"Syndromes and a century" por David López
Publicado: 12/06/2007
“Syndromes and a century” es la bárbara lección de cine contemporáneo con la que Apichatpong Weerasethakul regresa a la dirección tras su aclamada “Tropical Malady”, proponiendo una nueva aventura visual que una vez más irritará a sus detractores y sorprenderá a sus fervientes admiradores.
Weerasethakul vuelve a saborear con gusto el minimalismo formal, apasionado por la metamorfosis del entorno humano, casi siempre enfocado explotando al máximo las posibilidades del plano estático.

Adoptando el cine de género (el melodrama romántico), el director tailandés ofrece una singular yuxtaposición, recurriendo no pocas veces a la provocación que surge del contraste entre el gélido drama y el desenfado de la comedia. En su primera mitad, la pantalla se inunda de imágenes de un universo rural, natural, colorido, apasionado y vitalista, para acto seguido, tras diversas interrupciones propias del montaje fragmentado, provocar en la narración un abrupto quiebro que adquiere la forma de espejo invertido, sumergiendo al espectador en un mundo de blanca pureza, aséptico, moderno e industrial, habitado por autómatas fríos y distantes. Es la metáfora de una sociedad que afronta su futuro arraigada a un pasado que poco a poco queda sepultado bajo las grandes colmenas de hormigón. Curiosa visión ésta de la tragedia de un hombre que se divide entre su naturaleza instintiva y espiritual, y su pulsión racional y mecánica.

No pocas veces se ha dicho que la obra del realizador de Bangkok es, ante todo, una experiencia, que requiere tiempo, contemplación y reflexión, más allá de la narrativa propia de la tradicional obra de ficción. Difícilmente se puede disfrutar de su filmografía sin dejarse arrastrar por los escasos movimientos de cámara que nos adentran en sus peculiares microcosmos, que en ocasiones parecen remitir a la obra de artistas conceptuales como Matthew Barney (no en vano, Weerasethakul es un respetado artista reconocido fuera de las fronteras de su país de origen). ¡Bienvenidos al cine del siglo XXI!
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