"10000" por Carlos Polite
Publicado: 08/03/2008
Caso bien curioso el de Roland Emmerich. Director absolutamente incapaz de sacar un mínimo de entidad dramática de ninguna de sus películas, que sin embargo de manera un tanto incomprensible conecta con facilidad con el público y llena salas a lo largo del ancho mundo. No hay más que echar un vistazo a algunos de sus títulos, «Stargate», «Independence day», «Godzila», «El Día de Mañana» o «El Patriota». Esto implica que las grandes productoras no tengan ningún reparo en dejar caer en sus manos presupuestos millonarios para hacer realidad sus más alocadas fantasías virtuales. Desde luego esta última película no es una excepción, estamos ante una orgía infográfica de última generación para hacer realidad la prehistoria o mejor dicho, una prehistoria surgida de algún lúbrico sueño del director, llena de cuerpos Danone, sonrisas con dientes perfectos y muchas profecías. Pues bien, un servidor pensó que con «Los Crímenes de Oxford» el cine de 2008 había tocado fondo. Craso error.
No merece la pena detenerse en la trama de la película. Digamos que es un intento de copiar «Apocalypto», mezclándolo con un poco de «Stargate» e incluso «Parque Jurásico», componiendo de esta manera una oda a la ineptitud cinematográfica de colosales proporciones. Resulta verdaderamente curioso que un director al que se le presupone cierto talento, tras ver finalmente montado tal despropósito no se eche las manos a la cabeza. Al final todo es industria. Buena campaña publicitaria para epatar al espectador y dos buenos primeros fines de semana de recaudación hasta que se corra la voz sobre sus virtudes fílmicas.
Tan difícil creo que es sacar catorce fallos en una quiniela como hacer una película tan mala como ésta. Desde luego no se han exprimido mucho la cabeza para sacar adelante la historia. Olvídense de un estudio antropológico-naturalista al estilo «En Busca del Fuego». Nada de eso, aunque su director jamás pretendió tal cosa. Pero en lugar de transitar por un punto intermedio nos encontramos con personajes de una pieza mal interpretados, sucesión imparable de secuencias que provocan la vergüenza ajena del espectador más avezado, acción a ratos confusa y nada emocionante y sobre todo aburrimiento, mortal aburrimiento. Nunca una película de aventuras resultó tan rematadamente aburrida y molesta. Es una nueva muestra de lo difícil de este género. El personal se piensa que con tener el mejor equipo de FX la cosa va a resultar creíble. Pues bien, ninguna de esas cualidades encontrarán aquí.
Para rematar la faena el señor Emmerich se autoplagia en un tramo final donde da rienda suelta a toda su megalomanía, llenando la pantalla de sobrecargadas tomas aéreas de decorados virtuales, grandes movimientos de masas y batallas épicas. Por el camino se deja el alma y un par de preciosas horas de nuestras vidas que podríamos haber invertido en algo tan gratificante y mucho más emocionante como el punto de cruz.
Carlos Polite
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