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"Promesas del Este" por Carlos Polite

Publicado: 22/10/2007

Cronnenberg, aunque minoritariamente, se ha metido en el zurrón a una legión incondicional de fans, entre los que me incluyo, que siempre celebran el estreno de cualquier título del autor. Creador de un universo personal un tanto enfermizo en el que la máquina, lo físico y lo psíquico se dan la mano y se funden en uno, sorprende este título que aquí me ocupa, que incide, quizá debido a la presencia de Viggo Mortensen, en una línea no similar pero sí paralela a su anterior «Una Historia de Violencia».

Nos encontramos ante una película que se enmarca de lleno en el género de cine de gangsters, con todos sus convencionalismos y lugares comunes a pesar de estar muy bien camuflada en una irreconocible Londres. Cuenta la historia de la búsqueda, por parte de una comadrona traumatizada por la muerte de su bebé, de la identidad de un recién nacido de una muchacha rusa que muere durante el parto. Su investigación le llevará al sórdido mundo de la mafia rusa y a conocer a una serie de personajes de absoluta amoralidad.

No hay lugar a complejidades en este film. Lo que se ve es lo que hay. No hay que buscar interpretaciones más allá de las emociones de los personajes, eso sí, bien definidos y mejor interpretados por todo el elenco. Mención especial para un Viggo Mortensen, cuya presencia en pantalla resulta espectacular. Sus miradas, sus gestos, absolutamente todo son de una enorme expresividad y dan a su personaje una fuerza que se eleva sobre el resto de la película componiendo una interpretación sencilla y llanamente extraordinaria. Su lento enamoramiento del personaje de Naomi Wats resulta creíble ante nuestros ojos, a pesar de que el personaje de esta última cojee un poco, más debido a la belleza de la actriz a la que se hace difícil ver en un personaje así, que a su propia calidad interpretativa. El resto del reparto cumple sin problemas, Vincent Cassel como hijo díscolo y engreído del capo mafioso compone un papel visto una y mil veces en películas del género (James Cann en «El Padrino» o Daniel Craig en «Camino a la Perdición») y Armin Mueller-Stahl como capo ruso que tras su cara amable esconde un ser despreciable y carente de cualquier tipo de moral.

Cualquiera podría decir que esta no es una película de Cronnenberg. Pero su presencia es evidente y contundente. Su tratamiento directo y expresivo de la violencia, sin aditivos ni conservantes de ninguna clase, es marca de la casa y nos regala secuencias que quedan grabadas a fuego en nuestra retina (la pelea en la sauna queda para la historia). Vuelve a brillar en su faceta de dirección de actores y su cámara y forma de rodar cada día que pasa resulta más elegante y vistosa, resultando loable el hecho de que allá huido del Londres más turístico y habitual. Sin embargo lo convencional de la propuesta hace mella en un director demasiado habituado a lo malsano y a lo diferente. Si bien en el plano formal la película no tiene ninguna pega y resulta de lo más brillante, uno sale de la sala con la sensación de que no se ha profundizado del todo en sus posibilidades, dándole un final quizá demasiado precipitado y no del todo creíble. Digamos que peca de demasiado esquematismo y que se ve un tanto agobiado y constreñido por los convencionalismos del género, algo que también le pasaba en la inferior «Una historia de Violencia». Aun y todo nos regala una película contundente y llena de muy buenas razones para pagar el precio de la entrada. Pero por mi parte espero para la próxima una propuesta algo más arriesgada y más afín con este canadiense que ha hecho de la malformación física y lo enfermizo algo bello.

Carlos Polite

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