Septimo Vicio - El cine visto desde otros t iempos

Lo mejor del 2007 (1) Festivales

Publicado: 25/12/2007

2007 ha sido sin duda un gran año para ese escaparate de la producción cinematográfica internacional que son los festivales de cine, habitualmente brillantes muestras de lo mejor y más novedoso que se cuece en el mundo del celuloide a escala global y que difícilmente tendrá salida en nuestras salas comerciales.


De entre todos los festivales nacionales, el Festival Internacional de Cine de Gijón ha sido elegido tanto por el equipo de la web como por nuestros lectores (con un 40% de los votos de éstos) como el mejor certamen español, al que suceden el Festival Internacional de Cine de Cataluña - Sitges (25% de los votos) y el Festival Internacional de Cine de San Sebastián (14% de los votos).


A continuación os ofrecemos una lista con los 16 mejores títulos que hemos podido ver en los festivales a los que Séptimo Vicio ha asistido (Cines del Sur, BAFF, Sitges, San Sebastián y Gijón), a los que se añaden 4 menciones especiales y dos recomendaciones. La magistral "Luz Silenciosa" de Carlos Reygadas tiene el honor de presidir la clasificación. Cada título se acompaña de un fragmento de su reseña que podéis leer completa clickeando sobre el nombre del film.

1. "LUZ SILENCIOSA" de Carlos Reygadas

“Luz Silenciosa” es la certificación incontestable que no deja espacio para la duda: Reygadas es, ante todo, un poeta insobornable.

En su estudio de las imágenes, Reygadas las deja madurar y crecer hasta el punto justo en el que desbordan nuestros sentidos. El estremecimiento que produce cada plano y cada escena de “Luz Silenciosa” obedece a una maniobra de temporalidad que pertenece indisociablemente al existir. Pero también es cierto que reside aquí una implacable preocupación por el espacio que en repetidas ocasiones se resuelve desde una óptica orgánica. La sabiduría de Reygadas para trabajar con la cámara se consagra en el cálculo de la distancia, los planos fijos y la suavidad de los travellings perfectamente estudiados que nos introducen en la intimidad de encierros vitales en los que los sentimientos parecen exceder continuamente lo que vemos.

Pero esto no sería importante si no fuese por la profunda impronta que el fim deja en el espectador, absorto en un plasma de sensaciones y sentimientos que perduran vivamente en el recuerdo como si de un misterio sin respuesta se tratase. Lo único cierto es que ésta posiblemente sea la mejor película que la presente cosecha nos haya dejado para la posteridad. Un título para el que ya no tiene sentido abogar por la negación sino por la afirmación.

2. "IMPORT/EXPORT" de Ulrich Seidl

La gran mentira europea es el pretexto de Seidl para mostrarnos el infierno de las ruinosas colmenas que pueblan las afueras de las grandes urbes, la miseria espiritual del poder o el comercio indecoroso de cuerpos con el reclamo del sexo barato ahora que incluso somos capaces de vender nuestra alma.

Ésta es una mirada hiperrealista dirigida contra la mezquindad y la flaqueza de una sociedad crispada que no responde a ninguna convivencia ética. Un puñetazo en el estómago sin trampa y sin cartón, sólo un espejo al que no queríamos mirar. Que Seidl es un documentalista brillante es irrebatible, pues ha alcanzado en su madurez la capacidad de difuminar la línea que separa realidad y ficción hasta tal punto que cuesta discernir donde empieza y acaba cada una de ellas. Pero su mayor fortuna es su pericia para combinar narración veraz y documentación rigurosa con un naturalismo sobresaliente en el que siempre sobrevive la certeza de que mostrar ya es juzgar. Pero no nos equivoquemos. Seidl no establece juicios sobre lo que vemos, porque la acción nunca está contaminada, sino que son nuestras conciencias las que son conducidas hasta el tribunal por obra y gracia de lo que su director documenta en pantalla.

Sin embargo, no es menos cierto que, a pesar de la pasmosa sensación de realismo groseramente próximo, en parte auspiciado por el portentoso trabajo de actores no profesionales o casuales y la localización en entorno humanos naturales y artificiales pero a la práctica existentes, la batuta de Seidl siempre permanece en escena. Principalmente por su genuino estudio de la composición de planos, simplemente magistral, que con el sobrio ejercicio fotográfico de Edward Lachman y Wolfgang Thaler presenta un acabado estético y formal tan importante en el impacto final de la película como el resto de elementos.

3. "SYNDROMES AND A CENTURY" de Apichatpong Weerasethakul

En esta bárbara lección de cine contemporáneo, Weerasethakul vuelve a saborear con gusto el minimalismo formal, apasionado por la metamorfosis del entorno humano, casi siempre enfocado explotando al máximo las posibilidades del plano estático.

Adoptando el cine de género (el melodrama romántico), el director tailandés ofrece una singular yuxtaposición, la metáfora de una sociedad que afronta su futuro arraigada a un pasado que poco a poco queda sepultado bajo las grandes colmenas de hormigón. Curiosa visión ésta de la tragedia de un hombre que se divide entre su naturaleza instintiva y espiritual, y su pulsión racional y mecánica.

Una experiencia que requiere tiempo, contemplación y reflexión, más allá de la narrativa propia de la tradicional obra de ficción. ¡Bienvenidos al cine del siglo XXI!

4. "BOARDING GATE" de Olivier Assayas

“Boarding Gate” es el encuentro definitivo entre la vanguardia francesa y el polar hongkongés, entre la libertad creativa de la generación de Godard y el frenesí estilístico del pelotón de fusilamiento al que pertenecen John Woo, Ringo Lam o Tsui Hark.

En este thriller postmoderno en el que la redención, las nuevas tecnologías y la reflexión sobre la complejidad del concepto de red en un mundo global reclaman un punto y aparte, Assayas nos lanza al caos y el desenfreno de la gran urbe internacional, el cosmos altamente tecnificado y políglota que aquí y ahora encarna Hong Kong, representante cualificado de un universo donde el dinero se mueve más rápido que cualquier otra realidad configurando un entramado de negocios turbios y tentaciones nocturnas.

Lo increíble es que por encima de todo, este “Boarding Gate” es una arrebatadora historia de amor en la que el director de “Irma Vep” sublima la relación amorosa/sexual en un acto de consumación y cumplimiento que proporciona uno de los mejores ejercicios cinematográficos que un servidor recuerde haber vislumbrado en la pantalla de cine. Algo que no habría sido posible sin la presencia de una Asia Argento y un Michael Madsen superiores.

5. "CONTROL" de Anton Corbijn

“Control” es una excelente obra que retrata la vida de Ian Curtis, el malogrado vocalista de los siempre influyentes Joy Division. Rodada en un espectacular y precioso blanco y negro, el film es, ante todo, una trágica historia de amor.

El temprano e inesperado éxito, las responsabilidades familiares que se acaban convirtiendo en cargas, junto su afición por las pastillas y medicamentos, conducirán al cantante a un estado de caos y de depresión continua que le abocarán sin remedio hacia el abismo, una oscuridad ya reflejada en sus letras y en su música, aquí manifiesta en un final que pone los pelos de punta bajo las notas de “Atmosphere”, una canción compuesta desde el corazón igual que está narrada esta película.

6. "MAKING OF" de Nouri Bouzid

Sorprendente y refrescante ejercicio metacinematográfico, “Making off” del tunecino Nouri Bouzid ha resultado ser una de las películas más osadas de la temporada.

Bouzid formula una pieza cargada de referencias y muy rica en sus múltiples planos narrativos, exigiendo atención y reflexión al espectador. Este juego de muñecas rusas medita sin tregua sobre la manipulación ideológica, que felizmente consigue casar con las ambigüedades y contradicciones de la catarsis creativa propia del medio cinematográfico.

Bouzid disfruta como personaje de la película imponiendo un guión a sus actores, fundando cuestiones acerca de la ficción, la autoría creativa y su papel dentro y fuera de la pantalla en cuanto manipulador de los propios espectadores. Nada se queda en el tintero: incipientes preguntas sobre los mecanismos de la empatía en el relato de ficción; preocupación por desvelar las raíces de la violencia y el odio integrista fanático; ensayo sobre la interacción triangular en el arte (artista-espectador-obra); y defensa a ultranza de la libertad artística utilizando el cine como arma por encima de la censura y las repercusiones políticas.

7. "THE FALL" de Tarsem Singh

Este proyecto era una referencia no disimulada a la tradición oral del cuento. Y desde luego así es, porque “la historia más maravillosa jamás contada” necesariamente tenía que hacer hincapié en una narrativa transmitida generación a generación en la que la historia y su desarrollo muta extendiéndose y enriqueciéndose hasta límites desconocidos en un primer momento. Es historia viva y abierta, en la que los sueños y los anhelos de miles de individuos quedan inscritos para siempre. Pues Singh ha logrado acercarnos con tacto y sensibilidad al sentido de la maravilla, esa dimensión irremediablemente asociada al relato de fantasía donde las aventuras colosales, los seres extraordinarios, y el exotismo y la majestuosidad del lejano Oriente tienen cabida.

Además de una sabia batuta técnica, Singh goza de la autoridad del que es capaz de insuflar a su obra la riqueza simbólica y conceptual de la que adolecen tantos otros títulos de similares características. No se trata sólo de su preciosa fotografía o del encanto monumental de sus paisajes y edificios, sino del estudiado contenido de su imaginería onírica y fantástica, que jugando con las poderosas bazas que ofrecen la dulce química entre su pareja protagonista, el sentido homenaje a los profesionales del cine , y lo delicioso del mismo relato, convierte a “The Fall” en una de las piedras preciosas de la temporada.

8. "HELP ME EROS" de Lee Kang-sheng

Actor fetiche y alumno aventajado del maestro Tsai Ming-liang (productor ejecutivo de ésta), Kang-sheng no disimula sus deudas con la mitología y los símbolos de Ming-liang, pero tampoco renuncia a relecturas y reinterpretaciones del imaginario del director de “Vive l’amour!” desarrollando con ingenio sus anotaciones y sus pies de página, de los que explota oportunamente su vena eminentemente trágica.

Kang-sheng desborda la fantasía visual de su mentor y confiere estallidos de color, vestuarios imposibles y estrambótico surrealismo (sobre todo, en su poético final) a una narración donde los hipnóticos poderes de la marihuana ejercen igualmente sobre el espectador un efecto narcótico que queda reflejado en el erotismo provocador y estimulante de todas y cada una de sus imágenes.

“Help me Eros” no es sólo una historia de amor que jamás se podrá consumar, sino la asunción de la impracticable resolución de la felicidad, pues su ideología pesimista y escéptica no permite opciones alternativas ante tal callejón sin salida. Por ello, el segundo largometraje de Kang-sheng detenta una disertación personal sobre los sinsentidos de nuestras vidas traspasando el absorbente trabajo de texturas e impresiones de Ming-liang con el lirismo conscientemente exagerado de los relatos frecuentados por criaturas perdidas entre cataclismos emocionales.

9. "I'M A CYBORG BUT THAT'S OK" de Park Chan-wook

Este tentador postre que nos ofrece en bandeja de plata Chan-wook se ha cocinado con una luminosa paleta de colores que por primera vez en su filmografía otorga gran viveza y fantasía visual a todos los elementos de una película en la que los tubos de conducción son fucsias, el vestuario realza los rojos y los blancos, y las paredes se llenan de verdes y azules con exquisitos e imaginativos estampados florales.

Olvidando la arquitectura de los puzzles humanos diseñados para sus anteriores trabajos, Park Chan-wook describe con emotividad, ternura y comicidad la extraordinaria relación entre Young-goon, una joven que cree que realmente es un cyborg con la misión de encontrar a su abuela para descubrir el sentido de su existencia, e Il-soon, cleptómano compulsivo que afirma tener la capacidad de robar aptitudes y rasgos de la personalidad esenciales de los humanos, pudiendo menguar, además, hasta hacerse prácticamente imperceptible.

Puede que “I’m a Cyborg but that’s OK” parezca una película menor, humilde y sin mayor trascendencia, pero su indudable encanto e inventiva visual, la manifiesta sensibilidad con la que el film se levanta y su condición de ingenioso entretenimiento no apto para todos los públicos la convierten en un caramelo que no deberíamos rechazar a la ligera.

10. "I DON'T WANT TO SLEEP ALONE" de Tsai Ming-liang

A pesar de cierto giro hacia una narrativa más radical (sobre todo con respecto a su anterior trabajo), el director malayo sigue premiando a sus seguidores con su inimitable mitología fílmica.

Trasladando el escenario de TaiPei a un Kuala Lampur multicultural, los ambientes urbanos permanecen intactos, aunque ahora tienda a envolverlos en una textura más densa y asfixiante según avanza el minutaje.

Luminosos locales de comida rápida, oscuras aceras justo en la orilla de un río y, en esta ocasión, un edificio cuya construcción no finalizó. Ese es el espacio orgánico que habitan las criaturas diseñadas por Tsai Ming-liang. Seres que una vez más, insatisfechos y frustrados, deambulan silenciosamente por calles en penumbra en busca de una comunicación que sólo hallarán en el sexo.

Según se aprecie, puede resultar inferior a otros proyectos precedentes, pero sus hallazgos, fruto de la incuestionable inventiva poética de un visionario de la estéril vida urbana del siglo XXI, están esperando a espectadores decididos capaces de aventurarse en un recorrido singular.

11. "FALAFEL" de Michel Kammoun

Muy grata ha sido la propuesta de Michel Kammoun, particular cuento con moraleja de coartada joven y urbana que indaga en las raíces de la violencia en un país herido por la guerra.

El “falafel fugitivo” es una perfecta y deliciosa metáfora que explica como una sociedad alienada por la violencia necesita escapar urgentemente del sinsentido de un masa manipulada y dirigida de antemano mediante un posicionamiento valiente, reflexivo y personal que nos diferencie y distancie de esa gran marea anónima y sin rostro.

Con ritmo ágil y arrebatadora frescura, Kammoun no cierra las puertas a nada. Tensiones dramáticas, claras incursiones en la comicidad o sorprendentes y mágicos episodios de pura fantasía humorística tienen cabida en un film que finalmente concluye con una feliz lección moral sobre nuestro papel en este mundo globalizado, en el que debería primar por encima de todo el diálogo y el entendimiento.

12. "TAKVA" de Özer Kiziltan

“Takva”, el debut cinematográfico del realizador televisivo Özer Kiziltan, es una interesante muestra del nuevo cine turco, muy oportuna en un momento delicado en el que Turquía confronta el debate entre una concepción laica y una concepción religiosa del Estado.

La historia de Muharrem, un hombre de vida austera que repentinamente accede a un nuevo status social gracias al cometido como recaudador que le concede el líder de su comunidad religiosa, sirve a Kiziltan para retratar con bastante agudeza las tensiones en el seno de una sociedad que fluctúa entre lo secular y lo religioso, entre lo profano y lo sagrado.

Además de narrar sutilmente los dilemas a los que Muharrem debe enfrentarse a diario en un ámbito donde cuesta discernir entre pecado y virtud, otros planos de interpretación, mucho más interesantes (posiblemente por resultar tan ajenos a esa visión occidental que todo lo quiere reducir a conflicto de civilizaciones), nos muestran las sinrazones de los mecanismos de poder y su neurótica autoridad.

13. "DIARY OF THE DEAD" de George A. Romero

Demostrando un estado de forma envidiable y una perspicacia propia de una filmografía madura, Romero da un paso adelante y se adentra en un nuevo terreno con el que justificar la mitología construida en torno a la figura del muerto viviente. Éste ya no es la metáfora, sino un recurso para desmoronar los cimientos de nuestra moderna sociedad de la comunicación, aquella en las que los mass media dictan y dirigen.

Nuestra obsesión por la imagen y la cámara de vídeo que filma todo acontecimiento humano ininterrumpidamente sirve de pretexto para que el veterano realizador norteamericano construya un mockumentary que es perfectamente disfrutable para el que no busca nada más allá de un survival en el que la sangre, las tensiones, los traumas, el humor negro, el suspense y la acción no faltan. Y por supuesto, muertos vivientes desmembrados, brutales y tan torpes como antaño.

“Diary of the Dead” puede que no sea tan divertida y gruesa como “La tierra de los muertos vivientes”, pero en su conjunto dejará satisfechos tantos a los fans del cine zombie de toda la vida como a aquellos que buscan el supuesto pretexto crítico y ácido en el seno de la obra de Romero, que aquí deja al descubierto otras cartas, las que tejen el entramado secreto de los medios de masas y la aplicación de la tecnología a todos los ámbitos de nuestra vida.

14. "THE SIGNAL" de David Bruckner, Dan Bush y Jacob Gentry

“The Signal” es otra vuelta de tuerca a inminentes escenarios cuasi apocalípticos filmada con la crudeza explícita habitual pero partiendo de un elemento inquietante.

Esta película independiente que se inicia con un romance furtivo encajado en los parámetros del drama, poco a poco se torna hacia la barbarie propia del cine zombie y el terror en vísperas del fin del mundo perfilando una situación enrarecida y angustiosa cuyo grado de claustrofobia y tensión crece por segundos.

Con violenta frialdad y una crueldad que no escatima en grafismo, cada uno de los realizadores firma un segmento del metraje, sorprendiendo los abundantes brochazos de macabro humor negro del tramo intermedio, sin duda los más impactantes de la temporada.

¿Recuerdan “El televisor”? Pues de ésta al infierno sólo hay un paso, este “The Signal”. Un film que bien merece la pena y que dentro de algún tiempo muchos no dudarán en etiquetar como película de culto.

15. "GLORY TO THE FILMMAKER" de Takeshi Kitano

Quien pensara que Takeshi Kitano iba a conformarse con señalar las claves de un nuevo punto de partida en su carrera con “Takeshis” estaba muy equivocado. Porque el director japonés continua en “Kantoku Banzai” con su arriesgada deconstrucción personal y artística en una de las mejores aportaciones cómicas de toda su filmografía. Lo que en “Takeshis” era una descarga corrosiva sobre lo que se esperaba de un film de Takeshi Kitano y su status de estrella, aquí se transforma en repaso hilarante y satírico a los lugares comunes de la cinematografía nipona que tanta fascinación producen en Occidente.

Kitano se interpreta a sí mismo en este relato centrado en un director en crisis que busca desesperadamente un nuevo hit que le devuelva a las mieles del éxito internacional bajo presión de los poco escrupulosos estudios de cine. Hastiado de tantear el cine de gangsters que popularizó su figura, Kitano se sumerge de cabeza en dramas costumbristas y familiares exquisitamente fotografiados en blanco y negro que recuerdan al estilo de Ozu, en wuxias llenos de piruetas que desembocan en algo parecido a una secuela de “Zatoichi“, en romances tan imposibles como poco creíbles, en las ya tediosas historias de fantasmas con los elementos harto conocidos por el público occidental o en la superproducción de catástrofes que plagia el “Armageddon” de Michael Bay.

Con tales pretensiones, no podemos sino congratularnos de que este “conócete a ti mismo” resulte tan certero y mordaz como cabía esperar en su recorrido por el cosmos cinematográfico y su esquizofrénico talante creador. Se odiará o se amará, pero nuestra apuesta está clara: larga gloria a Takeshi Kitano.

16. "VIAJE A DARJEELING" de Wes Anderson

Si algo ha demostrado Anderson desde los tiempos de “Bottle Rocket” es que el preciosismo artístico y la elucubración estética postmoderna no están reñidos con la vitalidad, la melancolía y la filantropía de sus retratos universales del outsider contemporáneo y del ciudadano de a pie inmerso en el intransigente paso del tiempo. Pocos realizadores han sabido combinar con tanta pasión la escenografía conceptual, la teatralidad formal, el barroquismo cromático y la preocupación exacerbada por lo micro, con la dedicación tenaz por los personajes, criaturas que derrochan ternura y por las que el padre parece profesar admiración y generosidad.

Aunque en “The Darjeeling Limited” la estampa íntima esté dibujada con menor definición que antaño y no aspire tanto a conmover como a divertir, el viaje espiritual de los hermanos Whitman a bordo de un destartalado tren de pasajeros a través de la misteriosa y extravagante región india que casi caricaturiza Anderson con sus alusiones al turismo ciego por lo exótico, reinterpreta una vez más la metáfora vivencial que su autor defiende desde su primer cortometraje.

“Viaje a Darjeeling” es una delicia, un radiante trabajo de orfebrería de brillante acabado, delirios creativos y lirismo contemporáneo que aporta su granito de arena al itinerario que poco a poco Wes Anderson ha ido labrando en su carrera, un universo enriquecido por sus referentes cinematográficos o literarios pero que brinda por los rasgos reconocibles y exclusivos de su artífice.

MENCIONES ESPECIALES: "Summer Palace" de Lou Ye, "Family Ties" de Kim Tae-Yong, "The Last Dining Table" de Roh Gyeong-Tae y "AFR" de Morten Hartz.

SERÁ LA GRAN ESTRELLA DE LA PRÓXIMA TEMPORADA..."JUNO" de Jason Reitman

SERÁ LA RAREZA DE CULTO DE LA TEMPORADA..."Viva" de Anna Biller

DAVID LÓPEZ

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