"Help me Eros" por David López
Publicado: 01/12/2007
Actor fetiche y alumno aventajado del maestro Tsai Ming-liang (productor ejecutivo de ésta), Lee Kang-sheng podría haberse limitado a apuntillar las coordenadas estéticas y temáticas de su mentor en un ejercicio de mero plagio en el que la autoría no fuese sino un encubrimiento de oportunismo propio de realizadores perezosos y conformistas.
Pero no es éste el caso de “Help me eros”, donde si bien Kang-sheng no disimula sus deudas con la mitología y los símbolos de Ming-liang, tampoco renuncia a relecturas y reinterpretaciones del imaginario del director de “Vive l’amour!” desarrollando con ingenio sus anotaciones y sus pies de página, de los que explota oportunamente su vena eminentemente trágica.
El desenlace feliz y armónico que por ejemplo presentaba “I don’t want to sleep alone” no podría tener cabida en esta historia en la que Kang-sheng concilia la sugerente puesta en escena de las tribulaciones del sujeto alienado contemporáneo con su reflexión más desesperada y amarga. Realmente ésta sería la lógica que alcanzaría el eterno Hsiao-Kang de los films precedentes de Tsai Ming-liang una vez reconducida su existencia por los derroteros de la progresiva desazón que produce, no ya la imposibilidad de amar, sino el escaso apego por la vida.
El retrato de Jie Ah en “Help me eros” es la fiel representación de alguien abocado a la soledad y la insoportable pesadez de las circunstancias para el que el suicidio es la única solución posible. Un tipo que lo ha perdido todo bajo el implacable azar de la Bolsa obligándole a arrojarse al vacío donde la única afirmación que ya le resta es la negación de la vida.
Kang-sheng lleva al extremo su caracterización del aislamiento individual en la sociedad actual de las grandes urbes cosmopolitas que aquí representa Taipei. En el fondo no se trata del inquietante desconsuelo que provoca la falta de recursos económicos, sino del lento desgaste de nuestra alma, convertidos en autómatas que deambulan entre bloques de hormigón. Seres desdibujados plenamente solipsistas que ya no se comunican con palabras sino mediante el intercambio anónimo y frío de cuerpos y fluidos.
Aunque en este film haya más diálogo que en toda la filmografía de Tsai Ming-liang, el sexo sigue siendo el único lenguaje que une y deja en suspenso temporalmente el inevitable ocaso personal. Tanto Jie Ah como la chica del estanco erótico o la telefonista obesa del centro de ayuda aspiran al amor que aún no han localizado entre deslumbrantes neones, locales rayanos en el puro kistch, oficinas que no son más que laberintos de pequeños cubículos y habitaciones que recrean la más aséptica y minimalista de las arquitecturas funcionales.
Kang-sheng desborda la fantasía visual de su maestro y confiere estallidos de color, vestuarios imposibles y estrambótico surrealismo (sobre todo, en su poético final) a una narración donde los hipnóticos poderes de la marihuana ejercen igualmente sobre el espectador un efecto narcótico que queda reflejado en el erotismo provocador y estimulante de todas y cada una de sus imágenes.
“Help me Eros” no es sólo una historia de amor que jamás se podrá consumar, sino la asunción de la impracticable resolución de la felicidad, pues su ideología pesimista y escéptica no permite opciones alternativas ante tal callejón sin salida. Por ello, el segundo largometraje de Kang-sheng detenta una disertación personal sobre los sinsentidos de nuestras vidas traspasando el absorbente trabajo de texturas e impresiones de Ming-liang con el lirismo conscientemente exagerado de los relatos frecuentados por criaturas perdidas entre cataclismos emocionales.
Un goloso regalo.
David López
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