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Oficial: "Thirst" de Park Chan-wook

Publicado: 31/05/2009

Como prefacio a "Thérèse Raquin", el escritor francés Émile Zola ubicaba la génesis de su novela (más tarde objeto de la dramaturgia) en su diligente disposición hacia el estudio del temperamento en detrimento de la mera descripción de sus personajes. Al literato no le preocupaba tanto la exposición minuciosa de la acción como el análisis naturalista de las tendencias conductuales. Similar inclinación parece recorrer el texto que soporta "Thirst", un proyecto largamente acariciado por el coreano Park Chan-wook cuyo libreto, coescrito junto a Jeong Seo-gyeong ("Sympathy for Lady Vengeance"), debe a la obra de Zola mucho más que una mera inquietud.

thirstpicpic1Encajando la vertiente trágica y filoerótica del vampirismo en el mismo tratamiento narrativo de "Thérèse Raquin" (especialmente en su segundo y tercer tramo), el director de "Soy un cyborg" opta por restar importancia a los elementos específicamente fantaterroríficos para explotar la vena romántica y sexual de este cuento moral de exquisita realización que desde luego no aborrece la inclusión de capítulos teñidos de rojo. Pero sobre todo no se conforma con contribuir con su propio granito de arena al cine de género y rebasa las expectativas más vagas cuando se propone aprovechar el antagonismo de sus criaturas para proyectar su examen personal del sentimiento de culpa y la autoaniquilación como única vía de redención.

El popular Song Kang-ho interpreta a Sang-hyun, un sacerdote católico cuya crisis de fe encamina su búsqueda del sentido del dolor en el mundo hacia el corazón del continente africano, donde al margen de la ética científica se trabaja en un peligroso experimento del que se espera obtener remedio a una enfermedad monstruosa. Una transfusión procedente de un donante desconocido salva milagrosamente su vida en el instante preciso, siendo saludado a su regreso como un auténtico mesías por parte de la masa fanática (primera puñalada del realizador). Pero el extraño fenómeno tiene su contrapartida y Sang-hyun claudica ante sus instintos cuando brotan los primeros síntomas del cambio biológico que está a punto de consumirle. Una sed inagotable. Su intenso deseo de sangre lo transforma en poco menos que un animal que se agarra con obstinación al alimento que le asegura su supervivencia. El mito razonado desde su componente vírico deriva en su fracción intermedia hacia un episodio amoroso en el que se congregan las mayores cualidades de la cinta. El tórrido affair con la esposa de su mejor amigo de la infancia guía de este modo el recorrido más coherente y penetrante de "Thirst". Kim Ok-vin da vida a una mujer insatisfecha que padece el desprecio de un marido estéril e inepto bajo la estricta mirada de Ra, la madre de éste, una anciana represiva y orgullosa. Como los Thérèse y Laurent surgidos de la imaginación del novelista parisino, una mentira maliciosamente urdida provoca el salto de Sang-hyun del adulterio al homicidio. Pero aquéllo que mal empieza peor termina y pronto un reguero de cadáveres inundará la pantalla.

thirstpicpic2Como decía antes, si algo resulta loable en "Thirst" es su espíritu conflictivo. Por un lado, Sang-hyun sufre su condición vampírica como una maldición. Su constante lucha entre el deber y la lujuria corroe vertiginosamente su alma mientras se aferra a sus vestigios de humanidad como posibilidad última para expiar sus pecados. Una encarnación clásica que colisiona con la voracidad y la furia de su compañera. Tae-ju, el rol de Ok-vin, no deja de explorar las virtudes de su nuevo don. La metamorfosis es sólo la llave que permite escapar a la bestia interior. Vengativa e impetuosa, goza de sus poderes, disfruta del festín de vísceras y plasma. Derrocada la anterior autoridad (Ra vive ahora prisionera en su propio cuerpo como consecuencia de una parálisis que sólo la faculta para mover los párpados), su conciencia irrumpe únicamente cuando la atormentan visiones bizarras de sus crímenes. La forzosa hostilidad entre ambos desemboca en una resolución que, no por presumible, es menos poética y hermosa. Un desenlace liberador al borde de un acantilado que cede a la posteridad una de las estampas más bellas y estremecedoras del reciente cine asiático, cerrando la herida abierta en las primeras disquisiciones del largometraje. Un broche de oro que absuelve parcialmente lo difuso del libreto, así como los desafortunados incisos cómicos y el zigzageante vaivén de registros.

Consideración extra para su apartado técnico, como viene siendo habitual en las producciones del autor de la Trilogía de la Venganza. Y es que cuesta no deshacerse en elogios ante las luminosas gamas cromáticas de Jeong Jeong-jun, el excelso diseño de producción de Ryu Seong-hee y el refinado score de Jo Yeong-wook, aunque los efectos CGI no acaben de cuajar como se podía estimar en un esfuerzo de este calibre.

En general, notable aportación que curiosamente parece destinada a no obtener el status de culto de "Oldboy". Veneración que sin embargo ya comienza a ostentar la incursión vampírica más celebrada del pasado ejercicio, la sueca "Let the right one in".

DAVID LÓPEZ

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