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"Cartas desde Iwo Jima" por Carlos Polite

Publicado: 19/02/2007

Círculo completado. Un par de meses después de Banderas de Nuestros Padres, nos llega la segunda entrega de Eastwood sobre la batalla de Iwo Jima, esta vez desde el punto de vista nipón. Nueva muestra, y van…… de que Clint Eastwood no sólo es el último de los clásicos vivos, sino hoy por hoy el más grande director del planeta, dotado de una claridad de ideas y de visión que a sus casi 80 años le lleva a tocar un género que como director no había tratado y realizar una joya preciosa.

La película está vertebrada en base a las cartas que se encontraron en la propia isla escritas por el general encargado de su defensa, interpretado por un sencillamente sensacional Ken Watanabe. Alrededor de él y de un soldado llamado Hanako gira toda la película. Watanabe brinda una interpretación de las que se recuerdan. Su personaje es de una humanidad abrumadora y su ausencia en la terna de finalistas a los oscar un crimen de lesa majestad. Aunque el tiempo lo pone todo, o casi todo, en su sitio.

El guión, fantástico, difícil y complejo. No resulta sencillo hilar debidamente una historia sólo de unas cartas, pero el resultado es espectacular y lleno de verdad en las relaciones entre los personajes. Eastwood es uno de los pocos directores que no le importa que en sus películas se hable de cosas simples y mundanas, como lo preocupado que está el general de no haber terminado de pintar la valla de madera de su casa antes de venirse a morir a la isla. Esto hace que te creas lo que ves y oyes de cabo a rabo, a pesar de la desesperanza que tiñe todo el film. Cierto es que se juega con los cliches que suelen aparecer en muchas películas bélicas, como el horror de la guerra o el que los damnificados siempre sean personas normales. Pero todo esto llega con mucha fuerza, sin necesidad de resultar efectista, con total naturalidad. Son incontables las secuencias memorables que pueblan la película y que quedan grabadas en la retina del espectador y en su conciencia (casi todos los flashbacks, el suicidio colectivo, la lectura a sus soldados por parte del capitán Nishi de una carta que la madre de un soldado americano le ha escrito a su hijo o la conversación entre dos de los protagonistas antes de que uno de ellos se rinda y las consecuencias derivadas de ello).

Y que decir de la dirección de Eastwood, de nuevo sin palabras. Tanto y todo tan bueno. Es quizá una de sus películas más intimistas y personales a la par que arriesgada. Brilla en los momentos bélicos y deslumbra en los íntimos. Su puesta en escena siempre clásica, pero nunca fría a pesar de la fotografía casi monocromática, todo hay que decirlo, impresionante. Manejando perfectamente el ritmo, pausado pero nunca aburrido. Jamás un movimiento de cámara más de lo necesario, haciendo que las conversaciones resulten apasionantes se trate de lo que se trate y que la solidez de la película salga de los propios personajes gracias a una dirección de actores sencillamente prodigiosa. Eso es una sabiduría que le otorgan las canas.

Es una forma perfecta de completar la crónica de una batalla cruenta y sin sentido, como todas. Una forma cruel de darse cuenta lo cerca que estamos los unos de los otros a pesar de no tener ningún problema en matarnos y que fuera de semejante contexto a lo más que llegaríamos es a discutir de política tras la barra de un bar mientras nos invitamos a unos cubatas. Clint, como siempre, un absoluto placer.

Carlos Polite Fanjul

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