En esta ocasión, Ceylan (inspirándose en la fábula de los tres monos que dedicen no hablar, ver u oír) se detiene en un retrato familiar marcado por rupturas, contradicciones y conflictos en el que las mentiras más extravagantes son las que mantienen aún unidos a sus miembros. Ignorar la verdad de los hechos se ha convertido en norma para una familia que se disgrega lentamente como consecuencia de la corrupción del poder y del dinero. El director de «Uzak» reincide en los silencios y en su habitual pretensión estética en una cinta presentada anoche en Cannes y que por el momento ya ha recibido el aplauso de la crítica.
Fuente: David López




