"La Habitación de Fermat" por Carlos Polite
Publicado: 06/12/2007
Resulta estimulante ver óperas primas de gente joven. Suelen resultar interesantes aunque muchas veces se vean afectadas por ciertas pretensiones de autor para intentar causar el mayor efecto posible. Aquí tenemos una ópera prima de dos jóvenes promesas, Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña, que han realizado muchos monólogos de estos tan de moda hoy en día y que si bien demuestran cierta habilidad en la puesta en escena, naufragan estrepitosamente en aquello en lo que se supone tenían que haber sacado petróleo, el bendito guión. Desde luego no es lo mismo dar estructura a un monólogo de cinco minutos que a una película de noventa.
Esta historia reúne a cuatro matemáticos brillantes en una habitación menguante que los aplastará si no consiguen resolver los acertijos que les van proponiendo a través de una PDA. La cosa podría haber dado de sí, tanto como estudio de personajes al reunir en una especie de gran hermano homicida a cuatro personalidades opuestas, como ejercicio de suspense propiamente dicho. Lo mejor que se puede decir es que la cosa entretiene, más por resultar una película interactiva que te permite comentar los acertijos con el compañero de visionado que por otra cosa. Se desinfla en media hora y la resolución resulta no sólo decepcionante sino incongruente y sin sentido. Podríamos decir que se la han cogido con papel de fumar. En resumidas cuentas, el guión tiene más agujeros que un queso gruyere. Toda la habilidad que los directores muestran para dotar a la habitación de una personalidad propia como un personaje más de la historia la desaprovechan en unos personajes que a pesar de estar interpretados por actores solventes carecen de cualquier tipo de garra o interés. No son más que almas en pena con escasa personalidad. A estas alturas resulta increíble que para intentar mostrar un personaje femenino que se supone fuerte tenga que resultar borde y antipático.
En cuanto al suspense. Pues poquito pero menos. Cuando no se muestra interés alguno por los personajes, difícilmente se conseguirá del espectador algo más sonoro que un bostezo. Y desde luego una sucesión ininterrumpida de chascarrillos mentales resultan del todo insuficiente para darle tensión dramática al tema. Desde luego no voy a reprochar el intento, nada más lejos. Hay que tener en cuenta que esto es una ópera prima y que para empezar no conviene pedir peras al olmo. Pero muchas veces resulta más estimulante un ejerció de estilo formal intachable en un remix de cien películas como «El Orfanato», que un intento a toda costa de realizar algo original y brillante para intentar sorprender al espectador quedándose hueco por todas partes.
Carlos Polite
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