Septimo Vicio - El cine visto desde otros t iempos

Entrevista a Angelino Fons

Publicado: 28/06/2007

David López entrevista al veterano cineasta Angelino Fons, realizador de títulos tan significativos como "La busca" o "Fortunata y Jacinta".

Angelino, como su trayectoria es amplia y densa, creo que lo mejor será mantener un orden cronológico. Nació un 6 de Marzo de 1936, un período convulso de la historia de España. ¿Qué recuerda de su niñez?

Recuerdo una anécdota en concreto, trataré de resumírtela: mi padre había curado de unas quemaduras al hijo del cónsul francés en Madrid y cuando la situación se puso complicada nos refugiamos en el Liceo Francés, que sigue estando después de su remodelación frente a la sede del Tribunal Supremo. Digo remodelación porque durante algunos años estuvo abandonado y se utilizaba como plató de rodaje; yo lo utilicé para construir los decorados de un film que realicé en los años ochenta, El Cid Cabreador (1983), pasando de una guerra golpista y cruel a una guerra medieval y de cachondeo. Me hubiera gustado saber si estaba rodando en el mismo lugar, en la misma estancia donde pasé los primeros meses de mi vida, pero mi madre no estaba en Madrid y no la pude llevar para que pudiera localizar en el interior ruinoso del Liceo los lugares del 36. Todos los refugiados debían adoptar un nombre francés. El nuestro fue Leblond, porque mi hermano y yo éramos muy rubios de pequeños. El que fue presidente del Tribunal Supremo durante la monarquía, Felipe Clemente de Diego, se hacía llamar Clemenceau y Santiago Bernabéu, el que fue presidente del Real Madrid, era monsieur Bertrand. Allí pasamos las Navidades del 37. Alguien del personal del Liceo le dio ese día a mi madre un trozo de carne, un cardo y un hueso de jamón y estuvo hirviendo varias horas en un hornillo eléctrico para conseguir una sopa sustanciosa. Mi madre estaba embarazada de mi hermana Mari Loli, que nació en mayo en el Hospital de San Luis de los Franceses, que se encontraba muy cerca, en la calle Bárbara de Braganza. Mi hermana fue de nacionalidad francesa hasta casi los 20, cuando se pudieron arreglar sus papeles y se la hizo nacer en Murcia.

Su familia se trasladaría a Orihuela, donde cursaría el bachillerato con los jesuitas. ¿Cómo fue aquella época marcada por la educación y la disciplina de la Compañía de Jesús?

Con relación al cine, que es lo que aquí nos importa, completamente nulos. Para los jesuitas, el cine era o una diversión pueril o la puerta que daba entrada al pecado. Muy pocas veces asistí al salón de actos a aquellas sesiones cinematográficas. Sólo recuerdo una película en blanco y negro con Juanita Reina y una escena en la que el protagonista, creo que era Jorge Mistral, se estaba afeitando y ella jugueteaba con la brocha y el jabón, y cuando se iban a besar cubrieron el objetivo del proyector y en la pantalla se hizo la oscuridad.

Marcha a Murcia para matricularse en Filosofía y Letras, y por aquel entonces, comenzó a dirigir el Cine Club Universitario. ¿Cuándo despertó su pasión por el cine?

Tendría algo más de diez años cuando tuve que permanecer varios meses en cama a consecuencia de un soplo de corazón que se me corrigió con el tiempo. Cuando me dejaron abandonar la cama, las articulaciones no me respondían y tuve que llevar muletas una temporada. Fue entonces cuando me dediqué de un modo sistemático, todos los días, a ir al cine. Muchas veces acompañaba a mis tíos, que iban todos los días laborables al cine, pusieran lo que pusieran, incluso si ya habían visto las películas, casi siempre era programa doble, porque, como él decía con su acento gaditano, se pasaba la tarde en un periquete por tres perras chicas. El cine entró en mí a través de un soplo del corazón y ahí se quedó.

Ahora es bastante normal que los jóvenes de 20 años dirijan una película, tengan o no antecedentes cinéfilos en la familia. Yo nos los tuve y tampoco tenía televisión. Mis padres no eran muy asiduos a las salas de cine, pero recuerdo un día que fuimos a Murcia y después de merendar unos sabrosos pasteles de carne murcianos decidimos ir al cine y elegimos una sala inaugurada hacía muy poco tiempo, el Cine Rex, donde proyectaban Tambores lejanos (Raoul Walsh, 1951). Se me quedaron grabadas las imágenes de la pelea bajo el agua y la cara de Gary Cooper afeitándose en seco con un cuchillo a la orilla de un río.

No hubo revelación ni nadie me señaló el camino a seguir. Esa pasión que mencionas la mantuve unos años antes de ingresar en el IIEC y unos años después de salir de la reconvertida EOC, hasta que me introduje de un modo definitivo en la industria cinematográfica.

De una u otra manera aquellas enseñanzas de los jesuitas dejarían alguna impronta en usted pues continuaría sus estudios especializándose en Filología Románica en Madrid, donde se impartía tanto latín medieval y cristiano como literatura románica y mitología artúrica. Habitualmente se caracteriza a los estudios que se engloban bajo el epígrafe “Letras” como humanísticos y cívicos. ¿Cree que aquellas lecturas y conocimientos influyeron en el Angelino Fons adulto a la hora de otorgar una incipiente humanidad a su obra?

Leía mucho de todo, como es lógico, por mis estudios de Filosofía y Letras y sigo leyendo casi como un vicio; quiero decir que me faltaría algo muy importante si no leyera. Es para mí algo esencial, tanto como el tabaco para un fumador. La literatura ha tenido gran influencia sobre mí y esto está patente en mí filmografía.

Al segundo intento consiguió entrar en el IIEC. ¿Cuáles eran sus expectativas al iniciar sus estudios en cinematografía?

En 1957 intenté entrar, pero no fui admitido. Aquello me sirvió como ensayo general, mas no me desanimé y volví a presentarme al año siguiente. Tenía prevista la posibilidad de un primer fracaso. Yo venía de Orihuela y Murcia con un buen bagaje literario y cinematográfico, sin embargo carecía por completo de experiencia. Al año siguiente ingrese en la especialidad de dirección, No, tenía muy claro que quería ser director. Podía haber tenido alguna duda entre la especialidad de Dirección o guionista, pero esta última no existía entonces; se creó años después. Jamás me he puesto delante de la cámara, como actor soy un desastre, mi puesto siempre ha estado al otro lado del objetivo; de los diez que ingresamos ese año, ninguno se ha puesto delante de la cámara, a excepción, me parece, de Joaquín Jordá, pero no estoy seguro.

Sus primeros trabajos en cine como auxiliar de dirección vinieron de la mano de realizadores de la talla de Carlos Saura y Marco Ferreri. Hábleme de su experiencia con estos directores.

Carlos Saura fue profesor mío en el I.I.E.C. Era muy metódico y eficaz en su labor docente. Nos enseñó los primeros pasos del lenguaje técnico cinematográfico, como el salto de eje, la yuxtaposición de imágenes en el montaje, el montaje interno de un plano, etc. Con Carlos Saura ya tuve una buena relación desde el primer curso, que terminé en Cinearte. El examen final y casi definitivo para pasar ese curso consistía en desarrollar una historia cinematografiable partiendo de una noticia escueta de un periódico, la misma para todos. A Carlos Saura y a José Luis Sáenz de Heredia les gustó mucho el desarrollo de mi examen. El caso es que años más tarde, Carlos me llamó para colaborar con él en el guión de La caza (1965). Por supuesto hubo contactos anteriores que también influyeron hasta llegar a nuestro primer guión.

Fui efectivamente auxiliar de dirección de Ferreri en El cochecito (1960), Enciso era el primer ayudante y yo hacía la labor de segundo. Ferreri quería controlar todos los elementos humanos del film, por supuesto los protagonistas y los secundarios, pero también la figuración. Uno de mis cometidos era buscar, secuencia por secuencia, los personajes que componían los fondos y luego, cuando eran confirmados por Ferreri, controlarlos durante el rodaje. Era un maestro para crear un fresco ambiental de tipos, pero le costaba horrores saber dónde colocar la cámara para sacar el mayor partido posible a todo aquel ambiente. No sabía dónde cortar el plano y cómo comenzar el siguiente; por eso, se le ocurrió usar un carrito de inválido de los que se utilizaban en el propio rodaje, sentar en él al segundo operador y con la cámara a mano seguir a los personajes en larguísimos travellings, con lo cual conseguía una gran agilidad narrativa y potenciaba la riqueza ambiental que tanto le interesaba. Años más tarde, ya en Italia, conocía y practicaba de maravilla la técnica cinematográfica, como me comentó Azcona cuando nos vimos en Roma: Marco ya sabe hacer cine, y reía con seriedad, como sólo lo sabe hacer Azcona, como recordando y quizá añorando aquellos tiempos de El pisito (1958) y El cochecito (1960), donde él empezó también su camino cinematográfico. A Ferreri lo vi en Roma años más tarde cuando fui al Festival de Venecia con La busca (1966) y almorcé con él y su mujer .Parecía que a Ferreri le había desaparecido ese pavor ante la muerte, ya no actuaba como un histrión enfermizo y aparentaba dinamismo y felicidad. Cuando murió lo sentí mucho, sobre todo pensando en su obsesión, que ya la muerte había arrebatado.

Se diplomó finalmente escribiendo y dirigiendo un mediometraje basado en la obra “Las afueras” de Luis Goytisolo. Ha comentado alguna vez que esta obra era fiel reflejo de la miseria de la posguerra española. ¿Veía ya el cine como un arma política y social de cariz crítico?

No era mi intención plantear problemas de los años sesenta y menos de tipo generacional. Me situaba en los años de la posguerra y la ruptura que aquella guerra supuso en nuestra cadena cultural, rota a golpes sin compasión alguna, pero no niego que algo tiene que ver con la situación de aquellos años. Es evidente que A este lado del muro (1963) mantiene los postulados de una posguerra que no habían desaparecido a finales de los cincuenta.

Tras conocer a Nino Quevedo, llegó su debut en el largometraje con “La busca”, un film basado en la novela homónima de Baroja que conocería gran éxito. Por señalar tan solo un par de cosas, participó en la Mostra de Venecia donde obtendría la Copa Volpi al Mejor Actor para Jacques Perrin y la prensa especializada destacó el nombre de Angelino Fons como un realizador a tener en cuenta gracias a una dirección llena de sensibilidad que reflejaba la historia y la tradición de una España áspera y miserable. ¿Qué significa en su obra aquel primer largo?

La película ha sido considerada de forma unánime como mi mejor película y muy significativa dentro del llamado Nuevo Cine Español. Si después del reconocimiento crítico que tuvo La busca pasaron dos años sin que nadie me propusiera rodar otra película ¡imagínate si la acogida hubiese sido normal o un fracaso! A lo mejor a estas alturas no habría hecho mi segundo film. Si salió bien la primera, eso que llevaba por delante. Me acuerdo del lema de la familia del conde italiano en La condesa descalza (1954) de Joseph L. Mankiewicz: che sará, sará... (lo que haya de ser,será)56. ¿Qué más da que tuviera éxito mi primera película? Más adelante, uno varía y las circunstancias también. Ya vendrían otros tiempos y la posibilidad de realizar otras obras.

De todas sus películas rodadas hasta comienzos de la década de los 80, ¿de qué títulos se siente más orgulloso?

La busca y Fortuna y Jacinta.

Su último proyecto fue un episodio de “Crónicas urbanas”. ¿Por qué decide retirarse Angelino Fons?

No es una decisión, digamos una dimisión acordada y firmada. Si hubiera surgido una nueva posibilidad de seguir narrando de una u otra forma, la habría aceptado. Lo que sí decidí fue no buscarla yo, no forzar la situación. Si lo que se me proponía, tenía cierto interés, lo hubiera realizado.

¿No nos sorprenderá con su regreso?

El más sorprendido sería yo. La verdad es que me encanta rodar. Me siento realizado en cada segundo del rodaje. A pesar del cansancio, un sueño siempre es un bendito añadido a la vida, sean vuelos o pesadillas, y cada vez estás menos receptor a aires o pánicos. Tiempo de los regresos. Bonito título.

¿Qué diferencias encuentra, como creador, entre la escritura de un guión y la dirección de una película?

Aunque siempre luchas contra ello, me dí cuenta de que no soy escritor. Mi medio es la imagen. Un guión es un proyecto, una guía, un esqueleto que necesita su adecuada encarnadura. O sea, no es nada. Y prefiero encarnar lo mejor posible esos huesos huérfanos.

¿Cómo se siente con todos esos homenajes recibidos en Orihuela, Burgos, San Lorenzo de El Escorial o en la 20º edición de los Premios ADIRCE?

Por lo menos algo te compensa de los años dedicados a esa subyugante irrealidad que me fascina: el cine, como dice la canción de mi amigo Aute: cine, cine, por favor. En la lista no incluyes el último homenaje en Isla Cristina, Huelva, “El camaleón de honor”, del que nunca aprendí su facilidad para adaptarse a todos los ambientes. Como dicen, “ca uno es ca uno”.

Este año el segundo Festival de Cortometrajes de El Escorial tiene el grandísimo honor de contar con su presencia como jurado de la Sección Oficial. Como ya he preguntado a otros miembros, ¿cómo estima un formato en el que usted mismo has trabajado?

Escribas con pluma de ave o con bolígrafo, con la más antigua máquina o el más moderno ordenador, lo que importa es lo que narras y como lo realizas. El medio o el formato es lo de menos, aunque pueda incluir en cierto modo. Yo sigo prefiriendo el clásico, el de 35 mm. Bienvenido sea todo lo nuevo, pero uno también tiene derecho a conservar sus viejos amores.

¿Cree que el nivel de la producción en España es bueno?

Todo lo que se hace en libertad, es apreciable. La hemos conseguido con encono, paciencia y lucha. Y dentro de ese mundo se logran estimables obras de una rica variedad ideológica y estética, sin temor ni coacciones. En el sinuoso y complicado mundo del cine, creo que existen más posibilidades de realizar proyectos que no hace mucho eran impensables. Lo importante es no dejar que esa libertad no se escape y que siempre la retengamos en nuestra carne, que nadie nos la robe.

¿Hay algún trabajo relevante que le haya gustado recientemente?

No soy persona de estreno obligatorio, aunque intento mantenerme al tanto de las últimas realizaciones, aunque confieso que voy algo retrasado. Recuerdo ahora la película de Terrence Malik. “El nuevo mundo”, ya hace unos años, pero menos de lo que este director tardará en realizar la siguiente.

Ya que ha participado en varios certámenes internacionales, ¿los festivales son el lugar idóneo para abrirse camino?

Yo no le llamaría idóneo, simplemente es un camino válido y arriesgado, como una navaja de varios filos. Lo mismo te eleva un film que te lo hunde, y hablo sólo respecto al negocio, al comercio.

Lo malo es que te toque tu fibra íntima y que te afecte en la consideración de tu obra, en la valoración de tu estética, y pueda dañar tu propia estima y tu futuro trabajo. De todas maneras, se hacen relaciones, y eso, al parecer, es una cosa buena.

Muchísimas gracias Angelino, ha sido todo un placer. Seguro que todos estaremos encantados de conocerle en Escorto 2007.

Muchas gracias a vosotros.

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