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"Silent Hill" por David López (Criticón)

Publicado: 06/08/2006

Christophe Gans y Alexandre Aja parecen jugar en una categoría distinta. Si el segundo ha conseguido dignificar el arte del remake con una superior, a la par que más despiada y violenta “Las Colinas tienen Ojos”, donde se ponía de manifiesto todo aquello que se obviaba en el film de Wes Craven, el primero parece haber aprovechado mejor que nadie la esencia de uno de los videojuegos más populares (del que ha logrado apoderarse de su puesta en escena y escalofriante banda sonora marcadamente industrial, obra de Akira Yamaoka) y trasladarla con buen pulso al celuloide. A Gans hay que reconocerle las muy estimables “Crying Freeman” y “El Pacto de los Lobos”, así como una simpática adaptación del universo Lovecraft de corte clásico en la coral “Necronomicon”, si bien es en “Silent Hill” donde aparece el autor que quiere aunar grandes medios con el fantástico tradicional europeo.

El eterno conflicto entre el Bien y el Mal (con sus consabidos dualismos y parejas de opuestos), la manipulación ideológica, el fanatismo ciego y extremo de la América gótica (la mayor fuente de inspiración de los horrores modernos desde Craven y Hooper) y la fábula de la maternidad que tan malsana resultaba en manos de la estética italianizante en las dos primeras entregas de “Shyrio no wana” se envuelven de un impresionante diseño de producción de Carol Spier, que al igual que su original bebe del surrealismo y la obra carnalmente desgarrada de Francis Bacon, elevada aquí a los infiernos de la crueldad sádica de Dario Argento.

Si el guión de un olvidado Roger Avary (¿qué fue de aquella interesante “Killing Zoe”?) no nos depara excesivas sorpresas, su historia trágica y amargo desenlace remiten inconscientemente a la magnífica “Dellamorte Dellamore”, donde Soavi, cercando el espacio vital como en la obra de Gans, ya nos mostraba un mundo de vivos donde en muchas ocasiones no está tan clara la diferencia y lejanía con respecto del lugar donde descansan sus muertos y del que irremisiblemente ninguno podemos escapar.

En cualquier caso, “Silent Hill” es un ejercicio correcto y entretenido, un oasis más allá del cadavérico paisaje cinematográfico del horror asiático.

DAVID LÓPEZ GONZÁLEZ

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