Septimo Vicio - El cine visto desde otros t iempos

Star Trek

Se ha instalado en los últimos tiempos el hábito de revisitar aquellos ítems del pasado que una vez nos conmovieron, como si de vez en cuando precisáramos transitar por caminos antes frecuentados para encontrar aquello que una vez fuimos, sentimos o perdimos, deseando repetir esas mismas emociones, hoy idealizadas, que hicieron de nosotros lo que ahora somos; en qué nos hemos convertido.

Publicado: 11/05/2009

Más allá del sentido de la oportunidad de productores ansiosos por capitalizar este tipo de subrutinas nostálgicas, el Cine suele acudir una y otra vez al pasado para ofrecer lo mismo de siempre aún con vestimentas remozadas, intentando actualizar alguna de estas historias con valores más comprometidos con una realidad que, sin embargo, apenas si ha cambiado en los últimos cincuenta años. Se presentan, en fin, nuevos efectos especiales de corte espectacular y ruidoso, vestuario y peinados que tratan de luchar contra los anacronismos, subtextos que, de repente, se atreven a coquetear con la incorrección. Se adapta pues la obra a los nuevos tiempos respetando sus postulados políticos para no herir la sensibilidad, según cuentan, de quienes durante años sustentaron las franquicias, sabedores de que, en el fondo, nunca podrán superar el material de base no ya por falta de talento o de inventiva sino por la nula vocación por el riesgo de aquél que las financian, así de osados se revelan pues estos tiempos de revisitaciones autoconscientes, de memoria iconográfica recuperada por cuenta de un interés mercantilista. Ocurre en las últimas adaptaciones de comics llevadas a la pantalla (de Sin City a Wachtmen pasando por 300) y ocurre aquí, y ya empiezo, con la nueva versión de Star Trek.

Impelidos por esta deuda nostálgica resulta que van a ser las escenas que menos le deben al pasado las que mejor soporten el peso narrativo de una adaptación que pretende, por un lado, ser fiel a sus orígenes y, de otro, construir sobre sus cimientos una historia recurrente para que, en el futuro, pueda forjarse sobre ella una franquicia renovada. J.J. Abrams se declara, casi desde el principio, especialmente entusiasmado por el material objeto de partida y trata de dotar a la historia de una serie de detalles que, a priori, sirven para refrendar dicho cambio. Así, la primera aparición espacial del U.S.S. Enterprise se muestra exuberante, mucho más grande de lo que nunca habíamos visto; del mismo modo, sus episodios de acción discurren acorde a los nuevos tiempos (incluso con algún guiño apócrifo, caso de la pelea con sables): coreografía prefabricada, cámara nerviosa; imprecisión geográfica; música estridente (y sin embargo inspirada, un adjetivo consustancial al apellido Giacchino). Siempre hemos sabido que en la saga de Star Trek lo que menos importa es la acción. De hecho, una de las más interesantes variaciones que sobre el original de Gene Roddenberry pergeñan los guionistas Alex Kurtzman y Robert Orci (suelo teclear estos dos nombres con los dedos cruzados, alguno de vosotros me comprendéis) no proviene de la fisicidad de su concepto sino de su propia esencia al haber sabido incluir entre los márgenes de esta nueva entrega no tanto un rejuvenecimiento del producto matriz (algo habitual en este tipo de formatos, ya lo digo) como un escenario utópico donde tanto el pasado (la serie, los filmes previos) y el presente coexisten, si bien lo hacen en un espacio-temporal paralelo, al menos en su prólogo. Consiguen, éste es su principal activo, conciliar el respeto hacia el material primigenio y hacerle partícipe de un mismo universo de ficción (justo lo que no fue capaz de conjugar Nolan respecto al trabajo previo de Tim Burton). Tal es, en fin, el respeto que profesa la obra de J.J. Abrams con sus predecesoras que entrega uno de sus protagónicos al que es su icono más reconocible (el comandante Spock; interpretado en dos edades distintas por Zachary Quinto y por Leonard Nimoy) resultando la relación que mantienen sus dos protagonistas (Kirk y el propio Spock) el verdadero leitmotiv de una cinta cuya génesis, aún no lo he dicho, representó durante muchos años el paradigma de la space opera en su vertiente catódica.

Siempre con objeto de revitalizar las constantes que convirtieron dicha serie en una de las franquicias más rentables de la Paramount, Abrams opta por reducir el tamaño de las faldas, los puntos muertos, los discursos silogísticos y, fundamentalmente, el tono conciliador de las primeras obras, y contraataca, en fin, redefiniendo la infancia de sus dos protagonistas, de repente enfrentados a un extraterrestre de origen romuliano cuyo carácter hiperbólicamente vengativo haría palidecer de rubor al mismísimo Imperio Klingon. Lo hace con ingentes dosis de ciencia ficción “hard” (agujeros negros que permiten saltos en el tiempo; paradojas temporales que unifican diferentes universos paralelos; teletransportación en movimiento…) y varias derivaciones sociológicas, siendo uno de sus aspectos más destacados el haber sabido deslizar en un argumento pretendidamente juvenil, de apariencia intrascendente y de texturas naif (tal y como hiciera Paul Verhoeven en una de sus obras fundamentales: Starship Troopers), un discurso melodramático cuyo principal bastión emocional se apoya en un genocidio de seis mil millones de personas. Así se las gasta el bueno de Abrams con un juguete en sus manos…

Lo más destacado: haber sabido captar la atención de una nueva generación de espectadores.

Lo menos destacado: el tendencioso uso narrativo del teletransporte: ahora funciona, ahora no funciona, ahora es deux ex machina…

Calificación: 7

J. P. Bango / http://bango.blogia.com

Javier en 15/05/2009

En contra a casi todo lo dicho...no estamos más que ante otro producto de la falta de originalidad de los guionistas americanos, diseñado para seguir dando frutos en taquilla en el futuro, que no respeta los personajes y argumentos anteriores al no pretender, como hacia Nolan, dar una versión alternativa (lo cual me parece sincero)sino insertar en la continuidad de la saga "anulando" lo anterior. En efecto algunas de las cintas anteriores de la saga adolecían de defectos de ritmo pero en esta se pasa a lo opuesto. Startrek nunca fue una space opera como se ha dicho (space opera es StarWars), y es precisamente en eso en lo que la han querido transformar, girando las tornas en exceso (banalizando el argumento, moviendo la camara demasiado, metiendo dialogos y peleas banales típicos de las películas de acción).
A pesar de todo lo mencionado le reconozco ciertos méritos como los decorados, efectos e iluminación pero la verdad que apenas creo que llegué a ser unas buenas palomitas.

Saavik72 en 13/05/2009

Pues con esta peli me acabo de enganchar a esta serie, me gustaba ST pero tiraba más a Star Wars…. para los trekkies tradicionales no gusta mucho pero para los que no lo son, gustará, gustará muchisimo… Ya la he visto dos veces y ves algo nuevo.
Claro que lleva el toque jjabramero que vemos en LOST pero tb -y sobre todo a los fans que SW- que me lean, llamadme renegado y sith, Star Trek por vez primera ha llegado al gran publico y hasta a los crios. El merchandising y las convenciones que supongo generara esto no es solo para un grupo de trekkis fanaticos que hacen el saludito y se ponen pijamas, no… ST ha madurado y eso hay que aceptarlo, señores y más por las excelentes criticas que ha recibido en todas Partes. Hasta Obama se ha hecho un pase privado de la peli… En fin, creo que me he convertido en miembro de ese lado oscuro que a los starwarseros no les gusta, soy un ‘trekkie’… lo bueno es cómo humaniza unos personajes que el fandon ha creido que eran dioses enfrentándoles a sus miedos, cómo es un reflejo de cosas como el 11-S (la explosión de Vulcano) que hemos vivido en nuestras carnes, la arquitectura inspirada en Gaudí de la Narada (la nave del “malo”) y que traslada un gran drama shakesperiano al futuro pero contando cosas del hoy. Lo “peor”, la adicción que de crea deseando ver más. Asi que amigos, nos guste o no, mirad cómo nadie se mete ya con los trekkies o va buscando el morbo de los que visten el pijama, si unos visten de Darth Vader no se pq estos trekkies no pueden merecer el mismo respeto y yo ya me cuento entre los q saldrán sin duda de nueva hornada. LARGA Y PROSPERA VIDA A ST!! \\//_

La doy un 9 sobre 10

J. P. Bango en 12/05/2009

No me refiero tanto a la idoneidad de las películas de Nolan (El caballero oscuro es una cinta excelente, ya lo digo) como a que rehúyen participar del mismo universo de ficción de las anteriores entregas. Star Trek participa de todas sus variaciones previas, incluso las más tangenciales, se muestra tremendamente respetuosa con lo que ha sido la franquicia a lo largo de todos estos años, sin renunciar a ofrecer una más que profunda revitalización (más bien una refundición). Es su mejor hallazgo de guión, con pocas dudas.

El tono sombrío lo tiene, fundamentalmente en sus márgenes. Hablamos de planetas aniquilados (como en Star Wars, sí; como en Galáctica, sí) y de venganzas imparables que vienen del otro lado del tiempo y del espacio. Le sobra algún chiste, claro, y la mayoría de sus cuitas silogísticas...

A mí también se me hizo ciertamente corta, no se me ocurre mejor halago.

Saludos cinéfilos, camarada.

carlos polite en 12/05/2009

Para un servidor la mejor de la saga. Pero lo mejor es que te deja con la sensación de que la siguiente será mucho mejor, siempre y cuando le resten el nivel de chiste facilón y eleven un poco el tono sombrio sin hacerla excesivamente filósofa absurda.

Por lo demás dos horitas que se pasan en un pis pas. Además, ya era hora de que sacaran a la saga del cajón serie b en el que se había acomodado de mala manera. Echar un vistazo a las dos últimas de la nueva generación resulta del todo deprimente.

Sólo en desacuerdo con lo de Nolan, creo que con las dos últimas Batman hablamos de palabras mayores.

Saludos

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