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"Hostel 2" por David López

Publicado: 18/06/2007

Después de la quietud y el minimalismo formal ofrecido por la selección de títulos del Festival Cines del Sur, nada como una buena ración desprejuiciada de terror sexy de la mano de Eli Roth.

Sádico entretenimiento, “Hostel 2”es el retorno de Eli Roth a su brutal pasatiempo turístico, en el que repite punto por punto el guión de su predecesora con la única novedad que supone cambiar el sexo de sus protagonistas. Por lo demás, todo sigue poco más o menos igual en este escalofriante y seco retrato de la Europa del Este: violentos estallidos de hemoglobina y vísceras, desfile de bellezas bien dotadas, personajes descerebrados y estereotipados, e hiperbólico humor negro. El miedo que siente el norteamericano medio hacia el extranjero, al que sólo puede identificar como enemigo, sirve a Roth como caja de Pandora que destapar para despertar los más profundos terrores de una nación asustada. Y es que para ellos, “hay pocos lugares seguros en Europa”.

Pero más aterrador es descubrir que los participantes de esta macabra cacería son ese club de ricos que por la mañana se oculta tras la máscara del perfecto padre de familia dedicado por entero a su trabajo, y por la noche desvela su verdadera rostro, el del yuppie psicópata que ha sustituido la práctica de tiro por la mutilación quirúrgica y el fetichismo de la sangre. Esa misma fascinación es la que parece sentir el propio espectador que en ocasiones disfruta gozoso con la orgía visual de Roth, que juega con éste molestándolo con elipsis que apartan nuestra mirada de lo que realmente queremos ver.

Roth demuestra ser el listillo de la clase con la tarea del cinéfago del siglo XXI bien aprendida. Recurre a viejas glorias del cine italiano de los 70 como Luc Merenda o una esplendorosa Edwige Fenech; se dedicar a expoliar tanto a Wes Craven como a clásicos absolutos de la talla de “El malvado Zaroff”; y sigue permitiéndose obvios guiños al compadre Tarantino. Con actitud propia del fan fatal encantado de revolverse en su asiento en una cochambrosa sala de cine, incluso adopta los peores tópicos abriendo con el trasnochado y poco imaginativo comienzo que parece exigírsele a una secuela.

La aparición estelar de Ruggero Deodato (el realizador del famoso mondo “Holocausto Caníbal“) parece indicar que Roth orienta su nostalgia hacia un nuevo legado: del extremismo surrealista nipón, certificado por la presencia del reverenciado Takeshi Miike en el original, a la iconografía de la tradición fantástica del cine italiano de los 70 y 80. Precisamente, cuando el director se disuelve en la pura fantasía cinéfaga, el espectador será el más agradecido y pocos olvidarán esa breve revisión de la leyenda de la condesa Bathory con sangrienta escenografía e implacable resolución al estilo de los maestros del horror transalpinos.

El problema es que este disfrute carece por completo de originalidad, y no son pocos los momentos en los que el espectador siente la necesidad de exigir una damnificación por la poca estima que parece dedicarle un producto así. Su desarrollo peca de una tremenda torpeza que no demuestra sino pereza y aburrimiento en el realizador por su película. ¡Y su reparto! Más allá de los nombres propios mencionados anteriormente, mucho escote pero escasa credibilidad, y casi resulta paródico incluir a Roger Bart y Richard Burgi repitiendo los peores estereotipos de sus personajes en la televisiva “Mujeres Desesperadas”. Si esto lo rematamos con un esperpento que parece sacado de una nota a pie de página del Pedro Temboury de “Psycholettes” y un cierre de pura comicidad absurda en la línea de “Cabin Fever”, pues ya tenemos el menú completo. Una lástima la falta de pretensiones por dotar a esta secuela de una identidad propia que no se limite al autoplagio y la referencialidad descontextualizada.

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