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F.J. Ossang: “Las convenciones narrativas son sólo una excusa para crear imágenes”
El cine de F.J. Ossang se mueve bajo las coordenadas del cine primitivo y la resistencia punk de corte poético. Desde esos parámetros, nacen y crecen poderosas imágenes que remiten a los genios del silente (Murnau, Lang o Epstein) y proclamas en torno a la imposibilidad, a lo inalcanzable, a “la conquista de lo negativo”. Su obra íntegra fue objeto de una retrospectiva en el reciente Festival Internacional de Cine de Rotterdam, un mes antes de que último trabajo, “Dharma Guns” (2010), sea estrenado comercialmente en Francia.

Publicado: 11/02/2011
En el arranque de “Le trésor des iles chiennes” (1990), el rostro de una mujer flotando sobre agua turbia comienza a dar vueltas sobre sí mismo y el rastro de ese movimiento circular de la cabeza y la cabellera acaba formando una sugerente espiral donde se invita al espectador, seductora e hipnóticamente, a adentrar su mirada. Una vez atrapados por el ojo de la orgánica espiral femenina, un nuevo plano nace en la pantalla mostrando un perfil masculino, y la imagen de la chica, poco a poco, va desapareciendo en el interior de su cabeza. El agua, la espiral, lo invisible que se torna visible y el paisaje del rostro: elementos que en manos del cineasta, escritor y músico post-punk francés F.J. Ossang se vuelven imágenes casi extraterrestres, latentes de poesía y fascinación.
La carrera cinematográfica de Ossang acaba de ser recuperada en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR), donde se ha podido ver íntegro su trabajo: desde sus primeros cortometrajes hasta su último filme, “Dharma Guns” (2010), que fue estrenado en la sección Orizzonti de la pasada Mostra de Venecia. Ossang, no obstante, es un viejo conocido del certamen neerlandés. El galo contaba al Daily Tiger, diario del festival, la cadena de acontecimientos que le llevaron a estrenar su segundo cortometraje y, un año después, su puesta de largo en Rotterdam: “Fui a Cannes con mi primer cortometraje, “La derniere enigme, en 1983. Estaba en el ascensor cuando de repente un tipo enorme me dijo: ‘¡Así que eres cineasta! Me llamo Hubert Bals. ¡Has de hacer lo posible para venir a Rotterdam!’ Así que en 1984 aquí estaba con mi siguiente cortometraje, “Zona Inquinata”. Fue una experiencia muy instructiva, donde se aumentó mi curiosidad por los diferentes cines del momento: de la nueva ola Americana a los filmes brasileños o chinos. Entonces, en 1985 presenté mi debut en largo, “L’affaire des divisions Morituri”.
Músico y escritor (con MKB Fraction Provisoire lleva desde finales de los 70 en activo y muchas de las bandas sonoras de sus películas las rubrica bajo ese nombre, mientras que como escritor ha publicado una docena de libros), Ossang se lamenta de que su trabajo sea reivindicado años más tarde de que haya visto la luz. Sin embargo, no ha perdido ni un ápice de entusiasmo. Sobre la secuencia que abre “Dharma Guns”, una hipnótica escena de esquí acuático, esgrime divertido: “Cuando era joven practicaba este deporte y nunca he estado satisfecho de cómo se ha filmado en el cine”. Con su oscura elegancia y trato cercano, el cineasta conversó en exclusiva para Séptimo Vicio desde Rotterdam.
Su cine ha podido verse en España, pero en contadas ocasiones. Para un espectador neófito, si hubiera que definir sus líneas de trabajo como cineasta, diría que podrían dividirse en dos: cine del rostro y cine del paisaje…
Sí. Creo que el rostro y el paisaje son los dos grandes temas, los dos grandes misterios del cine. En el cine ruso verás pocos primeros planos, porque lo consideraban un tipo de registro burgués, una fantasía absoluta… Para mi, las convenciones narrativas son sólo una excusa para crear imágenes. El cine revela cosas. En los años 80 queríamos hacer películas como en los años 20. Nos queríamos alejar de la idea del diálogo, ya que forma parte del lenguaje del teatro, de las convenciones narrativas del teatro. Mi objetivo es superar, transgredir el lenguaje narrativo convencional.
Es curioso que diga esto, porque precisamente “Le trésor des iles chiennes” la filmó con Cinemascope y la película se centra más en los rostros que en los paisajes panorámicos.
Me interesaba rodar en Cinemascope porque gracias a este formato, un mismo plano puede albergar hasta tres rostros, con lo que se puede crear una narrativa entre ellos muy peculiar. No sólo las caras, sino los gestos que hacen esas caras. Son planos de detalle, muy cortos, pero que condensan muchas emociones. Se trata de un formato muy peculiar. Su procedimiento técnico es extraño: al capturar la imagen, la distorsiona en el celuloide, pero también se distorsiona cuando se proyecta.
¿Y no se ha atrevido a usar el digital?
Soy un fetichista del celuloide. El naturalismo de la imagen digital es interesante, pero me gusta la organicidad del celuloide. Por otra parte, la ética del trabajo de una y otra tecnología difieren por completo. Filmar en 35 milímetros es muy caro, como debes imaginar, por lo tanto, la planificación de cada toma ha de ser muy estudiada. Además, esa preocupación económica también modifica las relaciones entre el equipo de rodaje. No para mal, pero la imagen que se toma a través del celuloide obliga a una buena coordinación previa.
¿Por qué esa persistencia en el uso del blanco y negro? Sólo en “Docteur Chance” (1997) utiliza el color. ¿Qué tipo de poética la ofrece cada una de esas opciones?
El negro es el color más importante en el cine, la parte más importante. Porque el cine es ilusión de movimiento, el que producen las imágenes, y entre cada una de ellas, hay negro… Pero también me gusta el color, sobre todo cuando es vivo, saturado.
Sus largometrajes hablan sobre personajes que están en tránsito, ya sea porque viajan o porque avanzan hacia la muerte o porque buscan algo, y, en paralelo, para hacer sus películas usted se ha desplazado por gran parte del mundo.
¡Me gusta ser un extraño! (risas) Sí, he viajado por todo el mundo: Chile, Argentina, las islas Azores, Rusia… Y como dices, mis personajes muchas veces están entre la vida y la muerte. “Dharma Guns”, por ejemplo, es un viaje orfeico, de ir hacia la muerte y regresar de ese lugar, una reencarnación. Como si se fuera en busca de un sueño. En “Le trésor des iles chiennes”, en cierto modo, es como si fueran a la conquista de lo negativo.
Dice que te gusta sentirse como un extranjero, pero siempre trabaja con el mismo reparto, con contadas excepciones. Y entre los rostros que han aparecido en sus películas, encontramos a Joe Strummer, Mapi Galán…
¡Y Marisa Paredes! ¡O Pedro Hestnes! Me gusta trabajar con el mismo equipo, con una misma familia.
Para finalizar, ¿qué le movió a hacer “Silencio” (Premio Jean Vigo 2007)? Se trata de un trabajo que ahonda en el paisaje, pero que se mueve en esas mismas coordinadas del viaje, un viaje exterior pero que es al mismo tiempo un viaje interior; un trabajo titulado “Silencio” vestido con la partitura industrial de Throbbing Gristle.
Es una “silent noisy film” (risas). Con “Silencio” sentí que volvía al punto cero. Tuve la oportunidad de volver a Portugal y filmar, casi 10 años después de haber rodado “Docteur Chance”. Llevaba una cámara de 16 mm y empecé a rodar, un poco desordenadamente, sin saber qué tipo de película saldría de allí. Sólo que quería hacer visible lo invisible, buscaba mirar para ver, recuperar un impulso primitivo. La siento como una exploración de todas las posibilidades cinematográficas… Tuvimos mucha suerte al poder contar con la música de Throbbing Gristle. Ahora no es como en los años 80, ahora has de pasar por el manager, el editor…, ¡son una banda muy conocida! Al final nos cedieron su música en unas condiciones más que aceptables.
En España, la Filmoteca Española, en Madrid, le dedicó un ciclo en 2008. Su trabajo también pudo verse en el BAFICI de 2009 y ahora el novel FICUNAM está a punto de dedicarle una retrospectiva el próximo marzo. Parte de su trabajo también se exhibió en el Festival Punto de Vista, Navarra, y en las sesiones XCéntric que programa el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, en concreto “Silencio” (2007), “Ciel Éteint” (2008), y Valdisvostok (2008), el llamado ‘Tríptico del Silencio’ (o ‘Trilogía del paisaje’, como lo acuñó originalmente la crítica cinematográfica y alma mater de Rouge, Nicole Brenez). Su último filme, “Dharma Guns” (2010), se estrena el 3 de Marzo en Francia, acompañado de la edición en DVD (Potemkine/ agnés b.) de sus anteriores largometrajes.
Filmografía: Dharma Guns (2010), Ciel Eteint! (2008), Vladivostok (2008), Silence (2007), Docteur Chance (1997), Le Trésor des Iles Chiennes (1990), L’affaire des divisions Morituri (1984), Zona Inquinata (1983), La dernière énigme (1982)
www.homme-moderne.org/images/films/fjossang/index.html
www.myspace.com/mkbfractionprovisoire
Entrevista y texto: Paula Arantzazu Ruiz

Tags: En portada Noticias Festivales Entrevistas Rotterdam F.J. Ossang Throbbing Gristle
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