"Beowulf" por Carlos Polite
Publicado: 29/11/2007
Maldita sea mi estampa y maldito el día en el que Robert zemeckis quedó ensimismado por la llamada técnica de captura de movimiento (su próximo proyecto va por los mismos derroteros). El socio perfecto del midas Spielberg, a quien debemos obras extraordinarias como “Regreso al Futuro”, “¿Quién engañó a Rogger Rabbit?, “Forrest Gump” o “Náufrago” ha sido fagotizado por la tecnología que tanto le ha gustado exhibir siempre en sus películas, pero para peor.
La técnica de marras consiste en poner sensores por el cuerpo de los actores para que el ordenador reproduzca milimétricamente sus facciones, dando la sensación de que estamos viendo una película de animación con actores de verdad. Es posible que sea un antiguo, pero menuda tontería. Lo que se hace evidente a lo largo de todo el metraje es que algo se pierde por el camino, el alma. La película destila tanta frialdad como el clima de las tierras donde transcurre la acción. De que te sirve tener en el plantel actores tan notables como Malkovich o Anthony Hopkins si al final lo único que vemos es una reproducción animada con una falta de expresividad alarmante. Para eso rueda de forma tradicional y ya está, quizá la cosa no salga bien, pero no se desaprovecha el talento. Leía antes de verla que se habían esmerado en dar una mayor expresividad a los ojos, ya que ese debía ser uno de los puntos flacos, entre otros, de su anterior “Polar Express”. Prueba, desde luego, no superada. Es curioso, la pelota Wilson de la película “Naufrago tenía bastante más carisma, expresividad y profundidad que cualquiera de los personajes que pueblan esta cinta. Con eso creo que se dice casi todo.
Si que hay alguna escena lograda, casi todas ellas de acción. La parte final con el dragón resulta ciertamente espectacular y la bestia Graendel es de lo más desagradable y temible. Pero el aburrimiento se apodera de la función en una media hora, tras la sorpresa inicial por estar viendo un estilo de animación diferente. Sinceramente, puedo entender la fascinación de James Cameron por la filmación en tres dimensiones con cámaras digitales que lo ha mantenido diez años fuera de la circulación cinematográfica, pero no entiendo lo de Zemeckis. Para nada después del resultado de esta película, carece de cualquier tipo de mérito más allá de la mera parafernalia tecnológica. Puro alarde hueco. Desde luego cualquier producción Píxar resulta no solo más innovadora sino desde luego mucho más entrañable y cercana.
Esperemos que este fantástico director regrese a la senda que ha marcado la mayoría de su carrera y vuelva a entretenernos con esa mezcla de cine espectacular y de rotunda calidad que casi siempre ha sido su seña de identidad.
Carlos Polite
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