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Balada Triste de Trompeta

No hay más que echar un pequeño vistazo a la filmografía de Alex de la Iglesia para ver que clase de personajes pueblan sus cintas. Freaks, desheredados sociales e inadaptados son los personajillos sobre los que Alex ha volcado siempre su cariño, insertándolos en tebeos de carne y hueso enloquecidos que no siempre han llegado a buen puerto.

Publicado: 04/01/2011

Que el director es un cineasta dotadísimo y con un extraordinario talento no lo duda nadie, pero el peligro que tiene vivir en y del exceso es que el equilibrio resulta precario y cuando uno no da con la tecla adecuada todo se desmorona alrededor. Tal equilibrio lo mantuvo en las que para quien suscribe son las mejores obras de su autor, El Día de la Bestia, obra transgresora y negrísima donde las haya y La Comunidad, una suerte de Trece Rue del Percebe perverso poblado por auténticos desquiciados psicópatas. No así en otras como 800 Balas o la infumable Los Crímenes de Oxford. Digamos que Balada Triste de Trompeta se situaría en un término medio, en un lugar situado para las obras inclasificables tan sencillas de amar como de odiar, aquel mismo lugar en el que se situó, con más tino, la excesiva Perdita Durango.

Tras un inicio en la guerra civil española y unos títulos de crédito que sólo puedo catalogar de extraordinarios en los que la fantástica banda sonora de Roque Baños luce en plenitud, la acción se desboca sin medida ni pausa. La enemistad entre dos payasos de circo por el amor de una mujer será el detonante de la acción. Por un lado un enorme Carlos Areces, a quien esa pose de la cosa no va conmigo le va como anillo al dedo para componer ese payaso triste nacido de la ausencia de infancia y al que finalmente una vuelta a la forma más primitiva de su ser y su conversión en un animal transmutará en ese ente vengativo donde su padre le mal aconsejo que encontraría la felicidad. Por otro lado otro grande, Antonio de la Torre, componiendo ese payaso tonto y gracioso cuya faz esconde un monstruo sin entrañas ni conciencia y con el que el actor no puede hacer gran cosa debido a su absoluta unidimensionalidad.

El máximo problema con el que nos encontramos en esta película es su precipitación y apresuramiento. De la Iglesia, autor también del guión, sabe como dejar al espectador clavado en la butaca en una sucesión de secuencias brutales en los que la sangre y el gore se muestran en formas abundantes y generosas, pero no sabe darle la pausa adecuada para que la historia entre con naturalidad sin sentirse en la mayoría de los casos forzada. Quizá era lo que pretendía, es posible que esos payasos sean simplemente las dos caras de la misma moneda de una sociedad tardo franquista en constante y frenético cambio social y político sin tiempo para la pausa ni el respiro. Pero la sensación que da es que todo rueda por una cuesta abajo tan empinada que por momentos hasta uno se pierde. La película en ningún momento se siente como un todo, como una obra global, sino como retales, un enorme collage lleno de secuencias rompedoras e impresionantes y otras simplemente infumables donde lo grotesco y lo surrealista se dan la mano (esa secuencia de la huida de Areces por el bosque y su conversión en un ser primitivo escondido en una caverna al estilo del personaje principal de El Perfume de Patrick Suskind justo también antes de su cambio). El problema es no darle un sentido unitario o real a esta tragedia en la que dos payasos persiguen de forma tan voraz un sueño inalcanzable que acabaran por destruirse y destruirlo por el camino. Si bien la tragedia se intuye desde el comienzo, De la Iglesia no consigue humanizarla, no consigue acercárnosla de una forma en la que podamos sentirla nuestra, al contrario, la deforma y la embrutece sin que finalmente podamos sentir empatía por ninguna de los personajes.

Lo dicho, quizá esa fuera la intención del director. No dejar lugar donde asirse e incomodar al personal, pero la sensación final que me quedó fue estar ante un torrente de talento desbordado que no encontró un cauce adecuado por el que discurrir. Lo que ya comentaba, es el problema de habitar y sentirse cómodo en el exceso, que a veces te estalla en la cara. Pero ojo, si esa era la intención de su creador, ha conseguido un pleno y con ello una película que a pesar de sus muchas imperfecciones no deja de esconder en su interior kilates de grandísimo cine.

Carlos Polite

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alion en 14/01/2011

Balada triste está hundida en taquilla en el puesto 17. Ha sido un rotundo fracaso económicamente con poco más de 2 millones de euros (superdeficitaria).
Exitos en taquilla han sido 3 metros sobre el cielo, los ojos de julia o Entrelobos que curiosamente dobla la recaudación de Balada triste.

tendri en 04/01/2011

Las peliculas que mas me han gustado de Alex de la Iglesia son 800 balas y La comunidad

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