Interesante punto de partida. Cinco personas se despiertan encerradas
en una nave industrial perdida de la mano de dios no recordando lo que
ha pasado ni porque están allí. Deducen de los signos de
violencia existentes que allí cohabitan secuestradores y secuestrados.
Pero, ¿quién es quien?.
La situación de por sí, genera cierta tensión y
más curiosidad por saber como se van desarrollando los acontecimientos.
Pero eso se va diluyendo con el paso de los minutos hasta quedar en casi
nada. La película avanza a trompicones con unos actores que aun
dando de sí, deambulan por el escenario sin poder dar ninguna dimensión
o profundidad a sus personajes. Pura caricatura.
Pero además los diversos desenlaces carece de ingenio alguno,
utilizando el recurso de replantearte la historia por medio de una, se
supone, supersorpresa. Pero como tal sorpresa tampoco importa mucho, lo
que hacemos es añadir más supersorpresas, para que el espectador,
supuestamente, se replantee la historia tres cuatro veces en cinco minutos.
Completamente burdo.
Estos sospechosos habituales no enganchan, no nos llevan por donde se
supone que debemos ir. Resulta lamentable como el director desaprovecha
a unos más que buenos actores y una historia que en manos de algún
otro director con criterio hubiera dado muchísimo más de
sí.






