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Hong Kong DVD: "Linger"

Entre lo puramente mercantil y algunos (escasos) destellos de autoría, “Linger” (“Hu die fie”) pertenece inconfundiblemente a la categoría que engloba los trabajos menos interesantes y destacados de la fluctuante filmografía de Johnnie To, siendo ésta una propuesta significativamente menor, no por dejar a un lado los thrillers estilizados que tan popular han hecho al hongkongés, sino por su condición de mero producto comercial previsible y estereotipado hasta el último detalle.

Publicado: 16/04/2008

U105P28T3D1834022F326DT20071214091818linger1lingerAunque ya de por sí resulte decepcionante para muchos de sus seguidores, el problema no es aquí el abandono temporal del polar frío y sombrío que ha marcado la penúltima y fructífera etapa de To en este nuevo siglo. Tan cómodo parece el director de “The Mission” en puñetazos como “Election” que en comedias románticas habitualmente taquilleras que triunfan entre la audiencia local. En éstas, la cuestión no es innovar ni reinventar. Lo más importante es ofrecer al público única y exclusivamente lo que desea ver, apostando por pautas preconcebidas a las que tan sólo debe adaptarse como un auténtico artesano que no desprecia ni tan siquiera la menor de sus piezas, porque lo comercial no debe entenderse sin más como algo peyorativo y desde luego posibilita la financiación de proyectos más personales y arriesgados. A fin de cuentas, cintas como “Needing you” o “Love on a Diet” merecen toda nuestra atención y esa centelleante pareja que conforman Andy Lau y Sammi Cheng nos ha dejado para la posteridad momentos inolvidables que forman parte por derecho propio del imaginario del melodrama romántico asiático.

La trama de “Linger” se extiende a lo largo del libreto de Ivy Ho con absoluta linealidad tal y como cabría esperar. Dong (el actor y cantante taiwanés Vic Chou) y Yan (Li Bingbing) viven un apasionado romance universitario aunque los amantes aún no han sido capaces de revelar sus verdaderos sentimientos. Un trágico accidente automovilístico frustrará este amor con secuelas inmediatas: Dong fallece en el acto y Yan sobrevive para sumergirse en una dolorosa depresión. Tres años después, Yan vive con sus padres y aspira a un importante puesto de trabajo como abogada. Pero los traumas persisten (se muestra incapaz de volver a conducir) y un cambio en su medicación le provoca nuevas visiones cuando las pesadillas pretéritas parecían haber remitido. Introduciendo ese elemento fantástico que le había reportado a To resultados medianamente satisfactorios en “Mad Detective”, Yan comienza inexplicablemente a ver al difunto Dong. Lo que en un principio eran fugaces apariciones se convierten con el paso de los días en encuentros sobrenaturales en los que Dong acosará incesantemente a Yan como un espíritu que aguarda a acabar su tarea en el mundo de los vivos antes de marchar a los cielos. A pesar de su resistencia inicial, Yan poco a poco irá retomando lo que sentía por Dong y esta relación extracorpórea resolverá otras incógnitas del pasado de su antiguo novio, con especial incidencia en lo referido a la difícil relación con su estricto padre, un policía que sólo quería que su hijo alcanzase la cima olvidando continuamente lo que significa el afecto paterno.

Con esta premisa, tan solo hacía falta encajar el proyecto en los parámetros inmutables del género. En primer lugar, la inmediata imposición de actores de renombre incluyendo a habituales de Milkyway Image (Maggie Shiu, Lam Suet y Roy Cheung) y a alguna estrella de la canción (caso de Chou), rostros reconocibles por el espectador abocados a interpretar a personajes solitarios a los que sólo el amor redentor salvará. Esta melancolía responde con efectividad al mensaje del film, relato de amor incorruptible sobre la culpabilidad, el destino y las segundas oportunidades cuya moraleja no es otra que la necesidad de superar el pasado aprendiendo a hablar directamente desde el corazón. Evidentemente, el cierre se presenta como el final predecible, anodino y conciliador que el amplio auditorio anhela, el happy end lánguido y mustio al que todo desenlace agridulce debe aspirar.

Por el camino, el toque técnico (sus distintivos travellings), simbología en exceso recurrente (la mariposa, guía de las almas en su camino hacia la realidad extrasensible, tan frecuente en el ideario precolombino) y salidas de tono con fugas de humor negro disparatado (la aparición de otros personajes secundarios tan absurdos como el policía motorizado o la desternillante cena de un cliente de Yan en casa de sus padres).

Razones suficientes por las que “Linger” debe contemplarse exclusivamente como entretenimiento, como encargo alimenticio olvidable y pasajero que sirve para impacientarnos a la espera del inminente estreno de “Sparrow” en el Festival de Cine Asiático de Barcelona, si bien las primeras noticias de su remake de “El círculo rojo” de Jean-Pierre Melville ya han convocado a toda la parroquia de fieles en torno a lo que promete ser más que un salto presupuestario.

David López

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