Kill List

Kill List

KILL LIST (Ben Wheatley, Reino Unido)

Drama doméstico trufado de efluvios paranoicos, thriller de acción cimbreante (repleto de estilemas formales directamente heredados del cine de Guy Ritchie y Matthew Vaughn),  y retazos de cierto cine de terror de los setenta influenciado por liturgias paganas (con “The Wicker Man” como ineludible referente), unas partes de otras convenientemente separadas entre sí, como si de compartimentos estancos se tratara, definen el grueso argumental de Kill List, la segunda película de Ben Wheatley (tras Down Terrace),  y también la más interesante.

Sustentada por la inquietante presencia (y mirada) de Neil Maskell, particularmente (compro)metido en su personaje, un ex-militar sin empleo que bien podría ser  un padre de familia afectuoso, un asesino a sueldo o un encarnizado justiciero, según las circunstancias,  Kill List basa toda su fortaleza en su mixtura genérica, en los consiguientes giros argumentales de los que presume la narración, y en su decidida voluntad por realizar de ese conglomerado de referencias variopintas de las que se alimenta, un producto original además de sinérgico.

Ninguno de los tres segmentos que conforman la película, empero, logra trascender más que someramente su propia significación sub-genérica, quedándose como una obra episódica (aunque no pretenda serlo), a ratos olvidable (pese a sus numerosos aciertos rítmicos), parcialmente fallida, pero también como una eficaz muestra de este nuevo cine de terror y acción británico singularmente ninguneado por la crítica (de forma contraria a lo que ocurre en tierras francesas, con un inexcusable sentido de la oportunidad), siempre funcional y briosa; un cóctel explosivo,  además de lúdico, en forma de película compartimentada que revela sus mejores bazas en un tramo final desposeído de diálogos, reglas y  mesura (twist último incluido).

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