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"The Aquarium": la sociedad y sus miedos

Publicado: 07/06/2008

Flashes de la intemperancia nocturna de la ciudad. Neones que se funden con el movimiento de peatones a la deriva y ráfagas de automóviles que se desplazan a toda velocidad. La noche y su seductora tentación circunda la vida urbana. Pero la voz en off va más allá y nos alerta: desde el anonimato alguien habla de miedo. De miedo a nuestros vecinos, al extranjero, al Otro. Miedo a vivir en este mundo, una pecera a punto de romperse en cualquier momento. Éste es el panorama desalentador que augura “The Aquarium”, lúcida metáfora de una sociedad presa de los temores más recónditos capaces de corromper desde la insolidaridad nuestra alma como la autoridad en venta de aquéllos que se rinden ante el vil metal.

AQUARIUM_STILL02_PREFEn el contexto de una epidemia de gripe aviar casi apocalítptica, Yousry Nasrrallah, antiguo compañero de fatigas del maestro Youssef Chahine, reflexiona sobre el horror que ha originado una colectividad cuyos individuos tan solo son sujetos solitarios que bajo su apariencia fuerte y decidida esconden una terrible fragilidad causada por el recelo y la desconfianza más profunda.

Laila y Youssef parecen disfrutar respectivamente de sus profesiones, en las cuales el vouyerismo se ha convertido en un gozoso entretenimiento. Ella es locutora de un programa de radio que se emite de madrugada en el que aconseja a sus oyentes a partir de los relatos íntimos que confiesan. Él alterna su empleo como anestesista en un hospital con sus prácticas abortistas en una clínica ilegal donde disfruta de las revelaciones secretas de los pacientes a consecuencia de los efectos de la narcosis. La estabilidad y la seguridad que ambos parecen ostentar es una cortina de humo. Laila aboga por una imagen contemporánea del imaginario femenino pero incluso su maquillaje es una máscara que utiliza para camuflar la turbación que le producen los cambios. Flirtea con un hombre casado mientras se muestra incapaz de independizarse de sus vínculos familiares. Encadenada a la casa que comparte con su madre y su hermano, vive en una jaula llena de leones pero nunca ha sido capaz de aventurarse en el interior de las fauces de éstos. A Youssef le asustan esos lazos afectivos. A pesar de poseer su propio apartamento, prefiere dormir en su coche, obstinado en no asumir ninguna relación sentimental aceptando que sus encuentros esporádicos con su amante son suficientes. Le sobrecoge la idea de perderse en un laberinto del que no pueda escapar, un sinfín de muros y pasillos como el Jardín del Acuario que observa desde un segundo plano.

A través de claroscuros y símbolos, Nasrallah confronta paralelamente a estos dos personajes cuyo encuentro es inevitable desde el principio, guiándonos por una serie de flujos de pensamiento que exponen directamente ante la cámara los propios actores, gracias a toda una suerte de monólogos que desde el protagonismo de la conciencia examinan las intrigas personales de sus roles y, sobre todo, desnudan el alma herida de Laila y Youssef.

Éstas son las inquietudes de esta obra brillante y sutil. Una invitación de distinguida profundidad psicológica que reclama el tiempo y el interés preciso para apreciar los significados de sus imágenes y sus proposiciones.

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