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"El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford" por Carlos Polite

Publicado: 15/11/2007

El fenómeno fan no es algo actual, supongo que existe desde tiempos inmemoriales. Ha ido actualizándose con el tiempo y lo hay de diversas maneras que van desde el enorme respeto, pasando por el tirón de pelos del o de la maníaca/o de turno, hasta la obsesión compulsiva y homicida como acto final de un amor mal entendido. Una cosa esta clara, normalmente no tenemos la ocasión de acercarnos al objeto de nuestra devoción. Siempre nos mantenemos en una prudente fila once centradita, pero siempre existe el riesgo de que nos acerquemos demasiado y la fantasía se difumine, dando paso a una realidad molesta que hace que el mito se rompa en pedazos. Esto es lo que le pasa a nuestro querido Robert Ford, magistralmente interpretado por Cassey Afleck, quien sabe darle a su personaje todos los matices que exige la complejidad del mismo, respeto, atorrancia, orgullo, desprecio, grima, miedo, cobardía.....

Ésta es la historia de quien se acercó demasiado a la primera fila y acabó dándose de bruces con la realidad, siendo fagocitado por su propio mito, hasta el punto de asesinarlo impunemente. Western en las antípodas de lo que se puede entender como una del oeste de toda la vida. Aquí no tenemos duelo al sol, ni bandido majete con corazón, ni despedida cabalgando al sol. Lo que sí tenemos en un nada amable acercamiento al mito de Jesse James en sus últimos meses de vida, encuadrado en un contexto frío pero de enorme belleza y filmado con una gran elegancia por Andrew Dominik. La caracterización de Brad Pitt como Jesse James es perfecta. Nos lo presenta como un tipo absolutamente paranoico cuya vida llena de pillajes y muerte le han convertido en un ser absolutamente desconfiado y ruín, en definitiva, una mala persona, brillante eso sí, que se dirige de manera inexorable hacia su propia muerte y a encontrarse después con su propio mito de manera absolutamente consciente y premeditada.

La película tiene muchos puntos interesantes. Ofrece un retrato de los tres personajes principales profundo y concienzudo. El trabajo de fotografía resulta portentoso y nos depara algunos momentos de una belleza extraordinaria. Pero ello no resulta suficiente para que en algún momento no nos revolvamos en la butaca, ya que el ritmo resulta ciertamente mortecino a los largo de sus casi 160 minutos de duración. Si bien el director muestra una gran habilidad para la dirección de actores, no centra adecuadamente la historia en lo verdaderamente interesante y se pierde en historias secundarias que no aportan mucho a la trama, lastrando considerablemente el ritmo de la acción. Ello no quiere decir que no estemos ante un director de indudable habilidad, ya que la cinta esta llena de secuencias extraordinarias (por citar dos, el atraco al tren con el que se abre la película y el momento de la muerte de Jasse, de una tensión logradísima), pero da la sensación de que no ha sabido darle una conexión adecuada a todo el material con el que contaba.

Otro punto interesante que ofrece la película hace referencia en su tramo final a la capacidad de los medios de comunicación de alterar la realidad y de convertir a la gente en lo que nos es, manipulando la opinión pública siempre fascinada por los fenómenos violentos de su época. El amarillismo tampoco es invento reciente y desde luego existe desde antes del Tomate. Asusta su enorme capacidad para limar los contornos oscuros o acentuarlos cuando así conviene, creando para la masa monstruos de feria a los que idolatrar o repudiar. De todo esto no se salva ninguno de los personajes, siendo todos ellos de maneras diversas devorados por el mito que han ayudado a crear.

Carlos Polite

silvia en 29/11/2007

estas en lo cierto...no obstante ahora hay que ver si es de estatuilla tanto el filme...como ls interpreta

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