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"Little Miss Sunshine" por David López

Publicado: 22/10/2006

¡Bienvenidos a la nueva familia americana! Éste debería ser el grito de guerra que sirviese de carta de presentación para todo ese universo de pequeños grupos y surrealistas relaciones interpersonales que forjan la imagen familiar del (mal llamado) cine independiente nortemamericano, que desde hace ya bastante tiempo encontró en Sundance su meca, un lugar donde los todopoderosos magnates de Fox se confunden con debutantes que llevan bajo el brazo su más reciente propuesta. En ese sentido, "Little Miss Sunshine", el sleeper de la temporada en Estados Unidos, no es ninguna excepción. Los Hoover pueden sentirse orgullosos de su catálogo de excentricidades: el patriarca (un espléndido Greg Kinnear que ya nos hizo disfrutar de su vena cómica más alocada en "Matador") es un charlatán en horas bajas que vende ridículos programas de autoayuda que sólo reflejan su propio fracaso personal; su esposa Sheryl (la simpar Toni Collette) al borde del ataque de nervios entre las obsesión con el triunfo de su marido y el suicidio frustrado de su hermano Frank (un resultón Steve Carrell), que en poco tiempo ha perdido amante y trabajo, para llegar al infierno familiar de los Hoover donde para colmo de males tendrá que aguantar las bromas sobre su homesexualidad del abuelo (un agraciado Alan Arkin), veterano de guerra adicto a esnifar heroína y a consumir pornografía, convertido en mentor de la pequeña Olive (Abigail Breslin), la única que aporta un apoyo coherente a la destartalada familia y que está obsesionada con los concursos infantiles de belleza, a pesar de su aspecto regordete. Precisamente estos absurdos concursos de belleza son el detonante de la odisea de esta familia (en la que Paul Dano interpreta al sexto en discordia, un adolescente aficionado a las lecturas nietzscheanas que ha decidido enmudecer hasta que consiga unirse a las fuerzas aéreas) a bordo de una ruinosa furgoneta Volkswagen rumbo a California, donde la pequeña de la casa quiere participar en la elección de pequeña Miss Sunshine.

El viaje de estos freaks del siglo XXI que, igual que todos, intentan encontrar su lugar en el mundo, reclama, como el propio film de Browning, un lugar para todos esos Otros en esta especie de oda a la diferencia, tan llamativa y en el fondo vivaz, en comparación con la aburrida, conservadora y común familia prototípica que engendra monstruitos como los del circo humano que corona el desenlace del film de Jonathan Dayton y Valeria Faris. El microcosmos narrado por Michael Arndt dirige su mirada cariñosa y amable hacia unos personajes entrañables que afortunadamente se alejan de la pretenciosidad de coartada inlectual que reina en el panorama independiente y, a diferencia de ésta, comienzan a rozar lo irritante (y en eso Wes Anderson y sus compañeros sacan cabeza). Mucho más allá de "Junebug" o "Thumbsucker", "Little Miss Sunshine" es divertida sin más, busca la sonrisa cómplice sin implicaciones ni racionalizaciones. Es divertida y punto. Pero también tierna y triste, con deliciosos estallidos de humor negro y delirante.

Está claro que excéntrico no es sinónimo de disfuncional, pues la auténtica familia unida de la historia son los Hoover, tan despreocupados finalmente por resultar ridículos y raros que recuerdan a epopeyas quijotescas. Y su historia resulta tan agradable y entretenida que sus síntomas tras su visionado indican una inequívoca felicidad.

DAVID LÓPEZ GONZÁLEZ

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