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Bruce LaBruce: "Los jóvenes se enfrentan a la vida como si fuesen zombies"

Precedido por su status de culto en círculos cada vez más amplios, Bruce Labruce aterrizó en Sitges 2008 rodeado de las enormes expectativas levantadas por "Otto, or up with dead people", un último trabajo que agotó todo el papel en su paso por la berlinale. Artista polifacético, Labruce charlaba con Séptimo Vicio acerca de su nueva cinta y su labor como fotógrafo y columnista para prestigiosos magazines del underground norteamericano.

Publicado: 10/02/2009

Nos gustaría que comenzara hablándonos de su labor como escritor para algunas conocidas revistas canadienses.

Sí, efectivamente combino mi faceta como cineasta con mi trabajo como escritor y fotógrafo para algunas publicaciones especializadas. Soy columnista de diversas revistas y escribo sobre arte, política, sociedad y temas culturales en general. Todo ese material en el que reflejo mis propios pensamientos me sirve de base para el trasfondo de mis proyectos cinematográficos.

Precisamente queríamos preguntarle por sus trabajos como fotógrafo, especialmente ahora que la Antigua Casa Haiku de Barcelona ha preparado una exposición al respecto.

Mi pasión por la fotografía adquiere protagonismo a finales de los 90, cuando rodé “Hustler White” y trabajé con muchos actores de la industria pornográfica. Era un tipo de fotografía que se pagaba muy bien y me permitió entrar en el círculo profesional de otros artistas afamados como Richard Kern. En cualquier caso me habitué a la misma entre pausas de rodaje, retratando al reparto de aquellas cintas.

¿Cómo surge “Otto; or up with dead people”?

La premisa básica era la de retratar a chicos jóvenes que se enfrentaban a la vida como si fuesen zombies, personas vacías en su interior que vagabundeaban como muertos. Un gran colectivo de adolescentes homosexuales sin rumbo, con un rendimiento académico extraordinario pero fuera de lugar en una sociedad que no comprenden y los conduce hacia el autoaislamiento. Es la alienación contemporánea y el artista mucha veces también se comporta como un zombie.

En algún momento se planteó “Otto, or up with dead people” como una película pornográfica.

Cuando me sumergí en los castings de la película, ciertamente por mi cabeza rondaba la posibilidad de filmar “Otto, or up with dead people” como si se tratase de un film pornográfico. De hecho tres de los actores principales ya habían participado en cintas pornográficas. Con otro tipo de cámara digital rodamos algunas escenas totalmente explícitas pero Jey Crisfar nunca quiso participar en ellas. Ese material, no incluido en la copia que actualmente se exhibe en festivales, puede que lo recuperemos en una futura edición en DVD.

En la filmografía de George A. Romero el subtexto político es muy importante. ¿Sucede lo mismo con “Otto, or up with dead people”?

No me cabe duda, Romero es el gran maestro del género, un anticapitalista empedernido. Mi crítica va dirigida contra el racismo, la división en clases sociales y la comercialización de todo producto. Otto es un vagabundo afectado por un inevitable sentimiento de vacío que sufre el desprecio de aquellos que se cruzan en su camino.

Junto a Romero, ¿qué otros referentes asumió para enfrentarse a este proyecto?

De Romero me encantó “Martin”, y del mismo modo “Carnival of Souls” siempre me ha resultado una obra fascinante. En parte inspiraron el inconformismo del que yo quería dotar a Otto. También la melancolía que imprimí en los ambientes del film. Nada que ver con lo grotesco y pervertido del terror moderno.

Entrevista: David López

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