Harry Potter y el Misterio del Príncipe
La primavera sexual llega a la saga potter y con ello, con muchísima diferencia, la peor de las entradas de la serie. Casi me atrevería a decir que una película indigna de una saga que sin ser nada del otro jueves atesora dos excelentes películas como fueron el prisionero de Azkaban y la soberbia Orden del Fénix.

Publicado: 28/07/2009
Cambio de tercio y de tono. El camino al lado oscuro se ha completado y lo que debería haber sido hasta el momento la más apasionante de las historias de Potter a la espera del broche final, se queda en un ejercicio de estilo de dos horitas y media que acaba por aplatanar a cualquiera en la butaca.
Que se reunieran el mismo magnífico casting de secundarios (excluyendo al amigito de Potter y en muchos momentos al mismísimo Potter) junto a la gran adquisición que supone el gran Jim Broadbent bajo la batuta de David Yates era una muy buena noticia a la vista del resultado de la anterior película de la saga. Pero algo ha fallado, se han dejado el alma por el camino.
Al parecer (ya que no me he leído ninguna de las novelas de Potter) nos encontramos con la historia menos fantasiosa de la saga. Existe un deliberado bajón de espectacularidad y fantasía en esta película que va de la mano con un paulatino deslizamiento a lo tenebroso y a intentar dar un mayor calado emocional a los personajes. Esto así de entrada no suena mal, pasamos de un terreno luminoso a otro en el que el mal acecha en cada esquina y en el que ninguno de los personajes se encuentra a salvo. Pero por desgracia esto no se transmite en ningún momento. Por el contrario la película se convierte en una especia de comedieta romántica en la que se invierte más tiempo en tonterías de amor adolescente con hormonas hipervitaminadas sin gracia ninguna que en lo que verdaderamente importa. Es tanto el aburrimiento que provoca que me sorprendí mirando el reloj unas cuantas veces durante la proyección, ya que no daba crédito que en una hora y media aun no hubiera pasado absolutamente nada.
Así pues la inacción es lo que caracteriza a esta nueva película de Potter. Eso sí, estilo no le falta. Todo esta rodado con una elegancia y un gusto por el detalle espectacular y en ese sentido la cosa luce muy bien (nada nuevo en el horizonte, ni nada meritorio). Pero lo estático de la propuesta acaba por pasar factura cuando la cosa carece de un contenido potente y desde luego la saga Potter no anda muy sobrada en estos menesteres. Ni un atisbo de emoción o sentimiento real existe en esta supuesta bajada a los infiernos de la oscuridad a pesar de contar con uno de los, supuestamente, momentos más dramáticos de toda la serie. Quizá la palabra que mejor defina a la película sea intrascendencia. Da la sensación de que no es sino una lanzadera para la traca final que supondrán las dos adaptaciones de la última novela, que esperemos suban el nivel que ésta ha dejado por los suelos. La ausencia real de un clímax potencia esta sensación y la malsana ausencia de Ralph Fiennes más aun.
Carlos Polite
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