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"The Black Dahlia" por David López

Publicado: 25/09/2006

Termina la película, aparecen los títulos de crédito y sientes una extraña sensación. ¿Qué le sucede a esta "The Black Dahlia" para que se quede en el veredicto de simplemente correcta o interesante?

El material de base (la novela de Ellroy) a pesar de lo confuso y a ratos obvio, no deja de ser un buen punto de partida. El trabajo de cámara bajo la batuta de Brian de Palma es formidable y deja entrever una vez más la maestría de su realizador. La cámara vuelve a estar situada en el lugar y el momento adecuado, consagrando el plano-secuencia como quintaesencia de lo que es una lección magistral de cine: un inolvidable plano se eleva sobre un edificio para mostrarnos en la lejanía el cadáver de Elizabeth Short y dar paso en un rápido travelling al coche de nuestros héores que esperan la salida de un gángster. La fotografía mantiene el inevitable aire de nostalgia prototípica de todo film noir moderno y con ello de todos sus clichés, desde la traición y la corrupción hasta la imprescindible presencia de la temible femme fatale y los tríos amorosos desbocados (en esta ocasión menos tenso y desgarrado). Los actores por lo general no están mal, aunque ni Hartnett es el tipo íntegro que se espera ni Johansson la encarnación de la sensualidad y la tentación deshonesta. Incluso el papel seductor de Hillary Swank parece cargado de excesivos estereotipos que por unos segunos rozan la parodia forzada.

Pero sobre todo, el gran problema de esta película es que se establece en mera formalidad de oficio, sorprendiendo que alguien tan coherente como Brian de Palma se haya quedado tan lejos del status de culto de su más que digna predecesora, el "L.A. Confidential" de Curtis Hanson. El director de ejercicios de sadismo tan aplaudidos como "Vestida para Matar" ofrece una épica policial sin rastros de la firma brutal y sangrienta de antaño, sólo manifiesta en tres breves flashes (en concreto, el combate de boxeo, el asesinato en las escaleras y la autopsia a una Dahlia mutilada salvajamente).

El guión de Josh Friedman peca de esa discrección más preocupada por respetar el cine de género y filtrar cinematográficamente los elementos de thriller de la novela original.

Una de las mayores emociones viene, misteriosamente, de la mirada ingenua y temerosa de Mia Kirshner, bellamente retratada en blanco y negro, que provoca esa sensación de amenaza inminente que incomoda al espectador ya testigo de su fatal destino. Y ese malestar resulta aún más inquietante que todo su climax final.

Por todo ello, el film no tiene pecado sino pecador, pues la mayor carencia viene de la mano de su director y su guionista, quienes logran momentos de gran intensidad visual y emocional donde se sugiere más que se muestra, pero dejan el resto en manos del pulso narrativo firme pero frío de la estricta convención del género.

DAVID LÓPEZ GONZÁLEZ

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