"Faster Pussycat! Kill! Kill!" por David López
Publicado: 11/03/2007
"Faster Pussycat! Kill! Kill!" se rodó, con un presupuesto de 45000 dólares, en 1966. Las localizaciones de rodaje se encontraban en el desierto de Mojabe (en el rancho de un amigo de Meyer), y fue coproducida por la que por aquel entonces era su mujer, Eve Meyer. Todo en un tiempo récord.
El guión fue escrito por el propio Meyer en colaboración con John E. Moran, que desde hace tiempo trabajaba en el mundillo de la serie B en todo tipo de curiosas producciones de ciencia ficción (participó en el serial "Buck Rogers conquers the Universe"). La unión de ambos dio origen a algunas de las líneas de diálogo más salvajes de todo el cine independiente de los años sesenta y setenta, siempre cargadas de una nada sutil ironía (una fuerte dosis de “mala leche” y doble intención impregnaba siempre sus guiones). Mención aparte merecen la magnífica fotografía b/n de Walter Schenk o la banda sonora compuesta por Paul Sawtell y Bert Shefter (en su mayoría de corte jazzístico), donde destacaba el tema principal interpretado por The Bostweeds, una pegadiza canción pop versioneada en los ochenta en clave de rock garagero por The Cramps. La película se estrenó con gran éxito en Dallas en febrero de ese mismo año, llenando, más tarde, autocines de todo Estados Unidos.
El resultado de "Faster Pussycat! Kill! Kill!" se puede entender como una continuación de las variantes temáticas que Meyer ya había desarrollado en sus dos proyectos de 1965: "Mudhoney" y "Mortorpsycho". Si "Mudhoney" era un violenta fábula de estética sucia y dura, alejada de los cánones de la sexploitation de la época, "Motorpsycho", pionera de las llamadas “biker-movies” (género que conoce su apogeo con la mítica "Los ángeles del infierno" del maestro de la serie B Roger Corman) presenta una violencia totalmente amoral y confusa, que recupera el film de 1966 en su forma más caricaturesca. Los personajes, la trama y la forma de rodarla convierten a "Faster Pussycat! Kill! Kill!" en un genuino cómic donde todo sigue la máxima meyeriana “larger than life”. En el universo creado a lo largo de su filmografía, Meyer parecía recoger ciertamente la influencia de los dibujos animados, en concreto de la Warner (obra y gracias del genial Chuck Jones) o Tex Avery. Ahí tienen esa violencia hiperbólica o los constantes planos entrecortados. En la parte final de "Cherry, Harry and Rachel", sin ir más lejos, Meyer parece rodar sin complejos una alocada persecución del Coyote y el Correcaminos. En el caso de la primera etapa de Meyer, la influencia está más próxima a la tira cómica Li’L Abner de Al Capp, cercana al ambiente vivido en la Gran Depresión pero desde una perspectiva totalmente irreverente, que muestra las desventuras de su protagonista en un temible pueblo de la América profunda (la misma que ha inspirado pesadillas como "La Matanza de Texas" o "Las colinas tienen ojos").
Aunque sin llegar a la grandilocuencia y al delirio de películas como "Supervixens" o "Up!", "Faster Pussycat!" posee las mejores características de su cine: montaje acelerado con un ritmo “non-stop” o la localización en entornos naturales (el desierto, especialmente, que aparece en la mayoría de sus películas). El montaje en paralelo (a veces conocido como montaje ideológico) suele ser uno de los aspectos más llamativos de sus films, con su particular enlace y mezcla de ideas (asociaciones que relacionan imágenes entre sí).
Los personajes respetan su clásico dualismo: mujeres agresivas y dominantes frente a hombres débiles e ignorantes (siendo estos últimos representantes del más retorcido americano medio-bajo). El trío protagonista lo forman la desconocida Lori Williams, y las “pin ups” Haji y Tura Satana, habituales en las producciones de Meyer. Además encontramos a uno de sus actores fetiches, Stuart Lancaster, que había aparecido en series míticas como "El fugitivo" o "Los héroes de Hogan", y acabaría trabajando para figuras de culto como David F. Friedman, productor de las más famosas películas de Herschell Gordon Lewis, el “padrino del gore”. Incluso Tim Burton se cuenta entre su legión de seguidores, dándole pequeños papales en "Eduardo Manostijeras" y "Batman vuelve".
Meyer anunció durante años una esperada secuela contemporánea del film, que nunca se llegó a realizar (como también sucedió con las continuaciones de "Más allá del valle de las muñecas" o "The inmortal Mr. Teas"), dedicándose tras la filmación de "Beneath the valley of the ultravixens" a promocionar la supuesta aparición de su autobiografía cinematográfica (que llevaría por título "The Breast of Russ Meyer"), que muchos llevamos años ansiando sin ningún tipo de esperanza.
A la espera de que toda esa nueva generación de cinéfagos sin prejuicios (¿existen de verdad?) recupere a Russ Meyer en todo su esplendor y lo consagren, ya no sólo como uno de los mayores erotómanos de todos los tiempos, sino como uno de los más grandes creadores del cine moderno, hoy podemos recuperar el clásico más afamado de su primera etapa. El paso del tiempo ha puesto al film en el lugar que reclamaba, adquiriendo un status de culto, y muchos la consideran la película emblemática de su autor, la que mejor representa su inintencionada cara feminista y rockandrolera. Imprescindible y fascinante, desde ese monólogo inicial en off hasta el trágico destino de la Varla que interpreta la inolvidable Tura Satana.
DAVID LÓPEZ GONZÁLEZ
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