“À L’intérieur” por David López
Publicado: 10/10/2007
No me extrañaría oír hablar dentro de poco de algo así como el nuevo slasher francés para referirse a esta oleada de desopilantes producciones del país vecino que comienzan a hacer mella en la crítica bienpensante.
A diferencia de “Frontiere(s)”, “À L’intérieur”, debut en el largometraje de Julien Maury y Alexandre Bustillo, no alcanza el festín de truculencia gratuita del film de Xavier Gens. Y no es que un servidor no disfrute con el show grandguignolesco y la estética macabra de eso que llaman el poder de la sangre. Lo que ocurre es que uno, tal vez demasiado exigente, quien sabe, solicite que le ofrezcan un plus. Es decir, busco algo que no se limite a mero despiece en la carnicería y que aporte la solidez necesaria para denominar como cinematográfica una obra de este tipo.
Maury y Bustillo facturan una pieza menos grotesca que la de Gens y sustituyen la carnaza burra por un afilado sadismo que desde luego no está exento de casquería, géiseres de hemoglobina y sangre a borbotones. Es loable su capacidad para esculpir estampas angustiosamente evocadoras a veces, escalofriantemente primitivas en otras ocasiones, poblando el metraje de pequeños flashes que perduren en el recuerdo.
Lo que sucede es que el film parece nutrirse básicamente de esto y poco más, a excepción, claro está, del duelo interpretativo entre una prototípica dama mortal encarnada por la siempre inquietante Béatrice Dalle, y una joven embarazada traumatizada e histérica interpretada por la correcta Alysson Paradis. Aunque con mayor reiteración de la deseada todo se queda en festival de gritos, gemidos y lamentos en torno al esquema “tú tortúrame que mi venganza será peor”, el enfrentamiento animal entre ambas mantiene casi siempre las expectativas creadas. Y se acabó, porque el suspense brilla prácticamente por su ausencia y su desenlace entraña una de las escenas más ridículas que haya visto en mucho tiempo. Porque un thriller no puedo construirse bajo la premisa según la cual las fluctuaciones emocionales obedecen única y exclusivamente a un golpe de tijera. ¿No hubiese sido mejor sustituir las pinceladas más gruesas por un poco de “alta tensión”?
Es sorprendente la fascinación que por la maternidad más enfermiza sienten en Francia, pues éste título debería ser en parte deudor de esa tradición abierta por la brutal “Baby Blood” de Alain Robak. Una brecha que permite un soplo de aire fresco a una generación a la que poco importa las formas y los temas de la nouvelle vague. Ojalá y la próxima vez recurran a nuevos campos narrativos e incluyan recursos que potencien el drama y mantengan la vorágine de horror en un contexto en el que sin dejar de disfrutar pintando lienzos sangrientos y primigenios, rescaten la pasión por un terror más puro y denso.
David López
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