el histrionismo del que hacen gala la mayor&iacute;a de sus actores a veces sobrepasa lo soportable (al lado de esta pel&iacute;cula los personajes de "Malditos Bastardos" parecen comedidos). Poseedora de un mont&oacute;n de gui&ntilde;os al p&uacute;blico m&aacute;s palomitero, sangre a raudales, &nbsp;un sinf&iacute;n de escenas bizarras (con la impagable presencia de entidades demoniacas forradas de acero y l&aacute;tex en su tramo final) y no poco impacto visual y argumental &nbsp;(aunque a estas alturas nada nos sorprende), Hobo with a Shotgun nos resulta, empero, demasiado pretenciosa (los soliloquios frente a los reci&eacute;n nacidos, la redundante met&aacute;fora del oso, la secuencia final de indudable ascendencia cr&iacute;stica), provocadora (justo lo que no era "Nude Nuns with big guns", mucho mejor pel&iacute;cula que &eacute;sta) y ruidosa (uso del montaje incluido) como para tenerla en consideraci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de su primer visionado. Ser&aacute; recibida, eso s&iacute;, con cierto furor por ciertos estamentos cr&iacute;tico-nost&aacute;lgicos (tambi&eacute;n por festivales que a&uacute;nen complicidad con un especial fervor hacia seg&uacute;n qu&eacute; productos videogr&aacute;ficos perge&ntilde;ados en la d&eacute;cada de los ochenta), tal es su grado de exceso, secuencias hiperb&oacute;licas y apostura grotesca. Se queda a medio camino de todo y cuanto el propio Eisener pretend&iacute;a en sus primeros minutos, pero vuelve a traer a la actualidad fan&oacute;fila el nombre de Rutger Hauer y eso, sin ser mucho, &nbsp;ya nos parece suficiente.  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/avecreviews1.jpg" alt="" width="450" height="253" /> AV&Eacute;  </strong> (Konstantin Bojanov, Bulgaria) </p> 
 <p> &ldquo;&iquest;Te lo crees todo?&rdquo; le espeta Av&eacute; a Kamen, tendida desnuda sobre la cama de una habitaci&oacute;n de hotel, en una localidad extraviada entre carreteras comarcales, en medio de la nada. &Eacute;l, un adolescente reservado y huidizo, inmerso en un viaje sin equipaje hacia Ruse, con la intenci&oacute;n de asistir al funeral de un viejo camarada, un compa&ntilde;ero de su escuela de arte cuyo s&uacute;bito suicidio parece engendrar en su seno un ineludible sentimiento de culpa. Ella, una joven fugitiva, imprudente y traviesa, a la que conoce azarosamente en su camino. Los recelos iniciales confirman pronto el talante problem&aacute;tico de Av&eacute;, empecinada en ingeniar una nueva identidad para ambos cada vez que alguien los recoge. Sus mentiras compulsivas se convierten en un juego inc&oacute;modo, hasta el punto de que Kamen se siente incapaz de discernir entre lo que es verdad y lo que es humo. En su odisea, la pareja se separa y reencuentra una y otra vez en continuos movimientos de repulsi&oacute;n y atracci&oacute;n; mientras surge sosegadamente el amor, comparten cigarrillos a la orilla del r&iacute;o, siguen la pista de un hermano ausente cuyo rastro se desvanece en solares abandonados, cometen peque&ntilde;os hurtos en gasolineras y tropiezan con lobos cuya apariencia de cordero encubre a ped&oacute;filos acechantes en claustrof&oacute;bicas madrigueras y conductores que a la m&iacute;nima de cambio destapan su violenta paranoia. Road movie excepcionalmente rom&aacute;ntica, la pel&iacute;cula retrata a una juventud hastiada y alienada, esclava de secretos inconfesables y utop&iacute;as tan glamourosas como irrealizables, impelida por traumas de un pasado en el que afloran frustraciones sexuales y carencias afectivas. Criaturas desorientadas en un mundo de adultos marcados por el conflicto paterno-filial y el dolor del duelo, por la tragedia insoportable de sobrevivir a los hijos, por ilusiones piadosas que promueven una felicidad ef&iacute;mera. Frente a la intensidad que exudan los planos en espacios cerrados, las tomas en exteriores mantienen una distancia prudencial, evidenciando, como en el caso de la m&uacute;sica (en la que los instrumentos de cuerda oprimen sutiles punteos de guitarra), fluctuantes estados de &aacute;nimo. Su desenlace, abierto y taciturno, es otro aliciente m&aacute;s para aproximarse sin suspicacia a la poco complaciente &oacute;pera prima del b&uacute;lgaro Konstantin Bojanov.  <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/underwaterlovecreviews1.jpg" alt="" width="450" height="254" /> UNDERWATER LOVE  </strong> (Shinji Imaoka, Jap&oacute;n) </p> 
 <p> Grotesco kaiju eiga (surrealista s&oacute;lo en apariencia), pervertido de no pocos insertos pink, penes prot&eacute;sicos de ascendencia monstruosa, onomatopeyas redundantes y n&uacute;meros musicales de indudable raigambre n&auml;if (vagamente trabajados en la mayor&iacute;a de los casos), Underwater Love de Shinji Imaoka trata constantemente de equilibrar su incuestionable superioridad formal (fotograf&iacute;a de Christopher Doyle, m&uacute;sica de Stereo Total), con un argumento a duras penas definido por la repetici&oacute;n sistem&aacute;tica de running gags (s&oacute;lo parcialmente inspirados), sexo par&oacute;dico y coreograf&iacute;as de perfil bajo, mientras trata de buscar, con poco &eacute;xito, la aprobaci&oacute;n de aqu&eacute;l que paga las entradas, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, su complicidad. A cambio se ofrece un producto entusiasta pero despose&iacute;do de estilo, a medio camino entre la cinta de culto y el bizarrismo impostado (y vaya si se nota) que apenas si puede sostenerse, emp&aacute;ticamente, por la grata simpat&iacute;a que rezuma, sonrisa en ristre, su protagonista femenina: Mutsuo Yoshioka, una habitual del softcore japon&eacute;s (por ejemplo, en "Ero Kowai Kwaidan", "Passions Of A Private Secretary", " The Secret Female Ninja"), en su segunda colaboraci&oacute;n con Shinji Imaoka tras la comedia surrealista (y tambi&eacute;n er&oacute;tica) "Uncle's Paradise", impagable en esta versi&oacute;n c&oacute;mica de si misma: &uacute;nico clavo al que puede agarrarse el espectador menos influenciable para soportar el tedio ingobernable que producen alguno de los pasajes centrales de los que se nutre la pel&iacute;cula, por ejemplo: la ominosa b&uacute;squeda, a lo largo y ancho de un bosque fe&eacute;rico aparentemente &nbsp;salido del universo Apichatpong, de una "perla anal" (sic) especialmente habilitada para tonificar la virilidad perdida del hombre-tortuga. Solo apta para curiosos.  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/acaciascreviews1.jpg" alt="" width="450" height="270" /> LAS ACACIAS </strong>  (Pablo Giorgelli, Argentina / Espa&ntilde;a) </p> 
 <p> 1500 kil&oacute;metros. La distancia que separa Asunci&oacute;n del Paraguay de la capital argentina. El fatigoso recorrido que comparten voluntariamente Rub&eacute;n, un veterano transportista de la industria maderera, malhumorado, parco en palabras y de rostro apesadumbrado, y Jacinta, una mujer de origen guaran&iacute; que nunca se separa de Anah&iacute;, su peque&ntilde;a hija de apenas ocho meses. Una dilatada traves&iacute;a en camioneta, auspiciada por un tercero, Fernando, al que les une un v&iacute;nculo laboral, cuya meta no es otra que la de un mejor porvenir. De la apat&iacute;a a la estima, de la indiferencia a la ternura. Compa&ntilde;eros ocasionales en ruta, hermanados por el vac&iacute;o, la soledad y las cicatrices f&iacute;sicas y an&iacute;micas. Otra  <em> historia m&iacute;nima </em> , de puesta en escena modesta y combusti&oacute;n morosa, que, discreta en di&aacute;logos pero profusa en gestos sintom&aacute;ticos, silencios elocuentes y miradas c&oacute;mplices, alude a fronteras institucionales y mentales, a documentos a cuyo amparo recibimos el t&iacute;tulo de ciudadanos, a nexos primarios que tiempo atr&aacute;s se resquebrajaron, al menester de conquistar la dicha y el equilibrio. Bajo el mecenazgo de Ariel Rotter, &ldquo;Las acacias&rdquo;, flamante C&aacute;mara de Oro del &uacute;ltimo Cannes, se debate entre la delicada intimidad de sus tiempos muertos y la laboriosa contenci&oacute;n de emociones de perfil universal, alumbrando sin puerilidad la posibilidad de segundas oportunidades, haci&eacute;ndonos part&iacute;cipes de una eventual excursi&oacute;n a la regi&oacute;n de Catamarca, esa quimera en la que, como nuestros h&eacute;roes, todos podremos comenzar de nuevo, desde cero.  <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/thedividecreviews1.jpg" alt="" width="450" height="301" /> THE DIVIDE </strong>  (Xavier Gens, Alemania / Estados Unidos / Canad&aacute;) </p> 
 <p> Fallida y, finalmente, predecible cinta de terror y ciencia ficci&oacute;n (sin que ninguno de los dos g&eacute;neros tengan excesiva importancia en el desarrollo de su entramado) alrededor de un grup&uacute;sculo de personas encerrado en el (amplio) s&oacute;tano de un edificio residencial, cercado por una amenaza ex&oacute;gena de escaso protagonismo (y menos calado antag&oacute;nico). Como casi siempre ocurre en el universo Xavier Gens, la pel&iacute;cula apenas si puede sostenerse argumentalmente m&aacute;s all&aacute; de su excelente (e hiper-digitalizado) pr&oacute;logo, tal es su reprochable nivel de previsibilidad, car&aacute;cter protot&iacute;pico y desaprovechamiento de recursos. A pesar de sus (es)forzados intentos por resultar trascendente, gracias a los constantes vaivenes psicol&oacute;gicos (ninguno provocado por la claustrofobia) que definen a unos y otros personajes, siempre dentro del t&oacute;pico manierista, cinematogr&aacute;ficamente hablando, de que el fin de la civilizaci&oacute;n tambi&eacute;n supone un incremento de la agresividad (y la irritabilidad) del ser humano, el cineasta franc&eacute;s se muestra particularmente incapaz de desalojar la pel&iacute;cula de lugares comunes, todos vistos repetidamente en el subg&eacute;nero post-apocal&iacute;ptico, &nbsp;y eso a pesar de desarrollar buena parte de su entramado mediante numerosos twist (ninguno imprevisible). "The Divide" acaba siendo, en fin, un continuo quiero y no puedo en forma de subproducto, claustrof&oacute;bico s&oacute;lo en apariencia, &nbsp;que deja en el gaznate del aficionado al cine de g&eacute;nero, empero, los demacrados aspectos que el paso del tiempo y los quir&oacute;fanos han esculpido en los rostros de Rosanne Arquette (en el papel m&aacute;s antiglamouroso de su carrera) y de Michael Biehn (su arquetipo resulta entra&ntilde;able de puro cartoon), las cejas depiladas de Milo Ventimiglia (intentando aparentar ser un tipo duro), el estupendo sentido de la oportunidad de su t&iacute;tulo (los personajes, escenarios y clich&eacute;s argumentales no dejan de dividirse, como si fueran c&eacute;lulas, durante todo el metraje), el (muy) buen uso del espacio geogr&aacute;fico y la en&eacute;sima hero&iacute;na vestida de tirantas (Lauren German, repitiendo alguno de los mohines ya vistos en Hostel 2) dispuesta a salvar su propio pellejo (resisti&eacute;ndose incluso al acoso de la enfermedad radiactiva) cueste lo que cueste. Hace a&ntilde;orar a La Hora Fr&iacute;a de Elio Quiroga...  <strong> J.P. Bango </strong>  </p> 
 <p>  <strong>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/littleprincesscreviews1.jpg" alt="" width="450" height="261" /> MY LITTLE PRINCESS </strong>  (Eva Ionesco, Francia) </p> 
 <p> &Oacute;pera prima de la actriz francesa Eva Ionesco (Polanski la hizo debutar frente a la c&aacute;mara en &ldquo;El quim&eacute;rico inquilino&rdquo;), &ldquo;My little princess&rdquo;, compareciendo como exorcismo autobiogr&aacute;fico, fracasa estrepitosamente en su risible intento por conciliar algunos t&oacute;picos del drama generacional y el retrato desinhibido de una &eacute;poca apegada a la controversia y el esc&aacute;ndalo (la d&eacute;cada de los setenta), consecuencia de un gui&oacute;n imperfecto, provisto de alguna r&eacute;plica ingeniosa, y un trabajo de direcci&oacute;n torpe y necesitado de brillo. Violetta, de diez a&ntilde;os, ha crecido en un entorno fr&aacute;gil y pernicioso; criada bajo la tutela de su abuela, devota de una congregaci&oacute;n ortodoxa, su infancia deambula entre fantas&iacute;as hollywoodienses y la sombra de una madre ausente, cuyas idas y venidas siempre se escudan en la furtividad de la noche. Pintora fracasada, Hanna (una Isabelle Huppert en horas bajas) confronta con sus farsas y sus veleidades la supuesta mediocridad de su tiempo, empu&ntilde;ando su aventura art&iacute;stica bajo la coartada de un erotismo intelectual y literario. Apadrinada por Ernst, amante ocasional y mecenas desprejuiciado, halla en la fotograf&iacute;a una objetividad sagrada. Su imberbe sucesora no puede evitar caer presa del hechizo de misteriosa bohemia que empapa su estudio. La precoz lolita transita de una suerte de Shirley Temple para nost&aacute;lgicos prerrafaelistas a protagonista absoluta de exuberantes y barrocos tableux-vivants, impregnados de provocaci&oacute;n surrealista, id&oacute;neos para evocar la herencia de Balthus; un universo de ficci&oacute;n saturado de trajes de princesa, espejos deformantes, coronas florales, iconograf&iacute;a cristiana, m&aacute;scaras venecianas y atm&oacute;sfera de cabaret malsano. Musa glam, vampiresa de la arrogante escena parisina y marginada militante en la escuela, Violetta abandona vertiginosamente la edad de la inocencia mientras el dinero y las drogas fluyen al amparo del ascenso mete&oacute;rico de su progenitora, siempre presta a transgredir el l&iacute;mite, al menos, hasta que los excesos se cobran sus primeras v&iacute;ctimas. Intermitentemente eficaz en la composici&oacute;n de sus planos, la desconcertante fluctuaci&oacute;n de tonos y registros, la vocaci&oacute;n esperp&eacute;ntica que dome&ntilde;a muchos de sus pasajes, la endeble y dantesca presentaci&oacute;n de algunos personajes, y su desatinado score, capaz de ligar carga melodram&aacute;tica y gui&ntilde;os a la m&uacute;sica del cine de culto de los 70 (Bava y Argento asoman en las paredes del destartalado apartamento), no favorecen la valoraci&oacute;n final de una pel&iacute;cula que se permite cierta referencia al tr&aacute;fico descontrolado e intimidatorio de la imagen en la post-modernidad. Una alusi&oacute;n subrepticia, finalmente poco pr&oacute;spera en la trama, que, en manos de un cineasta como Asayas, sirvi&oacute; de materia prima, como bien sabemos, de otra obra, esta s&iacute;, excelente. <strong>  David L&oacute;pez </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Wed, 22 Jun 2011 12:50:18 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/2206111-cannes-reviews-1/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/2206111-cannes-reviews-1/</guid></item><item><title><![CDATA[Le Havre]]></title><description><![CDATA[ <p> &nbsp; </p> 
 <p> En un ecosistema particularmente pre&ntilde;ado de personajes asaz reconocibles en el microcosmos kaurismakiano, entonces, el protagonista de la cinta que ahora nos ocupa resulta un limpiador de zapatos, bohemio disidente s&oacute;lo porque lo dice el pressbook de la pel&iacute;cula (el personaje protag&oacute;nico no es otro que Marcel Marx, el escritor protagonista de La vida de Bohemia, 1991), que se encuentra con un ni&ntilde;o emigrante reci&eacute;n huido de una redada policial en el mismo puerto de Le Havre, donde ha pasado los &uacute;ltimos d&iacute;as olvidado por un error inform&aacute;tico, junto a parte de su familia, en un contenedor que ten&iacute;a como destino las islas brit&aacute;nicas. Consciente de la situaci&oacute;n extrema &nbsp;a la que se ve abocada el peque&ntilde;o, Marx se ofrece a alojarle sine die mientras trata de buscar la manera de ayudarle a cumplir su objetivo primigenio, poniendo en marcha un plan que no s&oacute;lo va a implicar a &nbsp;toda la comunidad (naturalmente desprovista de pol&iacute;ticos) en la que vive, de diferentes modos, respondiendo a sus peticiones siempre de forma sol&iacute;cita (ya saben: la revoluci&oacute;n empieza en los barrios), sino tambi&eacute;n, indirectamente, &nbsp;a aqu&eacute;l inspector de polic&iacute;a que lo persigue, a pesar de la presi&oacute;n que sobre &eacute;l ejercen sus superiores, temerosos de que un emigrante clandestino campe a sus anchas por las callejuelas de esta ciudad portuaria... </p> 
 <p> La pel&iacute;cula revela as&iacute; todas sus bazas a las primeras de cambio, &nbsp;y tambi&eacute;n todas sus limitaciones: &ldquo;Le Havre&rdquo; se presenta, entonces, como una f&aacute;bula moral sobre la inmigraci&oacute;n, la bonhom&iacute;a y la voluntad de cambiar el mundo a trav&eacute;s de las peque&ntilde;as acciones (sin que uno tenga que esperar una recompensa dadivosa como consecuencia de las mismas pero sin que la desprecie si finalmente llega), pero tambi&eacute;n como una pel&iacute;cula que parece pertenecer a otra &eacute;poca, sin riesgos narrativos, conservadora tambi&eacute;n en el plano formal, ir&oacute;nica siempre entre l&iacute;neas como lo es siempre el cine de Kaurismaki (capaz de aunar la iron&iacute;a sucinta que ocultan los titulares de prensa de los peri&oacute;dicos, con la de una actuaci&oacute;n musical embebida de canas y, no pocos, excesos nost&aacute;lgicos), poblada de momentos emotivos (todos ejemplificados en la relaci&oacute;n de pareja que une a los dos protagonistas de mayor edad) y de otros que s&oacute;lo pod&iacute;an haberlo sido con un actor infantil dotado de una mayor presencia (y consistencia) dram&aacute;tica; simp&aacute;tica, s&iacute;, sin que este car&aacute;cter deba extra&ntilde;arnos mucho a estas alturas cuando se analiza una pel&iacute;cula del autor finland&eacute;s. &nbsp; </p> 
 <p> La apostura de la pel&iacute;cula (segunda en habla francesa &nbsp;tras La vida bohemia) &nbsp;es, eminentemente, optimista (tambi&eacute;n es marca de la casa) y entre sus m&aacute;rgenes sugiere una hermosa historia de amor &nbsp;hilvanada mediante ep&iacute;tomes, especialmente, sutiles (no en vano, otro de los caracteres de su autor es que rara vez los personajes de su obra muestran emoci&oacute;n alguna); tambi&eacute;n hay alg&uacute;n momento para la sonrisa (sin exagerar) dentro de una obra cuyo gui&oacute;n ya auguraba (suele ser lo habitual en un retrato-de- hombre-con-ni&ntilde;o-al-fondo) un buen n&uacute;mero de secuencias c&oacute;mplices. </p> 
 <p> As&iacute; las cosas, Le Havre se postula como una obra m&aacute;s (nunca menor) en la filmograf&iacute;a de Aki Kaurismaki, poblada de buenas intenciones y de gestos colectivos de indudable raigambre revolucionaria, de personajes entra&ntilde;ables y de inspectores de polic&iacute;as vestidos de negro s&oacute;lo por aparentar, de di&aacute;logos ingeniosos y de milagros que s&oacute;lo podr&iacute;an serlo en un barrio como ese (que no es el S&eacute;samo pero lo parece, incluyendo en sus calles a una panadera y a un frutero), a pesar de lo que opinan alguno de los personajes que lo pueblan, mientras se vierten a la atm&oacute;sfera, siempre de forma t&aacute;cita, ideogramas solidarios de corte nost&aacute;lgico. En sus m&aacute;rgenes quedan no pocas alusiones a un contexto social a todas luces extinguido de nuestra aciaga cotidianidad, &nbsp;repleto de tipos capaces de jugarse su tranquilidad (impostada) a cambio de ayudar a quien, de veras, lo necesita, mientras tratan de encontrar, a duras penas, &nbsp;su propio lugar en un mundo que hace tiempo parece haberse olvidado de ellos. Una moraleja demasiado complaciente para con el g&eacute;nero humano, que nunca nos ha parecido tan irreal, tan de universo de ficci&oacute;n, como en este contexto (indignado) que hoy habitamos. </p> 
 <p>  <strong> J.P. Bango&nbsp; </strong>  </p> 
 <p> &nbsp; </p> ]]></description><pubDate>Sun, 19 Jun 2011 19:35:28 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/1906111-le-havre/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/1906111-le-havre/</guid></item><item><title><![CDATA[L&#039;Apollonide, Souvenirs de la maison close]]></title><description><![CDATA[ <p> Partiendo de una mirada tan sentimental como idealizada de la prostituci&oacute;n, con preferencia por evocar tiempos pret&eacute;ritos (tal y como hizo Hou Hsiao-hsien en &ldquo;Flores de Shanghai), el galo nos sumerge en el esplendor y el ocaso de un burdel parisino, en las postrimer&iacute;as del siglo XIX, aunando amabilidad y decrepitud, decant&aacute;ndose por excesos y florituras. Antes de abordarlo desde su vertiente m&aacute;s degradante, peligrosa y humillante, el director presenta, desde el primer momento, un gineceo abundante y generoso en desnudos, obviando toda sutileza y reteniendo poco espacio para la imaginaci&oacute;n (tampoco lo permitir&iacute;a el innecesario recurso de la pantalla partida). Lo que era mimo sin restricciones para el vestuario en su b&uacute;squeda de lo er&oacute;tico, declina en lo artificioso que solo pretende agradar al ojo cuando la pel&iacute;cula se convierte en un desfile de alta costura con lencer&iacute;a de lo m&aacute;s sensual, a medio camino entre lo contempor&aacute;neo y el estilo decimon&oacute;nico. Adem&aacute;s, el uso anacr&oacute;nico de la m&uacute;sica, con hits de las d&eacute;cadas de los 60 y 70, resulta poco acertado y denota un dudoso gusto en ese sentido. </p> 
 <p> El relato gira en torno a una opulenta y preciosa mansi&oacute;n en la que se hallan enclaustradas las meretrices m&aacute;s prestigiosas de Par&iacute;s, amparadas por una madam maternal y tierna, con unos modales m&aacute;s propios de la aristocracia que de una explotadora, capaz de moldear y tutelar sus caracteres. Destrezas que, trascendiendo lo meramente sexual, aseguran el buen porvenir de esta fuente de ingresos. Como si retomase las lecciones del tercer canto de &ldquo;El arte de amar&rdquo; de Ovidio, ense&ntilde;a a sus concubinas a cultivar todos sus sentidos, &uacute;nica v&iacute;a para hacer del amor un arte. As&iacute;, describiendo el servicio de compa&ntilde;&iacute;a con distinguida sofisticaci&oacute;n, Bonello confecciona un singular retrato de las prostitutas, pr&oacute;ximo al de las heteras griegas o al de las afamadas cortesanas venecianas del Cinquecento. </p> 
 <p> El afecto, la cortes&iacute;a, las confesiones c&oacute;mplices y las exhibiciones emocionales son el f&aacute;rmaco para estas mujeres que, a trav&eacute;s de fuertes lazos afectivos, y a modo de una gran familia en la que no hay sitio para la competencia, pueblan este micrcosmos aislado y herm&eacute;tico. Antes  <em> mujercitas </em>  que  <em> carcelarias </em> . La  <em> maison close </em>  se transfigura en espacio de clausura, en apariencia, ajeno a los acontecimientos del exterior, si bien, en realidad, la forjan y estructuran factores externos: es el caso de la joven obsesionada con las teor&iacute;as morfo-psicol&oacute;gicas, vigentes en aquella &eacute;poca, consecuencia de la creencia de un cliente proclive a ligar las similitudes f&iacute;sicas de prostitutas y delincuentes. </p> 
 <p> De la recreaci&oacute;n ut&oacute;pica del gozo y el placer a las vi&ntilde;etas m&aacute;s s&oacute;rdidas de una profesi&oacute;n de riesgo. Del j&uacute;bilo a la enfermedad. Con la s&iacute;filis acechando como mal incurable, la afecci&oacute;n transita irremediablemente hacia la muerte, el destino m&aacute;s plausible para la mayor&iacute;a de ellas. La agresi&oacute;n f&iacute;sica y la tortura conducen a la escena m&aacute;s escalofriante de la cinta, una mutilaci&oacute;n facial emparejada, tanto con el cl&aacute;sico &ldquo;El hombre que r&iacute;e&rdquo;, como con la m&aacute;s reciente y lacerante &ldquo;Ichi the killer&rdquo;. </p> 
 <p> En un ejercicio de virtuosismo pl&aacute;stico, el film se empapa de las corrientes art&iacute;sticas francesas del siglo XIX, movimientos cuya evoluci&oacute;n se extrapola y corre paralela a los sucesos que marcan los pulsos del burdel, logrando un efectismo visual que, aspirando a trasladar complejas composiciones pict&oacute;ricas a representaciones f&iacute;lmicas, persigue la remembranza de algunos de los m&aacute;s destacados artistas transpirenaicos. Con una fotograf&iacute;a de empaste denso, colorida y de claroscuros caravagistas, construye secuencias que remiten a lienzos. Por un lado, escenas costumbristas que recrean la alegr&iacute;a de vivir al m&aacute;s puro estilo de Renoir y sus ba&ntilde;istas, coincidiendo con la &uacute;nica excursi&oacute;n de las muchachas a la campi&ntilde;a. Una apropiaci&oacute;n que transmite el optimismo y la conquista de la libertad en una &eacute;poca irrepetible, en aras del advenimiento del hundimiento de L'Apollonide. Su declive supone una rotura para una per&iacute;odo glorioso, adentr&aacute;ndonos en la locura de sus protagonistas, retratada con dramatismo y violencia, con aires de fantas&iacute;a pr&oacute;ximos al delirio y la pesadilla, dando rienda suelta a los planos abigarrados y la iluminaci&oacute;n de tintes latourianos. La escena de sexo orgi&aacute;stico, de teatralizaci&oacute;n exagerada y escorzos vivos, parece revisar &ldquo;La muerte de Sardan&aacute;palo&rdquo; de Delacroix, articulando el cuadro en torno a una monstruosa deformidad, la fealdad y las desviaciones sexuales. Tampoco faltan detalles ex&oacute;ticos de influencia oriental, como el consumo de opio o la amenazante presencia de una ins&oacute;lita mascota, una pantera negra a la que el destino le reserva una misi&oacute;n crucial. </p> 
 <p> En su desenlace, el director opta por sorprender con una elipsis temporal que nos traslada a la actualidad con la pretensi&oacute;n de poner de relieve la degradaci&oacute;n absoluta de la prostituci&oacute;n. Las casas de tolerancia dan paso a una marea afincada en calles y carreteras que sobrevive a duras penas. El m&aacute;rmol se transforma en asfalto, las residencias lujosas albergan ahora tiendas de moda. Los d&iacute;as de risas, humo y champ&aacute;n tocan a su fin. </p> 
 <p>  <strong> Mar&iacute;a Jos&eacute; L&oacute;pez Navarro </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Fri, 17 Jun 2011 12:57:14 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/1706111-lapollonide-souvenirs-de-la-maison-close/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/1706111-lapollonide-souvenirs-de-la-maison-close/</guid></item><item><title><![CDATA[Tatsumi]]></title><description><![CDATA[ <p> &nbsp; </p> 
 <p> Tomando como fuente y materia prima argumental su propia realidad y entorno, entonces, Tatsumi dar&aacute; br&iacute;o y formas dibujadas a un conjunto de obras donde sexo, perdici&oacute;n, relaciones personales y problemas sociales y afectivos acabar&aacute;n constituy&eacute;ndose en caracteres dominantes. Su trayectoria profesional se extender&aacute; desde finales de los cincuenta a la actualidad (sigue en activo a edad septuagenaria), moldeando una carrera esencialmente prol&iacute;fica, adem&aacute;s de exitosa, envuelta en un marco conceptual (y contextual) inequ&iacute;vocamente reconocible; de forma adicional, su obra reflejar&aacute; en todos y cada uno de sus m&aacute;rgenes la realidad social de su pa&iacute;s durante la segunda mitad del siglo XX. </p> 
 <p> Su m&aacute;s prestigioso opus, &nbsp;&ldquo;Una vida errante&rdquo;, un grueso volumen publicado aqu&iacute; en dos tomos de la mano de Astiberri, tambi&eacute;n es el m&aacute;s autobiogr&aacute;fico, &nbsp;y resume el devenir del autor como narrador de historias ilustradas: sus inicios como dibujante adolescente en el Jap&oacute;n &nbsp;de los cincuenta, su definitivo salto al profesionalismo, sus acuciantes problemas familiares, as&iacute; como su amistad con Osamu Tezuka, el padre del manga, al mismo tiempo que va resumiendo (y sufriendo) los diferentes vaivenes industriales soportados por el sector durante todo este per&iacute;odo. Sobre la base de esta novela gr&aacute;fica construye el singapurense Eric Khoo, &ldquo;Tatsumi&rdquo;, un biopic documental revestido de ropajes animados, que tiene el buen gusto de acomodar, en mitad de su entramado, siempre en formato cinematogr&aacute;fico, varias de las historias dibujadas por Yoshihiro Tatsumi durante su dilatada carrera. Diferentes relatos que dan lugar a su vez a diferentes ambientaciones, &eacute;pocas, texturas, tonalidades (blanco y negro, sepia, color) y bandas sonoras, y que tambi&eacute;n van a reflejar la evoluci&oacute;n de una sociedad marcada a fuego por las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el fin de la Segunda Guerra Mundial, la ocupaci&oacute;n aliada, las penurias de una sociedad cercenada en sus cimientos morales y econ&oacute;micos, la llegada (y dependencia) del capital norteamericano, la consiguiente p&eacute;rdida de identidad, el auge desarrollista de los setenta, etc&hellip; Unos y otros referentes contextuales van mezcl&aacute;ndose con sucintas pinceladas de la trayectoria personal y profesional del dibujante nip&oacute;n, incluyendo varias de sus reflexiones sobre la vida, la expresi&oacute;n art&iacute;stica, y la propia situaci&oacute;n del g&eacute;nero.&nbsp; </p> 
 <p>  <strong> Cinco historias m&aacute;s una </strong>  </p> 
 <p> En &ldquo;Hell&rdquo;, la primera de las historias, tambi&eacute;n la m&aacute;s larga y vibrante, un joven militar se encuentra con la foto de su vida entre las sombras vacilantes de una deflagraci&oacute;n causada por la bomba ca&iacute;da en Hiroshima. La imagen recrea la figura de una mujer y su hijo, devorada por las llamas en una posici&oacute;n, aparentemente, afectiva. La carest&iacute;a post-b&eacute;lica le obligar&aacute; a venderla a un peri&oacute;dico a cambio de una suculenta cantidad monetaria, mientras le siguen acosando los remordimientos por haber sacado ventaja econ&oacute;mica de una desgracia personal. La fotograf&iacute;a termina convirti&eacute;ndose en ic&oacute;nica a pesar de que la interpretaci&oacute;n de la misma es imprecisa: y es que lo que aparenta ser un acto de amor entre una madre y un hijo, oculta, en efecto, un intento de matricidio interrumpido en el momento de la ignici&oacute;n. Las consecuencias de ese error interpretativo, exageradas por el propio fot&oacute;grafo en el momento que decide asesinar a quien as&iacute; se lo cuenta mientras intentaba hacerle chantaje, acompa&ntilde;ar&aacute;n al hombre durante el resto de su vida, en su particular infierno&hellip; </p> 
 <p> En la segunda historia, "Beloved Monkey", un trabajador enamorado resuelve cambiar su destino renunciando a su empleo en una f&aacute;brica, justo el mismo d&iacute;a en que, como consecuencia de un accidente laboral, pierde su brazo. En un contexto econ&oacute;mico gravemente lacerado por el conflicto b&eacute;lico, el joven manco se ve incapaz de encontrar un nuevo trabajo. Ante la imposibilidad de poder dar de comer a su mascota, un mono al que cuida desde hace tiempo, se invita a abandonarla en un parque zool&oacute;gico donde no tarda en ser atacada y, finalmente, devorada por los de su misma especie: el destino del hombre y del mono parece unido, tambi&eacute;n, en t&eacute;rminos aleg&oacute;ricos&hellip;&nbsp; </p> 
 <p> Tambi&eacute;n de met&aacute;foras, no exenta de sarcasmo, se nutre el tercer relato: "Just a Man," en la que un hombre maduro pretende revivir el amor en brazos de una mujer que no sea la suya, y a la que acusa de pretender quedarse con su pensi&oacute;n de jubilaci&oacute;n. Despu&eacute;s de varios intentos fallidos consigue, finalmente, iniciar una relaci&oacute;n con una joven mujer que lo comprende y quiere; la noche que se acuesta con ella por primera vez comprobar&aacute;, con dolor, la imposibilidad de vencer su impotencia. En un acto de auto-indulgencia, se obliga a comparar enf&aacute;ticamente (mientras lo orina) el destino de un ca&ntilde;&oacute;n que se yergue&nbsp;mirando al horizonte, en desuso tras la contienda b&eacute;lica, y su propio miembro viril, fl&aacute;ccido ya para los restos&hellip; </p> 
 <p> En &ldquo;Occupied&rdquo;, quiz&aacute; la m&aacute;s insustancial de las historias y la primera de ellas en que los animadores del film hacen uso de una fotograf&iacute;a a color, un dibujante de c&oacute;mic que asiduamente encuentra su inspiraci&oacute;n en la pared de un ba&ntilde;o de se&ntilde;oras, termina detenido por la polic&iacute;a acusado de perversi&oacute;n. </p> 
 <p> En "Good-Bye", el &uacute;ltimo y m&aacute;s amargo de todos y cu&aacute;ntos relatos componen esta s&oacute;rdida selecci&oacute;n, una prostituta a sueldo de los ocupantes estadounidenses, enferma de desamor, se invita a perder definitivamente su identidad, a golpe de sexo, &nbsp;despecho y desesperaci&oacute;n, acost&aacute;ndose con su propio padre. </p> 
 <p> Entremedias de todos estos relatos repletos de asesinos con remordimientos, tullidos perseguidos por la desventura, jubilados condenados al hast&iacute;o, &nbsp;mangakas vouyeristas, incestos culpables, accidente laborales sin derecho a indemnizaci&oacute;n, ambientes turbios, putas despechadas, perdedores sin posibilidad alguna para dejar de serlo, entre otros personajes y circunstancias llevados al l&iacute;mite, se intercalan las propias vivencias del autor japon&eacute;s, sus recuerdos y reflexiones, algunos retazos de su vida, detalles puntuales de su biograf&iacute;a. Si las diferentes historias que componen la ficci&oacute;n se narran desde una perspectiva vibrante, sincr&oacute;nica y auditiva, aqu&eacute;lla que las une se revela singularmente embebida de trazos melanc&oacute;licos y tonos pausados. Una mezcla, singularmente, bien resuelta por Eric Khoo en su primera pel&iacute;cula animada, que une y converge el ideario creativo del autor japon&eacute;s con el del propio cineasta singapurense, en esta pel&iacute;cula de casi un mill&oacute;n de d&oacute;lares de presupuesto, que mezcla capital de producci&oacute;n de Estados Unidos e Indonesia (donde se acabar&iacute;a por pulir su forma animada), no por casualidad definida como una rara avis dentro del &aacute;mbito del documental, capaz de describir con formas inspiradas, adem&aacute;s de respetuosas (especialmente relacionada con los trazos originales del mangaka), las claves (emocionales, profesionales y tem&aacute;ticas) de un subg&eacute;nero singularmente pre&ntilde;ado de mitos;&nbsp;entre ellos, el propio Tatsumi.&nbsp; </p> 
 <p>  <strong> J.P. Bango&nbsp; </strong>  </p> 
 <p> &nbsp; </p> ]]></description><pubDate>Thu, 16 Jun 2011 11:40:11 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/1606111-tatsumi/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/1606111-tatsumi/</guid></item><item><title><![CDATA[Hara-Kiri: Death of Samurai]]></title><description><![CDATA[ <p> Hay quien apostar&aacute;, sin embargo, por la v&iacute;a respetuosa (La Cosa), remozando la casi totalidad de los planos que completan la pel&iacute;cula primigenia con estilemas, a priori, m&aacute;s accesibles de cara al p&uacute;blico medio, por ejemplo, arriesgando con una fotograf&iacute;a a color (Psicosis), introduciendo cambios apenas significativos (Funny Games) o finales (s&oacute;lo) un poco m&aacute;s condescendientes (La noche de los muertos vivientes de Tom Savini); hay quien se copia a si mismo, con cierto decoro (Michael Haneke) y a quien se copia a si mismo sin &eacute;l, incluso traicion&aacute;ndose (George Sluitzer); hay, en fin, quien se permite el lujo de mejorarse cuando lo hacen (Hawks, Hitchcock, Walsh). Tambi&eacute;n hay quien se atreve a hacer todas estas cosas a la vez, como le ocurriera a Takashi Miike con la estupenda "13 Assassins" de Eiichi Kudo, s&oacute;lo hace unos meses, con dejes maquinales pero inspirados, especialmente en lo que refiere a su largu&iacute;simo cl&iacute;max final (uno de los m&aacute;s sanguinolentos de todo el cine de acci&oacute;n actual y el mejor rodado), y eso justamente es lo que ha vuelto a repetir ahora, en formato estereosc&oacute;pico (s&oacute;lo para salas especialmente acondicionadas para ello), con el cl&aacute;sico de Masaki Kobayashi, Hara-kiri (Seppuku), asumiendo un riesgo autoral m&aacute;s que evidente cuando uno habla no ya de un competente ejercicio de acci&oacute;n y aventuras sobre una docena m&aacute;s uno de samur&aacute;is honorables en defensa de un pueblo expoliado por un gerifalte caprichoso, sino de una de las mejores pel&iacute;culas, japonesas o no, de todos los tiempos. Eso es lo que es "Hara-Kiri (Seppukku)" de Masaki Kobayashi, y ese es el l&iacute;mite que nunca pod&iacute;a rebasar, con su adaptaci&oacute;n, el bueno de Miike. </p> 
 <p> "Hara-Kiri: Death of a Samurai" apenas si ofrece diferencias relevantes con la cinta original en un an&aacute;lisis somero (ambas adaptan la novela "Ibun r&ocirc;nin-ki" de Yasuhiko Takiguchi): s&iacute; hay soluciones dram&aacute;ticas, sin embargo, y la mayor&iacute;a de ellas son tendenciosas, que tratan de llevar al espectador por un camino emocionalmente prefijado, evitando que pueda pensar por si mismo: una tara invencible (adem&aacute;s de end&eacute;mica) en el cine contempor&aacute;neo y de la que tampoco sabe librarse, en esta obra, Takashii Miike, un cineasta otrora habituado a romper moldes (o a violentarlos), cada vez m&aacute;s acomodado en un &aacute;mbito, el del artesanazgo, que le permite seguir robusteciendo puntualmente su cuenta corriente al mismo tiempo que filma (o, al menos, firma) pel&iacute;culas a destajo. </p> 
 <p> Los detalles del argumento que difieren entre una y otra pel&iacute;cula apenas si son sustanciales (la pelea contra los tres samur&aacute;is del clan Lyi tiene lugar aqu&iacute; en una &uacute;nica secuencia; el daimio ejerce de kaishaku de Motome en el primer hara-kiri; la pelea del final se esfuerza en subrayar el prop&oacute;sito vengativo de Tsugumo, etc.) en comparaci&oacute;n a los cambios que s&iacute; existen en el plano formal: los continuos flashback que ornamentaban el original de Kobayashi, &nbsp;gozosamente acompa&ntilde;ados de una voz en off que, adem&aacute;s de evocar los valores narrativos de la literatura oral (anticipando, en peque&ntilde;as dosis, las claves que iban precisando el argumento), aportaba no poca profundidad emocional al relato expuesto, son aqu&iacute; sustituidos por dos &uacute;nicos flashback, el segundo de casi una hora de duraci&oacute;n, que termina por convertir la pel&iacute;cula en una mezcla de tres; una estructura medida que aten&uacute;a, empero, los momentos de mayor dramatismo (pero tambi&eacute;n los de mayor suspense, en un argumento poblado de ello) en su decidida voluntad por mezclar diferentes g&eacute;neros (jidaigeki, chambara, aventuras) y situaciones argumentales, rest&aacute;ndole eficacia como producto compacto (sin duda, una de las mayores virtudes de Harakiri) y reconocible, mostrando, en cambio y contra todo pron&oacute;stico, a un cineasta en plena madurez capaz de desenvolverse, con cierta agilidad narrativa, en cualquier terreno; incluso en un terreno que, a priori, no pareciera encajar con la propia trayectoria filmogr&aacute;fica de Takashi Miike. &nbsp; </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/harakiripicpic2.jpg" alt="" width="450" height="301" /> En pleno shogunato Tokugawa, un per&iacute;odo hist&oacute;ricamente caracterizado (al menos lo es en sus primeros lustros) por el reinado de una paz inexpugnable en el que la palabra guerrero amenaza con convertirse en un anacronismo, un samur&aacute;i se presenta en la casa se&ntilde;orial del clan Lyi para cometer seppuku, un suicidio de intenciones protocolarias que persigue restituir el honor de un ronin ca&iacute;do en desgracia por la propia coyuntura social. El daimio del Clan, Kageyu, (dibujado aqu&iacute;, desde su misma presentaci&oacute;n, con trazos maniqueos) le pide que antes de llegar a tal extremo se digne a escuchar un relato que puede serle de utilidad, tal es su perfil moralizante, acerca de lo ocurrido tiempo atr&aacute;s, en ese mismo auditorio, con otro samur&aacute;i que acudi&oacute; a su casa con designios parecidos. Tsugumo, el guerrero, escucha impert&eacute;rrito y de boca del propio se&ntilde;or feudal, lo que el destino ten&iacute;a deparado a aqu&eacute;l hombre, Motome; de c&oacute;mo se present&oacute; en aqu&eacute;lla casa con una actitud honorable, pidi&oacute; permiso para inmolarse, y sufri&oacute; en sus propias carnes las burlas y el desprecio manifiesto de los miembros de clan, que quitaron valor a sus palabras mientras exig&iacute;a una tregua de tres d&iacute;as que suspendiera provisionalmente la liturgia, y de c&oacute;mo utilizaron su tormento para servir de escarnio p&uacute;blico a los dem&aacute;s, oblig&aacute;ndole a ejecutar seppuku con su propia espada de junco, con el fin de evitar que aquella casa, que presum&iacute;a adem&aacute;s de un alto concepto del honor y de fidelidad hacia las tradiciones de los verdaderos guerreros, en una medida ejemplar, terminara convirti&eacute;ndose en un dominio dadivoso en el que cualquier samur&aacute;i sin trabajo (en un ecosistema pre&ntilde;ado de ellos) pudiera presentarse demandando limosna. </p> 
 <p> &nbsp;A pesar de la gravedad (y dramatismo) del relato que escucha, el ronin Tsugumo se muestra especialmente interesado en continuar adelante con su prop&oacute;sito inicial, para lo cual pide permiso al daimio del clan para contarle otra historia, mientras llega cualquiera de los kaishakus que ha elegido como jueces y verdugos para su ritual, particularmente relacionada con aqu&eacute;lla que acaba de escuchar, convencido de que as&iacute; podr&aacute; aportar no solo una versi&oacute;n alternativa (y reparadora) en cuanto refiere a la historia de Motome, el samur&aacute;i que acabara desentra&ntilde;ado en ese mismo lugar en el pasado, y al que admite haber conocido, como demostrar, con hechos fehacientes, que la propia honorabilidad de la que presume la casa que gobierna Kageyu es s&oacute;lo una fachada formal que, de modo suplementario, tambi&eacute;n define a los nuevos tiempos (y a los nuevos guerreros, surgidos en tiempo de paz, defensores de un c&oacute;digo arcano cuyas principales preceptos solo defienden de viva voz). </p> 
 <p>  <img src="http://www.septimovicio.com/portadas/harakiripicpic1.jpg" alt="" width="450" height="292" /> No parec&iacute;a Takashi Miike, sin embargo, el director m&aacute;s adecuado para un producto que aboga por la narraci&oacute;n pausada, por la violencia contenida (que apenas si se explicita en un par de secuencias: el harakiri de Motome y la -ultracoreografiada- batalla colectiva que cierra la pel&iacute;cula), por el romanticismo exacerbado, por un sin fin de actos de amor (conyugales o no) valerosos, por la lucha vital de un padre de familia que pretende cubrir las necesidades alimentarias (y salut&iacute;feras) de los suyos... salvo por la oportunidad mercadot&eacute;cnica de venderla como un d&iacute;ptico junto a &ldquo;Thirteen assassins&rdquo; (y eso a pesar de constituirse en su aut&eacute;ntico reverso) y, pese a todo, no deja de desenvolverse, el cineasta japon&eacute;s, con una cierta suficiencia rectora, fruto de su fecunda experiencia en productos de cualquier calado, abordando un espect&aacute;culo cinematogr&aacute;fico que es singularmente abrumador en el plano-detalle, en sus decorados, en el uso tridimensional de algunos escenarios, en la recreaci&oacute;n social del per&iacute;odo hist&oacute;rico concreto, mientras se recrea en las caricias y miradas que unos y otros personajes se intercambian, en el llanto de un ni&ntilde;o enfermo, en el valor de las palabras cuando buscan un prop&oacute;sito dogm&aacute;tico, en la venganza, en fin, como leit motiv sucinto que mueve todo su engranaje argumental. </p> 
 <p> Miike trata de entretejer la trama (originalmente, una atormentada venganza perge&ntilde;ada en defensa del honor y la tradici&oacute;n perdidas) con soluciones dram&aacute;ticas de perfil ortodoxo, subrayadas hasta el hartazgo, tambi&eacute;n gracias a su emotiva banda sonora y a una fotograf&iacute;a colorista singularmente corrompida por la tecnolog&iacute;a estereosc&oacute;pica, tendiendo a la sobredimensi&oacute;n emocional, destacando la injusta situaci&oacute;n del caso concreto, priorizando el subtexto afectivo-familiar que define a su argumento. Mientras da p&aacute;bulo a esto renuncia a todo lo dem&aacute;s. Y es que lo que all&iacute; era una denuncia expl&iacute;cita contra toda una instituci&oacute;n, decadente y ominosa, que apelaba a la tradici&oacute;n s&oacute;lo de palabra (que, adem&aacute;s, era extensible en t&eacute;rminos aleg&oacute;ricos a la propia situaci&oacute;n social del Jap&oacute;n desarrollista de los sesenta), aqu&iacute; esta intenci&oacute;n queda considerablemente atenuada, casi exiliada en un argumento que gravita la mayor parte de su carga dram&aacute;tica alrededor de un solo problema familiar que tiene en el hambre y en la enfermedad sus principales ep&iacute;tomes.&nbsp; </p> 
 <p> Es el rasgo m&aacute;s reprochable que define a una pel&iacute;cula que, como mejor reclamo, deja la necesidad imperiosa de recuperar, ineludiblemente, aunque solo sea para efectuar la consiguiente comparaci&oacute;n, la cinta original de Kobayashi. Un ejercicio nost&aacute;lgico-cin&eacute;filo, de indudables prop&oacute;sitos terap&eacute;uticos, m&aacute;s que aconsejable en este caso. </p> 
 <p>  <strong> J. P. Bango&nbsp; </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Mon, 13 Jun 2011 13:48:14 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/1306111-harakiri-death-of-samurai/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/1306111-harakiri-death-of-samurai/</guid></item><item><title><![CDATA[Hors Satan]]></title><description><![CDATA[ <p> Concomitancias de aquella lectura controvertida (el sino de la fe revelada es la praxis belicosa) reverberan en los recovecos de &ldquo;Hors Satan&rdquo;, drama agreste de &iacute;nfulas metaf&iacute;sicas que continuamente se debate entre la impostura autoral y la inflamaci&oacute;n po&eacute;tica aficionada al artificio. Dechado de austeridad y acritud, poco propenso a texturas antropol&oacute;gicas, humanistas o iconogr&aacute;ficas frente a un discurso que coteja su imp&uacute;dico mensaje flirteando indistintamente con la vulgaridad y la causticidad, hurga nuevamente en la ira inclemente de un Dios col&eacute;rico.&nbsp; </p> 
 <p> Un hombre de expresi&oacute;n monosil&aacute;bica e impert&eacute;rrita (el flem&aacute;tico David Dewaele) subsiste como vagabundo errante en la regi&oacute;n de Pas-de-Calais, frente a la costa de &Oacute;palo, un paisaje de herm&eacute;tica agitaci&oacute;n, henchido de bosques, dunas y marismas, azotado por un viento intransigente, cuyas penumbras apenas si enmascaran la atm&oacute;sfera ominosa que hechiza el lugar. Mientras predica protocolariamente que &ldquo;s&oacute;lo hay un camino&rdquo; y ejerce de forma inflexible el papel de iluminado protector de la zona, el reservado ermita&ntilde;o recibe peri&oacute;dicamente la visita de una adolescente, de presencia punk &nbsp;e intereses equ&iacute;vocos, que le ofrece sustento alimenticio y compa&ntilde;&iacute;a. Entre la meditaci&oacute;n mundana y el tedio existencial, la extra&ntilde;a pareja deambula sin rumbo fijo por los senderos y v&iacute;as del emplazamiento, enfrascados en silencios, tiempos muertos y deseos sin consumar. &nbsp;Ocasionalmente, como si se tratasen de exabruptos, este lugarteniente de mirada hier&aacute;tica act&uacute;a acorde a una labor que s&oacute;lo halla su coartada a mayor gloria de instancias sobrehumanas: asesina a sangre fr&iacute;a al progenitor de la chica, un granjero supuestamente adicto al maltrato sistem&aacute;tico (la visi&oacute;n m&aacute;s pesimista de los v&iacute;nculos primarios se desliza sinuosamente a lo largo de la obra de Dumont); tortura sin compasi&oacute;n al guarda de la min&uacute;scula localidad, empecinado en cortejarla; y, milagrosamente, alivia los tremebundos dolores de una ni&ntilde;a encamada bajo s&iacute;ntomas indescifrables. As&iacute;, sin justificaci&oacute;n aleg&oacute;rica, y asignando cierta trascendencia a la banalidad, la exasperante iteraci&oacute;n de paseos interminables y adoctrinamiento te&oacute;rico encuentran su encarnaci&oacute;n pr&aacute;ctica en esta oposici&oacute;n militante contra la iniquidad soterrada de una poblaci&oacute;n en la que el monopolio de la seguridad y el auxilio no est&aacute; en manos de la gendarmer&iacute;a. </p> 
 <p> Evidenciando su voluntad omnisciente, el hombre ilustra el sentido de su proceder: aplastar con una piedra la cabeza de un ciervo moribundo puede ser un gesto de misericordia divina; fornicar compulsivamente con una peregrina, entre espasmos epil&eacute;pticos y fluidos lactescentes, es, simplemente, una exhibici&oacute;n facultativa de su poder&iacute;o incontestable (uno de los lamentables intentos de subversi&oacute;n que, desde &ldquo;La vie de J&eacute;sus&rdquo;, trufan la carrera del galo); y  <em> caminar sobre las aguas </em>  para frenar el avance de un incendio que asola la cosecha es la prueba de fuego que animar&aacute; el esp&iacute;ritu de su fiel escudera. Insertos como estos, tan grotescos como inanes, dominan el metraje (incluyendo en la funci&oacute;n un episodio de resurrecci&oacute;n tan chocante que har&iacute;a palidecer a Dreyer o Reygadas) mientras el realizador se olvida de los roles secundarios (que recupera &uacute;nica y exclusivamente a su antojo) y delibera entre atributos contrarios, entre lo expl&iacute;cito y lo impl&iacute;cito. </p> 
 <p> En los &aacute;mbitos liminales de la  <em> New French Extremity </em>  (desafortunada etiqueta acu&ntilde;ada por el cr&iacute;tico James Quandt para arropar a cineastas tan heterog&eacute;neos como Philippe Grandieux, Claire Denis o Alexandre Aja), las virtudes de &ldquo;Hors Satan&rdquo; radican en su fisicidad, en la extenuante proximidad con la que Dumont filma cuerpos y siluetas, cuadros paisaj&iacute;sticos y excesos an&iacute;micos. Delimitando el escenario con innegable teatralidad, aplic&aacute;ndose en las&nbsp;tomas largas de conclusi&oacute;n irresoluta, el sonido directo al&eacute;rgico a la post-producci&oacute;n y los&nbsp;encuadres, a los que dota de la inescrutable belleza de la pintura rom&aacute;ntica (menci&oacute;n aparte para el cometido del belga Yves Cape), el de Bailleul compone el efecto codiciado: como el  <em> diabolus in musica </em> , ese intervalo musical capaz de generar cierta angustia en el oyente, su cine a&uacute;na por momentos perturbaci&oacute;n y sublimidad. L&aacute;stima que, a pesar de repudiar lo confortable y lo maniqueo, su trayectoria, potencialmente prometedora, rara vez cumple sus objetivos. S&oacute;lo la sabidur&iacute;a suprema de la posteridad nos ofrecer&aacute; un dictamen al respecto. </p> 
 <p>  <strong> David L&oacute;pez </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Fri, 10 Jun 2011 16:25:55 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/1006111-hors-satan/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/1006111-hors-satan/</guid></item><item><title><![CDATA[Target]]></title><description><![CDATA[ <p> Perseguido por proselitistas sovi&eacute;ticos al final de la era comunista (sus primeros trabajos editoriales se publicar&iacute;an al otro lado del Tel&oacute;n de Acero), tambi&eacute;n sufrir&aacute; el acoso, pero no derribo, de las huestes m&aacute;s leales a Vladimir Putin, que incluso llegar&aacute;n a escenificar su desd&eacute;n quemando ejemplares de sus libros frente al Bolsh&oacute;i, creando un caldo de cultivo id&oacute;neo para la concreci&oacute;n de un trabajo de ficci&oacute;n capaz de trascender el &aacute;mbito de la prospectiva hasta convertirse en un fiel reflejo de la realidad actual de un pa&iacute;s cuyos estamentos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales no deja de referir metaf&oacute;ricamente en la mayor&iacute;a de sus trabajos (y en todas sus entrevistas). &nbsp;&nbsp; </p> 
 <p> El gui&oacute;n de &ldquo;Target (Mishen)&rdquo; supone la segunda colaboraci&oacute;n de Vladimir Sorokin con el veterano cineasta Alexander Zeldovich tras &ldquo;Moscow&rdquo; y representa la cristalizaci&oacute;n en im&aacute;genes de este modo de entender las cosas (ya esbozada en su anterior gui&oacute;n para el celuloide, &ldquo;4&rdquo;, &nbsp;llevado a la gran pantalla por Ivan Dykhovichnyj). &nbsp;La escritura del gui&oacute;n de &ldquo;Target (Mishen)&rdquo; se alargar&aacute; durante varios a&ntilde;os, debido a la intensa cartera de trabajo del propio Sorokin, as&iacute; como la exigencia de un dise&ntilde;o de producci&oacute;n de indudable calado ambicioso, capaz de precisar la imaginer&iacute;a conceptual de esta Rusia futurista, ma non troppo, poblada de localizaciones (Mosc&uacute;, Gorny Altai, Kamchatka, &nbsp;Inglaterra y Hong Kong), &nbsp;de efectos especiales, siempre contextuales (a&ntilde;adidos arquitect&oacute;nicos en el skyline moscovita, camiones de mercanc&iacute;as digitalizados, transparencias que aportan profundidad a &ldquo;la meta&rdquo;, etc.) y de gagdets de &uacute;ltima generaci&oacute;n (relojes poli-funcionales, autom&oacute;viles de dise&ntilde;o, m&oacute;viles en forma de abanico, etc.) que tratan de dotar de una apostura vanguardista al ecosistema prospectivo propuesto por Sorokin&hellip; &nbsp; </p> 
 <p> Rusia, en el a&ntilde;o 2020. La econom&iacute;a del pa&iacute;s vive uno de sus momentos m&aacute;s &oacute;ptimos debido a su importancia como punto intermedio entre los mercados centrales de Asia &nbsp;y Europa. &nbsp;Una gran autopista concentra y canaliza el tr&aacute;nsito de mercanc&iacute;as y de personas entre ambos continentes: el itinerario Par&iacute;s-Guangzhou se consolida as&iacute; como una de las grandes rutas comerciales de este nuevo mercado, eminentemente globalizado, &nbsp;y Rusia, que garantiza la seguridad de toda la red de comunicaciones y supervisa el control fronterizo en ambos puntos del globo, resulta uno de los grandes beneficiados. Esta condici&oacute;n privilegiada agudiza su propio sistema de castas. Las diferencias entre unos y otros estratos sociales se acent&uacute;an considerablemente: la clase poderosa cada vez lo es m&aacute;s en una sociedad que sacraliza el &eacute;xito individual al mismo tiempo que demoniza el fracaso, y a los fracasados; un exitoso programa de televisi&oacute;n (&ldquo;Winners &amp; Losers&rdquo;) resume hiperb&oacute;licamente este modo de entender las relaciones sociales, sancionando impunemente a los perdedores, lleg&aacute;ndolos a humillar, incluso, mientras (sub)vierte a la atm&oacute;sfera proclamas populistas tendentes a adoctrinar (y adocenar) &nbsp;a los espectadores. &nbsp;En este contexto dicot&oacute;mico, el triunfador puede observar al mundo desde un pedestal inalcanzable, incluso permitirse el lujo de juzgarlo (como hace el protagonista mediante unas curiosas gafas que cataloga a las personas en funci&oacute;n, o no, de su bonhom&iacute;a) a conveniencia. &nbsp; </p> 
 <p> V&iacute;ctor es el Ministro de Recursos Energ&eacute;ticos de esta Rusia hipervitaminizada por cuestiones arancelarias: un hombre, caudaloso y descre&iacute;do, que lo tiene todo menos aquello que no puede comprar con dinero: por ejemplo, la felicidad que, en tiempos, rein&oacute; en su matrimonio con Zoe, &uacute;ltimamente preocupada por buscar un elixir de la juventud que la devuelva la ilusi&oacute;n perdida (por ejemplo, haciendo uso de m&aacute;scaras faciales construidas de metales nobles) en una cotidianidad regida por el tedio materialista... &nbsp;Para lograr este prop&oacute;sito regala a su mujer un viaje a un conf&iacute;n perdido de la estepa rusa, cerca de Mongolia, donde ambos podr&aacute;n ba&ntilde;arse, figuradamente, en una fuente de la juventud que, seg&uacute;n parece, se oculta en un observatorio astrof&iacute;sico embebido de part&iacute;culas c&oacute;smicas a las que se les atribuye la cualidad de revertir el proceso del envejecimiento. El tecn&oacute;crata, sin embargo, no busca tanto restituir la juventud de su esposa como rememorar tiempos pasados. No lo hace desde una perspectiva emp&aacute;tica sino, abiertamente, ego&iacute;sta: quiere que las cosas sean como antes, especialmente en lo que concierne a su propia felicidad. Acompa&ntilde;an a V&iacute;ctor y Zoe, en su viaje reparador, el hermano de &eacute;sta, Mitia, una estrella de la televisi&oacute;n rusa, &nbsp;y un Coronel encargado de la seguridad en el tr&aacute;nsito entre aduanas (Nikolai): todos representantes de esa clase social privilegiada surgida al albor del r&eacute;gimen aduanero. &nbsp;Unos y otros buscan no tanto revertir su incipiente proceso de degeneraci&oacute;n celular (lo que en &uacute;ltimo t&eacute;rmino les posibilitar&iacute;a perpetuar su estado de salud por tiempo ilimitado) como darle un nuevo impulso emocional a sus vidas. Los efectos secundarios no tardan en aparecer cuando el grupo regresa a Mosc&uacute;, una vez han logrado su objetivo de pasar una noche en el interior del hangar abandonado, acompa&ntilde;ados de una locutora de radio (presentadora del programa "Chinese for Dummies") que acaba de iniciar una relaci&oacute;n afectiva con Mitia (en cierto modo, su contraparte), y de una joven muchacha (s&oacute;lo en cuanto a su apariencia f&iacute;sica: afirma tener m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os), vecina del poblado que hospeda el &ldquo;objetivo&rdquo;, &nbsp;que tiene como prop&oacute;sito cumplir con una antigua promesa pronunciada veinte a&ntilde;os atr&aacute;s... &nbsp; </p> 
 <p> Su estancia en las monta&ntilde;as de Altai no s&oacute;lo les proporcionar&aacute; la regeneraci&oacute;n celular anunciada, tambi&eacute;n una agudizaci&oacute;n extrema de los rasgos que definen sus diferentes identidades, una liberaci&oacute;n emocional que no tarda en manifestarse de forma vehemente. La exacerbaci&oacute;n de sus sentidos, en fin, &nbsp;resultar&aacute; insoportable para la mayor&iacute;a de ellos una vez la terapia c&oacute;smica comience a exagerar sus primeros s&iacute;ntomas: Nicolai intensificar&aacute; sus encuentros sexuales con la esposa de Viktor; Viktor, a su vez, terminar&aacute; corporeizando su obsesi&oacute;n de catalogar todo aquello que le rodea en funci&oacute;n del color de la energ&iacute;a que desprenden los cuerpos s&oacute;lidos; Mitia extremar&aacute; sus actuaciones al frente del programa televisivo que conduce, al mismo tiempo que sufre los arrebatos pasionales de una aventura amorosa llevada al l&iacute;mite. S&oacute;lo aqu&eacute;llos capaces de anteponer una soluci&oacute;n dr&aacute;stica ante semejante caudal de deseos, afectos y sentimientos desbordados, podr&aacute; resistir el poder otorgado por la fuente m&aacute;gica, sabr&aacute; convivir con &ldquo;el objetivo&rdquo;. &nbsp; </p> 
 <p> Cuando se tiene todo menos la juventud, es la juventud lo que se ans&iacute;a. Pero la juventud no sirve de nada si no se tiene control sobre ella. Alrededor de esta premisa, el dueto Zeldovich/Sorokin construye esta obra prospectiva, ambiciosa y melanc&oacute;lica a partes iguales, un turbio retrato del poder (en la m&aacute;xima extensi&oacute;n del t&eacute;rmino) y de los poderosos, alambicada s&oacute;lo en el plano de las ideas (los protagonistas ornamentan sus di&aacute;logos con continuas referencias filos&oacute;ficas, po&eacute;ticas, pol&iacute;ticas o metaf&iacute;sicas), poblada de sexo y de cambios de parejas, de amor entendido desde una perspectiva hiperb&oacute;lica (no en vano, su argumento oculta dos de las historias de amor m&aacute;s intensas y tr&aacute;gicas de cu&aacute;ntas ha podido completar el cine contempor&aacute;neo en su versi&oacute;n adulta), de mafias fronterizas y de polic&iacute;as con patente de corso, de tr&aacute;fico de productos, personas e intereses, siempre con intenciones especulativas, de programas de televisi&oacute;n de indudable pretensi&oacute;n dogm&aacute;tica, entre otros &iacute;tems de inter&eacute;s, hasta llegar a un cl&iacute;max (no por casualidad extraordinariamente hilado, especialmente en lo que refiere al destino de los personajes) pre&ntilde;ado de secuencias que ponen m&aacute;s que digno colof&oacute;n, con trazos pausados pero firmes, &nbsp;a todas y cuantas subtramas plantea el argumento. </p> 
 <p> &ldquo;Target (Mishen)&rdquo; hunde sus ra&iacute;ces, a partes iguales, &nbsp;en el cine de Tarkovski (especialmente en sus dos aproximaciones al cine de ciencia ficci&oacute;n) y de Konstantin Lopushansky (por su acercamiento al g&eacute;nero desde una perspectiva taciturna); as&iacute; como (no puede ser de otro modo dado los referentes aludidos) &nbsp;en la literatura de Arcadi y Boris Strugatski (desde Picnic junto al camino a Hotel de Alpinista Muerto, pasando por Iskushenie B, una obra que adaptar&iacute;a para la pantalla grande Arkadi Sirenko en 1990 y que abordaba el tema de la inmortalidad con pretensiones existencialistas), &nbsp;referentes nominales de toda la producci&oacute;n fantacient&iacute;fica surgida en suelo ruso desde finales de los setenta. Es, junto con &ldquo;Tree of Life&rdquo;, la m&aacute;s excesiva (tambi&eacute;n en cuanto a duraci&oacute;n: 155 minutos), &nbsp;densa, sarc&aacute;stica y cerebral de todas y cu&aacute;ntas pel&iacute;culas pudimos visionar en Cannes: un afinado retrato de una serie de personajes, hastiados en su suficiencia econ&oacute;mica, necesitado de un remedio m&aacute;gico capaz de sacar al trasluz toda aquella felicidad que dejaron aparcada, de modo inexorable, el d&iacute;a que comenzaron a canjear divisas por ilusiones. Un &ldquo;gozoso anacronismo&rdquo; como expres&oacute;, en su momento, David L&oacute;pez, que se cuela en la cinematograf&iacute;a actual dispuesto a dejar una huella pronunciada en la memoria del cin&eacute;filo m&aacute;s inconformista. Y lo consigue, a pesar de todos los excesos (esencialmente verborr&eacute;icos) que la definen; tambi&eacute;n en sus momentos m&aacute;s insustanciales. </p> 
 <p>  <strong> J. P. Bango&nbsp; </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Thu, 09 Jun 2011 15:04:57 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/0906111-target/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/0906111-target/</guid></item><item><title><![CDATA[Code Blue]]></title><description><![CDATA[ <p> En Holanda, un Estado constitucionalmente pionero en la introducci&oacute;n de medidas socio-pol&iacute;ticas tendentes a extremar los l&iacute;mites de la libertad individual, incluso a la hora de decidir el momento de la propia muerte en casos puntuales, &nbsp;van un paso m&aacute;s all&aacute; a la hora de interpretar dicha asistencia al suicidio, consintiendo, &nbsp;en su seno, la eutanasia &nbsp;en sentido estricto como una actividad reglada en su sistema de salud, singularmente alejada de las reprobaciones penales y sociales a las que son tan proclives el resto de pa&iacute;ses. &nbsp;En torno a la figura de una de las personas que participan directa o indirectamente de esta praxis paliativa (si bien siempre queda en un segundo plano, sin subrayados ni cuestionamientos morales), articula Urszula Antoniak su segundo largo, &ldquo;Code Blue&rdquo;, una pel&iacute;cula de trazo grueso (y no s&oacute;lo en relaci&oacute;n a su tem&aacute;tica) y mirada g&eacute;lida, hilvanada en torno a conceptos tan abstractos como la frustraci&oacute;n, el individualismo o el deseo insatisfecho, entendidos aqu&iacute; desde una perspectiva, esencialmente, extrema, tan inc&oacute;modos, &aacute;speros y grotescos resultan los caracteres con que se describen. </p> 
 <p> Marian (excepcional, Bien de Moor) es una enfermera solitaria que cuida de los pacientes terminales de un hospital holand&eacute;s; lo hace con plena dedicaci&oacute;n y celo (a la manera de Adrien Pal, la protagonista de la cinta ep&oacute;nima de Agnes Kocsis), acompa&ntilde;&aacute;ndoles en los &uacute;ltimos estertores de su vida, con tacto y delicadeza, tomando la mano de aqu&eacute;llos que est&aacute;n a punto de morir o aplic&aacute;ndolos soluciones qu&iacute;micas capaces de aplacar o acallar su agon&iacute;a. Acostumbrada a cohabitar con enfermos moribundos, ha desarrollado una personalidad despose&iacute;da de emociones, abiertamente disocial, siempre as&eacute;ptica; el resto de su cotidianidad se pervierte entre abscesos de soledad y roces violentos con otras personas (que se manifiestan incluso en una rutinaria compra en un supermercado). Su conducta, de claras reminiscencias autodestructivas, no solo la impide mantener contacto &iacute;ntimo con la gente de su entorno, tambi&eacute;n la reprime a la hora de iniciar cualquier tipo de relaci&oacute;n; de hecho, ella misma se encarga constantemente de rehuirlas, invent&aacute;ndose coartadas invencibles (por ejemplo, que est&aacute; enamorada de otro hombre, o que tiene una hija que cuidar) que pretenden evitar una segunda toma de contacto. Alrededor da esa personalidad, individualista y disociada, Marian ha edificado una coraza defensiva que, sin embargo y de forma abrupta, se rompe a pedazos en cuanto entra a colaci&oacute;n un solo aliento de deseo, que toma como epicentro la figura de su vecino, Konrad (Lars Eidinger), un hombre de su edad hacia quien siente una atracci&oacute;n irresistible (y que la provoca no poco malestar). Hasta tal punto se quiebra su armadura defensiva que ni siquiera su pulsi&oacute;n vouyer&iacute;stica, expresada de forma vehemente &nbsp;e impulsiva (alquila pel&iacute;culas porno en el supermercado, se masturba detr&aacute;s de las cortinas mientras observa a Konrad en su apartamento, a trav&eacute;s de un diminuto agujero) logra compensar su creciente necesidad de est&iacute;mulos emocionales (no tanto afectivos). Ya no le basta con imaginarse, como si fuera cierta, una vida alternativa, u observar la realidad a distancia; necesita y quiere participar de ella, hacer tangibles sus deseos, convertir el sexo en una experiencia real, sentir como propias las emociones que s&iacute; aprecia en los dem&aacute;s, y hacerlo adem&aacute;s de una manera no fingida. No le quedar&aacute; otro remedio, entonces, que asumir riesgos afectivos (inhabituales para una persona como ella), por ejemplo: se ver&aacute; obligada a participar de un proceso de seducci&oacute;n y cortejo, o entrar en contacto f&iacute;sico con el otro, o responder sentidamente ante dicho contacto (tan falto de est&iacute;mulos interactivos se expresa su car&aacute;cter que ni siquiera sabe c&oacute;mo responder ante las primeras muestras de rechazo de Konrad). Tratando de contrarrestar semejante caudal de emociones (todas sobrevenidas) y como si de un animal en celo se tratara, comienza a dar rienda suelta a sus instintos m&aacute;s primarios y viscerales. La vejaci&oacute;n, &nbsp;la humillaci&oacute;n y el sometimiento amenazan con hacer acto de presencia al otro lado de la esquina. </p> 
 <p> Los tonos fr&iacute;os y g&eacute;lidos de los que se nutre, y no s&oacute;lo fotogr&aacute;ficamente, &nbsp;la pel&iacute;cula de Urszula Antoniak remiten al cine de Kieslowski, de Haneke, incluso de Lars Von Trier (que ejerce de co-productor de esta pel&iacute;cula a trav&eacute;s de su productora Zentropa; una atenci&oacute;n que la directora devuelve con no pocos gui&ntilde;os); los personajes se mueven por ciudades atemporales, abarrotadas de edificios (y personajes) grises, de casas escasamente amuebladas (o, directamente, desamuebladas, como ocurre con el apartamento donde habita la protagonista), de amplios ventanales que apenas si dejan vislumbrar tras de si lo que sucede dentro&hellip; </p> 
 <p> Marian &nbsp;observa desde su ventana una violaci&oacute;n en un parque colindante; lo hace embebida de una curiosidad malsana, a medio camino entre la delectaci&oacute;n y el rechazo. A la ma&ntilde;ana siguiente, se dirige al lugar del oprobio y recoge del suelo, y despu&eacute;s guarda para s&iacute;, como si se tratara de un trofeo, uno de los preservativos que utilizaron los agresores. Cuando vuelve a la habitaci&oacute;n no duda en exhibirse desnuda delante de &eacute;l, mientras unta sus piernas y sexo con el semen residual&hellip; Es, sin duda, uno de los ep&iacute;tomes m&aacute;s desagradables (quiz&aacute; tambi&eacute;n lo sea del cine contempor&aacute;neo) de una pel&iacute;cula pre&ntilde;ada de automutilaciones lacerantes, de sexo turbio, de humillaciones sin pausa (especialmente punzantes en su tramo final), de vouyerismo exacerbado, de violencia f&iacute;sica, de masturbaciones expl&iacute;citas, de eyaculaciones no consumadas, de violaciones en grupo, de pacientes que se niegan a morir en el &uacute;ltimo momento, de otros que s&iacute; desean hacerlo, de mujeres que reh&uacute;san al contacto mientras se entierran en vida, de ba&ntilde;os reparadores s&oacute;lo a efectos formales, de suicidios no consumados por falta de agallas, de ablaciones emocionales, siempre auto-inflingidas, de trastornos esquizoides de la personalidad, &nbsp;de situaciones deprimentes narradas desde una distancia prudencial, de inexorabilidad, finalmente: &uacute;ltimo elemento conceptual que explica (y completa) , en poco m&aacute;s de setenta minutos, &nbsp;el argumento propuesto por la directora polaca. </p> 
 <p> Pel&iacute;cula dura (muy dura), repleta de im&aacute;genes turbadoras, controvertidas e &nbsp;intransigentes (lo son con los personajes y lo son con el propio espectador), "Code Blue" resulta, sin embargo, una obra realmente estimulante, subsumida entre la gris cotidianidad (y previsibilidad) que asola a cierto sector del cine independiente europeo, particularmente acomodado entre excesos autocomplacientes e historias est&eacute;riles, con su ritmo pausado y contemplativo (pero nunca moroso), con sus escasos di&aacute;logos (tampoco los necesita), con su fotograf&iacute;a obscura (adem&aacute;s de diletante), con la c&aacute;mara continuamente alejada de los personajes (como si la propia directora quisiera interponer una cierta distancia emocional entre esos personajes y el punto de vista del espectador), con una de las interpretaciones femeninas m&aacute;s arriesgadas (y dif&iacute;ciles de olvidar) de los &uacute;ltimos tiempos&hellip; Ornamentos formales que definen y precisan este relato de &aacute;ngeles redentores, sin derecho a roce, donde no hay lugar para las medias tintas (o para el tab&uacute;). A cambio queda la soledad expresada en formato emp&iacute;rico (y f&iacute;sico) entre las l&iacute;neas maestras que entretejen esta (brutal) pel&iacute;cula holandesa. Al menos as&iacute; lo es para aqu&eacute;l que est&eacute; dispuesto (y pueda: no es una obra de visi&oacute;n f&aacute;cil) a resistir hasta sus cr&eacute;ditos finales. </p> 
 <p>  <strong> J. P. Bango&nbsp; </strong>  </p> ]]></description><pubDate>Mon, 06 Jun 2011 11:09:31 +0000</pubDate><link>http://www.septimovicio.com/criticon/0606111-code-blue/</link><guid>http://www.septimovicio.com/criticon/0606111-code-blue/</guid></item></channel></rss>
