"El sueño de Casandra" por David López
Publicado: 08/10/2007
Es innegable que las mismas palabras que en su momento utilicé para referirme a las dos últimas películas de Woody Allen podrían nuevamente adquirir sentido aquí para reseñar “El sueño de Casandra”, el film que precede la aventura española del realizador neoyorkino.
Allen dirige a medios gas, es evidente. Aunque ya suene a tópico, lo cierto es que alcanzar la altura emocional de sus mejores títulos es algo que parece difícil. Pero en esta ocasión al menos presenta un nuevo thriller criminal, que como en el caso de “Match Point”, es preferible a comedias olvidables como “Scoop”, entretenimiento pasajero insignificante en la filmografía de Allen.
A pesar de su inequívoca intrascendencia, “El sueño de Casandra” resulta equilibrada y narrativamente intachable, alternando suspense y drama con tanta humildad como estilo. Ewan McGregor y Colin Farell sirven a Allen para sustentar una trama con la que describir perfectamente la dualidad impresa en tantos conflictos morales. De nuevo hallamos discusiones acerca del peso de la culpabilidad y la redención cuando su realizador opone dos caracteres bien distintos, el del personaje de McGregor, para el que el fin justifica los medios, y el de Farrell, tan abocado al fracaso como el primero pero capaz de discernir entre vasos de whiskey y pastillas sobre el crimen y el castigo, sobre el bien y el mal. La contraposición entre ambos fomenta las mejores líneas de guión del film, alcanzado un clímax final inevitable en la embarcación que da título a la película que redondea toda una moraleja sobre la condición humana, siempre codiciosa.
Puede que Allen haya perdido fuelle y corrosividad como dialoguista, pero satisface al espectador con desarrollos argumentales en crescendo donde existe un punto de no retorno en el que sus protagonistas deben pagar por sus actos o vivir con una mala conciencia pese lo que les pese. La gracia reside ahí, en descubrirnos en el rostro de unos individuos enfrentados a callejones sin salida en los que la elección, consciente o no, es fundamental. En cualquier caso, se acepta con gusto las dosis de humor negro que su director aporta en esta ocasión y se aplaude el acierto de contar con un sugerente score del siempre estimulante Phillip Glass.
Si bien puede situarse en la lista que incluye a los proyectos menos relevantes de su carrera, “El sueño de Casandra” ofrece como mínimo dos horas de buen cine, que visto lo visto hoy, parece mucho pedir. Y es que la veteranía, para lo bueno y para lo malo, es un grado.
David López
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