"Alatriste" por David López
Publicado: 01/09/2006
No, sinceramente no me gusta el cine español que se hace
hoy en día. No me gusta porque se está llegando a una épica
de la estupidez a rebosar con comedias banales y dramas superfluos.
¡Maldito cine español! Maldito porque lleva consigo su propia
maldición: él mismo. Nuestra producción parece destinada a
la autodestrucción una y otra vez en círculo vicioso.
El único crédito que ya estaba dispuesto a conceder
recaía sobre el "Alatriste" de Agustín Díaz Yanes, la
tan magnificada mayor realización de la historia de
nuestro cine.¡24 millones de euros presumían exaltados
algunos titulares! Pues ahí apareció una vez más esa
amarga sensación, que en el fondo es una de las grandes
maestrías del film, la de reflejar como nadie una España
decadente y sombría en la que mientras unos se llenan
los bolsillos otros sacan pecho por salir adelante.
El film sufre de grandes males sin duda. El intento
por condesar al máximo la obra de Reverte conduce las
aventuras del recio y austero Alatriste por la senda
de un guión desestructurado y lleno de altibajos, dañado
por un montaje un tanto desafortunado, que resulta,
por ejemplo, en una primera media hora tan poco creíble
y caótica, amen de que Yanes no acaba de dominar por
completo las escenas de acción.
No seré yo quien niegue sus virtudes, pues a pesar
de lo anecdótico en muchas ocasiones de los episodios
narrados, habrá lugar para estampas logradas de la España
del siglo XVII, arruinada en su propia miseria. En cuanto
a los actores, más allá de la indiscutible presencia
del gran Viggo Mortensen, los hay sobresalientes, caso
de una fantástica Ariadna Gil, y los hay correctos como
Javier Cámara o Eduardo Noriega, pero jamás conseguiré
creerme a Juan Echanove como Francisco de Quevedo. Y
lo de Blanca Portillo a un servidor le parece vergonzoso.
Así que aquí está, otra vez la historia de lo que pudo
ser y no fue. Porque los hallazgos de la película no
dejan de hacerme pensar en lo que podría haber sido
un relato bello y sincero, y sin embargo se queda en
fresco histórico interesante pero falto de corazón,
porque ni tan siquiera ese último Tercio de Flandes
abocado a la muerte despierta en mí la emoción buscada.
DAVID LÓPEZ GONZÁLEZ