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"Sad Vacation"/"Awaking": ¿qué es una familia?

Publicado: 18/05/2008

En una sociedad que continuamente se replantea el concepto y la función de la familia contemporánea, que el Festival de Cine Asiático de Barcelona se haya erigido parcialmente como lúcido panorama de la deconstrucción de la prole y el linaje no es sorpresa alguna.

sadvaca5Oníricos retratos acerca de la caducidad del vínculo matrimonial (“Ploy”), desternillantes y maquiavélicos estudios de la familia disfuncional (“Funuke”) o tragedias agridulces sobre la responsabilidad paternal en situaciones extremas ("With a girl of black soil"). Son algunos de los frescos que reflejan el malestar de la comunidad y la particular disección que la producción asiática de mira independiente ha desarrollado en los últimos años. “Sad Vacation” de Shinji Aoyama y “Awaking” de Junji Sakamoto posiblemente representen la cara más sangrante y sagaz de estas meditaciones, a raíz de discusiones para nada amables y conclusiones poco esperanzadas.

sadvaca7Aoyama alcanza la magnificencia de su estilo y su sermón con “Sad Vacation”, un film que adapta la propia novela homónima del polifacético artista japonés y que se beneficia de un reparto de campanillas en el que un Tadanobu Asano bendecido una vez más por la gracia interpretativa está secundado por estrellas emergentes de las que oiremos hablar en exceso en el futuro cercano, caso de Joe Odagiri (recientemente ha finalizado su trabajo en el último proyecto de Tian Zhuangzhuang) o Aoi Miyazaki. El perfecto resumen del alegato que firma el director de “Eureka” viene de la mano del personaje de Odagiri, cuya cavilación en torno a los auténticos orígenes de Japón, en realidad una isla formada lentamente por la acumulación de coral procedente de Hawaii, es extrapolable a una trama que indaga, a la manera de una destructiva genealogía, en el verdadero significado de los lazos familiares y el trono sacrosanto que ocupan en nuestra cosmovisión tradicional. ¿Qué es una madre? ¿Qué es un padre? Cuestiones éstas que dibujan una estampa en la que cualquier parecido con parentescos y uniones felices no sólo no es pura coincidencia, sino que es simple y llanamente la calma que precede a la tempestad. Asano asume otro rol solitario y taciturno, un hombre abandonado por su madre, con un padre frustrado que sólo encontró consuelo en el suicidio, y con un porvenir errante que desde luego en ningún momento hace vaticinar el salvaje desenlace con el que Aoyama da la vuelta a la tortilla, por así decirlo. Tras escapar de un violento y escabroso firmamento de mafias e inmigrantes ilegales, Kenji (Asano) huye del pasado en compañía de un huérfano chino para el que acabará por convertirse en padre, del mismo modo que está unido casi fraternalmente a la hermana de un viejo amigo que cuida a la espera de que éste salga de prisión. Irónicamente, intentando escabullirse del pasado, se dará de bruces contra la realidad y en el sitio más inesperado se reencontrará con la madre fugada. A partir de ahí, el realizador nipón no escatima en dureza y sobriedad para fotografiar las intimidades de clanes rotos, donde los intentos de reconciliación colisionan con barreras generacionales, donde la posibilidad de alcanzar la plenitud vital se resquebraja como consecuencia de las ironías del destino. Con la cruel clarividencia de la que su autor siempre ha demostrado estar dotado y renovando su interés por la profunda definición de sus criaturas y sus disyuntivas, “Sad Vacation” recupera con intensidad la fatalidad inevitable y las minusvalías sentimentales que colman su obra, siendo finalmente su taimada moraleja un soberbio punto de partida para posteriores especulaciones antipáticas sobre las relaciones paterno-filiales con aquellos que denominamos “los nuestros”.

AS_Awaking_2webPor su parte, al ahora imparable Jinji Sakamoto (pendiente tiene los estrenos del drama “Children of the Dark” y el thriller “Chameleon”) se detiene en los secretos, las infidelidades y las maquinaciones de una familia en la que el fallecimiento del progenitor revela tanto las traiciones como la clara tendencia individualista de sus miembros. Reinterpretando la novela de Natsuo Kirino, Sakamoto nos presenta a una mujer enfrentada a la dolorosa situación que supone descubrir, gracias a una misteriosa llamada telefónica que desencadena toda la acción, que su marido tenía una amante a la cual incluso había financiado la apertura de un local gastronómico. Todo lo que contemplamos a su alrededor es fiel reflejo de un Japón cuyos valores fundacionales inician su disgregación (aunque aún prepondere un marcado machismo altamente ofensivo) y una cierta psicosis domina todos los aspectos de lo colectivo: desde los estrambóticos microhoteles poblados de tipos esquivos hasta las forzosas fricciones que tarde o pronto afectan también a las amistades más veteranas. Eso sí, a diferencia de Aoyama, aquí se deja la puerta abierta a las segundas oportunidades, en la estela del derecho que a ser felices todos y cada uno de nosotros merecemos. Recurriendo incluso al humor (especialmente en el capítulo del cine X donde nuestra protagonista aspira a aprenderlo todo sobre el noble arte de la proyección cinematográfica), Sakamoto también resulta malintencionado cuando pinta a hijos que resultan irritantes y amantes maduros que rozan lo bochornoso, sobrepasando por completo nuestras expectativas en una de las escenas más memorables que hayamos disfrutado en tiempo. Me refiero al último combate dialéctico que mantienen la cónyuge despechada y la querida altiva, cuando la primera se ha reconciliado consigo misma (ese despertar al que hace mención el título de la película) y desafía con sus mismas cartas la fría gelidez de la mujer que compartió con su difunto marido las últimas confidencias en vida. Brutalmente honesta.

En un caso y otro, dos títulos rematadamente recomendables.

David López

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