Cannes 2010: «Cannibal»

Cannes 2010: «Cannibal»

Serie Z con ínfulas de autor (no en vano, un gigantesco cartel de la cinta se anunciaba de forma preeminente en una de las terrazas del Hotel Majestic), Cannibal de Benjamín Vire propone una singular revisitación de todos y cuantos tópicos y arquetipos ofrece el cine actual en su modalidad más efectista (y prescindible): primeros planos desenfocados, malos de cómic, diálogos de preclara inspiración Tarantiniana (desposeídos, eso sí, de inventiva), personajes de indudable ascensión freak (el protagonista es un aficionado al golf con agorafobia), mezcla de géneros y una decidida voluntad por hacer de la siguiente secuencia un acto de onanismo nonsense. Apoyándose en todas y cada una de estas variables (ciertamente explosivas cuando comparten un mismo espacio de ficción), el director belga convierte el argumento de su película en una orgía improvisada de situaciones bizarras (en algunos casos involuntariamente esperpénticos), de escasa inspiración y menor ritmo, protagonizadas por una caterva de actores de rostros compungidos y nula comicidad (entre los que destaca el español Micky Molina, como ermitaño-cazador-silente). No es lo peor, sin embargo, de una película cuyo principal defecto estriba, precisamente, en querer parecer justo lo contrario. Un fiasco incontestable.

J.P. Bango

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