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"Wall-E": Batallón de limpieza

Quizás sean los primeros cuarenta minutos de Wall-E un cenit del cine de animación de los últimos 20 años; desposeídos de palabras pero no de gestos ni de emociones (en términos parecidos -aunque no tan crípticos- a los descritos en el prólogo de Angel’s Eggs de Mamoru Oshii), algunas de las cuales traspasan la pantalla en formas adultas, consecuencia directa de un producto probablemente ininteligible para la mayoría de los niños, me atrevería a añadir que también para alguno de sus acompañantes, y que sin embargo tiene la rara virtud de contentar a todos desde el principio, así son de misteriosos los efluvios que su visionado transmite (próximos a E.T., sí), al menos en este magnífico (y osado) segmento introductorio.

Publicado: 07/08/2008

Wall-E es aquello que promete en sus afiches promocionales: tanto una extraña fábula post-apocalíptica, de aires redentores y tono conciliador, como una deliciosa historia de amor-afecto entre un robot que es a su vez mezcla de otros muchos (todos astrosos: Número 5, Bender…) y otro, esta vez feminoide (en cuanto a su nombre), abandonado a una misión utópica ordenada por los humanos. Ambos se encuentran en una Tierra devastada que el primero se encarga de limpiar porque no sabe hacer otra cosa (su acrónimo se resuelve como Waste Allocation Load Lifter Earth-Class) a pesar de que ya no queda nadie a quien servir salvo esta visitante irascible, de nombre EVE (Extra-Terrestrial Vegetation Evaluator), una exploradora vehemente que se invita a buscar hasta el hartazgo, entre los restos de esta Tierra explotada, la clave que encienda la llama de un posible regreso de los humanos, por el momento exiliados a años luz de distancia en una estación espacial autosuficiente llamada Axioma.

La perfección técnica y su delicada caligrafía ayudan a construir a un personaje, Wall-E,  desde cuya misma presentación ya proyecta altos niveles de empatía, cuestión prioritaria para garantizar el visionado de una película cuya complejidad conceptual se amplía a medida que vamos conociendo a EVE, ese robot de apariencia ovoide y antipático que al lado de Wall-E alcanza un nivel de comicidad impensable, sobretodo cuando hablamos de una figura cuya fisonomía apenas si se esboza (un tanto más en el debe, pues,  de los animadores de la Pixar, del todo punto acostumbrados a este tipo de hazañas que no por habituales no deberían dejarse de vindicar).  Con estos mimbres, la película no tarda en repletarse de momentos íntimos y entrañables, algunos de ellos infinitamente tiernos, complementados de otros momentos más viscerales y esperpénticos, especialmente aquellos protagonizados por este robot de apariencia noble y comportamiento ingenuo (¿o es al revés?) cuya personalidad entronca con la de El Vagabundo de las películas de Chaplin (exiliado, de repente, en mitad del Playtime de Jacques Tati). Como veis, las comparaciones en esta película siempre van en mayúsculas.

Aún embelesados por su delicada sensibilidad y buen gusto, no debemos olvidar, sin embargo, que la película es sobretodo una auténtica odisea de aventuras y de viajes aeroespaciales, de civilizaciones perdidas y de planetas olvidados en el tiempo, que oculta un entramado sumamente adulto, también dentro del campo de la ciencia ficción, y donde tienen a bien cruzarse epítomes de distintas áreas (la robótica, los viajes interestelares, la colonización interplanetaria, la supervivencia de las razas) y disciplinas (la Psicología como contenedor genérico de la alienación que sufren los protagonistas humanos; la Sociología, como valedora de una subtrama distópica), sin subrayados excesivos pero sin dejar espacio a la duda, constituyendo un corpus argumental gozosamente robusto; desde el punto de vista del espectador más exigente, posibilitando que lo que sucede en los márgenes sea tanto o más apasionante que lo que acontece en medio.

El carácter bienintencionado de la cinta (que termina de manifestarse de forma cándida en su colofón) no oculta, sin embargo, un trasfondo apocalíptico, especialmente caracterizado por su despiadada visión de la humanidad y los posos destructivos que generación tras generación la definen. En la Tierra, devastada, no queda más que un insecto y un robot stajanovista adicto a la limpieza y a coleccionar recuerdos. La Tierra no es sino una enorme montaña de mierda, y sus habitantes legítimos, entregados en el espacio a actividades hedonistas por cuenta y sustento de unos criados autómatas, viven despreocupados en mitad del universo esperando que el azar los vuelva a reubicar donde deberían.

Repleto de homenajes ultracinéfilos (2001, Naves Misteriosas, Alien, Inteligencia Artificial), algunos de ellos descacharrantes (definida por un total: “este es un gran paso para la humanidad”), el resto terriblemente emotivos (Hello Dolly), Wall-E no es sólo una de las mejores películas de la Pixar sino la que más acertadamente traslada el espíritu de alguno de sus cortometrajes más notables (por ejemplo, Presto), no en vano, la piedra angular de una productora sustentada por el talento de unos cuantos animadores y que ha encontrado en Andrew Stanton (como antes lo hizo en Brad Bird y en John Lasseter), en su doble faceta de director-escritor, el complemento ideal que necesitaba para concentrar todas las virtudes de la casa en una única obra.

Si la perfección pudiera ponderarse se aproximaría a los cánones conceptuales contenidos en esta película, Wall-E, una experiencia deliciosa, ya lo digo, recomendable para todos los paladares y gustos. La cinta de animación del año…  en espera del estreno de Ponyo on a clift by the sea del siempre sobresaliente Hayao Miyazaki

Lo más destacado: su infinita fluidez y altura cinematográfica.

Lo menos destacado: que su segundo tramo se resienta de un comienzo tan apabullante.

Calificación: 9

Por J.P. Bango

La otra crítica

Admirable, deslumbrante, apoteósica. Cualquiera de estos adjetivos se quedaría corto para calificar la carrera cinematográfica iniciada por Pixar años atrás con una joya titulada «Toy Stoy». Puntuales con su cita anual y como si resultara fácil, nos regala otra muestra de su inagotable talento y de su forma de entender ya no sólo el cine de animación en particular, sino el cine con mayúsculas. Sus obras trascienden el mero hecho de estar confeccionadas como cine de animación y se escapan de los márgenes que lo acotan para convertirse en algo más, en obras imperecederas, sin fecha de caducidad y capaces de maravillar a pequeños y adultos sin distinción de ninguna clase.

Resulta difícil enumerar las virtudes de esta joya del cine que es «Wall-E». Sin quizá la obra más perfecta de Pixar (que es decir mucho), funciona a tantos niveles y tan magistralmente bien en todos ellos que resulta absolutamente sobrenatural, como un alquimista loco que por fin hubiera dado con su piedra filosofal. Para ello se sirve de una historia sencilla en su apariencia pero de una increíble complejidad en sus entrañas, tanto por sus implicaciones, como por los sentimientos que desbordan sus protagonistas. Aquí «Wall-E» es un pequeño robot extraído literalmente de la película «Cortocircuito» que lleva 700 años dedicado a ordenar, amontonar y coleccionar la basura acumulada en la tierra desde que la humanidad la abandonara a su suerte debido a su absoluta iniquidad. Así pues, él y una cucaracha se han convertido en los últimos habitantes de un estercolero llamado tierra. Cuando una nave espacial llega con un sofisticadísimo robot para averiguar si la tierra vuelve a ser habitable, surgirá el amor y comenzara una delicada historia para conquistar a su chica y de paso salvar a la humanidad del hipercalórico y tecnificado destino en el que se encuentra sumida.

Hablar a estas alturas de la perfección técnica de las películas de la «Pixar» resulta reiterativo la verdad. Pero no por ello debemos pasar por alto este hecho. Si bien es un elemento importante, me atrevería a decir que para estos artistas es casi hasta secundario, ya que tanta tecnología no funcionaria si detrás no hubiera una historia compacta y sólida que llegara al espectador con fluidez. Aquí llega y a lo bestia. El hecho de que durante los primeros 45 minutos prácticamente estemos ante una película muda no hace sino otorgar más merito a la propuesta, dicho sea de paso, muy arriesgada. En estos minutos iniciales en los que se nos presenta a un robot solitario en medio de la más rotunda y polvorienta soledad, resulta escalofriante la expresividad que una pequeña cucaracha y unos prismáticos con ojos pueden llegar a tener. Comienza a desplegarse ante nuestros ojos algunos gags visuales dignos del mejor Chaplin o Búster Keaton, potenciados al llegar al planeta «EVE», el robot del que se enamorará nuestro protagonista, otro prodigio de expresividad a pesar de tratarse de un huevo Kinder blanco con ojos.

Como película cómica no tiene precio, pero como he comentado la cosa no se queda ahí. Resulta una certera denuncia sobre las consecuencias del feroz consumismo y el destino de la humanidad, que no es sino una colonia tecnócrata, obesa y descerebrada. Una sólida película de ciencia ficción llena de guiños a grandes películas de género que no pienso desvelar para que el espectador disfrute con ellas. Pero sobre todo es una delicada y cándida historia de amor que nos deja alguno de los mejores momentos de la película, que desde ahora digo resultan incontables. Aquí es donde entra en liza la habilidad de los guionistas y de los animadores para dotar de sentimientos a unas máquinas aparentemente inexpresivas pero cuya fuerza y magnetismo atraviesan la pantalla como un cuchillo la mantequilla. No exagero si digo que se contará como una de las mejores historias de amor jamás filmada y que desvela que más vale un gesto y una mirada que mil palabras (revisiten «Los Puentes de Mádison» y su secuencia final bajo la lluvia para saber de que les hablo).

Pero hay más. Una prodigiosa galería de secundarios a cada cual más desternillante, una banda sonora de Thomas Newman absolutamente magistral, una canción final de Peter Gabriel maravillosa que acompaña a unos no menos excelsos títulos de crédito y un corto inicial marca «Pixar» que como pasa con todos los que hace ya de por sí vale el precio de la entrada. En definitiva una gozada sensorial que nadie debería perderse, una obra magna que sin duda alguna entrara por merecimientos propios en la historia del cine. ¿Alguien da más por 6,50 miserables euros?

Por Carlos Polite

jose luis en 02/07/2009

Bueno .. que les puedo decir . me gusto muchisimo .. y que tiene sentiminetos. muy lindos.. bueno me gusta mucho el robot Wall-e y la robotica Eva.. que bueno estuvo... gracias me gusto mucho.... le quiero mucho a wall-e

YoMismo en 10/08/2008

Completamente de acuerdo, creo que cuando Wall-E sale de la tierra la película empieza a decaer (en términos relativos claro) y el final no deja de ser la típica historia de buenos y malos y con final previsible. Me quedo con esos primeros minutos de auténtico cine.

Saludos

Ricardo Excel en 09/08/2008

Impecable reseña, esta obra maestra no merecía menos.

Alex en 09/08/2008

Cada vez que veo una película de Pixar no puedo evitar preguntarme: ¿hay algo que no puedan hacer estos tíos?

Valiente, osada obra maestra. De las dos o tres mejores que han hecho. Y bestial fichaje este Andrew Stanton, si señor.

PD: Muy buena crítica (curioso el detalle de Angel´s Egg).

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