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"Doomsday"

De nuevo un virus cuyo patrón de crecimiento no fabrica zombies pero sí muros capaces de arrinconar Escocia para los restos. Es Doomsday, un refrito de acción, aventura y otras especias apocalípticas, en realidad, una nueva muestra de cine terror de ascendencia británica: pirotécnica y ruidosa actualización de uno de los (sub)géneros más imitados en los últimos tiempos.

Publicado: 30/07/2008

Mezcla de un sinfín de películas contemporáneas (28 semanas después, Ultraviolet o La Tierra de los Muertos Vivientes) que se funde con otros homenajes, más explícitos si cabe, a 1977: Rescate en Nueva York (la protagonista lleva un parche en el ojo; uno de los protagonistas se llama Carpenter; el grupo se introduce en una región-prisión) o Mad Max II (parafernalia punk incluida), Doomsday no es sino un revoltijo cinéfago de ascendencia ochentera convertido en un divertimento de aires autodestructivos que tiene en su ritmo y en su osadía argumental dos de sus características más destacables.  La tercera es la dirección (siempre afortunada) de Neil Marshall, autor de un par de cintas magníficas (The Descent, Dog Soldiers) cuya esencia podía hacernos pensar que, tal vez, podríamos estar delante de un autor más que reivindicable, exagerando: que podría convertirse en la versión europea de David Twohy. Así de ambicioso era mi vaticinio.

Pues bien. No ha cambiado mi percepción pero sí los matices que la definen. Doomsday puede parecer, a priori, un paso atrás en la filmografía de Marshall: carente de originalidad en su punto de partida, repleta de arquetipos de una sola pieza (desde la heroína indestructible hasta el antagonista empeñado en parecerlo), de diálogos crípticos y de secuencias de acción poco novedosas... Sin embargo, el cineasta de Newcastle sabe sortear las debilidades del argumento apostando por la irreverencia, sobretodo a partir de su segundo tramo, allí donde aparece su vis más delirante (que no cómica) y surrealista (con duelos de caballeros medievales incluidos). Desde este momento, la película  abandona su pose previsible adquiriendo tintes grotescos, algunos de ellos sorprendentes, incluyendo una escena donde uno de los protagonistas acaba devorado por sus adversarios tras haberle pasado por un caldero hirviendo…

Como el cuerpo de este tipo, que acaba troceado y servido a pedazos a un público expectante, hambriento de hemoglobina y violencia, la película de Neil Marshall se divide de fragmentos oscilantes de diferentes géneros (incluyendo el western) y texturas (la mayoría de ellas tan oscuras como su argumento), también poseedores de otros tantos niveles de intensidad (no del todo compensados entre sí),  servidos en plato grueso a un espectador que debiera epatarse por la que es su principal característica: su desorbitado gusto por el exceso.

Deudora de Carpenter (especialmente, en relación al retrato de aquellos que ostentan el poder) y de un Cine cuyas servidumbres emocionales sus seguidores se niegan a olvidar, Doomsday se constituye en una película menor pero cimbreante, más cerca de Dog Soldiers que de The Descent, una muestra más, en todo caso, del talento de uno de los autores-renovadores del género fantaterrorífico en su versión menos previsible; una parcela (sub)genérica demasiado acostumbrada a la autocomplacencia; cualidad de la que no se desliga, ni quiere, este interesante refrito de Neil Marshall, por cierto, un film no apto para todos los gustos y públicos.

Avisados quedáis.

Lo menos destacado: la eterna sensación de déjà vù.

Lo más destacado: que su mixtura conceptual no desluzca, ni de lejos, su visionado.

Calificación: 7

Por J.P. Bango

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