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"Conversaciones con mi jardinero" por Abio Olazar

Publicado: 18/10/2007

Como el título indica, eso es precisamente lo que vamos a ver en esta amable comedia francesa, conversaciones. En la mayor parte del metraje un pintor y su jardinero conversan sobre lo divino y lo humano, sobre esos pequeños detalles que dan forma a la vida y, en consecuencia, a la muerte. Mejor que un psicólogo es tener un buen amigo cerca, un poco de tiempo y una botella de vino.

Daniel Aouteil, encarnando a un pintor parisino que ronda los 50 años de edad, retorna al caserón donde pasó su infancia y del que marchó en su momento por no querer dedicarse al negocio familiar, buscando labrarse un futuro en el incierto mundo artístico. Nada más llegar contrata a un vecino del pueblo como jardinero, un soberbio Jean-Pierre Darrousin, que, casualidades del destino, resulta ser un antiguo compañero de colegio. La tranquilidad de la vida en el campo permite primeramente a ambos recordar con cierta nostalgia aquellos años de incipiente vitalidad, así como hacer un fugaz repaso del devenir de sus vidas hasta la actualidad. El inevitable divorcio de uno frente al rutinario, pero sin embargo feliz, matrimonio del otro, la fragilidad de las apariencias del mundo "civilizado" frente a la rotunda efectividad de la simpleza aparente del mundo rural. Uno no entiende de hortalizas y el otro no entiende de impresionismo, pero así y todo se arreglan, se compenetran y sobre todo aprenden, a pesar de sus años, que todavía hay mucho que aprender, y gracias.

El filme de Jean Becker, basado en una novela de Henri Cueco, se fundamenta en los diálogos, tan sencillos como efectivos, de una desnudez emocional que regala a los dos actores principales unos personajes de una total entereza y credibilidad con los que resulta inevitable identificarse en uno u otro momento. Son de carne y hueso, y eso atrapa al espectador por la vía emocional.

No hacen falta grandes mayúsculas para escribir el día a día, sino cierta dosis de inteligencia y valor, una búsqueda de alternativas y, en estos tiempos de ritmo frenético, planos imposibles y acción sin límite, desearle la mejor de las suertes para aguantar en cartelera. Tal vez, y por ello no otorgarle una redondez total, el filme peque en algun momento de caer en lo previsible y de cometer algún giro argumental poco menos que forzado. Puede ser que "Conversaciones con mi jardinero" no sea plato de regusto para todos los públicos, pero la frescura y energía que desprende bien merece ser degustada con la atención y la calma con la que deben saborearse los buenos momentos.

Abio Olazar

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