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"Aliento": la última exhalación vital de Kim Ki-Duk

Publicado: 09/05/2008

Sería bastante oportunista y acomodado por mi parte sugerir que “Aliento” (“Breath”), el décimo cuarto largometraje de Kim Ki-Duk (a la espera de “Dream”), es la refrendación de la domesticación del realizador coreano, capaz de haber ido aligerando el lastre áspero de su filmografía hasta lograr el equilibrio perfecto entre la autoría indiscutible y el vértice justo donde (casi) todo el público podría llegar a tener cabida.

101398049,54A14EBE9C892642E0F.jpgDesde luego es evidente que este film carece por completo de la violencia explícita de los inicios, lo cual no significa que la crueldad tortuosa y los exabruptos expiatorios no adquieran el protagonismo rotundo de antaño. Tampoco hallamos aquí rastro alguno de pretéritas ínfulas metafísicas ni la producción se nos antoja rayana en el lirismo radical de títulos precedentes. Y aún así no seré yo quien le niegue a esta película algunas de las mejores muestras de la lozanía poética de la que su autor siempre ha hecho gala, fundamentalmente por la contrastada belleza de su imaginería, la fertilidad de sus símbolos y el desgarro moral de sus intrigas y sus dilemas. Kim Ki-Duk en ningún momento ha olvidado el compromiso que con su propia obra y estilo ha ido fraguando a lo largo de estos años. De hecho, plenamente consciente de esto, y perfecto conocedor de los instrumentos narrativos y estéticos que le han valido el aplauso unánime en la última década, simplemente ha procurado facilitar el acceso a una audiencia más amplia, eso sí, dentro de los estrechos márgenes de lo minoritario, pues su filmografía no admite concesiones a la comercialidad estricta, la misma que encarna la excelencia de lo peyorativo. El director de “Samaritan Girl” quería, no contentar, sino recibir la merecida consideración de un tipo de espectador que necesita esquemas argumentales menos retorcidos y difusos pero que en cambio simpatizase con sus personajes atormentados y la conflictividad de sus tragedias personales. Y ello no impide que siga regalando a sus fieles toda una suerte de fórmulas, alegorías y símiles que fomentan el pacto tácito por el cual se nos obliga a identificarlos y descifrarlos.

101398049,54A14EBE9C892642E0F.jpgLa presentación de Yeon y su marido podría haber sido la de una pareja perfecta que disfruta de las comodidades que otorga la bonanza económica y el bienestar de la sociedad de consumo. Pero no es así. Los lujos apenas si pueden esconder los barrotes de la jaula. Un hogar que para Yeon se ha convertido en presidio, tal y como le sucedía a la joven de “El arco”, claustrofóbicamente limitada en un reducido espacio físico en alta mar. Yeon se adentra en ese universo del silencio al que Kim Ki-Duk ha dotado de una sufrida galería de personajes cuya militante mudez es la máxima expresión del dolor y la angustia interior. Lo único que une realmente a Yeon con su cónyuge es una hija, una niña que a pesar de su edad percibe el malestar creciente que poco a poco distancia a sus progenitores. Es un matrimonio roto, en el que la desidia y la frialdad han suplido a la comunicación y el afecto. La relación ha llegado a tales extremos de brutalidad psicológica que el marido recrimina a la mujer que “no haya intentado suicidarse si tan infeliz es”. Y claro, desde su propia óptica de valores se justifica incluso que tenga una amante pues “aporta dinero al hogar con su trabajo”. Para Yeon, anímicamente muerta, urge la necesidad de recibir el aliento vital que la reconcilie con la existencia del mismo modo que en la tradición judía este soplo de vida animaba lo inerte (no pasa desapercibido que la escultura sea básicamente la única pasión que ejerce). De este modo, retomando la apología del sacrificio y el martirio tan del gusto de su autor, la mujer encontrará su particular salvación en Jang Jin, un hombre condenado a muerte que ha intentado suicidarse en la cárcel en repetidas ocasiones causando su caso gran sensación en los sensacionalistas medios de comunicación. Impelida por las circunstancias, tras reconocerse en el rostro de otro ser gravemente herido e igualmente inmerso en el mutismo (en su caso fisiológico como consecuencia del suicidio frustrado), comenzará a visitarlo en el penal. Recuperando curiosamente la pauta cronológica que en su camino ascético ofrecía “Primavera, verano, otoño, invierno y primavera”, Yeon revivirá en compañía de Jang Jin su amor juvenil hacia el que sería más tarde su esposo respetando la idiosincrasia del relevo estacional. Así, con cada nueva visita, Yeon recreará los colores y los estados de ánimo asociados a las cuatro estaciones del año en la minúscula habitación en la que comparte su confianza con el preso. Para él estos breves encuentros representan el instante de libertad, la posibilidad para percatarse todavía de su condición humana, la de alguien que aún puede amar y ser perdonado. Para ella implica igualmente la liberación, la oportunidad de recuperar lo perdido, la ocasión anhelada para sentirse nuevamente viva. Para ambos una ventana que les permita escapar de su agónica soledad.

101398049,54A14EBE9C892642E0F.jpgKim Ki-Duk decide entonces complicar esta situación. Por un lado porque pronto el marido conocerá el secreto de su mujer, impidiéndole por supuesto ver otra vez al recluso, aunque no tardará en descubrir que su propia redención pasa por aceptar este juego si es que quiere recomponer los lazos que lo unían a Yeon. Por otro no es menos relevante, especialmente en su desenlace, la ligazón de Jang Jin con sus compañeros de celda, pues uno de estos se siente enfermizamente atraído por él. De todas formas, para sorpresa de muchos, el cierre es en apariencia uno de los frescos más optimistas de la carrera de su realizador, consumando Yeon este singular vía crucis una vez exhalado el último aliento vital de Jing Jan en una escena grotesca e histriónicamente fascinante.

Una de las principales trabas que se le ha puesto a este film es la combinación, para algunos caprichosa, del drama visceral con insólitas fugas humorísticas inéditas en su cine. Una provocación en principio desconcertante pero que bien pensada es realmente eficaz y palpitante. Pero tal vez sea ésta la única salida del tono habitual, pues aunque el preciosismo estético haya cedido terreno, la fotografía, la música y la puesta en escena siguen obedeciendo al decálogo normativo del coreano, y en cuanto a la predilección temática y conceptual, las preocupaciones obsesivas de éste se mantienen intactas. Incluso reincide en su crítica al sistema burocrático y judicial, el mismo que termina por ostentar el monopolio de la violencia y que en esta vuelta de tuerca se erige como voyeur impúdico y prepotente que determina el grado de intimidad al que pueden aspirar nuestros protagonistas. Me refiero inequívocamente a ese personaje omnisciente que rige con su autoridad todo lo que acontece entre los muros del presidio y al que interpreta el propio director. Pura obscenidad.

Con todo ello, cualquiera que se congratule con la distinción de su creador, apreciará “Aliento” como otro proyecto que continúa alimentando la lógica intrínseca de su obra, prolongando sus inquietudes a las que enriquece con nuevos hallazgos y atributos. El resto, concretamente aquéllos que por primera vez se aventuren en su cosmos, serán recibidos con los brazos abiertos, gracias a un producto que rebaja la carga de cripticismo y hosquedad sin por ello traicionar su espíritu. ¿Menor? Jamás, sólo moderado pero siempre necesario.

David López

karla en 20/09/2009

hola, hace poco redescubri a eate maravcilloso cineasta, primavera otoño..., el arco, hierro3 y hoy termino de ver aliento ,este año comence a practicar budismo de daisaku ikeda q pertenece a la sokka gakai internacional, creo duk toca el tema de los 10 estados q tenemos los seres humanos ,infierno ,hambre,animaliadd,ira,humanidad,extasis,(estos seis los bajos surjenpor los impulsos) y aprendizaje, compresion intuitiva,bodissavta y budeidad( los altos, ) decia q duk (sus personajes siempre estan rondando los estados bajos. excelente la fotografia, los silencios todo. si alguien practica el mismo budismo y le interesa contacteme . nam mioho rengue kio.

gabriela en 21/11/2008

la vi recientemente en el Festival Internacional de Mar del Plata y me asombró desde la primera escena, fascinante, terrible y tierna, sin saber de quien es, es facilmente detectable que pertenece a Kim Ki Duk,
las escenas en la sala de encuentros de la carcel son memorables, las escenas silenciosas en la celda junto a sus compañeros muy interesantes,
las coincidencias entre el numero de preso y la chapa de la camioneta muy redondas,
la desolación y tristeza solitaria de ella hacen de escenas como la de la camisa al viento o la de la destruccion de la escultura con el corazón abierto, memorables,
me pareció excelente.

David "SéptimoVicio" en 29/05/2008

Hola

Pues sí, soy granadino, así que estaré cubriendo para la web y el diario Ideal todo el festival.

Brian Edward Hyde en 29/05/2008

Yo tengo muchas ganas de verla, aprovecharé con esto de Cines del Sur, ya que la van a proyectar varios días. David, ¿tú eres de Granada o estás por aquí? es que como veo que estás muy puesto en el festival y eso... Yo soy voluntario este año, así que a ver si nos vemos.
Saludos!

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