Top 7: “Animal Attack Movie”

Top 7: “Animal Attack Movie”

1.- Los Pájaros / The Birds, 1963 (Alfred Hitchcock): Cinta de múltiples capas e insinuaciones morbosas, realizada por un Hitchcock en plenitud capaz de transformar la irregular adaptación que Evan Hunter haría del relato epónimo de Daphne Du Maurier, en una obra de terror superlativa, todavía hoy un prodigio técnico-narrativo (que no de interpretación), contenedora si no de alguna de las mejores secuencias del género, sí, al menos, de alguna de las mejor planificadas (y efectivas). También de las más recordadas, a pesar de la ausencia de música o de su decidida voluntad contracorriente. Hitchcock juguetea con el espectador y con los personajes, como siempre hizo, valiéndose de alguna de sus obsesiones (la protagonista –rubia- ejerce de extraño resorte), tomando como punto de partida la alteración de la cotidianidad de los habitantes de Bodega Bay, coincidente con la visita de una mujer rica y caprichosa, propiciadora inconsciente de una tormenta no menos impredecible diseñada para sabotear cualquier atisbo de quietud. La genialidad estriba en convertir esa tormenta en un cúmulo de bandadas de pájaros de diferentes especies y caracteres tradicionalmente sosegados, convertidos de repente en herramientas causantes de un terror esencialmente definido por su carácter irracional (se desconoce por qué atacan los pájaros y lo que es peor, cuándo van a volver a hacerlo) y turbador. Extraordinaria.

Tiburón / Jaws, 1975 (Steven Spielberg): Una de las cintas de género más influyentes en la psique del espectador medio, fundamentalmente cuando se acerca a una playa. Spielberg, que acababa de iniciar su carrera cinematográfica con la irregular Loca Evasión, vuelve a las formas y modos que le dieron prestigio en DUEL apoyándose en aquello que mejor va a definir a casi toda su filmografía: su incuestionable capacidad para la narración de suspense. El argumento de la cinta se divide en dos partes, más o menos diferenciadas; una primera que presenta el acecho del tiburón a la playa y, otra, más próxima a la aventura, donde se delimita su búsqueda y cacería en alta mar, tomando como referencia a la literatura de Melville. En ningún momento se analiza la figura del monstruo (error que sí cometen sus derivaciones) sino en cómo afecta su presencia a toda una comunidad en sus diferentes estamentos. Una de las cumbres del cine de suspense, Tiburón (traducción apócrifa del original “Jaws”) también se convertirá en el primer blockbuster del cine moderno, incluyendo conceptos de índole mercadotécnico.

Sucesos en la cuarta fase / Phase IV, 1974 (Saul Bass): Hipnótica película-experimento del gran Saul Bass en torno a un grupúsculo de himenópteros que comienza a atacar a la población en el desierto. Las hormigas, dotadas de una misteriosa inteligencia colectiva, se aprestan a conquistar el mundo con técnicas de organización grupal. Película desasosante, am na inseriodotmo siempre, esta vez afectando a una coidianegante como pocas, Sucesos en la cuarta fase consiente en su entramado un argumento centrado, fundamentalmente, en el duelo que las hormigas mantienen con un grupo de investigadores sitiados en el interior de un laboratorio. La cinta, ubicada en un contexto pseudocientífico y con hechuras de cine documental, pone sobre la mesa una confrontación entre dos especies antagónicas solo en apariencia. Cada uno de los cuatro estadios a los que hace colación el título, no son sino un paso más en ese duelo entre pares. Las hormigas no se conforman con devorar a sus contrincantes sino que tratan de demostrarle su superioridad intelectual, apelando a intrincados planes de ascendencia matemática. Su final nos revela que en la Tierra no hay espacio para dos especies imbuidas por el don de la perspicacia. Una de las cumbres del cine de ciencia ficción no apta, claro está, para mirmecofóbicos.

La revolución de las ratas / Willard, 1971 (Daniel Mann): Lejos de ser una obra de terror al uso, La revolución de las ratas de Daniel Mann, se recrea de su origen teatral y naturaleza dramática. Las ratas aquí no son sino la herramienta, un instrumento de venganza en las manos de un joven tímido y apocado, reprimido por un pasado que lo amedrenta y por una madre más o menos posesiva que en ningún caso sabe ocupar el lugar de su difunto padre. El joven Willard es víctima, pues, de una disfunción afectivo-social que lo merma frente a los demás, por ejemplo, frente a su insoportable jefe (Borgnine), sembrando en su interior el germen de una venganza que se anuncia casi desde el principio, y que tendrá como principales aliados a un ejército de ratas convenientemente amaestrado para la ocasión. Opresiva en su forma, grotesca en cuanto a sus resultados, conocerá de una continuación (Ben) y de un remake que, aunque igualmente interesante, pierde demasiado tiempo en exhibir sus soluciones infográficas mientras mengua su carácter repulsivo, condición necesaria para que una historia como ésta cause auténtico pavor. Eso que sí da el personaje interpretado por Ernest Borgnine, por cierto.

El perro, 1976 (Antonio Isasi-Asismendi): Adaptación de la novela homónima de Vazquez-Figueroa (readaptada recientemente por el propio autor en la infame Rottwailer del no menos infame Brian Yuzna), también supone una de las cintas españolas más interesantes pero extrañas que uno recuerda. El argumento no puede ser más simple y a la vez más fascinante: un hombre que huye de un régimen dictatorial es perseguido por un incansable perro singularmente adiestrado para dicho menester. El duelo entre perseguidor y perseguido adquiere tintes westernianos hasta su misma resolución. Aunque en su estreno se insinuaba su carácter metafórico y figurado (el animal no sería sino el dictador del que el exiliado trata de huir), lo cierto es que El Perro no es sino una excelente película de cine de acción, despojada de pretensiones; una de las muestras más rotundas del talento, hoy dejado de lado, de Antonio Isasi-Asismendi, personalísimo director de género, autor de Las vegas 500 millones o La Mascara de Scaramouche. A descubrir.

Cuando ruge la marabunta / The naked jungle, 1954 (Byron Haskin): Historia de amor, exotismo y aventuras, en un contexto colonialista (y perniciosamente misógino) amenazado por la irrupción violenta, no ya de una horda de indígenas hambrientos de venganza, sino de los legítimos ocupantes de unas tierras cuyos frutos otros se atreven a explotar. Estas hormigas no atacan, como en otras cintas del género, al hombre en su cotidianidad sino cuando éste, preso de la ambición, se pone literalmente en su camino. Uno de los grandes clásicos del cine de aventuras, dirigido por el eternamente reivindicable Byron (La guerra de los Mundos) Haskin, especialista en efectos especiales, condición que hace que The Naked Jungle ternamente reivindicable n a los geniose capaz de perturbar dicha tranquilidad. se recuerda fundamentalmente por su clímax final, repleto de ríos de hormigas adictas a la carne, especialmente humana. La película también puede verse por su carácter reparador, en tanto los ocupantes de las tierras tomarán conciencia de su condición parásita solo cuando la naturaleza les revela su verdadera identidad. El título castellano le hace verdadero honor.

El territorio de la Bestia / Rogue, 2007 (Greg MacLean): Lo que parece una película más del subgénero, en su vertiente explotation, más próxima pues a Anaconda, Primeval o Komodo que a la intencionadamente paródica, y a ratos brillante, Lake Placid (Mandíbulas), se va convirtiendo en una interesante reflexión sobre los ecosistemas y su desequilibrada relación con aquellos que los perturban. De desarrollo previsible y repleta de personajes arquetípicos, mantiene todo su interés en la distribución de su entramado, repleta de diferentes apartados o pruebas que los personajes tienen que superar hasta llegar a la siguiente fase, siempre con la amenaza de unas mandíbulas acechantes que contribuyen así a crear una estructura puramente tensional (al estilo de The Descent), repleta de momentos opresivos, marca de la casa de Greg McLean. Seguramente no sea la intención de MacLean (por cierto, extraordinariamente empeñado en que no vayamos de vacaciones a Australia), pero su argumento puede verse como una parábola, menos sucinta de lo que aparenta, del destino del propio director: triunfador independiente con su penúltima cinta, Wolf Creek, de bajo presupuesto y gran éxito, fichado por los Weinstein para la ocasión y por tanto, sometido a los dictámenes e imposiciones de los grandes estudios. McLean va a concebir, en este contexto, un argumento donde tiene cabida un hombre absolutamente fuera de lugar introducido por sus superiores en un territorio selvático donde lo menos que le puede pasar es que acabe devorado por una camada de cocodrilos famélicos.

Comentarios

2
  1. Donde podría conseguir la película de «El Perro»?
    Hace unos años estuve buscándola como loco sin resultados

  2. David "SéptimoVicio"

    Creo que cierto festival español la va a programar…jajaja

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